martes, 28 de agosto de 2012

Cuando algo sea realmente gracioso

El domingo de regreso a casa del aeropuerto, a pesar de los ojos cansados y el ánimo decaído, fue imposible ignorar la bella transformación de nuestro tradicional paisaje desértico en un deslumbrante escenario con verde por doquier. Pareciera que llegamos a encontrarnos con otro pueblo. Uno disfrazado de naturaleza, de verde, de vida.
 
Admirando el paisaje por la ventana, me percaté que Costa Azul recuperaba lentamente su forma. El agua del arroyo se ha retirado casi por completo. ‘Nico, ya viste?! Costa Azul está regresando!’- le dije.
 
Ayer trabajé sin parar todo el día, descifrando pendientes, tratando de reducir la pila de papeles en mi escritorio y contestando más correos de los que debería ser legal contestar en un día. ‘Está bien…‘– pensé. ‘Unas horas más y tendré mi recompensa.’-
 
El reloj marcaba casi las 7 de la noche cuando escalábamos cerros de piedra y lodo en el carro, tratando de encontrar el mejor camino para llegar hasta la orilla de la playa sin atascarnos.
 
 
No les voy a mentir. Costa Azul era diferente antes de la tormenta.
 
 
Pero sigue ahí. Su esencia permanece. Se recupera lentamente.
 
 
Y su belleza, sigue envolviéndonos. Recordándonos cuan afortunados somos de poder instalar un picnic justo donde revientan las olas en un lunes cualquiera.
 
 
No íbamos digamos… preparados para chapotear. ‘Mami, por favor me puedo meter? Me puedo mojar? Está bien?’
 
 
Yo digo que… ¿Al diablo con la ropa, no?. Revuélcate feliz en las olas… pensé. Y entonces apenas vio el movimiento positivo en mi cabeza y se hizo la magia.
 

 
Y la magia incluye el eco de las carcajadas, los gritos de felicidad y su euforia.
 



 
Éste es Nico. En su espacio. En su balance. En su elemento.  
 

 
Me senté en la orilla de la playa meditando sobre las difíciles pruebas que nos ha puesto la vida en los últimos años. Sobre la difícil experiencia que ha tenido que vivir Luis y toda su familia. Lo he visto estos días, y he tenido miedo. Miedo de perderlo ante la tristeza y no recuperarlo. De que la destrucción que ha vivido su corazón sea irreparable.
 
 
Y entonces, volteé a mi alrededor. Y recordé la devastación que existió hace apenas unos días justo donde yo estaba sentada. Recordé la fuerza del agua, la revoltura agresiva entre el agua dulce y el agua salada, las olas imponentes y todo el caos que caía sobre Costa Azul durante los días de tormenta. Ahora? Costa Azul está sanando.
 
 
Se hizo un nudo en mi garganta y le pedí a Dios que hiciera esta misma magia sobre el corazón de Luis, de mi suegra y mis cuñados. Que al igual que en esta playa, con los días, el río de dolor se retire. Dejando su humedad, tal vez por siempre, pero permitiendo que las arenas de la resignación, la paz y el consuelo empiecen a acomodarse.
 
 
Tal vez Costa Azul jamás vuelva a tener el mismo aspecto que tuvo antes. Tal vez las rocas que Nico pasaba horas aventando contra la orilla nunca vuelvan. Pero ahora, donde un día hubo piedras, hay arena y espacio para divertirse de otras maneras.
 
 
Costa Azul no posee la misma belleza que antes. Pero sigue siendo bella, diferente. Sigue siendo nuestro lugar favorito de picnics. El único. Y trasladé ese pensamiento a nuestra vida, al corazón de Luis.
 
 
Su corazón ha sido azotado por una devastadora tormenta. Hay daños estructurales, difícilmente reparables en un cien por ciento. Su vida no posee la misma belleza que antes. Ahora existe una grieta. Pero sigue siendo bella, diferente. Y con el tiempo, habrá de ajustarse al nuevo paisaje.
 
 
Para su buena suerte, tiene como hijo al mejor arquitecto de corazones que conozco. Y Nico, ya empezó a reconstruir sobre sus lágrimas. Su simple sonrisa, le inyecta una evidente esperanza a Luis todos los días.
 
