Deseo muchas cosas para Nico. Grandes y pequeñas. Como
cualquier madre. Como cualquier ser humano que ama a otro por encima del bien y
el mal. He deseado cosas para él, incluso desde antes de conocerlo. Cuando era
pequeña, deseaba para él un padre que se pareciera mucho al mío en algunas
cosas, y que fuera absolutamente diferente en otras. También deseaba otras
cosas de menos importancia, como que sólo tuviera un nombre, para ahorrarle
tiempo y esfuerzo cuando en la primaria, lo obligaran a escribir su nombre
completo en todas y cada una de las tareas que tuviera que hacer.
Cuando me casé con Luis, y acariciaba la posibilidad de
tener un hijo de manera más concreta, deseé secretamente que heredara su
nobleza más no su característico silencio. Por supuesto, siempre deseé que si
tenía que heredar cosas de mí, heredara aquellas que considero mis virtudes.
Deseaba que heredara mi buen ritmo, mi nariz, mi gusto por los libros, mi buena
memoria (la que empieza a estar en tela de juicio) y mi pasión. En mis
confesiones, le pedía a Dios que por favor, no lo contagiara con mi síndrome de
obsesiva-compulsiva, ni mi manía por sobre-analizarlo todo o la debilidad en
mis huesos y articulaciones. Entre otras muchas cosas.
Sigo deseando muchas cosas para Nico. Grandes y pequeñas. A
corto, a mediano y a largo plazo. Deseo que los sábados, despierte después de
las 8 de la mañana (aunque técnicamente, eso lo deseo por mí, no por él). Deseo
conseguir ese libro mágico que contenga todas las respuestas a las preguntas
que me hace: ¿qué piensan los bichos?
¿por qué no podemos vivir en dos lugares al mismo tiempo? ¿hace realmente
cuanto tiempo que nos conocemos? ¿cuándo voy a llevarlo a ver un volcán en
erupción? ¿por qué no puede usar el iPad todo el día? ¿qué significa votar?
¿dónde se puede comprar un ‘life saver’
como los de Star Wars? ¿Cuándo vamos a comer milanesas otra vez?... En fin.
Si algo abunda en mi casa, son las preguntas.
Deseo que se libere de los mocos diarios y de la tos de
perro que lo acecha desde hace más de un mes. Deseo que nunca sufra de dengue. Mejor
dicho, deseo que nunca sufra, punto. Deseo que un día, pronto, aprenda el arte
de bajar la tasa del baño y no salpicarla. Deseo, que jamás le aflore su lado rupestre
y practique eructar el abecedario hasta conseguirlo. Pero también deseo, que
viva su masculinidad en todos los sentidos; y no estoy segura, pero mi
experiencia me dice que los eructos grotescos son simplemente parte de la
naturaleza masculina.
Deseo muchas cosas para Nico. Que aprenda a amar su entorno
y su país. Que logre valorar la libertad y que jamás la convierta en
libertinaje. Deseo que aprenda a defender sus derechos y los de aquellos que no
se puedan defender solos. Deseo que sea valiente. Valiente de verdad. Que sea
un hombre que se apega a sus convicciones aun cuando la tentación parezca ser
más fuerte que él. Deseo que sea justo y humilde. Deseo que su sensibilidad se
mantenga siempre en equilibrio, para que nadie pueda aprovecharse de él ni él de
otros.
Deseo que su letra mejore. Y que pronto, deje de dibujar
únicamente Angry Birds. Pero si tengo
que escoger entre esos dibujos y ninguno más, entonces, deseo que dibuje Angry Birds para mí el resto de su vida.
Deseo que aprenda a andar en bici sin llantitas y que se deje cortar las uñas
de los pies sin llorar como si lo estuvieran llevando a la guillotina.
