lunes, 31 de diciembre de 2012

2013, sin prisas y ligero

Recuerdo hace algún tiempo; era un sábado o un domingo tal vez, Nico estaba jugando con sus carritos en la terraza y yo estaba sentada a su lado leyendo un libro. Luis estaba en la cocina, preparando algo para tomar. Nuestro techo era un cielo azul sin fallas, ni una nube. Estábamos en nuestras habituales ropas veraniegas pero el clima era perfecto.
 
Una de esas escenas de película, en la que los personajes viven el típico cliché, de la vida familiar perfecta. El libro que leía me tenia fascinada, y recuerdo el capitulo que en ese momento repasaba. Desde entonces, las palabras de la autora me quedaron grabadas. El texto decía: “no es difícil decidir de qué quieres que se trate tu vida. La parte difícil es, decidir a qué estás dispuesto a renunciar para poder hacer o vivir las cosas que verdaderamente te importan”.
 
Un enunciado brillante, en mi opinión. No vivimos en un mundo sencillo. La sociedad nos ha impuesto parámetros muy elevados contra los cuales hay que medirse a diario. Y por alguna extraña razón, hemos aprendido a llenar las expectativas de otros y dejar de lado las propias.
 
Ciertamente, sé sin duda alguna, de qué quiero que se trate mi vida. Moldeo esa escultura a diario. Sin embargo, estoy consciente de que para lograr en su totalidad vivir la vida que quiero vivir; tengo que renunciar a muchas cosas. Algunas, a las que estoy dispuesta; otras a las que no tanto.
 
Poco a poco, con los años, he logrado deshacerme de cosas y relaciones que no aportaban nada bueno a la trama de mi vida. Que por el contrario, la dañaban, la desnutrían o me estresaban al punto, de destruir lo que con trabajos había logrado edificar.
 
Por ejemplo, no soy Martha Stewart. No sé cocinar ni se hornear. Y por mucho tiempo, me estresó mi incapacidad. Pues saber cocinar y hornear era parte de los estándares que la sociedad me había impuesto al convertirme en esposa y madre. Finalmente, renuncié a la idea. Pues seamos realistas, ¿la cocina? Me importa un carajo. Mi hijo no crecerá y extrañará los deliciosos platillos que le hacía cuando era pequeño. Que así sea. Puede extrañar a Deena y a Geo o a su tía Brenda (nuestras reposteras estrella); no le guardaré resentimientos.
 
He logrado salvar mi tiempo y no invertirlo en personas que encuentran negatividad en todo a su alrededor. Que siempre tienen una crítica que hacer de otros o de mi misma; que me hacen sentir mal o atentan contra mi salud emocional o mi –a veces frágil- autoestima. Me he alejado de vampiros energéticos, aunque eso me haya implicado cambiar de trabajo y de algunas relaciones personales.
 
Renuncié a la idea de seguir intentando un embarazo que no estaba destinado a ser. Pues eso, me desvió del camino de mi vida durante mucho tiempo. Estaba perdiendo mi centro, el propósito de mi jornada. Renuncié y me costó MUCHO trabajo; incluso más de lo que pensé.
 
Y así, con el tiempo; sigo depurando y limpiando mi repertorio. Renunciando a todo aquello, sea fácil o difícil, que represente un impedimento para vivir la vida que quiero vivir.
 
Estas fueron las primeras palabras que le escribí al 2012: “2012, bienvenido seas. Permítenos demostrarte nuestra fortaleza, date la oportunidad de conocernos; nosotros tenemos todas las intenciones de explorarte por 365 lunas. Si nos tratas bien, te abrazaremos con el amor que construimos a diario. Pero si nos tratas mal, prepárate para recibir batalla. Pues claro está, que a este ring, no subimos para ser vencidos”.
 
100 puntos a quien encuentre el error garrafal en ese texto…
 
¿No? ¿Nadie?... Escribí “permítenos DEMOSTRARTE”. Y ese ha sido el error que he cometido muchas veces, durante lo largo, ancho y alto de mi vida. He tratado de complacer al mundo, de DEMOSTRAR. Tal vez, sea eso en el fondo, lo que me hizo más daño durante este difícil proceso de infertilidad. Toda mi vida, fui enseñada a no darme por vencida. A demostrar que era fuerte, que era perseverante. Ahora me atrevo a decir, que empiezo a entender que tal vez, no eran tantas mis ganas de tener otro bebé, como mis ganas de vencer a aquello que me lo impedía. De hacerlo TODO bien. De no rendirme. De no quedarme en el camino. De demostrar. A mi misma y no se a quien más.
 
