martes, 31 de julio de 2012

Maza recap: Friends

Esta canción tan popular de ‘Coincidir’ (Autor: Alberto Escobar, según el poderoso Google.); ya sabes “tantos siglos, tantos mundos, tanto espaciooooooooooo y coincidir…” que han interpretado tantos artistas y que puede parecer tan profunda o tan cursi dependiendo del humor con que te agarre; tiene fundamentos absolutamente ciertos.

Dicen que las coincidencias son los milagros en los que Dios no firma con su nombre. Yo he llegado a pensar, que las coincidencias no existen realmente. Y que por el contrario, Dios firma con su nombre cada uno de los eventos de nuestra vida. Sea como sea, o llámese como se le quiera llamar; siempre agradeceré la coincidencia que me hizo tener las amigas que tengo.

Estar en Mazatlán, significa básicamente recibir una sobredosis de melancolía y recuerdos. Por que ya no es como antes, por lo que existió y ya no existe más, por la imagen congelada que dejé ahí hace 7 años y medio y que se perdió en el movimiento del tiempo. Esta ocasión, no fue la excepción. Mi tierra me cala hondo. Tal vez, porque muy dentro mí, me duele haberla abandonado. Y aunque no me imagino regresando a vivir ahí, cada verano al visitarlo; es como visitar a un amigo ciertamente traicionado.

La coincidencia estuvo a mi favor la semana pasada. Y suavizó la usual melancolía que me provoca ese peculiar olor a sal. Mis estrellas se alinearon y pude ver más caras queridas de las que pensé. Caras que usualmente solo puedo ver en facebook o sentir a través de un mensaje por whatsapp. Conocí por primera vez, a personitas que ya quería desde su nacimiento, por la simple razón de venir de quien vienen. Una cosa si les digo, la cámara y el facebook no hacen justicia a la personalidad y la belleza de estos bebés.


Un café por la tarde con amigas de la infancia. Poniéndonos al corriente de lo que un status en una red social no nos dice. Dándonos una a otra seguridad en nuestras inseguridades. “No te hartas a veces?”- preguntaba una tímidamente, volteando a ver a nuestros retoños. “Más veces de lo que te imaginas… AL DIA”- la tranquilizaba otra.


Que como le ha ido a una en su nuevo matrimonio, que como estuvo la mudanza hasta Monterrey, que si el doctorado empieza la próxima semana; que si no podemos vernos al día siguiente para desayunar porque hay que cubrir vacaciones de empleados en el negocio familiar. Que si estoy harta de trabajar en la oficina, que si la otra esta más harta de lavar y lavar todo el día – el cesto de la ropa sucia está embrujado. Que si el más sabio consejo que dar a las solteras o sin hijos es: no te cases! DUERME! Disfruta mientras puedas!

Los cafés iban y venían, junto con las carcajadas, las conversaciones serias y las actualizaciones (o chismes, pues). Y vi con alegría como Nico se sentía en familia. Natural. Llamando por su nombre a sus tías, como si las viera diario. A pesar, de que lamentablemente, tengamos que llamar a la foto de la pose, la “foto anual”.

Foto anual con tutia Carola.


Foto anual con tutia Peque.


Pero la aventura no se limitó al cafecito. Con entusiasmo y valentía, mi amiga Anna y yo, llevamos a Luca y a Nico al Acuario… a las DOCE del día. Y no sólo sobrevivimos, sino que además, lo disfrutamos.



Jugaron, se pelearon, se reconciliaron, compartieron y nos dijimos solo hasta luego. Con un poco de suerte, y muy pronto, los tendremos más cerca que nunca.

.

Cada que regreso a Mazatlán, estoy consciente de que me expongo al escrutinio público y a la misma pregunta de siempre “y para cuándo el otro?”. Esta vez no fue la excepción. Pero definitivamente si fue diferente. Y mucho mejor. Pues después de tanto tiempo, encontré en mi interior la valentía necesaria para responder con la verdad, sin riesgo de desmoronarme en ese preciso instante… ni después. La primera que me lo preguntó, fue mi amiga Eliza mientras comíamos en su sushi favorito.


