lunes, 29 de abril de 2013

Feliz casi


Uno pensaría que entre más grandes, sería más fácil tomarles una foto en la que TODOS estén volteando a la cámara. Pero si uno pensara eso, uno estaría equivocado….

 
 


No pierdo las esperanzas. Tal vez cuando cumplan 15, voy a lograr la foto de mis sueños… una en la que los CUATRO volteen a mi lente y sonrían como la gente decente.
 

 

Tenemos una SUPER semana por delante. De esas que emocionan. De esas que nutren. De esas que se van directo al álbum de recuerdos. ¡A celebrar la semana como niños!

 

viernes, 26 de abril de 2013

Lucky 13

Es un viernes cualquiera. Pasamos la noche peleando por la sábana otra vez. Pensarías que con 7 años durmiendo juntos, hemos superado detalles como éste, pero no. Despierto a tu lado como todos los días. Giro mi cabeza en dirección contraria a la tuya, jalo la sábana UNA VEZ MÁS. Cuando abro los ojos nuevamente, ya no estás ahí. Puedo escuchar el sonido del agua al caer en el piso de tu regadera. Tuya, porque compartimos casi todo en la vida, pero me niego a compartir contigo mi regadera y algunos de mis secretos.
 
No espero que recuerdes que día es hoy. Porque eres . Y si te acordaras, dejarías de ser un poquito. Pero yo si lo recuerdo. Recuerdo tu silueta recargada en el muro de mi casa esperando que saliera para irnos al cine. Recuerdo haber pensado que “El Gladiador” era la película menos romántica que podía escoger ‘alguien que anda quedando bien’. Recuerdo sonreír con ese pensamiento. Recuerdo que fue algo que me gustó de ti. Recuerdo haber tomado la decisión justo en esa sala de cine, tal vez mientras algún gladiador era decapitado o devorado por un león. “Si me pregunta, le voy a decir que sí”.
 
Hoy se cumplen 13 años que me lo preguntaste. Hace 13 años te dije que … Voy a darte unos segundos para que asimiles eso.
 
30 de abril de 2000. Nuestra primera foto de novios. Foto de rollo de 35 mm, obvio. (Podrías haberte visto más feliz, eh.)
 
 
No te dije que si a ti, propiamente. Más bien se lo dije a un que se aleja entre recuerdos con el pasar de los años. A un que recuerdo con tanto amor. El que siempre me abría la puerta. El que no tenía críticas para mí. El que verdaderamente pensaba que era perfecta. El que te enseñó a llamarme bebé.
 
Ya no me abres siempre la puerta (Ep! Ep! No alegues, SABES que no lo haces). Y a veces, tienes más críticas de las necesarias (Sí, sí, las tienes. ¿Por qué lo niegas?). ¿Perfecta? Ni tanto. Creo que has descubierto que viviste engañado un tiempo. Y bueno, algo sí has conservado intacto. Sigo siendo bebé.
 
¿Extrañas esos días? Apuesto a que sí. Esos días en los que el reloj no tenía relevancia alguna. En los que los planes llegaban hasta el cielo, uno sobre otro construidos entre sueños y promesas de dos adolescentes que tenían muy poca idea de lo que se trataba la vida. O tal vez, que vivían la vida sin importar de que se tratara.
 
Ahora despertamos cada mañana con una rutina bien clara que cumplir. Con discusiones a veces inconclusas. Con responsabilidades que de cuando en cuando, es mejor ni siquiera analizar para que no se vuelvan más pesadas. Despertamos a una realidad de imperfección que un día como hoy, hace 13 años no existía. Pues en ese entonces, la vida era irreal y perfecta.
 
Hoy celebro esa irrealidad y esa perfección que construiste para mí hace 4,745 días (whoa!). Y te agradezco infinitamente que hayas creado ese mundo para mí. Un mundo que se merece toda adolescente. Un espejismo que me guió por el camino que necesitaba caminar para llegar a donde estoy ahora. Viviendo la realidad imperfecta que siempre soñé tener.
 