Para el 2013 no tengo un discurso. Ni una losa de compromisos que montarle sobre la espalda. Ni al 2013 ni a mí. Pues me tomaré el año que está por comenzar, como un año sabático. Un año en el que no viviré bajo los parámetros que se me han impuesto, o que me he impuesto yo misma. Quiero que sea el año en el que renuncie al mayor número de cosas, personas y/o situaciones que me impidan vivir la trama correcta de mi vida.
 
Sé de qué quiero que se trate de mi vida… Quiero mi vida se trate del amor y mi familia. Que se trate de aventuras y exploraciones del mundo interior y exterior. Quiero sentarme a mitad de la playa y comerme un buen pan de chocolate sin que me importen las calorías, la arena entre mis manos o la hora del día. Que se trate de los viajes que haremos en familia como fruto de nuestro trabajo. Que se base en la diversión de los fines de semana, los desvelos curando gripas y de los aplausos por los éxitos de mi hijo. Quiero que mi vida se trate de ése domingo sentada junto a mi hijo leyendo un libro, mientras él juega con sus carritos y su papá prepara bebidas para los tres.
 
Este 2013, estoy dispuesta a renunciar a mis preocupaciones laborales después de mi jornada de 8 horas. Prometo renunciar a las intenciones de ver mi casa ordenada a la perfección y mi carro desempolvado todos los días del año. Me esforzaré en renunciar a la sombra del fracaso que me acompaña por no haber podido darle a Nico un hermano y a Luis un hijo más. Renunciaré a sentirme mal por no salir con el cabello arreglado y el maquillaje impecable todas las mañanas. Renunciaré a DEMOSTRAR.
 
2012, vete y llévatelo todo.
 
2013, entra sin prisas y ligero. No pongo nada sobre tus hombros. Ni sobre los míos.

jueves, 27 de diciembre de 2012

"Soy especial, nunca lo olvido."

Querido Nico,
 
No sé qué tantos recuerdos de esta Navidad guardarás en tu memoria. Probablemente, nada específico. Seguramente, mezclarás escenas de una Navidad con otra, sin saber exactamente cual corresponde a donde. No importa. Mientras permanezca en algún lugar de tu mente el resonar de la música navideña, el recuerdo de los foquitos del árbol y la sorpresa de ver los platos vacíos que dejaron los renos, con apenas restos de zanahorias masticadas y cereal regado alrededor del suelo.
 
Fue una Navidad mágica. El olor a comida deliciosa emanaba de la cocina, mientras tu inventabas pasos de baile frente al árbol que vomitaba regalos y sorpresas. Parte de la magia fue el berrinche de inconformidad que armaste porque nosotros los adultos seguíamos tomándonos fotos cuando tu lo único que querías era sentarte a devorar tus camarones con mijoles enchilados.
 
Este año, me ayudaste a poner la mesa para nuestra cena de Nochebuena. Seis platos. Servilleta a la izquierda, copa a la derecha. El cuchillo bien alineado con el tenedor, siempre con el filo hacia fuera. Tus manitas torpes perfeccionando sus movimientos mientras mi sonrisa se definía con cada plato y cubierto que acomodabas.
 
No es Navidad si no tratas de llamar la atención de todos, si no frunces el ceño y te frustras mientras llamamos a los que están lejos; cuando lo único que a ti te interesa es ponerte la pijama y repartir los regalos. Esta vez, leíste las tarjetas y entregaste a cada quien lo que le correspondía. Aunque el 70% te correspondía a ti mismo.
 
Este año me hiciste dos regalos, utilizando el dinero que el ratón te trajo por tus primeros dos dientes. Una cajita de colores para guardar mis collares y ese brillo labial que “me hace ver tan bonita”. Pero además, me hiciste una tarjeta especial. Esta:
 
 
Te lo explico tal y como me lo explicaste tu: Somos tu y yo, en una ‘biblioqueta’. Tú tienes un libro en la mano, y estas feliz. Si estas feliz, yo estoy feliz.
 
Oh, Nico... el razonamiento es mutuo y recíproco. Si TU estas feliz, YO estoy feliz.
 