No nos vemos tan seguido y aunque estamos en constante comunicación, trato de que nuestras conversaciones siempre sean positivas. Poco nos vemos y encima vernos y contarle penurias? No me late mucho. Por lo tanto, ella no está muy bien enterada de cómo son las cosas (lo sé, es su culpa por no leer mi maravilloso blog). Cargaba yo a la hermosísima Julieta… los dejo que corroboren el ‘hermosísima’ con esta foto:


Y entonces -probablemente porque me derretía yo abrazando a su hija y deleitándome con su olorcito a bebé nuevo-  fue con su característica sonrisa que me preguntó: ‘Amiga, y tú? Para cuándo el otro?’ –

SILENCIO SEPULCRAL. Seguramente durante un segundo que a mí me pareció eterno. Y en ese momento, sentí la mirada fuerte y aprobadora de mi querida Suelen. Quien no es solo brújula sino también paño de lágrimas. Y literalmente, me transmitió todo el poder y la fuerza que necesitaba para responder con la verdad. “No amiga… no hay otro.” – le respondí. Tranquila y serena, sintiendo el mismo alivio que se siente al salir a la superficie después de haber estado minutos bajo el agua.


La conversación cambió de rumbo después de una corta explicación. Nos disfrutamos, nos reímos, nos pusimos al corriente y cuando llegó la hora de despedirnos, como siempre, me entristecí un poco. Pero verlas me rejuveneció. Daría muchas cosas por tenerlas cerca siempre. Por ver crecer a Julieta junto a Nico.


Ese fue un buen día. No solo por las horas felices y el sushi delicioso. También por lo que logré. Los días consecutivos la pregunta me siguió acechando en un par de ocasiones más, por personas diferentes. Y entonces, sacaba de mi memoria la mirada de mi amiga Suelen. Y la sentía junto a mí, alentándome. “No, ya no voy a tener otro. Será solo Nico.” – respondí en ambas ocasiones, segura de mi misma y ciertamente… satisfecha.

Antes, nunca me hubiera atrevido a dar esa respuesta. Tal vez, porque escucharlo en voz alta me aterraba más que el mismo infierno. Ya no. Y soy la más sorprendida. Poco a poco, mi herida cicatriza. I’m healing. Y tal vez sea muy pronto para hacer el baile de celebración y triunfo. Pero lo haré, oh si, haré ese baile un día.

Por lo pronto, no tener que mentir, no tener que esconder mi verdad como si fuera un pecado o algo de que avergonzarse, lo considero… un logro olímpico, aprovechando la ocasión. Medalla de oro, si me permiten.

Eso es lo que hacen los amigos. Nos sostienen la espalda y nos empujan, cuando necesitamos el empujón. Nos transmiten con su mirada la fortaleza que a veces carecemos. Los amigos nos ayudan a sanar. A ser mejores. Y eso, es algo que recuerdo cada que tengo la oportunidad de estar cerca de mis amigos. De mis amigas, sobre todo.


Me traje conmigo esa mirada de mi amiga Suelen. Pues todavía no me siento lista para soltarla. Todavía la necesito. Y sé que a ella no le importa, y que me la prestará el tiempo que sea necesario. Y mientras tanto, cuando escuche la pregunta nuevamente, la jalaré desde un rincón de mi memoria y responderé sin titubeos.


Ah, mis amigas. Cerca o lejos, son una bendición. Una bendita coincidencia. “Tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio… y coincidir”.

lunes, 30 de julio de 2012

Soy yo, manteniendo mi promesa.

Iba en el asiento del copiloto, en el carro de mi jefe rumbo a una junta, cuando sonó mi celular. Había sido un día largo. De esos que empezó temprano, con lágrimas en el baño y la decepción de ver una prueba de embarazo negativa más. Contesté e inmediatamente tu mamá me dijo: “Amiga, estoy embarazada!”.

