viernes, 28 de junio de 2013

La graduación del kinder

Saqué del clóset tu toga y tu birrete la noche antes del gran día. Tenían un par de meses ya ahí guardados, esperando su turno para hacer historia. Extendí la toga en la cama asegurándome que estuviera bien planchada y lista. Por un momento me pareció estar frente a una alucinación.
 

Dejé preparado mi vestido, mi cámara y tu ropa antes de irme a dormir. Abrí tu puerta tratando de no hacer ruido pero tu cabecita se levantó al instante. “Solo quería desearte buenas noches otra vez, amor… ¡mañana va a ser un súper día!” – susurré. Tu sonrisa brilló con el reflejo del farol de la calle, extendiste tus bracitos y te acomodaste en ese lugarcito en mi pecho que es sólo tuyo.
 
Abrí los ojos por ahí de las 3.30 de la mañana y los nervios empezaron a apoderarse de mí. Se iba un recuerdo y me visitaba otro. Le pedía a Dios en silencio que por favor te protegiera siempre, como hasta hoy. A las 4 AM me levanté de la cama, tomé los tennis y me salí de puntitas hasta la entrada. Ahí sentada en el adoquín, mientras amarraba mis agujetas y los grillos amenizaban la oscuridad caí en cuenta de lo familiar de la escena.
 
Ahí pasé largas y duras noches llorando por lo que no fue, hermosura. Pero después de mucho tiempo, la vida me daba una nueva oportunidad de reconciliarme con esos espacios, con esos sonidos y con ese paisaje. Y ésta vez, ahí sentada en ese mismo rinconcito, no lloraba más. Ahora sonreía, cambiando lo que no fue por lo que en unas horas más sí sería. Y así nada más, hice las paces con un recuerdo que me atormentó un día, uno que hoy se ve muy lejano.
 
Me levanté y empecé a correr. Y con cada zancada liberaba mis pensamientos, mis nervios y el sentimiento agridulce que me ha acompañado las últimas semanas. Regresé a la casa nuevamente de puntitas, me acosté y me dormí profundamente, hasta que el despertador sonó con fuerza.
 
La revolución mañanera no se hizo esperar pero sorprendentemente estábamos listos y preparados a la hora acordada. Entonces, nos tomamos una foto más en la puerta para nuestra colección.
 
 

¿Solecito, cuántas fotos más por venir? Le pido a Dios la oportunidad de estar ahí inmortalizada contigo, aún mucho después de que quien tenga que agacharse seas tú y no yo…
 

Bibi siempre presente en tus mejores eventos, llegó un día antes para ser testigo de tu día especial.
 

Y tu Elsa, puntual y en silencio, ya te esperaba dentro del teatro para aplaudirte y al ver como tu carita se iluminó con su presencia, me recordó que también eres suyo. Y suyo era el privilegio de verte ahí.
 

Diego y tu posaron para la foto del recuerdo, que un día, verás como un verdadero tesoro en tu vida.
 
 

Verlos ahí juntos, entogados y con cara de niños me hizo vibrar de emoción y melancolía.
 
Tutia Flor con su sonrisa de orgullo, te veía y te besaba y te volvía a ver, asegurando que no existe un niño más perfecto que tú en el mundo. ¿Quién puede discutir contra ella?
 

Trabajamos durante muchos meses, las mamás de algunos de tus amiguitos y yo para lograr que todo saliera perfecto el día de la graduación. Hubo días, en los que pensé que el anuario al que nos comprometimos la mamá de Regina y yo, nunca quedaría listo. Pero lo hicimos, mi amor. Y tu emoción al hojear sus páginas y verte ahí con todos tus amigos, hizo que valiera la pena un millón de veces cualquier sacrificio.
 

El escenario quedó increíble. Lleno de globos, de colores, de flores y de fotografías llenas del pasado perfecto que viviste en tu escuela.
 
 
 

La ceremonia dio inicio con los honores a la bandera.
 

Después, algunos de tus compañeros leyeron algunos pensamientos y juntos cantaron la canción del adiós al jardín de niños.
 
 

Acto seguido, fue la entrega de diplomas. Y al escuchar a tu maestra nombrarte sentí que el corazón me explotaría. Después, dijo las palabras que describían porque siempre serás recordado: “Obsérvenlo… por llegar siempre con una súper sonrisa a la escuela cada mañana…” –
 
 
 

Escúchame mi amor, tu sonrisa puede cambiar el curso de las cosas. No solo lo digo yo, lo dice mucha gente. Nunca dejes de sonreír.
 

Y así fuimos aplaudiendo a cada uno de tus amigos. Y mientras trataba de fotografiar cada una de esas caritas, me parecía irreal que esto estuviera llegando a su fin. Voy a extrañarlos junto contigo.
 
 
A punto de aventar tu birrete al aire... y con esto, completo un deseo más de mi bucket list.

El baile de despedida y un emotivo video que atesoraremos siempre, dio fin a la historia de tu vida preescolar.
 
 

Y ahí estábamos, como en la página final de un libro que te mantiene enganchado hoja por hoja, con sentimientos encontrados. Emocionados por leer un final feliz, y tristes de saber que llegaba a su fin.
 