 
En algún momento de mi insomnio persistente, mientras mi mente divagaba por espacios recónditos, recordé la escena de una película. En la película de ‘Sex and the City’ (no se rían, tengo un punto importante); Sarah Jessica Parker le pregunta a su mejor amiga, después de vivir su tragedia personal, que si algún día iba a poder volver a reírse genuinamente. “Claro que sí! – le contesta ella. “Lo harás cuando algo sea muy, muy gracioso”.
 
Anoche, mientras Luis y yo cenábamos y nos contábamos sobre nuestro día; le platiqué que había texteado con mi amiga Suelen. A mí me hizo reír tanto con sus mensajes que le dije: “no te cuento, mejor léelo tú”. Tomó mi celular y al terminar de leer, soltó una carcajada. Fue el mejor momento de mi día. Incluso por encima de ver a Nico ser feliz en Costa Azul.
 
 
Supongo que cuando una tragedia nos invade, es natural creer que nunca más volveremos a reír, o a sonreír siquiera. Pero no es verdad. Volveremos a hacerlo, cuando algo sea realmente gracioso.
 
Poco a poco el cielo se irá aclarando. Tengo mucha fe en que así será. Y un veinte más me cayó sentada ahí en la playa mientras Nico me daba la espalda y le tomé esta foto.
 
 
Casi lo había olvidado. Una fiesta de ROCK STAR está a la vuelta de la esquina (a trabajar a marchas forzadas). Y no solo será gracioso, será maravilloso. Y no puedo esperar, para ver reír y sonreír a Luis celebrando los 5 mejores años de nuestra vida muy pronto.

lunes, 27 de agosto de 2012

Prepri

El último día de clases, antes de las vacaciones de verano, vi con orgullo marchar a mi hijo en la escolta. La escolta de Kinder II, que recibía la bandera de los niños grandes que se despedían, dejándoles el lábaro patrio como insignia de lo que estaba por venir: PREPRI.
 
El estómago se me revolvió desde entonces. Pensar en mi pequeño como un veterano del jardín de niños, ciertamente me molestó. Pues es inevitable el sentimiento agridulce de verlos crecer. De ver sus huesos estirarse, su lenguaje perfeccionarse y sus rasgos madurar. Pero más que nada, me alteró pensar en lo que está por venir. Y lo difícil que es llegar a la primaria y enfrentarse a las primeras burlas, los primeros exámenes mensuales y todo lo demás que encierra la vida escolar. Una vida que tendrá que vivir y manejar el solo. Sin mi protección.
 

Todo el verano, me negué a pensar en el regreso a clases. Guardé esos sentimientos en mi cajita negra de manera temporal, y cada que recordaba que el día pronto llegaría, obligaba a mi mente a divagar hacia otros menesteres. Por momentos, Nico parecía emocionado con la idea. Y en otros cuantos, me dijo que no quería regresar a la escuela nunca más. La semana antepasada la cosa se volvió más real y palpable cuando recogí sus libros en el colegio. “Nico… a prepri, verdad?” – me preguntó la administradora mientras buscaba en su expediente. “Si… prepri.” – le respondí mientras las palabras me quemaban la garganta.
 
Siempre pensé en preprimaria como algo muy ajeno, muy lejano. Algo que pasaría, si, pero dentro de mucho tiempo. Y entonces, el fin de semana pasado, el tiempo nos alcanzó. Y escribimos etiquetas con su nombre y su grado, y casi hiperventilé cada que tuve que escribir la palabra. Y por primera vez, quise hacerme amiga de la postergación. Quise alargar ese último par de días, en negación y sabiendo que ahora, no iba a ser a Nico a quien llevaríamos a rastras ese primer día; sino a mí. No quiero, me niego, no quiero. PREPRIMARIA? Pero si es un bebecito. No, no, no. Pensaba.
 