Una realidad que incluye las batallas campales porque llegaste tarde del trabajo nuevamente, los sábados perfectos en Balandra, nuestro amor por Nico, la casa que siempre quise, Navidades en familia, los viernes de sushi, las esporádicas citas en pareja, la esperanza de que un día mágicamente vuelvas a abrir la puerta para mí siempre y por supuesto el recuerdo de esa película, de esa noche y de todas las noches que le siguieron hasta llegar a esta mañana. La mañana en la que te vi dormido a mi lado, me volteé del lado contrario y volví a jalarte la sábana. NUESTRA sábana.

miércoles, 24 de abril de 2013

Chats

Si hay algo que me hace siempre estar en pro de la tecnología, redes sociales y demás bellezas cibernética; es sin duda, la oportunidad que me da de poder sentirme un poco más cerca de las personas que quiero. Específicamente con mis amigas. Mis chats con ellas, me pueden poner de buen humor incluso en las peores de las circunstancias.
 
Hace algún tiempo que tenemos un grupo de chat en whatsapp, con latitudes diversas que incluyen San Diego, La India, Guadalajara, D.F., Mazatlán y Cabo. Los comentarios llegan desfasados por los husos horarios, y hay quien los lee 8 o 10 horas después. Hay quienes, los escuchamos sonar pero si tenemos mucho trabajo, los ignoramos para en el momento de agarrar nuevamente el teléfono, tomarnos con la sorpresa de que hay 327 mensajes no leídos (es real, me pasó).
 
Esto es una muestra de lo que pasa en ese chat:
 
Modelándonos su nuevo look. Sin perder la oportunidad de expresar su gran amor por nosotras.
 
"Ya me voy a dormir, les mando un beso." Y literal nos lo mandó.
 

Por otro lado, y porque las mujeres tenemos entre otros muchos talentos, el del multitasking; me aferro a mi querido msn aunque me lo hayan deformado y mutado como Skype. Lo uso con personajes específicos durante todas mis horas laborales. Porque afrontémoslo, estar pegada a una computadora por 8 horas y no poder expresar mis sentimientos en el exacto segundo que afloran en mi piel, me pone mal. Así pues, mantengo mis chats abiertos todo el día. Recientemente, creamos éste. Una fusión de personalidades variadas, que fueron lo mejor que me pasó durante mi carrera profesional.
 
Si, tengo delirio de persecución y por eso hice un rayoneadero.
Me considero una vintage lover, pero en cuanto a comunicación respecta, agradezco haber existido en la época en donde la distancia se reduce a un chat.  
 
Amigas mías, las amo.

martes, 23 de abril de 2013

Unos 200 kilómetros

Me encantan los sábados. Especialmente ésos en el que el despertador suena avisando que es hora de levantarse y tomar carretera rumbo a nuestro lugar feliz. Nico rebota por toda la casa, con esa ansiedad característica que le provocan estos road trips. Esa emoción que deseo que recuerde cuando sea un adulto. Me sigue como pollito por toda la cocina, asegurándose de que prepare su bolsita de lunch especial. Una bolsita reciclada de Starbucks con dos sándwiches de queso sin orillas, su ración de papas, 2 jugos, 2 lechitas de chocolate, 1 bote de agua y algún postre. Y eso es sólo el snack. La comida, ésa hay que llevarla aparte.
 
Por fin salimos de la casa, con un poco de suerte apenas con un leve retraso. La camioneta cargada con la hielera, las sillas de playa, una maleta y las expectativas de tres almas que planean pasar un sábado perfecto justo aquí, donde el agua brilla como pequeños diamantes.
 
 
 
La mayor parte de nuestra vida se basa en incertidumbre y buena voluntad; pero me encanta saber que la certeza de este azul puede disolver en sus sales la pesadez de cualquier mala semana. Garantía.
 

Avienta en el paisaje un ceviche de camarón y una orden de camarón y pulpo para picar con un par de cervezas y señores… la obra se convierte en un Picasso.
 

 
Y mientras en el mundo pasan cosas horribles a las que somos ajenos, no puedo más que manifestar mi absoluta gratitud con el Universo por momentos como éste. En un lugar como éste.
 

 
Es un lujo – me dijo una amiga por whatsapp ese día. Sí, un lujo absoluto. En un lugar donde, como antes lo he dicho, no existen las mismas oportunidades que en otros… este pedacito de cielo se abre espacio entre cualquier oponente o competencia. No existe otro lugar en donde quisiera que Nico escribiera su historia. Balandra le gana a todo.
 

 
Fue cuando el recordatorio me vino a la cabeza. Cuánto ha tenido que pasar para sentir esta paz nuevamente. Que diferencia tan grande existe en mi interior con respecto a visitas anteriores. Observaba a Nico y a Luis de lejos y los ojos se me llenaban de lágrimas. Que cerca estuve de perderme de ellos. En mi propia ausencia. Cuánto trabajo me costó llegar a ese momento…  ¿estar justo ahí, un sábado cualquiera con una cerveza en la mano, con la cámara colgada al cuello y simplemente feliz? Tal vez, el mayor logro de mi vida hasta el momento.
 

 
La vida es ambas cosas, belleza y brutalidad al mismo tiempo. Es cruel y rotunda. Y extremadamente compleja. Estoy consciente de donde estoy parada. Sé que la bestia sigue ahí, débil y dormida, pero presente. La diferencia es, que por primera vez, estoy segura que un día se va a despertar y saldrá caminando justo por donde entró. ¿Y eso? Hace algún tiempo ni siquiera lo veía como una posibilidad. Y sigo trabajando en mi aceptación de vida y tratando de convencerme a mí misma que efectivamente, éste era un mejor plan para mí. Y aunque dudo que un día pueda decir “Agradezco lo que tuve que vivir durante esos 3 años”; si había que vivir esta experiencia, me alegra que haya sido cuando todavía soy joven.
 

 
Cuando este nuevo despertar todavía me deja un largo camino por delante por disfrutar. Cuando este aprendizaje me llega justo en el momento perfecto para darle a mi hijo la mejor vida que puedo darle. Una vida inmersa en una filosofía de pasión, de amor, de fe en un Dios poderoso que no podemos ver pero si sentir. De disfrutar cada oportunidad y de aprender que cuando la vida se pone color de hormiga, hay un millón de razones para sobreponerse.
 

 
Freud solía decir que “Algún día, en retrospectiva, aquellos años de lucha y de pruebas, son los que recordaremos como los más hermosos.” Estoy segura que así será, pues han sido estos años en los que he construido a mi familia. En los que éstos sábados han sido posibles.
 

 
Levantar las manos al cielo y pensar que estamos tan cerca, que casi podemos rozarlo.
 


 
Jugar a batear o al ping-pong o a hacer castillos de arena.
 
 
 
 

 
Salpicarnos con el frisbee, sentir la brisa en la cara y leer un rato, con la plena seguridad de que no hay nada en ese momento que pueda arruinar el banquete que se está dando tu espíritu.
 
 

 
La magia de los angelitos de arena se hace posible y los cheetos hacen su aparición. Un requisito casi tan indispensable como el bloqueador.
 
 
 
 
La burbuja se rompe mientras el sol baja por el horizonte y es hora de desmontar el campamento. Un último suspiro para absorberlo todo es el único ritual que permanece y que contiene las ganas hasta la próxima visita. Nos vamos a la cama un poco más bronceados, un poco más cansados y un poco más felices.
 

 
El día siguiente, la carretera de regreso nos recuerda que la realidad está a tan solo unos 200 kilómetros de distancia. Volvemos a la realidad y ésta nos recuerda que nuestro lugar feliz está a tan solo unos 200 kilómetros de nosotros.

 

lunes, 22 de abril de 2013

Donde comienza el cielo


Hoy es lunes. Día loco. Loco pero feliz. Feliz porque mi carro sigue lleno de arena. Feliz porque estoy trabajando, pero mi mente todavía está aquí:

 


 
Um, sí. Éste lugar es REAL. Existe. No es un espejismo, ni una edición. ¿Qué mejor manera de celebrar el día de la Tierra que justo ahí, dónde termina la Tierra y comienza el cielo?

 

Mañana con calma, detalles de un sábado perfecto.


 

viernes, 19 de abril de 2013

Las Mascotas Maravilla

Tuvimos nuestra junta familiar ayer por la noche. No quise pude esperar al fin de semana. La realidad, es que el fin de semana quiero disfrutarlo y no enfrascarme en discusiones y conclusiones sobre cómo tenemos que hacer funcionar esto. (esto = nuestra vida)
 
Llamé a mis tropas a una reunión urgente e inminente. Los tres sentados en la recámara principal. Los ojitos ansiosos de Nico tratando de recordar qué podría haber hecho que ameritara una junta familiar en un random jueves a las 8 de la noche. Levantó su manita como pidiendo permiso para hablar antes de que empezáramos y dice:
 
“Mami, yo solo quiero decir que cualquier cosa que yo hice, fue un accidente.”
 
Quise soltar la carcajada en ese momento, pero me mantuve en mi papel. Escondiendo por un momento mi cara y recomponiendo mi sonrisa por absoluta seriedad. “Gracias por la aclaración, Nicolás.” – le contesté.
 
Se inició la sesión y discutimos los puntos a tratar. La negociación, el estire y afloje, el ying-yang habitual en el que se convierte la vida familiar cuando hay que cumplir con los deseos y necesidades de tres individuos diferentes.
 
Y ahí, exponiendo mis inconformidades y proponiendo soluciones, me encontré en medio de una escena que tal vez más de alguna vez imaginé en mi cabeza. Motherhood is tough, people. ¿Y el matrimonio? Ése es incluso más difícil. Y si a ambos los metes a una licuadora y los mezclas, el resultado puede convertirse en el smoothie energético que tu vida necesita. Pero si no tienes cuidado, también puede convertirse en un licuado aún más baboso y desagradable que uno de esos de nopal con apio.
 
Luis y yo siempre hemos utilizado el concepto de equipo para entender y manejar nuestra dinámica. Un equipo que a veces funciona a la perfección, y que en otras ocasiones se convierte en algo que más bien se asemeja a jugadores solitarios de racketball esquivando pelotas para no ser golpeados… bueno pues, justo ahí… en las pelotas.
 
Esta no fue la primera vez que Nico fue convocado en una intervención familiar. Pero sí fue la primera ocasión en la que fue seriamente tomado en cuenta y en la que se le explicaron las cosas que últimamente han estado bien y mal. Una vez más, un recordatorio de que los niños son más receptivos de lo que aparentan.
 
“Ah, sí claro. Es que somos como ‘Las Mascotas Maravilla’. Y si por ejemplo, Ming Ming no está trabajando en equipo y cooperando, pues... está mal. Y hay que hacerlo en equipo los tres, ¿verdad? Yo quiero ser la tortuguita… ¡Tuck!”
 
La sabiduría infantil se impone, señores. Y para quien no sepa quiénes son Las Mascotas Maravilla, se las presento. Y seguramente pueden encontrar en Google los pormenores de la trama de esta caricatura de Nick Jr.
 

Así pues, se levantó la sesión clarificando algunos puntos clave para que nuestra mezcla siga siendo un smoothie delicioso y no un licuado de nopal (con perdón de quienes lo disfruten). Reforzamos algunas declaraciones importantes para la formación y educación de Nico. Hicimos algunos cambios estructurales que pondremos en práctica a partir de la semana entrante y por supuesto, tengo más de 12 horas cantando en mi mente la canción de las Mascotas.

