domingo, 22 de febrero de 2015

Una lágrima o dos



Hoy el día se siente pesado. Ciertamente nublado aunque el sol brillaba fuerte desde temprano entre las persianas de mi recámara. Hoy me costó trabajo levantarme de la cama y vivir. Respirar tranquilamente como si nada pasara acá adentro. 

Afuera todo parece normal. Sonrío a Luis y me pongo los tennis para ir a correr como cualquier otro domingo. Excepto que hoy corro con peso extra en mi espalda, en mis pies y en mi corazón. Y por momentos todo está bien. Hasta que el sentimiento me gatea por la garganta y me asfixia. Y entonces inhalo y exhalo. Y me digo que esto va a pasar. Que es sólo por hoy. 

La vida me tiene acomodada en un lugar que disfruto y agradezco. Siento que la madurez y la confianza en mí misma me llegó de repente. Pero hoy… hoy soy frágil. Hoy despierta en mi ese fracaso que tal vez me persiga el resto de mi vida. Esa culpa que no se va. Que permanece escondida por ahí y que de manera aleatoria asoma su rostro ciertos días. Ese vocecita que me dice que me rendí. 

Tal vez un día piense diferente. Tal vez un día no despierte al 22 de Febrero sintiéndome culpable y fracasada. Sintiéndome un poco cobarde por haber dicho no más. Por haber abandonado el sueño de tener una familia diferente. 

Es difícil aprender a vivir con la conciencia de que MI decisión afectó para siempre la vida de las personas que más amo. Que la duda siempre existirá. ¿Hice bien? ¿Debí haberlo intentando por más tiempo? ¿Me rendí muy pronto? 

Observo mi vida y a veces me cuesta trabajo procesarlo. Es verdad. Es real… No pude tener otro hijo. Somos nosotros tres y nada más. Y las palabras me retumban en la cabeza y en el corazón. Pensando en la soledad de Nico. Pensando en la vida y las aventuras que no pude darle. 

Y no es que las que viva no sean increíbles. Pero a mi ojos y mi corazón seguramente siempre serán insuficientes. Y ninguna podrá reponer la aventura de vida que no pude darle: un hermano. 

Duele siempre. Me duele hoy. Me dolió ayer y me dolerá mañana. Y trabajo en perdonarme. Todos los días. Y me amo a mi misma y trabajo en ser la mejor persona que puedo ser, y me siento mucho mejor… CUANTO mejor que hace algunos años. Pero hoy, hoy el grito se me ahoga por dentro. Y algo inexplicable me duele. Y recuerdo como antes alguien desde una estrella me llamaba y ahora ya no puedo escuchar nada. 

Mi corazón está roto. Con los pedazos remendados pero al final roto. Y he aprendido a vivir así. Y es una buena vida. Pero hoy las fisuras se abren y reclaman su forma. Lo suficiente para llamar a una lágrima, o tal vez dos.

lunes, 16 de febrero de 2015

Mi persona favorita



No sé cuándo me volví tan arisca al 14 de Febrero. Respeto a quien lo celebra, pero en lo personal, me parece una celebración que hay que dejarle a los menores de 25 años. 

Dicho esto, trato de ser cordial y de mostrarme hasta falsamente emocionada cuando Nico me habla de Valentine’s Day (¡!) y de su baile (¡!) y de los regalitos para sus amigos (¡!). Y es que estoy de acuerdo en fomentar la amistad y el amor, pero me parece… un poco cursi y ciertamente falsa toda la cosa y concepto de 14 de Febrero. 



No me lo pareció cuando tenía 17 años y tuve mi cena romántica con Luis, aclaro. Y seguramente seré cómplice de Nico en las sorpresas para su novia cuando él tenga 17 años (o por lo menos eso espero); tal vez será que uno crece y con el tiempo y los golpes de la vida, la visión sobre estas cosas te cambia y te endureces. Y entiendes que el amor se demuestra todos los días y en los actos, y que no puedes tratar de compensar todo con un ramo de flores en Febrero y hacer como que todo lo demás no vale. 



