martes, 9 de abril de 2013

Sólo por ti

Nico hizo este dibujo para mí el fin de semana:
 
En realidad dice "corason", el escáner se comió la "n"
 
Decir que mi corazón se derrite cual bola de nieve de chocolate (o el sabor que prefieras) en pleno Agosto es poco. Son de esas cosas con las que sueñas mientras meces a tu recién nacido y te preguntas si algún día pasarán. “Tú eres mi corason, mami.” ¿En serio? ¿Acaso habrá algo mejor que ver eso escrito de puño y letra de tu hijo?
 
No sé si soy tu corazón, angelito mío. Pero sé que tú eres el mío. No sé si soy tu corazón, mi amor. Pero sé que hay cosas que sólo soportaría y haría por ti. Y no hablo de cosas intensas como la muerte, el hambre, una tortura o la horca. Hablo de cosas como las de ayer … como limpiar tu vómito con mis manos. Y no cualquier clase de vómito, no… vómito de leche con chocolate, con pequeños trozos de comida no identificable. Y no hablo de limpiarlo del piso, no… hablo de limpiarlo del asiento y la alfombra de mi carro. De mi carro ¿sabes?, ése que apenas acababan de entregarme del taller con la carrocería impecable y la tapicería aspirada.
 
Cuando digo que son sólo cosas que haría por ti; hablo de pasar en vela toda la noche, cuidándote de ese mismo vómito que te persiguió por horas y que esparciste por tus sábanas y las mías. Hablo de cargarte embarrado de ése bendito vómito por todos lados sin importarme si me embarraba yo también. Hablo de poner la lavadora a deshoras con las sábanas manchadas. Hablo de cederte mi lugar en la cama y acomodarme en un pedacito no más ancho que mi celular. Hablo de tener impregnado el olor a vómito en la nariz desde hace 24 horas.
 
No sé si soy tu corazón, mi cielo. Pero soy quien se levantó al día siguiente con el estómago revuelto de la desvelada sintiéndose sumamente feliz porque no vomitaste nuevamente después de las 3 de la mañana. Cuando digo que hay cosas que sólo soportaría por ti, me refiero al momento que me subí a mi carro para ir a la oficina y respiré el inconfundible olor a vómito fermentado del día anterior. Perfume fétido que me acompañó durante todo el camino al auto-baño. Y que ahora me persigue hasta en mis sueños. Lo huelo en todos lados. Incluso en mi monitor.
 
Cuando digo que sólo hay cosas que haría por ti, me refiero a ponerme a negociar tiempo del iPad a cambio de una cucharada más de sopa de fideo para asentar tu estómago. A jugar bingo por la tarde, luchando contra el sueño por tener más de 30 horas sin dormir. Me refiero a limpiar tu vómito con mis manos. ¿Ya te mencioné eso? Vómito… con mis manos… en mi carro…
 
Niquito mío, no sé si soy tu corazón. No sé exactamente qué signifique eso para ti. Me suena a algo que le dirás a la niña que te guste en algunos años. Pero entonces, cuando alguien más “sea tu corazón”, tomaré mi papelito y te lo mostraré. Y te recordaré que YO FUI TU PRIMER CORAZON; por si acaso existe confusión alguna. ¿Y tú? Bueno, tú, entre otras muchas cosas, fuiste y eres mi corazón por siempre. Y también fuiste el único que vomitó mi carro en un lunes cualquiera y salió ileso.
 
Semana de vómito, señores. Una cosa intensa y divertida, especial y pestilente. De largas noches sin dormir y felices días de co-habitar el mundo como zombi.

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