Si las fotografiadas ven esto, probablemente se van a enojar por andar publicando estas joyas...
Henos aquí a nosotras, un buen sábado del año 2000.
Ps. El lunes reanudo mis caminatas!
Si las fotografiadas ven esto, probablemente se van a enojar por andar publicando estas joyas...
Henos aquí a nosotras, un buen sábado del año 2000.
Llegamos al kinder para entrar a un patio peculiarmente en movimiento. Niños por doquier, corazones rojos y cartitas pendiendo de unos tenderetes sobre los arboles y las respectivas mesitas de convivio por grado y grupo. Nico, orgulloso, sonriente -y un poco moquiento- postró su canasta junto a las otras, moviendo a un lado a todo aquel que se quisiera acercar a mitotear. A lo que rápidamente reaccioné al explicarle, que todo el asunto se trataba de compartir; a lo que no muy convencido asintió.

Un séquito de fotos siguieron en los siguientes 15 minutos. De las que lo más rescatable, fue esto:
Siempre he querido recordar las caras de mis maestras en el kinder, puesto que las de la primaria si las tengo muy presentes; pero no lo logro. Decidí ahorrarle esa incógnita futura a Nico, por lo que les presento a sus actuales maestras. Miss Diana arriba, Miss Lily abajo - respectivamente.
Me fui, no sin antes informar e instruir a sus maestras de la inminente gripa por llegar de Nico y les pedí que por favor me llamaran, si acaso empezaba a moquear demasiado o sentirse mal. Pero la mañana transcurrió sin mayor novedad.
Dos pupilas dilatadas por el azúcar me recibieron al mediodía al recogerlo en el kinder. Mi hijo, hemos de saber todos, es de muy buen diente; por lo que ni los tres kilos de dulces y panquecitos que debió haberse comido lo limitaron para sentarse a la mesa y comerse dos milanesas con ensalada de papa.
Un episodio maravilloso sucedió a la mitad del camino, entre el recibimiento de las pupilas dilatadas y la llegada a casa para darse el festín que se dio. Mientras manejaba con él rumbo a la casa, ocurrió esta conversación:
NICO: Siiii, pizza mami!!!
YO: Tu me vas a invitar?
NICO: No mami, tu me invitaste...
YO: Que si tu vas a pagar, así se dice "invitar"...
NICO: Ah... si mami, yo te pago con dinero de mi cochinito!
Sobra decir que mi corazón se derritió y se deslizó hasta los frenos del carro, mientras esperábamos que el semáforo cambiara a verde. A raíz de esto, un nuevo proyecto llego a mi mentecilla... hoy compraré un cuaderno, en donde escribiré todas estas conversaciones maravillosas y atesorables entre mi corazoncito -aka Nico- y yo.
Llegamos a la casa para encontrarme con la terrible de noticia de que mi lavadora -q.e.p.d.- se desconchinfló. La realidad es, que la pobre jamás sirvió sus propósitos de manera eficiente, pero decidí darle oportunidad de servirnos hasta que no pudo más. Este trágico 14 de febrero, mi lavadora cromada, le dijo adiós a la feliz vida que le dimos. Dicho esto, y considerando que la lavadora es fundamental en cualquier casa donde habiten niños (que estoy convencida que traen integrado un imán hacia las manchas desde el nacimiento), llamé vertiginosamente a mi amado esposo para darle la infortunada noticia y demandarle su apoyo económico y moral para adquirir esa misma noche un reemplazo para la occisa en cuestión.
Pasadas las 7.30 pm y ya con un Nico más griposo y constipado; nos dirigimos velozmente a la tienda de electrodomésticos, mejor conocida como Elektra, para probar suerte en busca de mi sueño dorado: una lavadora industrial, con 16 kilos de carga, con aspas agresivas y removedoras de mugre... HAPPY VALENTINE'S TO ME: We found it. Por una no tan módica cantidad, que Luis resignado tendrá que pagar al corte de su tarjeta de crédito. No abonos chiquitos, no cómodas mensualidades, soy dueña absoluta y total de la muchachona.
Acto seguido, nos dirigimos ya con dudas por la gripa de Nico, a culminar el día de los corazoncitos con una cerveza y una pizza en un conocido lugar del pueblo (cof, cof! mi recinto laboral). Un lunes extrañamente ocupado para el restaurant, supongo que precisamente por la celebración. Nos sentamos, ordenamos y entre la espera y las conversaciones con mi hermana y Luis, nos tomamos la foto del recuerdo.
Viendo la escena en retrospectiva, sonrío. Pues si hace 10 años, algún cristiano me hubiera dicho que iba a estar celebrando mi San Valentín en Los Cabos, con un bebé en las piernas y brindando con mi esposo con un vaso de Sprite, no lo hubiera creído... Sí que nos han cambiado los 14 de Febrero... ahora en la mesa se asoma un jugo en lugar de una rosa o una romántica vela. Maravilloso, si me piden mi opinión.
Ahora nuestro romanticismo se reduce a un equipo de dos -bien sincronizado- trabajando en conjunto para disfrutar una cena sin embarrar de salsa al niño que duerme en nuestro regazo... It doesn't get better than that, people.
Por ahí de las 11 de la noche, ya estábamos de vuelta en casa. Niño en pijama, bien tapado en su pseudo-cama (o sea, su cuna sin barandales, muy proxima a ser jubilada). Yo haciendo mi ritual nocturno de las cremas y Luis comiéndose el postre que nos regalaron por la penosa situación de la comanda olvidada.