Deseo que nunca pierda esa mirada experta con la que observa
el mundo; como recordando lo que vivió justo ahí, en una época pasada. Deseo
que esos musculitos bien torneados que hoy tiene, se conviertan en una espalda
ancha y unos brazos fuertes; que impongan y lo protejan de quien quiera
agredirlo. Pero que también sirvan de apoyo y consuelo para quien necesite un
buen hombro para llorar. Y ¿por qué no? Que sea una musculatura que lo haga sexy
entre las chicas. Deseo que siempre canalice su fuerza física como es debido.
Que respete su cuerpo y el de los demás.
Deseo muchas cosas para Nico. Deseo que nunca le rompan el
corazón, pero al ser inevitable, deseo que aprenda lo mejor de su experiencia y
que trate, por todos los medios, de jamás romper él el corazón de nadie. Deseo
que se enamore muchas veces. Y que trate con dulzura y respeto a todas las
mujeres que se crucen en su camino. Deseo que sea de esos novios chapados a la
antigua, que tocan a la puerta de la casa al ir a buscar a su chica y le abren
la puerta del carro siempre. Que cuando caminen por la acera, sea él quien lo
haga del lado del tráfico. Y que siempre ponga en práctica la frase “un caballero no tiene memoria”.
Deseo que nunca se vea involucrado en una pelea. Pero si lo
hace, deseo que sea el otro quien quede peor. Deseo que tenga un mejor amigo
que esté en mi casa todo el tiempo, y que juntos, desmantelen mi refrigerador a
pocas horas de haber hecho el súper. Que después, desvanezcan mi enojo con
besos y abrazos. Deseo que tenga el equilibrio perfecto entre la fiesta y el
estudio. Que nunca deje de ir a una fiesta por quedarse a estudiar, y que nunca
deje de estudiar por irse a una fiesta.
Deseo que no me lo cuente todo, pero si lo suficiente. Que
comprenda que no somos amigos, pero que si podemos ser cómplices como lo somos
hoy, por el resto de su vida. Deseo que aprenda a distinguir entre el buen
alcohol y el adulterado. Y que explore y conozca sus límites en la bebida. Que aprenda
que la cruda física puede ser menos dolorosa que la cruda mural, y que por eso,
es mejor tomar con cuidado. Deseo que utilice siempre condón. Que su primera vez sea inolvidable. Y que haga
inolvidable la primera vez de quien
le permita el privilegio.
Deseo que siempre me llene de besos. Sin importar su edad,
ni los testigos. Deseo que siempre me dé el lugar que me corresponde en su
vida, y que cuando deje de ser la mujer más importante para él; a quien escoja,
lo merezca. Que su corazón nos dé el espacio justo a cada una; pues nadie puede
ocupar el lugar de nadie.
Deseo muchas cosas para Nico. Deseo que la primaria le
siente bien. Que sienta esa emoción por el olor a nuevo de sus útiles
escolares. Deseo que este verano nade muy rápido en sus competencias y gane más
medallas. Deseo que respete todas las religiones y creencias, y que aprenda a
una etapa más temprana que yo, a no juzgar a los demás a simple vista. Deseo
que viaje por el mundo, que conozca otras culturas, que haga amigos en lugares
lejanos a los que pueda visitar muchos años después; cuando las circunstancias
de su vida sean absolutamente diferentes.
Deseo que se sienta incomprendido el menor número de veces
posible. Y que en sus años de adolescencia, cuando piense que soy la madre más
injusta e insensata, no olvide que aun así, soy su mamá y que lo amo con todo
mi corazón. Deseo que cuando discutamos (y oh si, claro que lo haremos),
incluso si de repente sale azotando la puerta; vuelva después más calmado, y se
acerque a mi cama a darme un beso de buenas noches.
Deseo que si decide tener hijos con la mujer que ame, Dios
los bendiga con el privilegio de ser padres sin ninguna agonía. Deseo que me
permita estar cerca de ellos y ser una verdadera abuela. De esas que cuentan
cuentos, hacen cosquillas y deja ver la tele hasta tarde. Deseo escucharlos
decirle: “¡Papito, te amo!” y ver el
orgullo brillar en sus ojos.
