domingo, 2 de diciembre de 2012

Conectados

No soy lo que pudiéramos considerar una persona social. No hago amigos tan fácilmente, y afrontémoslo; no todo el mundo me cae bien. En mi vida laboral, creo que lo único que no hago es la producción y las relaciones públicas. De hecho, mi jefe me dice “people hater”. Lidiar con clientes y proveedores no es mi fascinación. Y prefiero un millón de veces pasar el día actualizando flujos, haciendo pagos y mandando reportes; que reuniéndome con clientes.
 
Tengo una filosofía de vida que adquirí en mi vida adulta temprana que es sencilla y clara. Elijo rodearme única y exclusivamente de gente que tiene algo positivo, interesante y/o importante que aportar a mi existencia y a la de mi familia. Pues no me interesa perder mi tiempo cerca de vampiros de energía o de personas vacías de espíritu.
 
Dicho esto, estoy consciente que lo que mueve a este mundo son las relaciones (buenas y malas). Las personas y su movimiento. Y nos guste o no, todos estamos interconectados con el resto de la humanidad de una u otra forma. De ahí lo de “¡que chiquito es el mundo!”; cuando conoces a alguien que resulta ser el primo del novio del hermano de tu mejor amigo.
 
Reconozco que estar rodeado de gente puede ser revitalizante, terapéutico y divertido. Creo que simplemente todos tenemos tiempo y humor para todo. Para la soledad y la compañía. Para el silencio y el ruido. Para lo relajado y lo activo.
 
Estos últimos días, han sido indiscutiblemente de conexión con personas que queremos. Y aunque ha sido maratónico y exhaustivo, también nos ha alimentado de buena vibra y de sentimientos positivos.
 
Cumple de Ema.
 
Las estrellas se alinearon el pasado fin de semana. No únicamente por la espectacular velada durante la noche del viernes en la boda de Ana. Se alinearon al permitirnos celebrar con Ema, mi sobrina querida, su cumpleaños número 7.
 

 
Estos son los momentos que me duele en el alma que mi hijo no tenga a su alcance de manera regular.
 
 
Pero el sábado, nos bebimos la oportunidad y la saboreamos intensamente. Escuché a Nico correr, brincar, jugar y reír con sus primos como siempre asumí que sería; en esa mente donde imaginaba mi vida y la de mis hijos viviendo en mi puerto natal.
 
 
Lo más maravilloso? Nico se siente parte de su familia de manera natural. Se siente en su ambiente desde el primer momento, besa y abraza a todo el mundo como si conviviera con ellos a diario. Y eso es un regalo que agradezco infinitamente.
 

 
Estuvimos toda la tarde en casa de mi tía, sin hacer gran cosa. Sentados en la sala platicando de los planes navideños de cada uno, de la posada a la que no nos tocará asistir (bu!) y de las trivialidades de todos los días. Mi repetitiva conclusión: mi familia está loca. Y me hace reír demasiado.
 
 
Visita de Ole.
 
Se convirtió en uno de los mejores amigos durante mi intercambio, el de Luis y mis compadres. Es todo un personaje. Lleno de energía, de buen humor, de cultura, de deportes extremos, de inteligencia y de gran corazón.
 
 
Hace 9 años, nos visitó durante 2 semanas en Mazatlán. Cuando la vida de estudiantes nos mantenía en una burbuja que reventó un par de años después. Nunca perdimos el contacto, la comunicación o las ganas de volver a vernos. Esta semana, de manera espontánea y sorpresiva los vientos fríos de Seattle, donde vacacionaba con amigos, entre ellos mis compadres; lo empujaron a terminar su viaje con nosotros.
 
 
Qué oportunidad tan privilegiada poder recibirlo en nuestra casa. Y verlo convivir ahora con Nico. Jamás lo hubiera imaginado.
 

 
Aunque el trabajo y las prisas no nos permitieron hacer todo lo que nos hubiera gustado hacer con él, lo importante es que estuvimos juntos nuevamente. Que nos pudimos al día, que comimos juntos, que brindamos juntos, que fertilizamos la relación tan especial que nos une.
 
 
Tenemos casa justo en el centro de Madrid. España de mi corazón, espéranos muy pronto. Los planes se están cocinando.
 
Los favoritos.
 
El tío favorito (de los últimos meses, esto es por temporadas) de Nico aterrizó esta semana. El pequeño está feliz. Los grandes también lo estamos.

 
 
Nico dice tener algunas personas favoritas en el mundo. Para no herir susceptibilidades, no revelaré sus nombres. Una de ellas, es Bella. No se verán hasta después de Navidad. El viernes se despidieron después de la escuela y me habría encantado poder grabarlos. “Nico, I’ll miss you.” – “Oh, Bella, I’ll miss you too.”  Que Dios bendiga siempre su inocencia y su amistad.
 
 
Son nuestras relaciones con los que amamos los que hacen girar el mundo. Los que le dan sentido a esta jornada en el planeta. Estamos conectados a niveles diferentes e inimaginables con todas las personas a nuestro alrededor. Aprender a darle el valor justo a cada uno es increíblemente importante. Las relaciones también necesitan alimento. Si no, se debilitan y mueren.
 
Este fin de semana, este último mes del año; conéctate con los tuyos.

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