lunes, 4 de marzo de 2013

La banca de concreto

Existe una historia entre mi mamá y yo que básicamente representa nuestra vida a todos los niveles.
 
Cuando yo era pequeña y empecé el kínder, un pánico me invadía cada mañana al llegar al colegio. Un miedo que me paralizaba y que era incapaz de controlar. A pesar de que era tan chiquita, puedo recordar claramente como me sentía. Simplemente, me petrificaba de pensar en quedarme sola. En que mi mamá se fuera, y tuviera que estar ahí, entre otros niños esperando a la maestra.  Y entonces cada mañana, mi mamá se sentaba conmigo en una banca de concreto color vino tinto a esperar a que llegara mi maestra.
 
No recuerdo un solo día en el que ella me haya abandonado ahí. A pesar los problemas que le ocasionaban los retardos diarios en su trabajo. A pesar, de la segura desesperación que sentía.  Mi mamá siempre se quedó conmigo. Yo era lo más importante para ella, y por sobre todas las cosas, tomó la decisión de hacer lo que me hacía sentir segura. Supongo que eventualmente superé mi inseguridad, no sé si me tomó meses o años; pero puedo imaginar el alivio que sintió mi mamá. 
 
Cuando digo que esta historia representa nuestra continua realidad, lo digo porque así es. Mi mamá ha estado sentada conmigo en esta banca de concreto durante toda mi vida. Tomándome la mano y dejándome sentir su apoyo cuando algo me aterroriza o una situación difícil se me presenta. Sin importar las consecuencias que tenga para ella, nunca me abandona.
 
Y ha estado en desacuerdo con mis decisiones y con mi manera de pensar en invariables ocasiones, pero nunca, NUNCA se ha levantado de esa banca sin estar segura de que estaré bien. Metafóricamente, esa banca representa el vínculo entre nosotras. Ese código entre las dos, en el que está sobreentendido que sin importar mi edad y hasta que la muerte nos separe – o tal vez incluso después- siempre estará ahí para protegerme.
 
Hoy mi mamá cumple 58 años. De los cuales, he tenido el privilegio de gozarla, técnicamente, durante 31. Liquidó sus cuentas pendientes con el destino hace ya varios años, y desde entonces; he tenido la fortuna de verla ser feliz, afortunada y dichosa todos los días.  Nuestra banca de concreto me fortalece, su sabiduría me tranquiliza, su fe me da confianza y su testimonio de vida me enorgullece.
 
 
Mamita, es el 4 de Marzo el mejor día del calendario. Lo ha sido siempre. Es el día en que finalmente, al nacer usted, nacimos nosotros. ¡Feliz cumpleaños!
 
NOS VEMOS PRONTO.

No hay comentarios: