Fue un día extraño
el de ayer. Extraño y melancólico tal vez. Empezamos con el pie izquierdo el
lunes, temprano por la mañana nos cortaron la electricidad. Así que alocada y
llena de prisas ha estado nuestra vida últimamente, que se me olvidó pagar la
luz. Un atento recordatorio a mí, de que debo encontrar mi lugar y desacelerar
YA. Un atento recordatorio a Luis, de que soy falible y que a veces, no puedo
hacerlo todo sola.
Me sentí un
desastre total. Pero respiré profundo y concluí que lo peor que podría pasar si
no reconectaban la electricidad ayer mismo, sería pasar una noche a la luz de
las velas. La reconexión estuvo lista
las 12 del día, y nos fuimos a la cama como cualquier noche.
Cerré mi
computadora temprano para ir a casa a comer con Nico y ponerle su disfraz para
su Festival Navideño. El último, antes de iniciar una nueva etapa en la
primaria.
Mi ruso
precioso.
Ensayó su
baile todos los días, muchas veces en la casa; perfeccionando sus pasos y mostrándonos
orgulloso lo que ayer por fin íbamos a ver como realidad.
Llegamos
temprano, tomó mi mano con su manita suavecita y me dijo: “Mami, estoy muy emocionado! Mi baile está padrísimo!” – Me encanta
su pasión y su energía por todo lo que hace. Me esfuerzo a diario por inyectar
esa filosofía dentro de él. Que disfrute tanto cada cosa que hace me inspira a
hacer lo mismo.
Interpretaron
“El Cascanueces” con sus distintos bailes.
Y cuando llegó
su turno, su sonrisa se dibujó de oreja a oreja cuando vio a su papa, a mi
hermana y a mi ahí, en primera fila, con las cámaras listas y sudando orgullo
por los poros.
Hizo sus
pasos tal como los había ensayado. Siempre sonriendo.
Después,
llego la hora del tradicional globo. La primera vez que hicimos esto, fue
cuando Alessa estaba en el kínder. Deb nos invitó a su festival y por primera
vez, Nico envió su cartita al cielo.
Esta fue
nuestra última vez como parte activa de esta escuela. Después de mucho
analizarlo, Luis y yo hemos decidido un rumbo diferente para Nico. Pero esa es
otra historia. Estar ahí, viéndolo reírse y bailar; me pegó directo. Estamos
por terminar un ciclo importante. Mi pequeñito crece.
Sus
ilusiones también. Su futuro es prometedor. Y así juntos como cada año, soltamos
la cartita con rumbo al Polo Norte. Y quise embotellar el momento para siempre.
Cosas nuevas están por venir, y eso es emocionante. Pero el sentimiento es
agridulce.
La melancolía
me invadió profundamente. Tal vez, porque siempre pensé que iba a disfrutar de
estos festivales por más tiempo. Que no solo vendría a aplaudirle a Nico, también
a sus hermanos.
Pero quizás,
eso haga que los disfrute doblemente. Que no me importe si el sol nos pega de
frente, o si hace frio para quedarse a convivir. No tengo segundas
oportunidades; me tocó vivirlo solo una vez.
Aunque con él?
Quien necesita segunda vuelta.
Hoy amanecí
doblemente melancólica. Con los residuos todavía de ayer, y celebrando el cumpleaños
número TRECE de mi preciosa bebé.
Los 18 de
Diciembre solían ser muy oscuros antes de su llegada. Mi querida tía partió un día
como hoy. Estoy convencida que fue ella quien intervino para que la vida nos
mandara este tesoro justo un 18 de Diciembre. Porque así de mucho nos amaba. Ahora?
Aunque el recuerdo de este triste y agrio 18 persiste, la dulzura de celebrar
la vida de Ade bebé difumina el sabor. Agridulce será siempre este día.

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