Bueno… nuevamente Dulce, ten cuidado con lo que deseas. No fue necesario arrastrarme hasta la escuela. Las circunstancias de la vida me impidieron estar ahí. Me lo perdí. Y ahora entiendo, que eso duele mucho más. Y comprendí que el tiempo no se detendrá, aunque me queje y me lamente. Que Nico seguirá creciendo con o sin mi consentimiento. Lo apruebe o no. No es mi decisión. Lo que está en mis manos es valorar, agradecer y disfrutar su crecimiento. Ser feliz por poder estar presente en todos esos días importantes. Aunque eso implique reconocer que está creciendo. Que está dejando de ser mío en exclusiva. Que el mundo lo espera y lo reclama.
 
Luis y yo nunca nos habríamos perdido un día tan importante como este martes, si no hubiera sido por la triste circunstancia que nos impidió estar ahí. Por primera vez desde que entró a la escuela, no pudimos estar con él –físicamente- en su regreso a clases. Fue a mi hermana a quien le tocó tomarle sus fotos. Acompañarlo a conocer su nuevo salón. Colgarle su mochila en los hombros y verlo estrenar sus tennis nuevos.
 
 
Unas horas antes de partir a encontrarme con su papá, extendí su uniforme y acomodé su lonchera. Me aseguré de dejar suficientes “mensajitos de amor” como él los llama para que Flor se los pegara en su lunch todos los días. Y mientras iba viajando, volando por las alturas, busqué mi reloj para ver la hora. No pude evitar llorar al pensar que mi solecito estaba entrando justo en ese momento nuevamente por esa puerta de la escuela, listo para convertirse en un estudiante de preprimaria y yo no estaba siendo un testigo presente.
 
Pero mi hermana se aseguró de documentarlo bien. Y yo necesitaba estar en otro lugar. Como deseé poder clonarme.
 
 
Conservamos la tradición de la foto en la puerta de la casa.
 
 
Mi niño grande. Con esa sonrisa inmensa. Cuando un par de años antes lloraba amargamente en un día como éste martes. Esa tarde, cuando hablamos por teléfono, me contó emocionado los detalles de su primer día. Comparte su mesita de trabajo con Bella y Diego está tan solo una mesa a lado.
 
 
El lunch, maestra nueva, el recreo. Vivió una buena aventura. Ahora soy de los rrandes, mami! – Le gusta ser de los grandes.
 
 
Hoy, fue para mí, el primer día de prepri. Tomada de su manita subí hasta su nuevo salón de clases. Me enseñó su casillero, el lugar de su cepillo de dientes. Su mesita.
 
 
Mi perspectiva cambio completamente. Manejé emocionada durante esos 10 minutos camino al colegio, lista para darle la bienvenida al tercer año de kínder. Convertí el mounstro preprirotiano en mi aliado. Estreché la mano de este nuevo ciclo escolar, esperando hacer una buena mancuerna en la tarea de crear buenos recuerdos para Nico.
 
Me recordé a mí misma, que efectivamente, crecer y llegar a la primaria tiene su lado flaco. Algunos niños siempre encontrarán la manera de hacerte la vida pesada. Ya sea por ser un nerd, o no ser ágil en los deportes. Tal vez por no saber leer de corrido tan rápido como otros o porque tu mamá te pone mensajitos de amor en la lonchera (ehem, ehem). Pero también me permití recordar que fueron los años de escuela los que me permitieron aprender sobre mi y sobre el mundo. Conocer a los mas maravillosos amigos y compañeros de vida.
 
Decidí que lamentarme por el abanico de posibilidades del próximo año solo me impediría disfrutar éste. Y eso sería inaceptable. Solo por hoy, seguimos en el kínder. Donde abunda la inocencia y las sonrisas de bebés. Donde Nico hará historia aprendiendo a leer no solo un párrafo sino todo un libro. Este es el año en el que aprenderá que escribir va mas allá de hacer bien redondas las “a”. Aprenderá que es la forma de expresión más increíble y con un poco de suerte, se enamorará de la palabra escrita tanto como yo.
 
Este es el año de inicios y despedidas escolares. Es el año en el que tal vez, el ratón de los dientes hará sus primeras apariciones. El año en el que propondré hacer un anuario maravilloso para el y sus amigos. El año en el que las rimas se volverán más largas y elocuentes. El año en el que tal vez, la tarjeta del día de las madres no se limite a garabatos y contenga palabras reales. Las primeras líneas con sentido.
 