Mi corazón se detuvo por un instante, y luchando contra el nudo en mi garganta, mostré la emoción que ella merecía. Me concentré en el pavimento el resto del camino. Contrólate, me ordené a mí misma. Un par de horas después, llegué a mi casa y entonces, con el rostro hundido en mi almohada solté la agonía que había contenido durante un largo rato. El día que supe que venías en camino, una tristeza profunda me embargó. No porque no te quisiera, no porque no te considerara una bendición. Estaba triste porque no eras mío... Una monstruosidad, lo sé. Me avergüenzo y me arrepiento.  

Pero otra parte de mi estaba feliz por tu mamá, una mujer tan importante para mí, iba a poder comprender POR FIN lo que sentía yo hacia mi Nico. Y entonces, ese mismo día, en ese momento, en medio de la oscuridad; hice un trato con Dios. Le ofrecí mi sufrimiento y toda esa locura que no entendía, a cambio de que nunca, jamás, ninguna de las mujeres de mi vida tuviera que pasar por algo parecido. Tomé una por el equipo, me gusta pensar. Le dije a mi Padre que lo soportaría, solo a cambio de esa promesa. No podía concebir que el dolor que me quemaba las entrañas fuera en vano.

Y después, hice lo que una buena amiga/hermana hace. Celebré. Me lavé la cara y me fui al súper con tu tía Flor a comprarte tus primeros calcetines. Después, fuimos al departamento donde vivían tus papás en aquel entonces, y brinqué y grité y abracé a tu mamá con toda mi emoción. Y vi en sus ojos la alegría, los nervios, el miedo y la excitación que sentía por saber que tu habías llegado a su vida. Y entonces comprendí, que era su momento. No el mío.

Pasaron los meses y te esperábamos ansiosos. Hicimos un baby shower en tu honor. Tomamos fotos en la playa. Imaginamos cómo serías y contábamos los días para poder conocerte.


Fue un viernes 29 de Julio, cuando recibí la llamada de tu mamita. Estaba sentada frente al volante de mi carro, todavía en shock por la noticia que tu nino Luis acaba de darme. Mi suegro había sido diagnosticado con leucemia tan solo un par de horas antes. Hacía calor. Y yo estaba inmovilizada de pies a cabeza, no podía girar la llave en el arranque. El ruido del celular me sacó de mi trance y entonces, me dio la hermosa noticia que al día siguiente harías tu debut en este mundo.

Desperté muy temprano ese 30 de Julio. En realidad, no estoy muy segura de haber podido pegar los ojos en toda la noche. La angustia por la salud del abuelo de Nico y la alegría por tu llegada, se mezclaban en mi mente. Todavía estaba oscuro afuera y pensé que tal vez Dios, justo esta mañana, tendría otra buena noticia para mí. Era mi día 28. Me fui de puntitas al baño, tratando de evitar que la ilusión me traicionara. Una prueba negativa volvió a patearme el corazón. Las lágrimas empezaron a correr por mis mejillas en automático. Y juro que casi pude escuchar Su voz diciendo… ‘Soy yo, manteniendo mi promesa’.

Mi corazón empezó a latir muy rápido, ¿me estaría volviendo totalmente loca finalmente?. Pero en ese mismo segundo, todo tomó sentido. Efectivamente, era El. Nuestro Padre, manteniendo su promesa. Cumpliendo su parte del trato, que hice esa noche que me enteré que tu venías en camino. Y entonces, sonreí. Qué importaba si había fracasado un mes más. En unas horas, estarías con nosotros. Sano y salvo. Lleno de vida.

La espera fue larga en ese cuarto de hospital. Tu abuelita Carmen, tu tía Flor y yo; esperábamos tratando de conservar la calma. Pero la incertidumbre de no saber que está pasando dentro de un quirófano cuando la vida de gente que amas es la que está en juego, es casi insoportable.