 

“¡Lo haremos como un gran equipo! ¡Lo haremos como un gran equipo!”

jueves, 18 de abril de 2013

DEMASIADO

Así está la cosa. Hay días largos y difíciles. Pff, miento. Hay TEMPORADAS largas y difíciles. Yo salí de una de ésas que parecían interminables hace poco, muy poco tiempo. Y de manera generalizada, con todo y mis quejas humanas, amo la vida que he construido.  Sin embargo, a veces esa vida se vuelve demasiado. Estoy en uno de esos momentos de “esto es demasiado”. Soy un pez ahogándose en su propio mar.
 
Ayer fue un día largo. Largo y cansado. Desde el principio hasta el final. Lo vi venir desde lejos la semana pasada, cuando me enteré que la que yo pensaba que era la última excursión de Nico, resultó ser la penúltima. Y que ayer, tendríamos el último field trip, que incluiría delfines y aviones.
 
¡Hola otra vez, Apollo!
 

Plan de vuelo personalizado

La verdad es que, por más que quise disfrutarlo, me costó mucho trabajo. Seamos honestos, estos viajes son CERO divertidos para las mamás. Eso lo sabemos todos. Tan lo sabemos, que hay mamás que tienen todo el tiempo del mundo para hacerlo y no participan. Aclaremos algo, si no me he perdido ni una sola de esas excursiones, no es precisamente por mi amor a limpiar mocos ajenos. Es porque quiero cuidar a mi hijo. Porque quiero asegurarme que nadie lo deje olvidado en algún lugar, porque quiero que tenga fotos para recordar estos días y porque quiero que sepa que su vida me interesa y que sus recuerdos no sean: “me acuerdo que mi mamá nunca iba conmigo a los paseos porque tenía que trabajar”. ¿Si en el paseo la paso increíble? Bueno, eso ya es un plus.
 

Fue una mañana intensa. Los niños pueden ser muy fastidiosos. Y la realidad es que, particularmente, este grupo de niños no lo es. Pero SON NIÑOS. Y quieren hacer pipí en el momento más imprudente. Y juegan a levantar la tierra del camino. Y se pelean. SON NIÑOS.
 

También disfrutan. Y se maravillan. Y aprenden. Y aún no lo saben, pero son niños privilegiados por tener este delfinario a escasos 10 minutos de su escuela.
 
 
 

Se ríen, se emocionan y eso te llena de energía y de paciencia, para que al siguiente minuto, cuando se sueltan a llorar por algo; no quieras estrangularlos.
 
 
 

La excursión fue divertida para ellos. Y dentro de los pocos lugares disponibles para este tipo de actividades en el pueblo, tuvieron la oportunidad de conocer cosas interesantes. De estar en la mismísima torre de control del aeropuerto y ver en primera fila como aterrizaban un avión.
 
 

Personalmente, fue algo especial ver a Nico ahí por el orgullo que sintió las 500 veces que pudo decir: “Mis tíos trabajan en una oficina como ésta. ¡Mis tíos hacen aterrizar esos aviones!”
 

Cuñados, fueron héroes por un día. Espero que hayan disfrutado su momento de gloria.
 

Pero desvarío. Este post no se trata de Nico, se trata de MI (ja!). Se trata del estrés constante en el que vivo para que la magia en la vida de mi familia sea posible. No, no soy una mártir ni un heroína. Soy una madre y esposa responsable. Y a veces, ¿eso? Es mucho más difícil. Especialmente, cuando también tienes un trabajo de tiempo completo que atender, con muchas responsabilidades.
 