Por que temía tanto esto? No lo sé. Pues suena maravilloso. Tan maravilloso como saber que mi Nico es un niño tan feliz, tan independiente, tan seguro de si mismo (y tan despreocupado); que encontró la sabiduría de disfrutar su primer día de clases a pesar de nuestra ausencia.
 
Esta mañana camino a la escuela le dije: - Nico, papi y yo nos pusimos muy tristes por no poder estar contigo en tu primer día de clases… pero tu estuviste feliz, verdad? –
 
-Pues claro, mami! – me contestó. Ya sabía que muy pronto iban a regresar.-
 
Que no te quepa la menor duda, hermosura. No importa donde nos encontremos. Siempre, siempre, SIEMPRE encontrarémos la manera de regresar a ti.
 
 
Prepri te espera, Nico. Ve y sorpréndete. Dejate tu huella. Escribe tu historia. Feliz inicio de clases, solecito!

domingo, 26 de agosto de 2012

Prometido entonces, prometido ahora

He vivido una de las semanas más difíciles de mi vida. Y al decir esto, mi corazón se achica de saber que lo que yo viví no se aproxima ni ínfimamente a lo que Luis ha vivido. A lo que mis cuñados se han tenido que enfrentar. A la realidad que ahora envuelve las lágrimas desconsoladas de mi suegra.
 
Nadie te prepara para un golpe así. Nada de lo que puedas imaginar se asemeja a lo que sucede realmente en experiencias como ésta. Son escenas sacadas de la peor película de horror que ha de existir. La angustia, el dolor, el cansancio, el vacío que se respira quema los pulmones. Mi suegro se ha ido, y los que nos quedamos, tenemos mucho que enfrentar. Ver sufrir a los que amo es apenas manejable. Y si tan solo por un momento, pudiera arrebatarles su dolor y sentirlo en su lugar para darles una tregua, lo haría sin pensarlo.
 
Mi amado esposo ha perdido a su padre para siempre. Mi compañero, mi mejor amigo, el hombre de mi vida ha sido sacudido por una de las realidades más dolorosas de esta vida. Y no hay palabras que puedan reconfortar su corazón. Es tan solo mi humilde amor y compañía lo que tengo para ofrecerle.
 
La vida nos ha azotado con una larga mala racha. Y aun así, hay tanto que agradecerle. Y dentro de todo el aturdimiento, anoche pude ver en Alan, un alivio genuino. En sus penetrantes ojos verdes descansaba el agradecimiento a un Dios piadoso, que no ha permitido que su papito sufra mas.
 
Desconozco el tiempo que le llevará a cada uno aprender a vivir con esta pérdida. Desconozco incluso si sea posible. Pero me gusta pensar que así será. Que los días traerán el analgésico necesario para calmar al alma. Que el amor de todos los que los amamos inyectará la paciencia necesaria en sus corazones. Paciencia para esperar el reencuentro con su papá cuando llegue el momento.
 
Al estar de nuevo en su casa, en esas paredes que encierran toda una vida de momentos de una familia muy querida por muchos, entendí que la vida también les dio una larga buena racha. Que permitió vivir a Luis y mis cuñados una infancia feliz. Que concedió a mi suegra la oportunidad de formar una familia a lado del hombre que amaba. De besarlo antes de dormir durante 33 años. Entendí que mi suegro fue un hombre que vivió una buena vida, rodeado de privilegios no materiales que no todos los hombres logran tener. Una vida estable, una esposa amorosa y tres hijos a los que con orgullo pudo ver convertidos en grandes hombres.  
 
Hemos regresado a casa. Después de largos días de peregrinaje y exploración en esta nueva etapa de nuestra vida como familia, abrimos la puerta de nuestro hogar y agradecimos la oportunidad de estar aquí nuevamente. Cansados, con las ojeras bien marcadas, con un vacío difícil de explicar y con la fe de que poco a poco las cosas irán mejorando. Yo, haciendo oración y pidiéndole a mi Padre que los ojos tristes de mi Miñi recuperen su brillo muy pronto. Dando gracias por poder besar a mi bebé nuevamente, después de esta primera vez de largos días de separación de ambos.
 