El romanticismo nunca ha sido mi fuerte. Y he estado casi 15 años con el hombre menos expresivo que conozco. Sus herramientas emocionales son escasas, esa es la verdad, fue educado de una forma en la que simplemente decir lo que sentía no era seguro. O por lo menos eso es lo que yo he concluido después de tantos años de analizarlo y tratar de comprenderlo. No me quejo, he aprendido a vivir así, y a decir verdad me gusta el silencio y la practicidad. Alguna vez él mismo me lo dijo: “El amor más grande es el silencioso”. Creo que es la frase más romántica que he escuchado en mi vida. Honestamente. Y la más cierta. 

Pero a la vida le encanta burlarse. Es irónica la hija de su tal por cual. Y entonces, nació Nico. Y con él, un eterno romántico, sensible y entusiasta. A veces me preocupa la cantidad de veces que le romperán el corazón. Porque él es eso; todo corazón. Toda expresión, todo sentimiento y toda pasión. 



Fue la manera en la que la vida me compensó el anti-romanticismo de su padre. Con Nico, todo es amor. Todos los días, a todas horas. Todo es “te amo”, todo es besos y sonrisas. 


Tuvimos un 14 de febrero muy poco celebrativo. Por el contrario, creo que fue uno de los sábados más feos que he tenido en mucho tiempo. La gota derramó el vaso y mi ogro se destapó. Y es que, creo que a todas nos pasa. A todas las que somos mamás y esposas por lo menos; a veces, no nos sentimos ni valoradas ni apreciadas ni las reinas que somos. Es nuestra naturaleza dar y dar y volver a dar; la vida de vez en cuando me recuerda que es importante enseñar a mi hijo a que no siempre se trata de recibir. Que hacer sentir especial a las personas no sólo se basa en romance y besos (y chocolates el 14 de Febrero), sino en actos de empatía y de anti-egoísmo, todo el año. La lección del sábado fue una de esas. 





Pero hoy, él tuvo lo que le gusta. Tuvo su música y su baile y su sonrisa de oreja a oreja expresando todo el amor que tiene para dar, mi solecito. Todo eso que se le desborda por sus ojitos todos los días. “Mi persona favorita” cantaba y sus ojos se anclaban en mí y su dedito apuntaba a mi corazón. 



“Mi persona favorita”, y entre sus vueltas me volvía a buscar y me lo repetía una y otra vez. 



No sé si seré su persona favorita por siempre. Muy probablemente no. Pero hoy lo soy y con eso me basta. Y si de algo sirve, él ha sido mi persona favorita. En otras vidas, en ésta y en las que nos esperan más adelante. 


lunes, 9 de febrero de 2015

5K y minimaratón



He lidiado con una lesión de rodilla los últimos 17 años de mi vida. No cualquier lesión, una grande. Una que durante mucho tiempo me impidió hacer cosas mundanas y comunes, como usar un par de tacones o ponerme en cunclillas. 

Cuando una parte de tu cuerpo no funciona correctamente, todo se desequilibra. Lo aprendí a la corta edad de 15 años. Esta lesión marcó mi vida para siempre. O por lo menos, eso me hice creer a mí misma durante casi dos décadas.

Hace unos tres años, empecé a usar la caminadora. Quería correr. Poco a poco, primero caminando con velocidad y después con extremos cuidados, a trotar. En silencio, después de pasar por todo tipo de terapias, medicamentos, rodilleras y remedios caseros, decidí que iba a hacer esto a mi modo. 

Empecé a reencontrarme con mi cuerpo. Justo al mismo tiempo que decidí perdonarlo por no poder hacer otro bebé. Decidí escucharlo detenidamente y presionarlo poco a poco. Entre a mis 30 decidida a cambiar mi relación con mi templo en este mundo, ese templo que cargara mi espíritu hasta mi último aliento y que me pedía a gritos ser escuchado. 

Mi cuerpo y yo, hemos pasado por bastante. Nuestro último reto fue esa infección en los riñones hace casi un año que me tumbó por dos semanas y que me castigó con el dolor que merecía por haber descuidado esa relación que con tanto trabajo hemos logrado construir. 

Los últimos tres años, han sido diferentes. Dejar atrás cargas emocionales tan pesadas me ha permitido enfocarme en mí y en mi presente. Poco a poco, he alcanzado un equilibrio que creí que jamás recuperaría. Parte de ese equilibrio, ha sido la sanación de mi rodilla. 

El mes pasado, la cervecería fue invitada a participar como patrocinador en el Medio Maratón Los Cabos de este año. Jordan está entrenando para correr el maratón de Londres este próximo Abril, y mi rol es ser su porrista. Su aliada en la alimentación y la desintoxicación. “I’m running the 5k. What you think? Wanna try?” – me preguntó.

El “sí” me salió desde el estómago. Sin saberlo, había esperado esta oportunidad desde hace tiempo. Y es que no era tanto la distancia; corro más de 5 kilómetros en la caminadora casi diario. Pero hacerlo en asfalto, como la gente común y corriente nuevamente, es algo que por mucho tiempo simplemente vi como algo imposible, inalcanzable. 

Estuve nerviosa. Sabía que tenía mucho que perder. Lesionarme nuevamente implicaría simplemente detener todas mis rutinas de ejercicio. Pesas, caminadora, todo. Pero algo dentro de mí me dijo que confiara. Que entrenara y que confiara. Que fuera cautelosa y que confiara. 

Nico, por otro lado, empezó a entrenar para su temporada de natación este Enero. Y el minimaratón parecía simplemente ideal para reforzar su entrenamiento. “¡Vamos a correr juntos, mami!”- y su entusiasmo fue lo que detonó mi determinación. 



Ayer fue el gran día y lo logré. Sonó mi despertador a las 5:20 de la mañana y sabía que estaba por hacer algo muy especial para mí misma. Corrimos juntos, este grupo de personas lleno de energía con las que trabajo que te contagia de manera inevitable y yo.  



Fui despacio. Tratando de controlar el ritmo de mis piernas, acostumbradas a más velocidad, para que se movieran al ritmo que mi rodilla marcaba. 35 minutos después, crucé la meta donde me esperaban mi hijo, mi esposo, mi mejor amigo y muchos desconocidos que de alguna manera valoran tu esfuerzo y parecen entender que detrás de cada corredor hay una historia. 



Crucé la meta y empecé a cojear. Y mi rodilla soltó en un suspiro todo ese dolor que contuvo por mí durante 5 kilómetros. Pero estoy bien. Me duele de una manera en la que sé que voy a recuperarme. Una comunicación interna que me mantiene confiada en que en un par de días más, podré volver a empezar en la caminadora nuevamente. 



Nico corrió su minimaratón conmigo a su lado animándolo todo el tiempo. “La próxima vez quiero hacer el largo, ¿lo haces conmigo, mami?” – Con confianza le contesté que sí. Tal vez no pueda volver a correr en concreto el resto del año, o hasta dentro de 6 meses. Pero haber cruzado esta barrera que me impuse desde hace tanto tiempo me hizo entender que mis límites los determino yo. 



Que estoy en control de mi cuerpo y no al revés. Que la comunicación interior depende de que tan bien o tan mal lo trate. Y eso es lo que quiero enseñarle a mi hijo. Quiero ser esa mamá que predica con el ejemplo y que lo acompaña a correr. Y a nadar. Y a hacer cualquier actividad física que se nos plazca. 



Mientras yo crecía, el deporte en mi casa siempre fue algo opcional, nunca una prioridad. Cuando tuve a Nico, decidí que en esta casa, el deporte iba a hacer algo no negociable. No importa cuál, pero no es opcional. Afortunadamente, Nico lo traía en sus venas. Y el deporte no es sólo algo importante para él, sino algo que necesita para sentirse en equilibrio. Algo que lo hace feliz. 