 
Pasaste todo el día de Navidad jugando con papi. “Ele Papa!” le gritabas cada que se te desaparecía por un momento. Tu papi es cool. Quiero decir, sabe armar Lego’s como todo un profesional. Hace ruidos de carro y de explosiones. Y encima, le pidió a Santa un carro de control remoto para compartirlo contigo. Santa pensó que era una PESIMA IDEA, principalmente porque ocupa mucho espacio. Pero Santa es aun MAS COOL. Y se lo trajo, aunque sigue pensando que fue una terrible adquisición.
 
Comiste frijoles puercos a cucharadas y sin restricciones: ESO es Navidad para ti. Abriste regalos a diestra y siniestra; y cuando abriste el último, quisiste ocultar tu decepción al ver que no era el juego de Angry Birds Stars Wars que pediste de último momento. Oh Nico, lo que tú no sabes es que los Reyes vienen en camino justo con ese regalo. No puedo esperar a ver tu carita el 6 de Enero.
 
No paraste un segundo. Ni el 24 ni el 25. Ambos días caíste rendido. Tu energía inagotable parece regirse con la luz del Sol. Mami te lo agradece. También te agradece que al despertar, prefieras ir al cuarto de Bibi que al mío. Especialmente, si son las 6 de la mañana y domingo.
 
Fue una Navidad padrísima, hermosura. Una Navidad más, juntos. Los tres. Tu familia, mi familia. Lo mejor que me pasó en la vida. El trío perfecto. El año se acaba. El 2013 nos espera para vivirlo memorablemente. Ayúdame con eso, tú que eres experto.
 
 
Tenemos un ritual, tu y yo cada noche. Que espero que tengamos por muchos años más. Antes de dormir, me das un beso, y yo uno a ti. “Buenas noches, mami.”- me dices. Yo sonrío y te contesto: “Buenas noches, amor. Eres especial. Nunca lo olvides, eh?”. El día de Nochebuena antes de dormir, te arropé en tu cama y como cada noche, me diste un beso. Yo sonreí y te dije: “Buenas noches, amor. Er…” – y me interrumpiste. “Soy especial, nunca lo olvido.”- Y me devolviste la sonrisa. Me quedé con ese momento. Así terminó mi Navidad.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Nuestros días navideños en fotos

Fin de semana largo de Navidad y me lo tomé en serio. No celular, no facebook, no blog. Y en cambio, mucha familia, mucha pijama, muchos villancicos.
 
Al buen entendedor pocas palabras (… y muchas fotos).
 
*Decorando galletas de jengibre con Elisa.
 
 
*El arbolito se siguió hinchando de presentes.
 
 
*Hicimos mucho de esto durante estos días.
 
 
*Posada con nuestra familia cabeña.
 


 
*El cielo se llenó de borreguitos.
 
 
*Mariscos, tacos, sushi, cine… lo mejor de las visitas familiares.
 

 
*El árbol de 27 metros en la plazuela del pueblo.
 

 
*Juegos y películas el día de Nochebuena.
 
 
*Mis Santas.
 
 
*Finalmente, la Navidad nos pisa los talones.
 
 
*La pijama navideña. Una tradición que perdura.
 
 
*La mesa para la cena. Nico me ayudó a ponerla por primera vez. La primera del resto de su vida.
 
 
*La cocinera estrella.
 
 
*Cuando el hambre aprieta.
 
 
*La abundancia en el árbol.
 
 
*Las fotos del recuerdo.
 

 
*Con caras chistosas.
 
 
*Mi pequeño fotógrafo.
 
 
*Familia.
 

 
*El resto de los Galindo presentes a pesar de la distancia.
 
 
*La repartición de los regalos.
 

 
*Leche y galletas para Santa.
 
 
*La llave mágica de Santa para entrar a casa.
 
 
*Luces de bengala.
 

 
*Santa llegó.
 
 

 
*Tradicional desayuno de panquequis.
 


 
*Con juguete nuevo.
 
 
Pasamos el día en pijama, viendo películas, abriendo regalos, estrenando juguetes. Comiendo recalentado, postre y después, comiendo nuevamente. Como debe ser.  

viernes, 21 de diciembre de 2012

El día que el mundo no se acabó


Ya lo venía venir… Tanta promesa siempre termina en llamarada de petate. Y es que tenemos escuchando TODOS LOS DIAS desde el año 2000, que HOY, que este día; ESTE, sí era el bueno. Sonaba mucho a comercial de la Selección Mexicana, sin ofender a los involucrados. Casi, pero no.
 
