Saqué del clóset tu toga y tu birrete la noche antes del
gran día. Tenían un par de meses ya ahí guardados, esperando su turno para
hacer historia. Extendí la toga en la cama asegurándome que estuviera bien
planchada y lista. Por un momento me pareció estar frente a una alucinación.
Dejé preparado mi vestido, mi cámara y tu ropa antes de irme
a dormir. Abrí tu puerta tratando de no hacer ruido pero tu cabecita se levantó
al instante. “Solo quería desearte buenas
noches otra vez, amor… ¡mañana va a ser un súper día!” – susurré. Tu
sonrisa brilló con el reflejo del farol de la calle, extendiste tus bracitos y
te acomodaste en ese lugarcito en mi pecho que es sólo tuyo.
Abrí los ojos por ahí de las 3.30 de la mañana y los nervios
empezaron a apoderarse de mí. Se iba un recuerdo y me visitaba otro. Le pedía a
Dios en silencio que por favor te protegiera siempre, como hasta hoy. A las 4
AM me levanté de la cama, tomé los tennis y me salí de puntitas hasta la
entrada. Ahí sentada en el adoquín, mientras amarraba mis agujetas y los
grillos amenizaban la oscuridad caí en cuenta de lo familiar de la escena.
Ahí pasé largas y duras noches llorando por lo que no fue, hermosura. Pero después de mucho
tiempo, la vida me daba una nueva oportunidad de reconciliarme con esos
espacios, con esos sonidos y con ese paisaje. Y ésta vez, ahí sentada en ese
mismo rinconcito, no lloraba más. Ahora sonreía, cambiando lo que no fue por lo que en unas horas más sí sería.
Y así nada más, hice las paces con un recuerdo que me atormentó un día, uno que
hoy se ve muy lejano.
Me levanté y empecé a correr. Y con cada zancada liberaba
mis pensamientos, mis nervios y el sentimiento agridulce que me ha acompañado
las últimas semanas. Regresé a la casa nuevamente de puntitas, me acosté y me
dormí profundamente, hasta que el despertador sonó con fuerza.
La revolución mañanera no se hizo esperar pero
sorprendentemente estábamos listos y preparados a la hora acordada. Entonces,
nos tomamos una foto más en la puerta para nuestra colección.
¿Solecito, cuántas fotos más por venir? Le pido a Dios la
oportunidad de estar ahí inmortalizada contigo, aún mucho después de que quien tenga
que agacharse seas tú y no yo…
Bibi siempre presente en tus mejores eventos, llegó un día
antes para ser testigo de tu día especial.
Y tu Elsa, puntual y en silencio, ya te esperaba dentro del
teatro para aplaudirte y al ver como tu carita se iluminó con su presencia, me
recordó que también eres suyo. Y suyo era el privilegio de verte ahí.
Diego y tu posaron para la foto del recuerdo, que un día,
verás como un verdadero tesoro en tu vida.
Verlos ahí juntos, entogados
y con cara de niños me hizo vibrar de emoción y melancolía.
Tutia Flor con su sonrisa de orgullo, te veía y te besaba y
te volvía a ver, asegurando que no existe un niño más perfecto que tú en el
mundo. ¿Quién puede discutir contra ella?
Trabajamos durante muchos meses, las mamás de algunos de tus
amiguitos y yo para lograr que todo saliera perfecto el día de la graduación.
Hubo días, en los que pensé que el anuario al que nos comprometimos la mamá de
Regina y yo, nunca quedaría listo. Pero lo hicimos, mi amor. Y tu emoción al
hojear sus páginas y verte ahí con todos tus amigos, hizo que valiera la pena
un millón de veces cualquier sacrificio.
El escenario quedó increíble. Lleno de globos, de colores,
de flores y de fotografías llenas del pasado perfecto que viviste en tu
escuela.
La ceremonia dio inicio con los honores a la bandera.
Después, algunos de tus compañeros leyeron algunos
pensamientos y juntos cantaron la canción del adiós al jardín de niños.
Acto seguido, fue la entrega de diplomas. Y al escuchar a tu
maestra nombrarte sentí que el corazón me explotaría. Después, dijo las
palabras que describían porque siempre serás recordado: “Obsérvenlo… por llegar siempre con una súper sonrisa a la escuela cada
mañana…” –
Escúchame mi amor, tu sonrisa puede cambiar el curso de las
cosas. No solo lo digo yo, lo dice mucha gente. Nunca dejes de sonreír.
Y así fuimos aplaudiendo a cada uno de tus amigos. Y
mientras trataba de fotografiar cada una de esas caritas, me parecía irreal que
esto estuviera llegando a su fin. Voy a extrañarlos junto contigo.
| A punto de aventar tu birrete al aire... y con esto, completo un deseo más de mi bucket list. |
El baile de despedida y un emotivo video que atesoraremos
siempre, dio fin a la historia de tu vida preescolar.
Y ahí estábamos, como en la página final de un libro que te
mantiene enganchado hoja por hoja, con sentimientos encontrados. Emocionados
por leer un final feliz, y tristes de saber que llegaba a su fin.
Por la tarde, fuimos a comer a tu restaurante favorito.
Abriste tus regalos de graduación y terminaste tu último día de preescolar de
la forma que más nos gusta… celebrando.
Ayer fue un día grande, hermosura. Verte alcanzar metas es
incluso más gratificante de mis propios logros. Tal vez, porque mi mayor logro,
eres tú. No hay nada que puedas hacer, decir o pensar que pueda cambiar eso. Ya
está. Mi amor por ti es algo dado y algo fijo. No puedo amarte ni más ni menos,
porque mi amor es infinito. Pero verte brillar corona este amor sin condiciones
de una manera especial.
Felicidades, Nico. Porque ya sabes leer. Porque ya sabes
escribir. Porque lo haces en dos idiomas. Porque tus esfuerzos se vieron
recompensados con conocimiento. Pero sobre todo mi amor, felicidades por empezar
a andar tu camino siendo un niño que valora la amistad, que respeta a todos,
que regala sonrisas y que vive su pequeño mundo con una gran pasión.







