viernes, 28 de febrero de 2014

El concurso de matemáticas



Nico fue finalista en el primer concurso de matemáticas de su escuela. La semana pasada me dijo que había calificado en la competencia entre sus compañeros y entonces los nervios empezaron.



Le iban y venían de repente, empezó a comportarse extraño y sentirse inseguro por cosas que generalmente ni le van ni le vienen. Platicamos al respecto. Le repetí que papá y yo estábamos muy orgullosos de él por haber logrado estar en el concurso y que cualquiera que fuese el resultado eso no cambiaría. Siempre le repito lo mismo: “Te amamos por ser tú. No hay nada que puedas hacer que nos haga amarte más, o menos. Sé tú mismo, siempre haz tu mejor esfuerzo y eso es lo más valioso. No me importa que no seas el mejor de tu clase, ni la calificación que saques. Me importa que aprendas, que disfrutes, que hagas lo mejor que esté en ti. Que seas bueno, que defiendas a tus amigos, que compartas.”



Pero a mi pequeño perfeccionista no le parecía suficiente. Le propuse hacer oración cada vez que sintiera que los niervios regresaban. Hice más oraciones está semana que en los últimos 18 meses de mi vida.



Nos fuimos a la playa. Quiso hacer yoga. Respiraciones. Sacar los niervios. Funcionaba a ratos pero regresaban. 






Por momentos, pensé en decirle que no tenía que participar si no quería. Pero cada vez que lo pensaba, yo misma me contestaba que eso sería un error. No puedo proteger a mi hijo del mundo. Por el contrario, debo prepararlo para enfrentarlo. Al mundo increíble, aventurero y maravilloso. Al mundo hostil y peligroso. Y también al mundo en el que aprender a dominar sus nervios puede ser la diferencia entre su bienestar y su fracaso. Estas experiencias son pequeños ensayos. Perfectas oportunidades que se nos presentan en el camino para moldear su carácter, su fortaleza, su temple.



Este miércoles finalmente fue el tan esperado concurso. Luis y yo llegamos tempranito a estar en primera fila para él. Para que nos sintiera cerca. Para que supiera que desde nuestra trinchera, lo estaremos siempre observando, siempre apoyando, siempre empujando hacia adelante. 





Verlo entre los finalistas fue un sentimiento espectacular. Ni el orgullo propio se compara con el orgullo que uno puede sentir por sus hijos. 





Lo vimos pararse y resolver sus operaciones frente a un grupo de papás y sus “contrincantes” como si los días anteriores los niervios no hubieran existido. Dominó su ansiedad e hizo su mejor esfuerzo. Fue eliminado en la tercera ronda. Y poco a poco, su habitual vibra fue tomando sus espacios. 
 



Al final del concurso, recibió su diploma. Y entonces celebramos lo bien que lo hizo. Yo, en silencio, agradecí a Dios su protección y la oportunidad que nos dio, como en tantas otras ocasiones, de seguir construyendo en su corazón. Su seguridad, su amor propio, el dominio de sus emociones. 





Sigue así, solecito. Aprende, estudia, investiga, atrévete. Sigue abriendo tus alitas. Un vuelo increíble te espera más adelante. 




jueves, 27 de febrero de 2014

Todo pasa



Escrito el sábado 22 de Febrero… Revisado y corregido el 27 de Febrero.



(Ha sido una semana de intensa actividad)





Querido Nico,



Han pasado ya dos años. Te escribo esto a mitad de la noche, pues no puedo dormir. Tu respiras al ritmo de tus sueños y tu inocencia, la tenue luz de mi monitor contornea tu forma, y te veo desde aquí, sentada en la alfombra de tu recámara; en silencio y en revolución.



Tuvimos un buen día, hoy. Estuvimos en el mercado orgánico, trabajamos un poco en el jardín, papá y yo finalizamos el día cenando con amigos y festejando un cumpleaños (feliz cumple, amiga) mientras tu disfrutaste a tutio Alan en sus útimos días de visita.



Pero hoy… hoy me levanté sabiendo que el aire sería un poquito más espeso y difícil de respirar. Han pasado ya dos años desde que le dijimos adiós a algo que nos marcará de alguna forma el resto de la vida. De vez en cuando sigues preguntando por qué no tienes un hermano, y yo, de vez en cuando sigo sintiendo un agujero profundo en el alma.



No siempre es fácil, pero no siempre es difícil. Aprender a vivir con ello ha sido como construir de la nada un sistema arcaico a base de prueba y error que sigo perfeccionando. ¿Que si duele? Sí, a veces duele. Físicamente mi cuerpo sigue manifestando fallas, y eso no ayuda. Pareciera que algo se empeña en permanecer donde no es apreciado. Pero seguiré en el intento.



Quería escribirte pequeñito, para recordarte que todo pasa. Que si alguna vez te ves envuelto en una situación profundamente dolorosa, tengas mi testimonio y puedas confortarte un poco sabiendo que TODO VA A ESTAR BIEN. Que el sentimiento en carne viva no dura para siempre. Que la tristeza que parece imposible de desvanecer termina por disiparse. Que simplemente, todo pasa.



Dos años mi amor, de haber empezado a sanar. Dos años de sacar en cada exhalación todo aquello que tenía atrapado en lo más profundo. Dos años de trabajar, no para volver a ser la misma, sino para poder ser mejor. Mejor para ti. Para nuestra vida.



Desperté con cierta angustia sobre cómo se desarrollaría este día, y heme aquí, a punto de brincar al 23 de Febrero entera y tranquila. Con la firme convicción de que vamos por excelente camino y de que un día, lejano o no, el 22 de Febrero recuperará la ligereza que un día tuvo.



Te amo.

viernes, 21 de febrero de 2014

Foto Friday #28



Iba camino al gimnasio hoy en la mañana y el amanecer me perseguía, mientras los rayos del sol se estiraban por encima del mar. Tengo el privilegio de ver este milagro todas las mañanas, observando semana a semana como el sol empieza a levantarse más temprano. El invierno se extingue, los días se hacen poco a poco más largos y la energía se siente alrededor.

La semana se fue rápido y ya estamos otra vez en viernes. Las últimas semanas resumidas en Instagram: 





miércoles, 19 de febrero de 2014

Spring Project (primera parte)



Generalmente empezamos nuestro proyecto primaveral la última semana de Febrero. Pero este año, dado a las temperaturas cálidas que hemos tenido durante el “invierno”; decidimos empezar antes.



Tenemos varias ideas y proyectos, uno grande y otros cuantos más pequeños para nuestro jardín esta temporada. Es sin duda alguna, mi época favorita del año. Primavera me inspira, me pone feliz, me llena de energía. Es la oportunidad de recordar que la tierra está viva, y que con un poco de dedicación y buena mano podemos crecer plantas maravillosas. 





Seguimos trabajando en nuestros proyectos los fines de semana, pero por lo pronto, la hortaliza de este año está lista. Esta ocasión, decidimos montarla en un cajón de madera. La lijamos, la impermeabilizamos y la pintamos. 








Nico es el asistente oficial de todos los proyectos y se toma muy en serio sus responsabilidades. Una vez terminada la caja, pusimos manos a la obra en escoger las semillas que trataríamos de cosechar este año. 




Tierra, semillas, separaciones, letreros y voilá. 







Mi jardinero estrella, encargado cada domingo de regar el jardín. 






La casa empieza a llenarse de flores de temporada y oler a fresco. Todavía nos falta una buena parte para dejar nuestro adorado patio como lo imaginamos pero por lo pronto, la cosa pinta de colores.