Me acuesto rendida después de un arduo día de emociones (mi lavadora murió, ¿recuerdas?), cierro mis ojos, y apenas cuando siento que he dormido 30 segundos, aparece mi Nico, con nariz tapada, ojos llorosos y calentura de 38.3 grados. Salgo de mi cama de un brinco, tomo unas toallas con agua para ponerlas en su frente y pancita, y me digo a mi misma "Mi misma, esto me huele a infeccion y no resfriado". Y así transcurrió la noche, no sin antes tener un fuerte ataque de tos (ah si, yo también estoy enferma) que me hizo devolver la pizza que tanto tardó en llegar a mi boca.
Sale el sol, pero la fiebre de Nico sigue terqueando. Llamo a las 6.30 am a mi santo tío Miguel -el pediatra- para platicarle la tragedia en la que estoy envuelta. Receta en mano, mando a mi hacendoso y dócil marido a la farmacia a las 7 am en punto. Y con 20 minutos de sueño en mi haber de la noche anterior, le mando un mensaje a mi jefe para decirle que llegaré un poco tarde. Elsa entra por la puerta y le entrego a Nico como paquete, me meto entre mis sábanas tratando de conciliar el sueño por lo menos unos veinte minutos. Por supuesto, profundo fracaso. Trato de concentrarme en dormir, no pensar -"tengo que pagar la nómina, tengo junta a las 11, por qué no se le baja la fiebre a Nico, que no se me olvide que faltan tortillas, etc, etc, etc" - Me arrastro resignada hacia la regadera, me asusto al ver mi imagen fantasmal en el espejo, me ensarto unos jeans y me dirijo a la oficina; no sin antes besar la ardiente frente de mi hermosura, diciéndole cosas bonitas y prometiéndole que para cuando regrese mami a comer, él ya va a estar mucho mejor.
Durante mi trayecto, empiezo a escuchar una campanita. 'Las campanas del sueño' bromeo conmigo misma y sigo mi camino, mientras la mentada campana sigue sonando y yo no tengo ni energías ni deseos de averiguar porqué. Doy tres vueltas buscando estacionamiento, por fin un viejito decide salir de su espacio y me estaciono a como Dios me da a entender. Pongo la P (de parking) en la palanca y cuando estoy a punto de darle vuelta a la llave, me doy cuenta del foco rojo encendido en mi monitor... reserva de gasolina ON. Pienso: "mira, la campanita tenía sus razones".
Prendo mi computadora para empezar a trabajar, sacudo mi cabeza, me tomo una coca y me tallo los ojos mientras trato de no quedarme dormida. Hago lo que puedo y regreso a comer (sin olvidarme de las tortillas, pero sí de echar gasolina) para encontrarme con un Nico ojeroso y con nariz roja... el antibiótico no ha hecho efecto. Meto a la regadera su hirviente cuerpecito mientras tiembla de frío y el corazón se me hace chiquito. Medio como y regreso a la oficina a terminar pendientes lo más rápido que puedo, para poder volver a casa con mi bebé enfermo.
Y asi transcurrió la tarde, entre kleenex y compresas de agua fría. Nico medio viendo la tele, medio duermiéndose; y yo contemplándolo con tristeza e impotencia por no poder hacer nada para hacerlo sentir mejor. Pasadas las 7 pm de vuelta a la regadera, con 38.7 de temperatura y, dispuesta a hacer lo que sea para que mejore, con ayuda de Luis le ponemos un supositorio; a lo que mi pequeño valiente solo responde con un gesto en sus cejitas. Se acurruca en mi pecho y entre viendo "Toy Story 3" y mis caricias, cae rendido ya un poco menos constipado.
Rezo por que sude por fin la maldita calentura, pero cuando siento que empieza a hacer efecto, el termómetro me vuelve a marcar más de 38 grados. Y asi, pasé en vela parcial la noche, entre dormitando y checando su frente. Con su rodilla incrustrada en mi espalda a ratos, sus manitas sobre mi cara y su respiración a medias por la nariz y a medias por la boca.
Se levanta el sol y despierta un Nico de mejor semblante. Todavía atarantado por las casi 48 horas de calentura, que parece que ha cedido por fin a los efectos del antibiótico. De nuevo, dolorosamente me levanto a empezar el dia, que espero, por todos los santos, que sea mejor que el anterior.
En fin... Si algo tuviera que decirle a mis hombres relativo al 14 de Febrero. Esto sería apropiado:
Querido Nico,
Verte enfermo es un castigo y agonía indescriptibles. Pero reconozco que me encanta sentirte aún más cerca y apegado a mi cuando te sientes mal. Juro que las noches en vela no me importan mientras tu estés mejorando. Tuvimos un buen 14 de Febrero a pesar de los baches del día. Pues me regalaste tu amor un día más, y me recordaste cuánto has cambiado mi vida; cuán mejor la has hecho. Alíviate pronto, precioso bebé. Pues los días por venir están llenos de diversión y de momentos felices. Te amo loca y desquiciadamente.
Querido Miñi,
¿Recuerdas esos Días de San Valentín en donde éramos sólo tu y yo? ¿Cuándo todavía éramos unos estudiantes en quiebra que ahorraban por meses para acompletar junto con el "domingo" lo que costaba una cena decente? Yo sí los recuerdo... con nostalgia y felicidad.
Fueron buenos años ¿no? Pero sé que tú al igual que yo, no los cambiarías por lo que hoy tenemos. Porque veo con asombro como la vida pasa y el amor crece. Como los globos y los osos de peluche se van haciendo menos... y los 20 minutos de tele juntos por las noches se van haciendo más. Ya vamos en escasos meses para 11 años juntos... es algo para alardear. Pues no ha sido siempre fácil, o armonioso ni perfecto; pero aquií seguimos, buscando el balance entre lo que fuimos ayer y lo que somos hoy... y me gusta. Gracias por las flores. Te amo.