 
Querido Miñi,
 
Te amo indestructiblemente. Tu dolor es mi dolor. No existen palabras para expresarte cuanto lo siento. La impotencia se apodera de mi, y quisiera poder arrancarte la oscuridad de un solo tirón. Sé que es un duelo que debes vivir. Que necesitas vivir. Te ofrezco mi corazón, que aunque herido y con cicatrices, es por ahora más fuerte que el tuyo. Tómalo, pues de cualquier forma, hace más de una década que te pertenece. Úsalo el tiempo que sea necesario. Lo necesitas, y yo te necesito a ti.
 
Gracias por permitirme ser tu pilar, tu roca. Recárgate en mi hombro, que yo estoy aquí para caminar contigo. Ni un paso atrás ni uno adelante. Siempre a tu lado, a tu altura. Te prometo que saldrás de ésta. Que saldremos juntos. Que desde donde quiera que se encuentre, tu papá podrá voltear a verte y se sentirá tranquilo. Pues yo te cuidaré y seré tu mejor compañera. Y mantendré esa promesa que le hice a él el día que unimos nuestras vidas para siempre. “Quiero a mi hijo más de lo que tú puedes imaginarte. Ya vas a entender cuando tengas uno. Cuídalo, Dulce. Ámalo mucho. Porque es maravilloso mijo.” -
 
Tenía razón, mi amor. Y yo lo sabía entonces y lo sé ahora. Eres maravilloso. Y eres mío. Y soy tuya. ‘Prometido, suegro.’ – le dije entonces. ‘Prometido, suegro.’ – le digo ahora.

lunes, 20 de agosto de 2012

Buen viaje, abuelo Pepe.

Querido Nico,

Escribo esto mientras libero por fin las lágrimas que tuve que aguantar frente a ti, hasta que te quedaste profundamente dormido. Regresamos de clase de natación, y me dijiste que sería una buena idea hacer panquequis para la cena. Yo te dije que aun era temprano para pensar en la cena, pero tu insistencia y mis ganas de verte feliz, fueron más fuertes; como siempre. Con tu gorrito bien puesto y alineando los ingredientes propiamente, empezaste a mezclar.

Fue entonces cuando sonó mi celular, y con el corazón latiendo a mil por hora; escuché la voz desquebrajada de tu papá… Mi amor, esta tarde, el corazón de tu abuelo Pepe dejó de latir para siempre. Mientras tú, en tu bendita e infinita inocencia, preparabas panquequis para la cena.


‘No te preocupes, mami. Mi abuelo Pepe lleva mis dibujitos y lo van a cuidar.’ – me dijiste cuando con todo el amor y la delicadeza del mundo, traté de explicarte lo que pasaba. Me hablaste de la muerte como algo natural, y me recordaste cuan efímera y delicada es la vida, cuando me sonreíste y pusiste tu manita suavecita sobre mi cara. Esa manita que aunque sigue siendo diminuta, ha crecido sin mesura desde la primera vez que tuve el privilegio de tocarla.

Hoy has sufrido una gran pérdida en tu vida. De la que el privilegio de tu edad te protege. De la que Dios te envuelve y te defiende. Y doy gracias por ello. En mi oscuridad, en la oscuridad profunda por la que atraviesa tu papi en estos momentos, eres la luz más grande al final del túnel. Sigue brillando, mi solecito.


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Querido suegro, no tuve oportunidad de despedirme personalmente. Pero me dieron su mensaje. Espero que haya recibido el mio antes de partir. Disfrute el viaje. Su familia estara bien. Ha llegado la hora de subir y reencontrarse con el Grande. Ya estando alla bien instalado, no se olvide de echarnos una mano. Descanse en paz, Sr. Jose Galindo. Gracias por su vida y su historia, que tuvo como flor su descendencia. De la que tengo el privilegio de amar.

sábado, 18 de agosto de 2012

Forrando

El ciclo escolar 2012-2013 inicia la semana entrante. Y aunque a nosotros nos quedan todavía un par de meses de intenso calor antes de sentir una tregua, esto significa que las cosas avanzan. Que un cambio de estación esta más cerca que lejos, y que cuando menos lo pensemos, el Halloween, Thanksgiving y Navidad estarán tocando nuestra puerta.