¿Me pregunto si alguien realmente se metió a su sótano o a su refugio contra tornados? Seguramente sí. Me alegra que no haya sido necesario, porque en mi casa, no hay ni uno ni otro. Y francamente, ambos suenas muy claustrofóbicos.
 
21 de Diciembre de 2012 y el mundo se iba a acabar. Ahora, a echarle la culpa a los pobres Mayas porque “dijo mi mamá que siempre no”. Francamente, ya lo sabíamos, no tenemos tanta suerte. Efectivamente, el mundo se va a acabar; en algún momento, de alguna forma y para muchos. Pero dudo que nos manden un correo electrónico para avisarnos. El mensaje enviado a través de un calendario en piedra sonaba épico y muy elegante para futuros libros de la SEP. Aun así, repito, no tenemos tanta suerte.  
 
Nico, tú que estarás leyendo este texto muchos años después; tal vez estudies este día como parte de tus clases de ciencias sociales, civismo, valores o historia (¿?). O tal vez, para entonces, haya quedado absolutamente enterrado en el olvido. Junto con el Chupacabras.
 
Es probable, que alguien ya haya encontrado algún otro día especial para determinar que el mundo AHORA SI, se va a acabar. 21 de Junio de 2085? Solsticio de verano, 80’s… a mi me suena bien.
 
La realidad es que el mundo nos lo estamos acabando a diario. Y no, no soy activista de Greenpeace o PETA. Reciclo a medida de mis posibilidades y JAMAS en la vida me atrevería a maltratar a un animal; pero no me refiero a eso. El mundo se acaba frente a nuestros ojos porque añoramos cosas del pasado que nosotros mismos hemos alejado de nuestras vidas. Porque efectivamente, y aunque suene a discurso barato, ahora más que nunca valemos por lo que tenemos y/o vestimos y no por lo que sabemos y/o somos. Y aunque habrá quien diga que siempre ha sido igual, tendré que diferir de su opinión.
 
Creo que el mundo no se acabó porque habemos quienes tenemos todavía mucho que aportarle. El mundo no se acabó porque habemos quienes no hemos terminado de aprender. Y MILLONES más, que ni siquiera han iniciado su búsqueda de aprendizaje.
 
Y el mundo si se va a acabar como lo conocemos, y hay que estar preparado para ello. Tener un plan de acción y saber qué llevaremos con nosotros antes de correr al lugar indicado. No bromeo, háganlo. Se va a acabar para muchos, y hay que estar preparados para no ir en el costal. Preparados en espíritu y armonía.
 
Hoy es un día que será recordado por siempre. Estuvo cerca. Nos salvamos. Ojala que hoy se acabaran muchas cosas. La maldad, para empezar. Los sueños interrumpidos, los corazones rotos, los niños sin sonrisa, el hambre mundial y las armas. Desgraciadamente, eso no pasará hoy. Y mañana despertaremos y utilizaremos nuestra eficiente memoria selectiva para dejar el 21 de Diciembre de 2012  atrás.
 
Ojalá que los Mayas estén en lo cierto. Y que el día de hoy sea el inicio de una nueva transformación. De algo increíblemente bueno, que desentuma nuestro espíritu y despierte nuestras capacidades. Supongo que no habrá manera de saberlo, hasta verlo.
 
Mientras tanto, hoy, el día que el mundo no se acabó; voy a dar gracias por la equivocación y la oportunidad de compartir mi casa con las personas que más amo.
 
Bibi llegó ayer –insertar ovación. Y llegó con 20, VEINTE kilos de comida. El efecto “gremlin” se ha apoderado de los regalos bajo mi árbol. Mi hermano viene volando hacia tierras sudcalifornianas y yo; estoy por terminar los últimos pendientes antes de irme a disfrutar del puente navideño con mi familia.
 
Que el efecto “gremlin” se apodere del amor, las sonrisas y las buenas obras sobre la faz de la Tierra. Que se multipliquen los besos, los abrazos y las reconciliaciones alrededor del mundo que HOY NO se acabó.
 
Felices fiestas!

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Mi familia crece

 “Mami, pero yo puedo solo.” –
 
Me contestó Nico hoy  por la mañana cuando lo ayudé a Nico a ponerse su uniforme. Su último día de clases antes de la vacaciones. Sé que puede hacerlo solo. Desde hace algún tiempo ya. Tal vez, sea por eso que quise hacerlo yo misma. Es muy probable que sean las últimas veces.
 