Y no, no me estoy quejando de mi trabajo. A decir verdad, AMO mi trabajo. He invertido mucho en la empresa en la que trabajo. Y mis esfuerzos han dado frutos. Y soy importante para ésa empresa. Y finalmente, después de muchos años de DESEAR con todas mis fuerzas que Luis me mantuviera, he entendido que no es eso lo que quiero. He comprendido que no únicamente trabajo para aportar una parte del sustento de mi familia. También trabajo por mí y para mí. Para mi cerebro. Para mantener mi identidad. Mi trabajo me da eso y más. Me reta, me hace aprender diario, me mantiene al día y ubicada en el mundo real. Trabajo en una empresa en la que soy querida y respetada, en la que mis prioridades son comprendidas y que coopera conmigo para poder estar ahí para mi hijo. Que me ayuda a tener un balance. Laboralmente hablando, estoy en un excelente momento. Soy afortunada, pues trabajo para una empresa con el lado sensible que la mayoría carecen.
 
Pero hay días en la que todo es demasiado. Y en los que efectivamente, quisiera tener un esposo millonario que me mantuviera. Y desearía no tener que hacerlo todo. Y comer en 10 minutos para alcanzar a hacer la tarea con Nico, y poder llevarlo a sus clases de la tarde, y llegar barrida a la oficina para atender una junta importante después de la hora comida. Y después correr por Nico a recogerlo de sus clases. Y bañarlo. Y ponerle la pijama, y darle la cena. Y asegurarme de que se lave los dientes. Y hacer malabares con eso mientras contesto una llamada de mi jefe.
 
Estoy cansada. EXHAUSTA. Y tengo el síndrome de mediados de Abril. Porque estamos en la recta final de una temporada alta intensa y de mucho trabajo. Y siento que no llego. Y a veces mi esposo no coopera como yo quisiera. Y mi hijo tampoco. Y ambos me sobrepasan. Y me agobian y me atosigan y me cansan. Y quisiera salir corriendo y no lidiar con ninguno.
 
A veces, es simplemente demasiado. Demasiado esfuerzo, demasiado dar y poco recibir. Demasiado que hacer sin horas suficientes. Demasiado polvo. Demasiado que recordar. Demasiado que manejar. Demasiado que cumplir. Demasiado que retener. DEMASIADO.
 
Por fortuna ya es jueves, y este fin de semana habré de tomar medidas en las cosas que están bajo mi control. Y tener una junta familiar. Y consentirme un poco a mí misma.

miércoles, 17 de abril de 2013

Se hizo la luz

ALABADO SEA EL SEÑOR, ayer terminaron las reparaciones y remodelaciones en mi casa. Una semana de polvo, muebles emplasticados y caos generalizado puede subírseme a la cabeza de manera non grata.
 
Hace casi 6 años que nos mudamos a nuestro querido hogar y hace casi 6 años que he había querido hacer esto. Ponerle luz a mi barra de la cocina:
  
Ignoremos el cochinero por favor. ANTES/DESPUÉS
 
Tal vez no parezca una gran actualización, pero ustedes no saben la abismal diferencia que existe entre VER lo que estás cenando y PRETENDER que ves lo que estás cenando.
 
ANTES
 
DESPUÉS
 

En mi cocina, se ha hecho la luz.
 
ANTES


DESPUÉS
 

martes, 16 de abril de 2013

El amor gana

Odio pensar que vivo en un mundo en donde la calma y la armonía es tan solo una farsa. Un monumento de palillos chinos mal montado, frágil y vulnerable. En peligro de venirse abajo en cualquier momento. Odio tener que resignarme a la idea de haber traído un hijo a un lugar en donde la maldad y la injusticia tienen un radio de alcance mayor que la generosidad y el amor al prójimo.
 
Los eventos en el maratón de Boston contagian de un sentimiento de tristeza y asco. Dan ganas, por un momento, de perder la fe en la humanidad. La reelección del partido chavista en Venezuela OTRA VEZ invaden a un pueblo y a sus espectadores foráneos de un sentimiento de impotencia y desmoralización. ¿Qué estamos haciendo con este mundo? ¿A quién estamos permitiendo que nos controle?
 
