martes, 18 de diciembre de 2012

Días agridulces

Fue un día extraño el de ayer. Extraño y melancólico tal vez. Empezamos con el pie izquierdo el lunes, temprano por la mañana nos cortaron la electricidad. Así que alocada y llena de prisas ha estado nuestra vida últimamente, que se me olvidó pagar la luz. Un atento recordatorio a mí, de que debo encontrar mi lugar y desacelerar YA. Un atento recordatorio a Luis, de que soy falible y que a veces, no puedo hacerlo todo sola.
 
Me sentí un desastre total. Pero respiré profundo y concluí que lo peor que podría pasar si no reconectaban la electricidad ayer mismo, sería pasar una noche a la luz de las velas. La reconexión estuvo lista  las 12 del día, y nos fuimos a la cama como cualquier noche.
 
Cerré mi computadora temprano para ir a casa a comer con Nico y ponerle su disfraz para su Festival Navideño. El último, antes de iniciar una nueva etapa en la primaria.
 
 
Mi ruso precioso.
 
 
 
Ensayó su baile todos los días, muchas veces en la casa; perfeccionando sus pasos y mostrándonos orgulloso lo que ayer por fin íbamos a ver como realidad.
 
 
Llegamos temprano, tomó mi mano con su manita suavecita y me dijo: “Mami, estoy muy emocionado! Mi baile está padrísimo!” – Me encanta su pasión y su energía por todo lo que hace. Me esfuerzo a diario por inyectar esa filosofía dentro de él. Que disfrute tanto cada cosa que hace me inspira a hacer lo mismo.
 
 
 
Interpretaron “El Cascanueces” con sus distintos bailes.
 
 
Y cuando llegó su turno, su sonrisa se dibujó de oreja a oreja cuando vio a su papa, a mi hermana y a mi ahí, en primera fila, con las cámaras listas y sudando orgullo por los poros.  
 
 
Hizo sus pasos tal como los había ensayado. Siempre sonriendo.
 
 
 
Después, llego la hora del tradicional globo. La primera vez que hicimos esto, fue cuando Alessa estaba en el kínder. Deb nos invitó a su festival y por primera vez, Nico envió su cartita al cielo.
 
 
Esta fue nuestra última vez como parte activa de esta escuela. Después de mucho analizarlo, Luis y yo hemos decidido un rumbo diferente para Nico. Pero esa es otra historia. Estar ahí, viéndolo reírse y bailar; me pegó directo. Estamos por terminar un ciclo importante. Mi pequeñito crece.
 
 
Sus ilusiones también. Su futuro es prometedor. Y así juntos como cada año, soltamos la cartita con rumbo al Polo Norte. Y quise embotellar el momento para siempre. Cosas nuevas están por venir, y eso es emocionante. Pero el sentimiento es agridulce.
 
 
La melancolía me invadió profundamente. Tal vez, porque siempre pensé que iba a disfrutar de estos festivales por más tiempo. Que no solo vendría a aplaudirle a Nico, también a sus hermanos.
 
 
Pero quizás, eso haga que los disfrute doblemente. Que no me importe si el sol nos pega de frente, o si hace frio para quedarse a convivir. No tengo segundas oportunidades; me tocó vivirlo solo una vez.
 
 
Aunque con él? Quien necesita segunda vuelta.
 
 
Hoy amanecí doblemente melancólica. Con los residuos todavía de ayer, y celebrando el cumpleaños número TRECE de mi preciosa bebé.
 
 
Los 18 de Diciembre solían ser muy oscuros antes de su llegada. Mi querida tía partió un día como hoy. Estoy convencida que fue ella quien intervino para que la vida nos mandara este tesoro justo un 18 de Diciembre. Porque así de mucho nos amaba. Ahora? Aunque el recuerdo de este triste y agrio 18 persiste, la dulzura de celebrar la vida de Ade bebé difumina el sabor. Agridulce será siempre este día.
 
 
 

No hay comentarios: