lunes, 9 de febrero de 2015

5K y minimaratón



He lidiado con una lesión de rodilla los últimos 17 años de mi vida. No cualquier lesión, una grande. Una que durante mucho tiempo me impidió hacer cosas mundanas y comunes, como usar un par de tacones o ponerme en cunclillas. 

Cuando una parte de tu cuerpo no funciona correctamente, todo se desequilibra. Lo aprendí a la corta edad de 15 años. Esta lesión marcó mi vida para siempre. O por lo menos, eso me hice creer a mí misma durante casi dos décadas.

Hace unos tres años, empecé a usar la caminadora. Quería correr. Poco a poco, primero caminando con velocidad y después con extremos cuidados, a trotar. En silencio, después de pasar por todo tipo de terapias, medicamentos, rodilleras y remedios caseros, decidí que iba a hacer esto a mi modo. 

Empecé a reencontrarme con mi cuerpo. Justo al mismo tiempo que decidí perdonarlo por no poder hacer otro bebé. Decidí escucharlo detenidamente y presionarlo poco a poco. Entre a mis 30 decidida a cambiar mi relación con mi templo en este mundo, ese templo que cargara mi espíritu hasta mi último aliento y que me pedía a gritos ser escuchado. 

Mi cuerpo y yo, hemos pasado por bastante. Nuestro último reto fue esa infección en los riñones hace casi un año que me tumbó por dos semanas y que me castigó con el dolor que merecía por haber descuidado esa relación que con tanto trabajo hemos logrado construir. 

Los últimos tres años, han sido diferentes. Dejar atrás cargas emocionales tan pesadas me ha permitido enfocarme en mí y en mi presente. Poco a poco, he alcanzado un equilibrio que creí que jamás recuperaría. Parte de ese equilibrio, ha sido la sanación de mi rodilla. 

El mes pasado, la cervecería fue invitada a participar como patrocinador en el Medio Maratón Los Cabos de este año. Jordan está entrenando para correr el maratón de Londres este próximo Abril, y mi rol es ser su porrista. Su aliada en la alimentación y la desintoxicación. “I’m running the 5k. What you think? Wanna try?” – me preguntó.

El “sí” me salió desde el estómago. Sin saberlo, había esperado esta oportunidad desde hace tiempo. Y es que no era tanto la distancia; corro más de 5 kilómetros en la caminadora casi diario. Pero hacerlo en asfalto, como la gente común y corriente nuevamente, es algo que por mucho tiempo simplemente vi como algo imposible, inalcanzable. 

Estuve nerviosa. Sabía que tenía mucho que perder. Lesionarme nuevamente implicaría simplemente detener todas mis rutinas de ejercicio. Pesas, caminadora, todo. Pero algo dentro de mí me dijo que confiara. Que entrenara y que confiara. Que fuera cautelosa y que confiara. 

Nico, por otro lado, empezó a entrenar para su temporada de natación este Enero. Y el minimaratón parecía simplemente ideal para reforzar su entrenamiento. “¡Vamos a correr juntos, mami!”- y su entusiasmo fue lo que detonó mi determinación. 



Ayer fue el gran día y lo logré. Sonó mi despertador a las 5:20 de la mañana y sabía que estaba por hacer algo muy especial para mí misma. Corrimos juntos, este grupo de personas lleno de energía con las que trabajo que te contagia de manera inevitable y yo.  



Fui despacio. Tratando de controlar el ritmo de mis piernas, acostumbradas a más velocidad, para que se movieran al ritmo que mi rodilla marcaba. 35 minutos después, crucé la meta donde me esperaban mi hijo, mi esposo, mi mejor amigo y muchos desconocidos que de alguna manera valoran tu esfuerzo y parecen entender que detrás de cada corredor hay una historia. 



Crucé la meta y empecé a cojear. Y mi rodilla soltó en un suspiro todo ese dolor que contuvo por mí durante 5 kilómetros. Pero estoy bien. Me duele de una manera en la que sé que voy a recuperarme. Una comunicación interna que me mantiene confiada en que en un par de días más, podré volver a empezar en la caminadora nuevamente. 



Nico corrió su minimaratón conmigo a su lado animándolo todo el tiempo. “La próxima vez quiero hacer el largo, ¿lo haces conmigo, mami?” – Con confianza le contesté que sí. Tal vez no pueda volver a correr en concreto el resto del año, o hasta dentro de 6 meses. Pero haber cruzado esta barrera que me impuse desde hace tanto tiempo me hizo entender que mis límites los determino yo. 



Que estoy en control de mi cuerpo y no al revés. Que la comunicación interior depende de que tan bien o tan mal lo trate. Y eso es lo que quiero enseñarle a mi hijo. Quiero ser esa mamá que predica con el ejemplo y que lo acompaña a correr. Y a nadar. Y a hacer cualquier actividad física que se nos plazca. 



Mientras yo crecía, el deporte en mi casa siempre fue algo opcional, nunca una prioridad. Cuando tuve a Nico, decidí que en esta casa, el deporte iba a hacer algo no negociable. No importa cuál, pero no es opcional. Afortunadamente, Nico lo traía en sus venas. Y el deporte no es sólo algo importante para él, sino algo que necesita para sentirse en equilibrio. Algo que lo hace feliz. 





Febrero es un mes difícil para mí. Muy difícil. Es el mes que siempre me recordará que fracasé en algo sumamente importante para mí. Que cambió mi vida para siempre. Haber podido hacer esto ayer, en la revolución emocional que representa para mí este mes, fue alimento puro para mi alma y mi autoestima.

Puedo con esto. Puedo con más. Retar sanamente a mi cuerpo y nutrirlo para ello es un cambio de vida que me propuse para mis treintas. Y me alegra estar cumpliéndolo. En poco menos de un mes llegaré a mis 33 y eso me recuerda que esto apenas es el inicio de lo que quiero para mí el resto de la vida. Esta es la mujer que quiero que mi hijo tenga como mamá. Es el ejemplo y mensaje que quiero transmitirle. 





Ayer, el mensaje fue claro y maravilloso. Nico, podemos hacer cosas difíciles. Podemos hacer cosas maravillosas. Y las podemos hacer juntos. Que suerte la nuestra.



 

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