Existe una
historia entre mi mamá y yo que básicamente representa nuestra vida a todos los
niveles.
Cuando yo
era pequeña y empecé el kínder, un pánico me invadía cada mañana al llegar al
colegio. Un miedo que me paralizaba y que era incapaz de controlar. A pesar de
que era tan chiquita, puedo recordar claramente como me sentía. Simplemente, me
petrificaba de pensar en quedarme sola. En que mi mamá se fuera, y tuviera que
estar ahí, entre otros niños esperando a la maestra. Y entonces cada mañana, mi mamá se sentaba
conmigo en una banca de concreto color vino tinto a esperar a que llegara mi
maestra.
No recuerdo
un solo día en el que ella me haya abandonado ahí. A pesar los problemas que le
ocasionaban los retardos diarios en su trabajo. A pesar, de la segura
desesperación que sentía. Mi mamá
siempre se quedó conmigo. Yo era lo más importante para ella, y por sobre todas
las cosas, tomó la decisión de hacer lo que me hacía sentir segura. Supongo que
eventualmente superé mi inseguridad, no sé si me tomó meses o años; pero puedo
imaginar el alivio que sintió mi mamá.
Cuando digo
que esta historia representa nuestra continua realidad, lo digo porque así es.
Mi mamá ha estado sentada conmigo en esta banca de concreto durante toda mi
vida. Tomándome la mano y dejándome sentir su apoyo cuando algo me aterroriza o
una situación difícil se me presenta. Sin importar las consecuencias que tenga
para ella, nunca me abandona.
Y ha estado
en desacuerdo con mis decisiones y con mi manera de pensar en invariables
ocasiones, pero nunca, NUNCA se ha levantado de esa banca sin estar segura de
que estaré bien. Metafóricamente, esa banca representa el vínculo entre
nosotras. Ese código entre las dos, en el que está sobreentendido que sin
importar mi edad y hasta que la muerte nos separe – o tal vez incluso después- siempre
estará ahí para protegerme.
Hoy mi mamá
cumple 58 años. De los cuales, he tenido el privilegio de gozarla, técnicamente,
durante 31. Liquidó sus cuentas pendientes con el destino hace ya varios años,
y desde entonces; he tenido la fortuna de verla ser feliz, afortunada y dichosa
todos los días. Nuestra banca de concreto me fortalece, su sabiduría me tranquiliza, su fe me da confianza y su
testimonio de vida me enorgullece.
Mamita, es el 4 de Marzo el mejor día del
calendario. Lo ha sido siempre. Es el día en que finalmente, al nacer usted, nacimos
nosotros. ¡Feliz cumpleaños!
NOS VEMOS PRONTO.
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