Pero soy una eterna soñadora. Una optimista con reserva, sí, pero al final alguien que cree que el amor gana. Que en el mundo somos más los que queremos construir y no destruir. Los que queremos un espacio en donde las maravillas de esta Tierra nos abriguen. Los que queremos ser inspirados e instruidos por la luz de un Ser Superior. Aunque le pongamos diferentes nombres. Me aferro a la idea de que el mundo está plagado de personas buenas. Y que al final, aquellos que hacen el mal, serán siempre dominados por la fuerza del amor.
 
Cuando Nico era un bebé, empecé a sensibilizarme mucho más con la gente a mi alrededor. De repente, rodearme de personas que aportaran más a mi vida empezó a ser una prioridad. Dicen que se necesita de toda una comunidad para educar a un niño. Le pedía a Dios que me ayudara a escoger a personas maravillosas para formar ésa comunidad que educaría a mi bebé. Que tuviera a su alcance el ingenio y la sabiduría de gente que pudiera compartirle sus conocimientos e historias de vida que pudieran inspirar la suya.
 
Me sentía un poco culpable e insegura de estarlo criando en un pueblito como éste. En el que ciertamente, se carecen de algunas de las oportunidades que existen en ciudades más grandes, más civilizadas. En donde, nosotros en lo personal, nos encontramos lejos de nuestra familia. Un lugar en el que conocía a poca gente. Un paraíso perdido en donde a diario llegaban llegan personas de todas partes del mundo a empezar de nuevo. Como un día hace 8 años llegue yo. Tenía cierto temor de verlo crecer en medio de desconocidos. De gente que tal vez viniera huyendo de un oscuro pasado.
 
Es un mundo brutal, éste en el que vivimos. Un mundo en el que se asesina a niños inocentes. Un mundo en el que se cometen atrocidades que incluso a veces la mente promedio no alcanza a comprender. Y sin embargo, sigue siendo un lugar extraordinario. Lleno de almas con energías increíbles, repletas de emociones maravillosas por ofrecer.
 
Nico y sus googles de "Angry Birds" patrocinados por Bibi. El hit de la tarde. (BlackBerry photos, olvidé mi cámara)
 
Nico retomó sus entrenamientos de natación ayer por la tarde. 5 meses en pausa le parecieron millones de años. Cuando vio a su profesor, corrió y se le abalanzó. Vi como él, su profesor, lo levantaba del piso y se lo llevaba a los brazos apretándolo fuerte. Y entonces caí en cuenta que mis oraciones se escucharon.
 

Hay una comunidad amorosa detrás de mí, ayudándome a educar a mi hijo. Personas que un día fueron desconocidos y que ahora son un ejemplo e inspiración para mi hijo. Aquí, en esta puntita del mundo, vine a encontrarme con alguien que enseñó a nadar a mi hijo en 2 horas. Y más importante aún, que le enseñó a creer en sí mismo. En creer que él solito puede llegar a la otra orilla. Y él es tan solo una muestra.
 

El amor gana. Mi hijo está rodeado del cariño de personas que no llevan su sangre y que por encima de ello, se han convertido en su familia. En nuestra familia. Su mundo está protegido por personas que trabajan todos los días para convertir este mundo en un lugar mejor. Que se esfuerzan y se sacrifican como nosotros para construir para sus hijos la mejor niñez. Los mejores recuerdos. Personas que se echan la mano. Que se apoyan. Como en Boston, desconocidos que se ayudan entre sí, para reconstruir lo que se ha querido destruir. La confianza, la paz, el amor.
 
No se pierdan la gorra de "Angry Bird Bomba"
 
Ayer por la mañana, vi llegar a la oficina a mi asistente con la cara desencajada. “Perdimos, Dulce. Mi país está perdido.” Hace 3 años que salió de Venezuela a buscar una historia de vida de mejor. La abracé fuerte en silencio, y después le dije lo que siempre le repito a Nico cuando en la película parece que los villanos van a vencer. “Los buenos siempre ganan. Acuérdate. Al final, el amor gana.”