Nico hizo este dibujo para mí el fin de semana:
Decir que mi corazón se derrite cual bola de nieve de
chocolate (o el sabor que prefieras) en pleno Agosto es poco. Son de esas cosas
con las que sueñas mientras meces a tu recién nacido y te preguntas si algún
día pasarán. “Tú eres mi corason, mami.” ¿En
serio? ¿Acaso habrá algo mejor que ver eso escrito de puño y letra de tu hijo?
No sé si soy tu corazón, angelito mío. Pero sé que tú eres
el mío. No sé si soy tu corazón, mi amor. Pero sé que hay cosas que sólo
soportaría y haría por ti. Y no hablo de cosas intensas como la muerte, el
hambre, una tortura o la horca. Hablo de cosas como las de ayer … como limpiar
tu vómito con mis manos. Y no cualquier clase de vómito, no… vómito de leche
con chocolate, con pequeños trozos de comida no identificable. Y no hablo de
limpiarlo del piso, no… hablo de limpiarlo del asiento y la alfombra de mi
carro. De mi carro ¿sabes?, ése que apenas acababan de entregarme del taller
con la carrocería impecable y la tapicería aspirada.
Cuando digo que son sólo cosas que haría por ti; hablo de
pasar en vela toda la noche, cuidándote de ese mismo vómito que te persiguió
por horas y que esparciste por tus sábanas y las mías. Hablo de cargarte
embarrado de ése bendito vómito por todos lados sin importarme si me embarraba
yo también. Hablo de poner la lavadora a deshoras con las sábanas manchadas.
Hablo de cederte mi lugar en la cama y acomodarme en un pedacito no más ancho
que mi celular. Hablo de tener impregnado el olor a vómito en la nariz desde
hace 24 horas.
No sé si soy tu corazón, mi cielo. Pero soy quien se levantó
al día siguiente con el estómago revuelto de la desvelada sintiéndose sumamente
feliz porque no vomitaste nuevamente después de las 3 de la mañana. Cuando digo
que hay cosas que sólo soportaría por ti, me refiero al momento que me subí a
mi carro para ir a la oficina y respiré el inconfundible olor a vómito fermentado
del día anterior. Perfume fétido que me acompañó durante todo el camino al auto-baño.
Y que ahora me persigue hasta en mis sueños. Lo huelo en todos lados. Incluso
en mi monitor.
Cuando digo que sólo hay cosas que haría por ti, me refiero
a ponerme a negociar tiempo del iPad a cambio de una cucharada más de sopa de
fideo para asentar tu estómago. A jugar bingo por la tarde, luchando contra el
sueño por tener más de 30 horas sin dormir. Me refiero a limpiar tu vómito con
mis manos. ¿Ya te mencioné eso? Vómito… con mis manos… en mi carro…
Niquito mío, no sé si soy tu corazón. No sé exactamente qué
signifique eso para ti. Me suena a algo que le dirás a la niña que te guste en
algunos años. Pero entonces, cuando alguien más “sea tu corazón”, tomaré mi
papelito y te lo mostraré. Y te recordaré que YO FUI TU PRIMER CORAZON; por si
acaso existe confusión alguna. ¿Y tú? Bueno, tú, entre otras muchas cosas,
fuiste y eres mi corazón por siempre. Y también fuiste el único que vomitó mi
carro en un lunes cualquiera y salió ileso.
Semana de vómito, señores. Una cosa intensa y divertida,
especial y pestilente. De largas noches sin dormir y felices días de co-habitar el mundo como zombi.
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