Febrero es un mes difícil para mí. Muy difícil. Es el mes que siempre me recordará que fracasé en algo sumamente importante para mí. Que cambió mi vida para siempre. Haber podido hacer esto ayer, en la revolución emocional que representa para mí este mes, fue alimento puro para mi alma y mi autoestima.

Puedo con esto. Puedo con más. Retar sanamente a mi cuerpo y nutrirlo para ello es un cambio de vida que me propuse para mis treintas. Y me alegra estar cumpliéndolo. En poco menos de un mes llegaré a mis 33 y eso me recuerda que esto apenas es el inicio de lo que quiero para mí el resto de la vida. Esta es la mujer que quiero que mi hijo tenga como mamá. Es el ejemplo y mensaje que quiero transmitirle. 





Ayer, el mensaje fue claro y maravilloso. Nico, podemos hacer cosas difíciles. Podemos hacer cosas maravillosas. Y las podemos hacer juntos. Que suerte la nuestra.



 

viernes, 6 de febrero de 2015

Cosas de la vida real (Vol. XVIII)



Uff, no había hecho uno de estos desde Junio del año pasado. Sé que empieza a sonar trillado el decir que extraño este blog y su constancia, pero es verdad. Lo extraño. Simplemente los tiempos cambian y nosotros con ellos. Y mientras no pienso dejar de escribir en este espacio, tengo que confesar que mi dinámica ha cambiado y que simplemente me estoy dejando llevar por ella sin forzar mis letras. 

El primer mes del año ya se fue. Increíble. La vida sigue ajustándose y nosotros creciendo junto con ella. A continuación, un cosas de la vida real, tan real como la vida. 


Minimaratón Los Cabos 2015

¿Adivinen quién es participante? 



Empezó a entrenar a mediados de Enero, a prepararse para la temporada de natación que ya está en puerta, y que por cierto, el pobre espera con ansias. Este domingo, su primera competencia deportiva del año.



Thiago

Nico va a tener a su primer primito Galindo por ahí de los primeros días de Abril. Thiago en su primera fotografía a continuación: 

Esta es la situación. Este bebé no sólo representa el crecimiento de mi familia, sino la hermosa realidad de que Nico tendrá finalmente alguien que comparta su ADN de manera directa. DE POR VIDA. Mi hijo ya nunca estará solo. Y Thiago tampoco. 

Bebé, te estamos esperando. Ven a revolucionar nuestras vidas, que ya nos hace falta. Puedo imaginar tantas cosas para ti. Y para mí. Puedo imaginarme que voy a ser tu tía consentida. No sólo porque -de manera oficial- soy la única, sino porque tengo 7 años estudiando a un niño pequeño que comparte tu ADN y he aprendido mucho de él. No pude invertir mis conocimientos en otro bebé de mi fabricación, tal vez, sólo tal vez, porque me tocaba invertirlo en ti. Te veo pronto. 


Reconstrucción

Mi casa en un caos. Y nunca había estado tan feliz por eso. Por fin, empezamos a reparar los daños que dejó Odile. Stay tuned para el antes y después




Cumpleañeras del mes

Elsa, su sonrisa es una de mis favoritas y la que me recuerda en mis días malos, que a la vida hay que sonreírle siempre, porque es un espejo. Feliz cumpleaños a la mejor nana del mundo. 



Vivi Kate, we need more princesses-superheros like you in this world. Always be both, baby girl. 



Deb, rockin’ the 40’s like nobody’s business. Amiga querida, que buena celebración. Seguiré en mi camino para ganar el Bigote Dorado 2015 y cuando lo gané, en mis agradecimientos, serás la primera. Te desearía feliz cumpleaños, pero como te deseo mucho más que eso, y ya lo sabes, pues aquí quedó. 




Lo intenté. 

La repostería no es para mí, y lo sabía. Eso me pasa por forzar lo que no está destinado a ser. Les presento los muffins de manzana más incomibles que se hayan horneado en la historia del planeta Tierra.