 
Por la tarde, fuimos a comer a tu restaurante favorito. Abriste tus regalos de graduación y terminaste tu último día de preescolar de la forma que más nos gusta… celebrando.
 
 

Ayer fue un día grande, hermosura. Verte alcanzar metas es incluso más gratificante de mis propios logros. Tal vez, porque mi mayor logro, eres tú. No hay nada que puedas hacer, decir o pensar que pueda cambiar eso. Ya está. Mi amor por ti es algo dado y algo fijo. No puedo amarte ni más ni menos, porque mi amor es infinito. Pero verte brillar corona este amor sin condiciones de una manera especial.
 

Felicidades, Nico. Porque ya sabes leer. Porque ya sabes escribir. Porque lo haces en dos idiomas. Porque tus esfuerzos se vieron recompensados con conocimiento. Pero sobre todo mi amor, felicidades por empezar a andar tu camino siendo un niño que valora la amistad, que respeta a todos, que regala sonrisas y que vive su pequeño mundo con una gran pasión.



 

jueves, 27 de junio de 2013

Vivir es peligroso

La graduación de preprimaria de Nico fue hoy y quisiera poder ponerme a escribir todo lo que siento en este momento, pero las emociones todavía se mezclan en mi cabeza y en mi corazón. Respiraré profundo el resto del día y archivaré en mi memoria cada minuto de esta mañana tan especial. Absorberé el momento y seguramente mañana con más calma y raciocinio podré narrar a detalle el maravilloso día que tuvimos.
 
Por lo pronto, y también con motivo de su graduación, vale la pena documentar aquí el “Get away graduation party” que tuvieron los niños durante el fin de semana.
 
Terminando la competencia, y después de un delicioso desayuno en compañía de tutia Valeria y Sophie, manejamos directo al hotel donde nos encontraríamos con el resto de la generación de Nico para pasar el fin de semana celebrando la culminación de sus estudios preescolares. Un fin de semana planeado con muchos meses de anticipación y que por fin se convertía en realidad.
 
Fue durante este festín de momentos, que Nico tuvo el accidente con sus dientes. Y durante los últimos dos días me he atormentado por no haber evitado que sucediera. El diagnóstico: Por lo menos tres o cuatro meses con una férula permanente en sus dientitos, para volver a acomodarlos en su lugar y evitar que se caigan antes de tiempo.
 
Mientras la dentista hacía los procedimientos con Nico y lo veía acostadito bajo su reflector, no podía evitar culparme por lo que estaba sucediendo. Me sentí irresponsable y arrepentida de haber ido el fin de semana al hotel. Y desee estar yo en su lugar y ser yo la que necesitara arreglos. No él y sus dientitos perfectos.
 

El lunes fue uno de esos días en los que la parte sobreprotectora de mi instinto materno salió a flote y quise poder tener una burbuja impenetrable donde meter a Nico por el resto de su vida. Me sentí enojada y deprimida por no haber podido evitarle el golpe, el sufrimiento y las inconvenientes consecuencias. Tuve unas ganas endemoniadas de encerrarme en mi casa con él y no salir nunca más. Protegerlo del mundo y sus riesgos a toda costa.
 
Al día siguiente un poco más tranquila, bajé las fotos del fin de semana a mi computadora y empecé a verlas.
 

Una tras otra, risas y alegría.
 

Y a pesar de la comida incomible y de dudosa procedencia, las albercas atiborradas de gente cuan Acapulco en pleno Julio, el calor, el cansancio y toda posible incomodidad; el sábado fue un día inolvidable.
 

De esos que alimentan al lobo y lo dejan satisfecho. Y en este caso, que también lo dejan agotado y bien bronceado.
 

Los niños jugaron, chapotearon, brincaron y se deslizaron por el tobogán por horas y horas.
 

Recibieron su gorra y su playera del recuerdo.
 
 

Tuvieron una noche cinema, tirados en sillones y compartiendo palomitas.
 
 

Los adultos perdimos un poco más las formalidades y nos conectamos todavía más que los últimos meses.
 

Fue entonces cuando comprendí que mis desvaríos de tener a Nico en una burbuja no son más que esos, desvaríos. Intentos desesperados por evitar que se lastime. Reacción normal y comprensible en cualquier mamá.
 

Y aunque quisiera regresar el tiempo y evitar su golpe, entiendo que este fue uno de muchos trancazos en el camino. Que Alejandro Sanz tiene razón cuando dice que “Vivir es lo más peligroso que tiene la vida”.
 

Pero también lo más divertido.
 

Lo más maravilloso y lo único que vale la pena.
 

Sé que en unos meses, el episodio de sus dientes quedará atrás y en el olvido para él. A decir verdad, creo que ya se le ha olvidado. ¿Pero esto?
 
 
 

Esto difícilmente se le olvidará rápido.
 

Son niños privilegiados. Y me alegra que mi hijo forme parte del privilegio. Del privilegio de disfrutar, de jugar con sus amigos, de casi romperse los dientes y tenerlos enteros para contarlo. De vivir al máximo… aunque sea sumamente peligroso.