Y entonces, se abrió la puerta. Y tu papá, vestido de azul en ropas de hospital, te traía entre sus brazos. Quitandose la mascarilla y revelando una sonrisa que solo le veo destellar cuando te ve o cuando habla de ti.




Y te conocí. Y mi corazón se lleno de alegría. Y supe que te querría por siempre. Y por si fuera poco, como regalo adicional, tuve el privilegio de cambiar tu primer pañal. ‘OK. Estamos a mano con lo que a esto respecta.’ – le dije a Dios sonriendo en silencio. No tuve la oportunidad de cambiar el primer pañal de Nico, pero casi 4 años después, obtuve mi revancha gracias a ti.


Hoy se cumple un año desde ese día. Ese día en el que viniste a hacer mejor la vida de muchos, incluyendo la mía y la de mi pequeña familia. Ha pasado mucho durante este año. Has crecido demasiado. Ya caminas! Tienes unos dientitos hermosos. Una personalidad definida. Sonríes entre tus largas pestañas siempre que ves a tu mami. El hombre de mi vida y yo somos oficialmente tus padrinos, tus guardianes.


Hoy quiero prometerte formalmente algo. Aunque con los actos y la vida que compartimos se sobreentiende. Prometo estar aquí para ti siempre que me necesites. La tristeza de aquel día por saber que no eras mío, se ha disipado totalmente con el tiempo. La ha reemplazado un amor gigante que me convence que eres tan mío como me correspondía. Como tu tía, como tu nina. Y siempre agradeceré a tu mamá la oportunidad que me ha dado de estar cerca de ti.


Así que ahí estaré hoy, detrás de mi cámara documentando este primer cumpleaños. Celebrando tu vida. Y aquí estaré siempre para ti. En tu graduación, el día de tu boda. Seguramente igual, detrás de mi cámara tratando de congelar esa maravillosa sonrisa tuya. Y diciéndote en silencio, lo que yo escucho susurrar entre mis sollozos de vez en cuando…  ‘Soy yo, manteniendo mi promesa’.

Feliz cumpleaños, Leito precioso. Gracias por estar aquí. Te quiero.


sábado, 28 de julio de 2012

En casita

No hay nada como casita. Estamos de regreso. La rutina de la noche empieza a darnos la bienvenida a la rutina.


Nos extrañamos. Esta noche dormiremos en familia bajo el mismo techo nuevamente. Las Olimpiadas invitan a quedarse en cama hasta tarde mañana domingo, siendo testigos a través de la tele de cómo se hace historia deportiva. Hay más que contar sobre las vacaciones, pero ya mañana será otro día. Por el momento, a disfrutar el calor de hogar. Calor, literalmente.



viernes, 27 de julio de 2012

Feeding the wolf

Ha sido difícil tener un segundo libre para sentarme a escribir. Pareciera que los minutos se me escurren entre los dedos como arena. Hay cambio de planes. Regresaremos a casa antes de lo previsto. Papi necesita nuestro apoyo y nuestro amor muy cerca. Y no hay nada más importante que reconfortar su corazón en estos momentos y recordarle con besos y abrazos que todo tiene que salir bien. La vida sigue enviando pruebas difíciles a mi suegro y su familia. Las oraciones son bienvenidas.

Mientras tanto, hemos aprovechado nuestros contados días en tierra de venados. Nuestro lobo se ha dado un buen banquete, y este ha sido a muy grandes rasgos el menú. Ya habrá tiempo de escribir sobre los detalles.

* Feeding the wolf… trabajando en mas preparativos para la fiesta # 5 de Nico. Encontramos las telas perfectas.



 * Feeding the wolf… reencontrándonos con amigas de toda la vida en un café por la tarde.


* Feeding the wolf… leyendo cuentos hasta muy tarde.