La dinámica en nuestra casa da giros inesperados de cuando en cuando y sin que nos demos cuenta, necesariamente. De repente, Nico ya caminaba. De repente, ya podía comer solo. Sin darnos cuenta, un día Luis y yo pudimos finalmente ver una película sin interrupciones.
 
Anoche, le grité a Nico por las escaleras si podía subirme agua. Al minuto, lo vi llegar con una botellita y la abrió. “Aquí tienes, mami” – y me dio un beso. ¿A qué hora mi bebé se convirtió en un ser humano capaz de hacer tales acciones?
 
Alguna vez nos definieron los pañales y un esterilizador en medio de la cocina. Ahora nos definen los juegos de mesa y lectura de cuentos más elaborados.  Nico recoge su ropa sucia y sin pedírselo, la lleva a su canasto. Seguimos trabajando en el por favor, pero el gracias lo ha masterizado. Levanta su plato y su vaso sucios y los lleva a la cocina, casi todos los días.
 
Se baña prácticamente sin ayuda y su sonrisa ha abierto una ventana. Lejos en el horizonte todavía se ven los rasgos de un bebé que se mezclan con las facciones de un próximo adolescente. Aferrado a sus opiniones y exigente de su voz y voto en el círculo familiar. Su comportamiento intermitente entre bebé y niño grande; que a veces es absolutamente independiente y otras tantas, pide la mano amorosa de papi y mami  para armarse de valor. El cine ya ha sido reincorporado como actividad en los fines de semana, aunque sea para ver dibujos animados.
 
En el futuro próximo puedo ver mi carro sin asiento para bebés, cenas a solas con mi esposo sin necesidad de niñera, proyectos de escuela complicados, viajes que involucren museos y cultura mas allá de Cars Land, comidas en restaurantes donde no exista menú de niños necesariamente y reuniones de pizza con amigos de Nico en mi casa.
 
Mi familia crece, no en número pero en experiencia. En vivencias. En edad. La vida se complica en muchos aspectos, y se facilita en otros muchos más. La independencia de Nico cierra algunas puertas y abre otras maravillosas. Nuestro aprendizaje individual y colectivo se amplía al mismo tiempo que se estiran sus huesos y cambian sus tallas.
 
Ayer fue un día de reflexión sobre lo perdido y lo ganado. Después de ese festival que me sentó en la tierra, por aquello que ya no será. Por lo que pudo ser y no fue. Pero sobre todo, por lo que está por venir. Puedo ver cosas grandes en nuestra dirección, experiencias diferentes a las que tendríamos si fuéramos más en número.
 
Hoy planeamos ya las vacaciones del verano, divertidísimas y no aptas para menores de 3 años. Nos saboreamos los puentes cercanos. Las experiencias que nos permite la libertad de ser solo tres y que el más pequeño ya no lo sea tanto. Las oportunidades que eso brinda a todos los miembros de nuestra pequeña familia. Puedo ver las discusiones aguerridas que tendremos Nico y yo sobre diversos temas (Aunque seamos realistas, ya las tenemos. Especialmente, la de yo te mando a ti, tu a las hormigas. Repetidamente.).
 
Veo estabilidad y certidumbre en su camino. También en el mío. Y aunque la bestia sigue despertando de vez en cuando, se empieza a desnutrir. A debilitarse. Por el contrario, nutro mi espíritu (mi lobo bueno) a diario con las enormes ideas de Nico. Con sus sueños y su ansia de aventura y conocimiento. Alimento a mi familia con un presente lleno de música, de flores frescas, de días de agua salada y arena fina, de domingos en pijama y tristezas siempre compartidas. Planeo nuestro futuro imaginándolo lleno de luz, de salud y bendiciones, de maravillosas oportunidades de crecimiento, de diversión e instantes memorables.
 
Este triangulo maravilloso que hemos creado, se codifica en la memoria de mi hijo; recuerdos que lo reconfortarán por siempre. Mi familia crece, y si… como duele crecer. Pero más duele quedarse estancado. Desaprovechando las oportunidades que si tenemos, por lamentar aquellas que no se nos concedieron. Poco a poco, las últimas piezas del rompecabezas de este año empiezan en embonar. Son los tiempos de reflexión y agradecimiento, de estar con la familia y olvidar la rutina para zambullirnos en el amor que debiera prevalecer no solo en esta época sino todo el año.
 
Mi familia crece, y yo con ella. Y al crecer, minimizo mis pesares y maximizo mis bendiciones. Pues son estas últimas, por las que vale la pena estar aquí. Bloom where you're planted.