martes, 24 de julio de 2012

De vacaciones

Estaba lista para hacer uso de las maravillas tecnológicas de este siglo ayer por la tarde al tomar el autobús de Guadalajara a Mazatlán. Autobús con corriente eléctrica Y con internet. Me saboreaba teclear sobre esta pantalla en blanco las historias de los últimos 3 días en los que no me reporté con este consentido espacio.

Pero al arrancar por la carretera, y voltear hacia la ventana, fue tal mi fascinación por el paisaje que fui distraída durante 6 horas con las imponentes y silenciosas montanas llenas de pinos (casi casi podía olerlos), el verde de los campos abiertos y las nubes negras que se instalaban sobre ellos y que no titubeaban en empapar la hierba ni el asfalto de nuestro recorrido. (BB photo)


No recuerdo la última vez que hice ese recorrido. Pero definitivamente fue hace mucho tiempo. Cuando los camiones eran austeros, el espacio entre los asientes reducido y SIN INTERNET. Lo siento, pero no puedo dejar de maravillarme. Para Nico fue su primera vez, llegamos a la central y la recorría con sus ojitos emocionados, registrando cada espacio, cada movimiento. Gracias a mi brillante idea de darle su buena dosis de Dramamine, duró despierto como media hora; y cuando abrió los ojos nuevamente, fue para bajarse del autobús y pisar tierra mazatleca. (BB photo)


Yo ocupé mis 6 horas de viaje leyendo un rato, y recordando mis días de antaño recorriendo esa carretera cada verano, con mis hermanos y mis papás; ansiosa por llegar a Guadalajara y empezar las vacaciones. Fue en esta carretera donde perdí a mi Gigio. Fue en esta misma carretera que recogí recuerdos memorables para siempre.

Nuestra aventura comenzó el viernes por la mañana. Nico ansioso hasta las puntas de los pies por empezar el viaje. Listo para treparse en un avión y agregar escenas nuevas a su álbum de recuerdos.


Llegamos a Guadalajara a reencontrarnos con mi hermano. Y después de medio año de separación, volvimos a estar todos juntos nuevamente.


No sé que clase de hechizo cae sobre mi cada que voy a Guadalajara, que inevitablemente termino cargando en mi maleta más zapatos nuevos de los que originalmente planeaba. Debería ser ilegal esto. Tan ilegal, que me niego a compartir el número. Probablemente tan ilegal como comer de la manera en la que come uno estando de vacaciones. Especialmente, en un lugar de tantas delicias culinarias como la perla tapatía.

Los highlights del fin de semana:

Menos face y más book.

Sip. Eso decía una de las playeras en venta dentro de la librería Ghandi. Uno de mis lugares favoritos en el mundo. Entrar ahí y respirar ese olor a libro es energizante. Nico compartía mi emoción cuando íbamos en el carro rumbo a la librería. ‘Ya vamos a llegar a la librería, mamiiiiii’ y aplaudía. Mi hermano dice que lo he convertido en un freak. Yo digo que lo he convertido en un  hombre niño de excelente gusto.


Recorrimos pasillos. Seguimos las huellitas hasta llegar al rincón de los niños. Respiré ese maravilloso olor hasta hiperventilar.




Mami, crees que este libro sea interesante?-


Una hora, muchas negociaciones (Nico queria TODOS), tres mil pesos y 10 kilos de libros después, salimos de ahí sabiendo que nuestro viaje ya había valido la pena. Nico ha ampliado su biblioteca y yo también. Ahora, habrá que ver cómo hacerlos volar hasta casa.


Ghandi, te queremos.


Placeres del mall.

Había 3 puntos importantes en nuestra lista de vacaciones que teníamos que cubrir dentro de una plaza. Antes que cualquier otra cosa, mi nieve de yogurt. Dios bendiga la nieve de yogurt con chocolate duro. Amén.  


Una visita a una verdadera juguetería. Creo que disfruto esta actividad tanto como Nico. Excepto cuando llegamos a la caja. Aunque esta vez, gozamos de patrocinio. Mi mamaa y mi hermana le compraron a Nico su primera colección de figuras de acción: The Avengers.


Acto seguido, Nico brincó y brincó de emoción mientras esperábamos en la estación del tren. Yo tuve que contener mis lágrimas. El simpático trenecito es el artefacto más claustrofóbico y ruidoso que existe sobre la faz de los malls. Ese recorrido doloroso, en el que la gente del exterior saluda a los niños y se mofa internamente de los padres trepados y encorvados en los vagones micrométricos, sintiendo pena y agradeciéndole a Dios no estar ahí encarcelado. Los quince minutos más largos de mis vacaciones, so far. Su carita y el recuerdo que deja en su memoria valen la pena. Casi.




El parque Ávila Camacho.

La absolutamente más grandiosa y mejor parte de nuestras vacaciones anuales a Guadalajara en los late 80’s y principios de los 90’s era sin duda el día que pasábamos dentro del maravilloso, único y mágico parque Ávila Camacho. Era un lugar hermoso, lleno de juegos mecánicos y otras diversiones únicas en el mundo. Los paseos en lanchita por el estanque y la ruta de los carritos eléctricos eran mis favoritos.


Quería que Nico tuviera la oportunidad de conocer esta maravilla. El parque sigue ahí. Fue rescatado por el Ayuntamiento después de muchos años de abandono. Lamentablemente, muy poco queda de aquel concepto de parque que un día fue. Los grandes pinos y el olor a bosque siguen intactos, no tanto así las atracciones. Ahora es un simple parque con jueguitos tradicionales. Aun así, fue bueno regresar.


Tuve que ponerme creativa para entretener a Nico. Me inventé el tradicional avión.


Jugamos al gato en la tierra.


Y por supuesto, a las escondidas.


Nico ama jugar a las escondidas. Y yo amo ver como baila y se retuerce aguantándose la pipí cuando está escondido. Debe ser un hecho científico. Cuando estas escondido, te dan ganas de hacer pipí. Punto.




Fue una tarde linda.


A pesar de extrañar horriblemente a Luis, debo confesar que han sido unos días atesorables. Nico y yo de vacaciones solos. Nuestras vacaciones. Hemos estado juntos e inseparables las últimas 96 horas. Literalmente. Sin separarnos ni un momento. Espero que recuerde estas vacaciones siempre. Y si no, me aseguraré de tomar suficientes fotos para ayudarle a recordarlas.


Anoche, ya tarde caímos rendidos. Estamos en casa. Mi antigua casa. Mazatlán es como un museo de antigüedades para mí. Cada calle a la que volteo encierra un recuerdo. El olor, los ruidos, los paisajes es como revivir una película. Volver a dormir en mi cama me rejuveneció. Y aunque sé que ya debería parecerme natural después de casi 5 años, me cuesta creer que ahora a mi lado hay una nueva camita que pertenece a mi hijo. Es una imagen fascinante. Mi hijo, en mi cuarto. En el que yo fui niña y adolescente. Lo veo y no lo creo. En este momento durmiendo una siesta, cargando pilas para el reencuentro que nos espera más tarde.


Se siente bien estar aquí.





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