La vacaciones de verano se nos extinguieron. Y es bueno saber que aquí, la sal y arena entre los pies nos da más oportunidades de sentirnos de vacaciones, incluso aun después de haber retomando la rutina escolar.

Ayer, como ya es una tradición, Nico y yo nos pudimos a forrar sus libros. A hojearlos un poco por curiosidad.


Juntamos los materiales necesarios y pusimos manos a la obra en el proyecto.


Yo los forro, mientras el escoge stickers. Hot wheels fue su elección esta vez.


Sigo preparándome psicológicamente para el regreso a clases. Leer “pre-primaria” en sus etiquetas me encandila la vista.


Está todo listo. Libros forrados. Mochila y lonchera esperando ser estrenados. Uniformes y calzado con olor a nuevo guardados en un cajón. Nos espera una semana grande y de reajustes. Vamos a pre-pri!


viernes, 17 de agosto de 2012

Costa Azul

Los dates/picnic entre Nico y yo, son una de mis actividades favoritas. Me llenan de energía, me resetean, me permiten disfrutarlo sin distracciones. Nuestros picnics generalmente incluyen Starbucks y Costa Azul. Recordemos a Costa Azul.


En esto se convirtió los días pasados con la visita de Héctor. Costa Azul resulta ser la desembocadura en el mar de un arroyo seco. En los 7 años que tengo viviendo aquí, nunca había visto yo correr este arroyo así. El agua se llevo todo. TODO. (Aclaro que la foto no la tomé yo)


En general, el pueblo está bastante dañado. Montañas y montañas de piedra y arena por todos lados. Calles con algunos baches, y los arroyos secos, que vinieron a recuperar su cauce y a recordarnos que la naturaleza no perdona han transformado el paisaje habitual de este pequeño paraíso.

El clima ha mejorado. Pareciera que Octubre nos ha visitado en pleno Agosto. Con sus espontáneas y ligeras ráfagas de brisa fresca de repente. Aun se respira humedad en este desierto. Seguramente en los próximos días, el sol hará lo suyo. Terminará de secar lo que aun está mojado y sobre todo, despertará el verde de los cerros. El espectáculo que todos los que aquí residimos estamos esperando.

En casa no tuvimos daño alguno, afortunadamente. Inundaciones en el jardín trasero que ya desaparecieron. Y ah… bueno, pensándolo bien, si tuvimos daños. Recordamos todos mis lámparas de papel de colores en el patio? Si… bueno… resulta que no eran contra agua.


Nico y yo confiamos en que el H. Ayuntamiento y el mismo mar harán lo propio para regresarnos Costa Azul. Estaremos esperando con ansias.

jueves, 16 de agosto de 2012

A manos llenas

Ay Héctor… Héctor, Héctor… HECTOR.



La lluvia no ha cesado en tres días. Y si no hubiera estado aquí para vivir este histórico diluvio, dos cosas habrían sucedido: Uno, no lo hubiera creído. Y dos, me habría arrepentido de no estar aquí para vivirlo.


Tenía todas las intenciones de sentarme a escribir ayer; pero la humedad, la oscuridad y el sonido de la lluvia resonar en la calle invitaba mas a acurrucarse en la cama, con un té verde calientito y un buen libro mientras Nico sucumbía en los brazos de Morfeo por un rato.


Ayer por la mañana, las nubes bajaron –literalmente- a socializar con nosotros. Pudimos sentirlas entre nuestra piel. Una sensación extraña, pero igualmente maravillosa.


Nico ha pasado más tiempo en la calle en estos tres días, que en lo que va del verano. He is a rain lover.



Mi cámara y yo, nos hemos deleitado con la diferencia de luz que trae consigo la tormenta. Nada como fotografiar el contraste del gris y negro del cielo con los colores llamativos de los atuendos de Nico.


Yo nunca tuve unas botas de lluvia. O por lo menos, no lo recuerdo. Pero puedo imaginarme la sensación de ver correr el agua entre tus pies mientras el plástico te protege.


