martes, 26 de marzo de 2013

De ortografía, choques y crónica de una muerte anunciada

No es rumor, amado lector. Mi querida computadora, colgó los tennis. O mejor dicho, el sistema operativo, el día de ayer. Entró en su fase terminal hace aproximadamente un mes, pero como guerrera, hizo sus últimos esfuerzos y aguantó. Noté el cambio en su comportamiento durante estos días, y finalmente, sucedió lo que ya venía tratando de decirme con sus múltiples avisos y señales.
 
En este momento, se encuentra en un coma profundo, del que mi amigo el técnico se aferra a sacarla. Con un poco de suerte, superará el mal que la aqueja y la volveré a tener entre mis brazos, o entre mis dedos muy pronto. Pero la vida sigue, gente. Nada se detiene. Y por ello, ayer me dirigí hacia Office Depot con mi jefe, para encontrar un reemplazo urgente e inmediato.
 
Aunque lo sabía, ayer comprobé que mi vida laboral no es nada sin mi computadora. Así que pasé todo el día, rezando por recuperar todos mis archivos e instalando programas y tarugada y media en mi nueva compañera. Escribo este post, estrenando mi nuevo teclado en español (al que sigo sin encontrarle el @) y mi nuevo Windows 8 (que no termino de entender).
 
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Nico salió de vacaciones el viernes, al igual que miles de suertudos estudiantes. La que no tuvo tanta suerte fue mi camioneta. Quien por tercera vez en la historia de su vida, fue agredida por un automovilista distraído mientras estaba estacionada. Así es, es la tercera vez que me chocan estacionada. Justo a la salida del colegio, sin más ni más.
 
Afortunadamente, no pasó de un dolor de cuello, un buen susto, un buen pleito con Luis por no contestarme el celular durante mi emergencia y próximamente por tres días a pie mientras la reparan. Debe haber muchas maneras de arruinar un viernes, pero estoy segura, de que te choquen estacionada está en el top 3.
 
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El fin de semana nos dedicamos a adornar la casa para recibir las Pascuas. Algunas nuevas adquisiciones le pusieron colorido a nuestro hogar (fotos próximamente). Entre adorno y adorno, la vida me sonrió con éstas dos joyas de la mala ortografía:
 
"Mami, ¿te ayudo a hacer el menú de la semana? Aquí lo voy a escribir." Sopita de sanaoria. Es como la de zanahoria, pero más cremosa.
 
"Mami, quiero ver videos de Angry Birds, pero no me salen... ¿por qué?"

Nunca pensé que la mala ortografía un día me fuera a causar ternura y gracia. Resulta que así fue. Pero no se preocupen. Aunque lo encuentro adorable, entiendo la importancia de corregir sus errores. Pues la ortografía impecable es uno de los atributos más difíciles de encontrar en una persona. Lamentablemente. Espero que mi hijo sea una de esas personas. Cuando el momento llegue.
 
La semana será corta. El fin de semana será largo. Mi casa huele a comida sinaloense. Escucho los pasos de Nico al despertar hacia otra dirección. Eso significa que mamá ya está aquí. También significa que subiré unos dos o tres kilos, que no me tengo que levantar a darle de desayunar a Nico, que existe la grandiosa posibilidad de tener una cita romántica con mi esposo (o sea, ir a cine) y que estoy sumamente feliz. No hay nada mejor que tener a mi mamita cerca.

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