* Feeding the wolf… armando una revolución en un puesto de tacos con la familia (mi familia está loca). Éramos 22, hoy en la noche, seremos alrededor de 50.


* Feeding the wolf… quedándonos sin aliento ante el espectáculo del atardecer mazatleco.


La humedad está hasta el tope y no paramos de sudar, tengo dolor de garganta, he dormido menos horas de las que merezco, por momentos he querido ahorcar a Nico, estoy exhausta MUERTA, tengo 26 kilos de sobre-equipaje con que lidiar y he satisfecho casi todos mis antojos culinarios… I’m ready to go home. Pero por el momento, hoy por la noche, seguirán las celebraciones.

Feeding the wolf, baby.  

martes, 24 de julio de 2012

De vacaciones

Estaba lista para hacer uso de las maravillas tecnológicas de este siglo ayer por la tarde al tomar el autobús de Guadalajara a Mazatlán. Autobús con corriente eléctrica Y con internet. Me saboreaba teclear sobre esta pantalla en blanco las historias de los últimos 3 días en los que no me reporté con este consentido espacio.

Pero al arrancar por la carretera, y voltear hacia la ventana, fue tal mi fascinación por el paisaje que fui distraída durante 6 horas con las imponentes y silenciosas montanas llenas de pinos (casi casi podía olerlos), el verde de los campos abiertos y las nubes negras que se instalaban sobre ellos y que no titubeaban en empapar la hierba ni el asfalto de nuestro recorrido. (BB photo)


No recuerdo la última vez que hice ese recorrido. Pero definitivamente fue hace mucho tiempo. Cuando los camiones eran austeros, el espacio entre los asientes reducido y SIN INTERNET. Lo siento, pero no puedo dejar de maravillarme. Para Nico fue su primera vez, llegamos a la central y la recorría con sus ojitos emocionados, registrando cada espacio, cada movimiento. Gracias a mi brillante idea de darle su buena dosis de Dramamine, duró despierto como media hora; y cuando abrió los ojos nuevamente, fue para bajarse del autobús y pisar tierra mazatleca. (BB photo)


Yo ocupé mis 6 horas de viaje leyendo un rato, y recordando mis días de antaño recorriendo esa carretera cada verano, con mis hermanos y mis papás; ansiosa por llegar a Guadalajara y empezar las vacaciones. Fue en esta carretera donde perdí a mi Gigio. Fue en esta misma carretera que recogí recuerdos memorables para siempre.

Nuestra aventura comenzó el viernes por la mañana. Nico ansioso hasta las puntas de los pies por empezar el viaje. Listo para treparse en un avión y agregar escenas nuevas a su álbum de recuerdos.


Llegamos a Guadalajara a reencontrarnos con mi hermano. Y después de medio año de separación, volvimos a estar todos juntos nuevamente.


No sé que clase de hechizo cae sobre mi cada que voy a Guadalajara, que inevitablemente termino cargando en mi maleta más zapatos nuevos de los que originalmente planeaba. Debería ser ilegal esto. Tan ilegal, que me niego a compartir el número. Probablemente tan ilegal como comer de la manera en la que come uno estando de vacaciones. Especialmente, en un lugar de tantas delicias culinarias como la perla tapatía.

Los highlights del fin de semana:

Menos face y más book.

Sip. Eso decía una de las playeras en venta dentro de la librería Ghandi. Uno de mis lugares favoritos en el mundo. Entrar ahí y respirar ese olor a libro es energizante. Nico compartía mi emoción cuando íbamos en el carro rumbo a la librería. ‘Ya vamos a llegar a la librería, mamiiiiii’ y aplaudía. Mi hermano dice que lo he convertido en un freak. Yo digo que lo he convertido en un  hombre niño de excelente gusto.


Recorrimos pasillos. Seguimos las huellitas hasta llegar al rincón de los niños. Respiré ese maravilloso olor hasta hiperventilar.




