Es un viernes cualquiera. Pasamos la noche peleando por la
sábana otra vez. Pensarías que con 7 años durmiendo juntos, hemos superado
detalles como éste, pero no. Despierto a tu lado como todos los días. Giro mi
cabeza en dirección contraria a la tuya, jalo la sábana UNA VEZ MÁS. Cuando
abro los ojos nuevamente, ya no estás ahí. Puedo escuchar el sonido del agua al
caer en el piso de tu regadera. Tuya,
porque compartimos casi todo en la vida, pero me niego a compartir contigo mi regadera y algunos de mis secretos.
No espero que recuerdes que día es hoy. Porque eres tú. Y si te acordaras, dejarías de ser tú un poquito. Pero yo si lo recuerdo.
Recuerdo tu silueta recargada en el muro de mi casa esperando que saliera para
irnos al cine. Recuerdo haber pensado que “El Gladiador” era la película menos
romántica que podía escoger ‘alguien que anda quedando bien’. Recuerdo sonreír
con ese pensamiento. Recuerdo que fue algo que me gustó de ti. Recuerdo haber
tomado la decisión justo en esa sala de cine, tal vez mientras algún gladiador
era decapitado o devorado por un león. “Si
me pregunta, le voy a decir que sí”.
Hoy se cumplen 13 años que me lo preguntaste. Hace 13 años
te dije que sí… Voy a darte unos
segundos para que asimiles eso.
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| 30 de abril de 2000. Nuestra primera foto de novios. Foto de rollo de 35 mm, obvio. (Podrías haberte visto más feliz, eh.) |
No te dije que si
a ti, propiamente. Más bien se lo dije a un tú
que se aleja entre recuerdos con el pasar de los años. A un tú que recuerdo con tanto amor. El tú que siempre me abría la puerta. El tú que no tenía críticas para mí. El tú que verdaderamente pensaba que era
perfecta. El tú que te enseñó a llamarme
bebé.
Ya no me abres siempre la puerta (Ep! Ep! No alegues, SABES que no lo haces). Y a veces, tienes más
críticas de las necesarias (Sí, sí, las
tienes. ¿Por qué lo niegas?). ¿Perfecta? Ni tanto. Creo que has descubierto
que viviste engañado un tiempo. Y bueno, algo sí has conservado intacto. Sigo
siendo bebé.
¿Extrañas esos días? Apuesto a que sí. Esos días en los que
el reloj no tenía relevancia alguna. En los que los planes llegaban hasta el
cielo, uno sobre otro construidos entre sueños y promesas de dos adolescentes
que tenían muy poca idea de lo que se trataba la vida. O tal vez, que vivían la
vida sin importar de que se tratara.
Ahora despertamos cada mañana con una rutina bien clara que
cumplir. Con discusiones a veces inconclusas. Con responsabilidades que de
cuando en cuando, es mejor ni siquiera analizar para que no se vuelvan más
pesadas. Despertamos a una realidad de imperfección que un día como hoy, hace
13 años no existía. Pues en ese entonces, la vida era irreal y perfecta.
Hoy celebro esa irrealidad y esa perfección que construiste
para mí hace 4,745 días (whoa!). Y te agradezco infinitamente que hayas creado
ese mundo para mí. Un mundo que se merece toda adolescente. Un espejismo que me
guió por el camino que necesitaba caminar para llegar a donde estoy ahora.
Viviendo la realidad imperfecta que siempre soñé tener.
Una realidad que incluye las batallas campales porque
llegaste tarde del trabajo nuevamente, los sábados perfectos en Balandra, nuestro
amor por Nico, la casa que siempre quise, Navidades en familia, los viernes de
sushi, las esporádicas citas en pareja, la esperanza de que un día mágicamente
vuelvas a abrir la puerta para mí siempre y por supuesto el recuerdo de esa película,
de esa noche y de todas las noches que le siguieron hasta llegar a esta mañana.
La mañana en la que te vi dormido a mi lado, me volteé del lado contrario y
volví a jalarte la sábana. NUESTRA sábana.