Deseo estar ahí en todas sus graduaciones. En la de prepri
en un par de meses y en las demás dentro de unos años. Deseo que nunca deje de
cantar en la regadera y al bajar las escaleras. Deseo que conozca su lugar en
el mundo. Que entienda lo pequeño que es comparado con el Universo, con el
vasto mar y la lejana luna. Pero que sepa la grandeza que pueden tener sus
acciones si así se lo propone. Deseo que encuentre sus pasiones, las defienda,
las desarrolle y las comparta.
Deseo muchas cosas para Nico. Deseo que ría y llore de
felicidad y no de pena. Pero si ha de tener penas, deseo que siempre tenga con
quien compartirlas. Deseo que su agenda en el celular guarde un amigo de la A a
la Z. Deseo que ceda su asiento a las personas de la tercera edad en el metro
de Paris con una sonrisa. Deseo verlo hacer angelitos
de arena en Balandra cada verano. Deseo verlo hacer angelitos de nieve en algún lugar, en algún momento. Deseo que se
encuentre con el discernimiento y el sentido común, y los haga parte de su vida
a partir de ese momento.
Deseo que respete las reglas, pero también que las rompa de
vez en cuando. Que sea agente de cambio cuando deba serlo, y mantenga el status quo cuando sea lo prudente. Deseo
que Dios vigile siempre su camino y que cuando lo deje caerse, él aprenda a
levantarse. Deseo también estar cerca para curarle las heridas físicas con árnica
y con abrazos las del alma.
Deseo que siga conociendo su independencia y que los miedos
no lo paralicen. Deseo no cometer errores que lo marquen de por vida. Y por
alguna razón, deseo estar cerca para escucharlo decir su primera grosería.
Deseo que un día, me pregunte sobre la historia entre su papá y yo. Deseo
contarle las veces que buscamos monedas entre los sillones para completar la
entrada del cine. Deseo platicarle sobre aquella noche que tuve que dormir en
una banqueta bajo el frío y una tormenta de nieve, en un lejano pueblito de
Grecia. Deseo que sepa que valió la pena, pues al día siguiente conocí uno de
los lugares más bellos en este mundo. Deseo llevarlo ahí. A Nafplio.
Deseo que un sábado le apetezca cancelar sus planes con
amigos y nos vayamos juntos a cumplir esa promesa de tirarnos de paracaídas.
Deseo verlo surfear las olas, aunque mi corazón se acelere al sentir que corre
peligro. Deseo que sea más atrabancado que yo, pero menos contingente. Deseo
que le cause risa recordar como decía palabras como “rrande” y “etisorio”.
Deseo tomarle una foto cuando maneje por primera vez. Aunque en realidad, deseo
tomarle una foto cada que respira.
Deseo que aprenda a administrar su dinero y que se ofrezca a
lavar mi carro sin pedírselo. Deseo verlo bajar con la almohada marcada un
domingo a las 3 de la tarde y que sonría al ver que la comida está servida y
esperándolo. Deseo siempre tener maneras creativas de demostrarle que lo amo.
Deseo que aprenda a cambiar una llanta, a arreglar una fuga de agua y a siempre
cumplir lo que prometa.
Deseo que aprenda YA a abrocharse las agujetas. Y no me
caería mal que supiera hacerse las quesadillas. Especialmente en domingo a las
6.45 de la mañana. Deseo que nuestros picnics en la playa sean una tradición
que nos dure muchos años y que siga ofreciéndose a ayudarme a cargar la canasta
y las bolsas del súper. Deseo que poco a poco, desarrolle el placer de comer
todas las verduras y llegue a compartir mi gusto por el sushi.
Deseo que aprenda a dominar algún instrumento y que pueda
tocar las melodías de Star Wars como
me prometió la semana pasada. Y si no lo logra, deseo que nos riamos juntos de
ello. Y que no me culpe a mí por haberle heredado mi torpeza musical. Deseo
poder cumplir su sueño para este próximo cumpleaños. Y para el que sigue y para
todos los demás.