Exploramos las travesuras que ha hecho la tormenta en nuestros terrenos. Una alberca chocolatosa es solo el principio. Pero dejaré el recuento de los daños para otro post.


Han sido tres días de caos en el pueblo. Ten cuidado con lo que deseas – dicen por ahí. Creo que algunos, ya empiezan a extrañar el sol. Yo en lo particular, podría esperar un poco más.



Lo que es seguro, es que no puedo esperar a ver es el paisaje verde y hermoso que tendremos después de tanta lluvia. Ha sido verdaderamente impresionante. No ha parado de llover. Pareciera que el cielo se siente comprometido por los largos años de sequía en que nos tuvo y quiere remendar el daño de un solo tirón.


Se respira a humedad. Pareciera que los arboles se ven más felices. Las plantas se ven más limpias. Tal vez nuestras almas también.



Cuando Dios da, da a manos llenas. Eso me queda muy claro. Y en los últimos tres días, nos ha colmado de bendiciones. Empezando por la lluvia, siguiendo por la llegada de Massimo. Manolita estrena hermanito. Y mi familia cabeña crece. Bienvenido pequeño!


Y no conforme con eso, en estos días Dios me dio aun mas. Elsa me platicó que había tenido una conversación con Nico acerca de los hermanos. Y para resumirlo, Nico le dijo que él nunca iba a tener hermanitos. Y que por eso se aburría. Pero está bien – le aseguró.


Nico JAMAS ha tocado el tema conmigo de manera directa. A pesar de las diferentes manifestaciones que ha tenido al respecto. Él sabe perfectamente lo que pasa. Entiende lo que me lastima. Y me protege con su silencio. Pero hoy, sentados en la sala de espera esperando ver a Massi, supe que era la perfecta ocasión para con cautela, abordar el tema por primera vez. Le pregunté si quería compartirme como se sentía al saber que algunos de sus amigos tenían hermanitos. Primero guardó silencio, como buscando en su memoria. Me dio una lista de sus amigos y sus hermanitos.


Ahora también Manolita tiene un hermanito… tú podrías tener un bebe en tu pancita? -.
‘No lo sé, Nico. Creo que no, pero… solamente Diosito lo sabe. Podría intentarlo, tal vez ya  lo hice. Te gustaría que mami lo intentara? – asintió en silencio.
‘OK, pero no sabemos si pueda suceder, tal vez no suceda nunca, tal vez sí. Pero si no sucede, papi, tu y yo estamos bien, no? Felices? –
‘Si, mami. Y yo puedo jugar con mis amigos.’ –
‘Si amor, y cada vez vas a tener más amigos. No porque no tengas un hermanito, significa que estas solo. OK?' –

OK, me pasas mis carritos? .-


El miedo de tener esta conversación me persiguió por mucho tiempo. Al final, no fue tan mala como pensé. Me sentí un poco mal de haberle mentido parcialmente… con respecto a intentarlo. Pero pensé que es su derecho vivir esta etapa. La etapa de la posibilidad. Aunque esté desfasada del tiempo real. Ya en algunos meses, podré retomar la conversación y explicar que lo intentamos. Que no funcionó, y que es tiempo de seguir adelante.




Al regresar a casa, una vecinita gritó su nombre. A los cinco minutos, tenía mi casa invadida con 5 niñas que en mi vida había visto. Todas vecinitas, más o menos de la edad de Nico. Lo escuché reír, negociar y divertirse en su cuarto. Jugando. Al final de día es cierto… no necesita un hermanito para tener compañía. Y aunque nunca tendrá comparación, que sea una experiencia diferente, no significa que sea mala.


Cuando Dios da, da a manos llenas y hay que aprovechar. Hemos aprovechado y disfrutado la lluvia. Hemos celebrado la llegada de Massi. Y he tomado la oportunidad de sumergirme en un terreno doloroso pero necesario con mi hijo. Saliendo bien librada por el momento. La vida me da limones todo el tiempo. Los limones amargos han predominado por un buen tiempo. Pero poco a poco, estoy aprendiendo a endulzarlos. Y cuando lleguen los limones dulces, cuando Dios nos de a manos llenas limones bien azucarados, estaré feliz de empalagarme.