Mami, crees que este libro sea interesante?-


Una hora, muchas negociaciones (Nico queria TODOS), tres mil pesos y 10 kilos de libros después, salimos de ahí sabiendo que nuestro viaje ya había valido la pena. Nico ha ampliado su biblioteca y yo también. Ahora, habrá que ver cómo hacerlos volar hasta casa.


Ghandi, te queremos.


Placeres del mall.

Había 3 puntos importantes en nuestra lista de vacaciones que teníamos que cubrir dentro de una plaza. Antes que cualquier otra cosa, mi nieve de yogurt. Dios bendiga la nieve de yogurt con chocolate duro. Amén.  


Una visita a una verdadera juguetería. Creo que disfruto esta actividad tanto como Nico. Excepto cuando llegamos a la caja. Aunque esta vez, gozamos de patrocinio. Mi mamaa y mi hermana le compraron a Nico su primera colección de figuras de acción: The Avengers.


Acto seguido, Nico brincó y brincó de emoción mientras esperábamos en la estación del tren. Yo tuve que contener mis lágrimas. El simpático trenecito es el artefacto más claustrofóbico y ruidoso que existe sobre la faz de los malls. Ese recorrido doloroso, en el que la gente del exterior saluda a los niños y se mofa internamente de los padres trepados y encorvados en los vagones micrométricos, sintiendo pena y agradeciéndole a Dios no estar ahí encarcelado. Los quince minutos más largos de mis vacaciones, so far. Su carita y el recuerdo que deja en su memoria valen la pena. Casi.




El parque Ávila Camacho.

La absolutamente más grandiosa y mejor parte de nuestras vacaciones anuales a Guadalajara en los late 80’s y principios de los 90’s era sin duda el día que pasábamos dentro del maravilloso, único y mágico parque Ávila Camacho. Era un lugar hermoso, lleno de juegos mecánicos y otras diversiones únicas en el mundo. Los paseos en lanchita por el estanque y la ruta de los carritos eléctricos eran mis favoritos.


Quería que Nico tuviera la oportunidad de conocer esta maravilla. El parque sigue ahí. Fue rescatado por el Ayuntamiento después de muchos años de abandono. Lamentablemente, muy poco queda de aquel concepto de parque que un día fue. Los grandes pinos y el olor a bosque siguen intactos, no tanto así las atracciones. Ahora es un simple parque con jueguitos tradicionales. Aun así, fue bueno regresar.


Tuve que ponerme creativa para entretener a Nico. Me inventé el tradicional avión.


Jugamos al gato en la tierra.


Y por supuesto, a las escondidas.


Nico ama jugar a las escondidas. Y yo amo ver como baila y se retuerce aguantándose la pipí cuando está escondido. Debe ser un hecho científico. Cuando estas escondido, te dan ganas de hacer pipí. Punto.




Fue una tarde linda.


A pesar de extrañar horriblemente a Luis, debo confesar que han sido unos días atesorables. Nico y yo de vacaciones solos. Nuestras vacaciones. Hemos estado juntos e inseparables las últimas 96 horas. Literalmente. Sin separarnos ni un momento. Espero que recuerde estas vacaciones siempre. Y si no, me aseguraré de tomar suficientes fotos para ayudarle a recordarlas.


Anoche, ya tarde caímos rendidos. Estamos en casa. Mi antigua casa. Mazatlán es como un museo de antigüedades para mí. Cada calle a la que volteo encierra un recuerdo. El olor, los ruidos, los paisajes es como revivir una película. Volver a dormir en mi cama me rejuveneció. Y aunque sé que ya debería parecerme natural después de casi 5 años, me cuesta creer que ahora a mi lado hay una nueva camita que pertenece a mi hijo. Es una imagen fascinante. Mi hijo, en mi cuarto. En el que yo fui niña y adolescente. Lo veo y no lo creo. En este momento durmiendo una siesta, cargando pilas para el reencuentro que nos espera más tarde.


Se siente bien estar aquí.