Deseo muchas cosas para Nico. Grandes y pequeñas. Deseo que
siempre use el cinturón de seguridad y que maneje con prudencia. Deseo
regalarle su propio carro cuando cumpla la mayoría de edad y que sea uno de los
mejores regalos de su vida. Deseo que tenga el gusto por hacer las cosas bien.
Deseo que sea un amigo leal y que nadie lo traicione. Deseo que termine su
obsesión por “las colitas” antes de que lo meta en algún problema. Deseo que
siempre haga deporte y lo disfrute.
Deseo que se convierta en un hombre que comprende a las
mujeres. O por lo menos, uno de los que hace el intento. Que no sea indiferente
a lo que pasa a su alrededor, y que su familia, siempre sea su prioridad. Deseo
que nunca pierda de vista las cosas importantes. Que siempre espere la Navidad
con ilusión y que pasemos juntos el resto de las mías. Deseo que se salve de la
miopía, de los exámenes con preguntas que no haya estudiado y de los malos
maestros.
Deseo que sea culto, que aprenda historia del arte y que no
pierda su gusto por la música clásica. Deseo que siempre se emocione al
escuchar la palabra “Mazatlán”. Que el tutia
y tutio sean para siempre. Y que mi
fe le ayude a fortalecer la suya. Deseo que aprenda a deshacerse de sus
defectos y que sepa enaltecer sus virtudes. Deseo que sea bueno contando
chistes e historias. Pero sobre todo, que sepa escuchar.
Deseo que haga sus sueños realidad, incluso los más locos.
Deseo que el sabor del éxito le entre por la garganta y lo disfrute. Deseo que
le cierre la puerta a la arrogancia y a la prepotencia. Deseo que conozca
personajes fascinantes de los que pueda aprender, de los que se pueda inspirar.
Deseo que los recuerdos de su niñez estén siempre acompañados de mi amor. Deseo
que algún olor le recuerde a mí.
Deseo que la electricidad le recorra todo el cuerpo cuando
dé su primer beso. Que comparta un helado con su primera novia. Que nunca
olvide la primera película que vieron juntos. Deseo que siga encontrando en la
playa, la tranquilidad que ha encontrado ahí desde pequeño. Y si no es así,
deseo que encuentre otro lugar que le dé paz cuando la necesite. Deseo que
nunca pierda la capacidad de asombro. Que siempre encuentre divertido volar un papalote y que nunca pierda su buen apetito.
Deseo que aprenda a perder como un ganador. Deseo que nunca
necesite que le saquen una muela o frenos.
Deseo que le toque ser testigos de momentos históricos liberadores y
fascinantes. Que su generación aporte a este mundo más de lo que le arrebate la
mía. Deseo que su corazón tenga un toque vintage
como el mío. Y que sea un hombre de buen gusto, en todos los sentidos. Deseo que lleve a Dios siempre cerca de su corazón, de sus pensamientos y de sus decisiones.
Deseo muchas cosas para Nico. Grandes y pequeñas. Deseo que
hoy duerma una buena siesta. Y que sea una persona sin vicios que atenten
contra su salud. Deseo que aprenda a manejar estándar y reírse de las ironías
de la vida. Deseo que siempre sea amable, cariñoso y educado. Y que por favor,
sea un adolescente lo menos pestilente posible. Deseo que tenga un concepto
sano de la muerte.
Deseo que un día, su curiosidad lo pasee por las repisas
llenas de mis libros, que tomé uno y me pregunte: “¿Mamá, me recomiendas éste?”. Deseo que le guste mi recomendación.
Deseo que mis consejos le sean siempre útiles y que piense que soy una buena
madre. Deseo que no cometa con sus hijos aquellos errores que yo cometa con
él. Ni con su mujer aquellos errores que
ha cometido su padre conmigo y yo con él.
Deseo tantas cosas para Nico. Que podría pasarme la vida
escribiéndolas. Deseo que viva, que huela, que toque, que vea, que escuche
tantas cosas que me emociona el simple pensamiento. Deseo muchas cosas para
Nico. Grandes y pequeñas. Grandes, como que sea feliz. Pequeñas, como que sea
feliz.

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