No soy lo
que pudiéramos considerar una persona social. No hago amigos tan fácilmente, y afrontémoslo;
no todo el mundo me cae bien. En mi vida laboral, creo que lo único que no hago
es la producción y las relaciones públicas. De hecho, mi jefe me dice “people
hater”. Lidiar con clientes y proveedores no es mi fascinación. Y prefiero un millón
de veces pasar el día actualizando flujos, haciendo pagos y mandando reportes;
que reuniéndome con clientes.
Tengo una filosofía
de vida que adquirí en mi vida adulta temprana que es sencilla y clara. Elijo
rodearme única y exclusivamente de gente que tiene algo positivo, interesante y/o
importante que aportar a mi existencia y a la de mi familia. Pues no me
interesa perder mi tiempo cerca de vampiros de energía o de personas vacías de espíritu.
Dicho esto,
estoy consciente que lo que mueve a este mundo son las relaciones (buenas y
malas). Las personas y su movimiento. Y nos guste o no, todos estamos interconectados
con el resto de la humanidad de una u otra forma. De ahí lo de “¡que chiquito es el mundo!”; cuando
conoces a alguien que resulta ser el primo del novio del hermano de tu mejor
amigo.
Reconozco
que estar rodeado de gente puede ser revitalizante, terapéutico y divertido. Creo
que simplemente todos tenemos tiempo y humor para todo. Para la soledad y la compañía.
Para el silencio y el ruido. Para lo relajado y lo activo.
Estos últimos
días, han sido indiscutiblemente de conexión con personas que queremos. Y aunque
ha sido maratónico y exhaustivo, también nos ha alimentado de buena vibra y de
sentimientos positivos.
Cumple de Ema.
Las
estrellas se alinearon el pasado fin de semana. No únicamente por la espectacular
velada durante la noche del viernes en la boda de Ana. Se alinearon al
permitirnos celebrar con Ema, mi sobrina querida, su cumpleaños número 7.
Estos son
los momentos que me duele en el alma que mi hijo no tenga a su alcance de
manera regular.
Pero el sábado,
nos bebimos la oportunidad y la saboreamos intensamente. Escuché a Nico correr,
brincar, jugar y reír con sus primos como siempre asumí que sería; en esa mente
donde imaginaba mi vida y la de mis hijos viviendo en mi puerto natal.
Lo más
maravilloso? Nico se siente parte de su familia de manera natural. Se siente en
su ambiente desde el primer momento, besa y abraza a todo el mundo como si
conviviera con ellos a diario. Y eso es un regalo que agradezco infinitamente.
Estuvimos
toda la tarde en casa de mi tía, sin hacer gran cosa. Sentados en la sala
platicando de los planes navideños de cada uno, de la posada a la que no nos tocará
asistir (bu!) y de las trivialidades de todos los días. Mi repetitiva conclusión:
mi familia está loca. Y me hace reír demasiado.
Visita de Ole.
Se convirtió
en uno de los mejores amigos durante mi intercambio, el de Luis y mis
compadres. Es todo un personaje. Lleno de energía, de buen humor, de cultura,
de deportes extremos, de inteligencia y de gran corazón.
Hace 9 años,
nos visitó durante 2 semanas en Mazatlán. Cuando la vida de estudiantes nos mantenía
en una burbuja que reventó un par de años después. Nunca
perdimos el contacto, la comunicación o las ganas de volver a vernos. Esta semana,
de manera espontánea y sorpresiva los vientos fríos de Seattle, donde
vacacionaba con amigos, entre ellos mis compadres; lo empujaron a terminar su
viaje con nosotros.
Qué
oportunidad tan privilegiada poder recibirlo en nuestra casa. Y verlo convivir
ahora con Nico. Jamás lo hubiera imaginado.
Aunque el
trabajo y las prisas no nos permitieron hacer todo lo que nos hubiera gustado
hacer con él, lo importante es que estuvimos juntos nuevamente. Que nos pudimos
al día, que comimos juntos, que brindamos juntos, que fertilizamos la relación
tan especial que nos une.
Tenemos
casa justo en el centro de Madrid. España de mi corazón, espéranos muy pronto.
Los planes se están cocinando.
Los favoritos.
El tío
favorito (de los últimos meses, esto es por temporadas) de Nico aterrizó esta semana. El
pequeño está feliz. Los grandes también lo estamos.
Nico dice
tener algunas personas favoritas en el mundo. Para no herir susceptibilidades,
no revelaré sus nombres. Una de ellas, es Bella. No se verán hasta después de
Navidad. El viernes se despidieron después de la escuela y me habría encantado poder
grabarlos. “Nico, I’ll miss you.” – “Oh, Bella, I’ll
miss you too.” Que Dios bendiga
siempre su inocencia y su amistad.
Son
nuestras relaciones con los que amamos los que hacen girar el mundo. Los que le
dan sentido a esta jornada en el planeta. Estamos conectados a niveles
diferentes e inimaginables con todas las personas a nuestro alrededor. Aprender
a darle el valor justo a cada uno es increíblemente importante. Las relaciones también
necesitan alimento. Si no, se debilitan y mueren.
Este fin de
semana, este último mes del año; conéctate con los tuyos.




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