Hoy es el último día del año. Un año fuerte, que sacudió al mundo en innumerables ocasiones. Terremotos, inundaciones, calores rompe-record, nevadas nunca vistas. Este hermoso país se ha visto degradado por muertes injustas, crecimiento de violencia, pérdida de empleos... pero también, en muchos rincones ha visto la luz.
El 2010 fue una caminata larga en mi carretera, una pelea extenuante en el ring. Afortunadamente con mucho trabajo, felices momentos y hermosos nacimientos. Este fue un año en el que Nico dejó de ser un bebé para convertirse en un niño, con una personalidad maravillosa que comparte con todos los que estamos a su alrededor.
Una de las cosas que más agradezco este año, es precisamente, el inicio de este blog. Este espacio que me ha permitido expresarme, dejar huella, recopilar memorias. Han sido 365 días en los que, personas que amo han vivido experiencias maravillosas y dolorosas. Y aunque uno siempre quisiera que los suyos jamas sufrieran dolor alguno, muchas veces estas vivencias duras son necesarias para trascender.
En mi caso personal, este fue un año... diferente. No el mejor, ni el perfecto pero si tal vez justo el año que necesitaba para llegar al estado en el que me encuentro. Un lugar en donde estoy absolutamente consciente de mis alcances y mis limitaciones. Este año, aprendí que no importa cuan grandes sean tus deseos o tu voluntad de hacer las cosas; existe un plan maestro, mucho mejor estructurado por arriba de nosotros.
Este año se apaga y con él, se enciende la ilusión de una nueva jornada. Repleta de lo desconocido, de lo no vivido, de lo no conquistado y de las infinitas oportunidades para vivirlo y conquistarlo. El 2011 trae bajo su brazo tres simples pero fuertes razones para darle la bienvenida:
1. Oportunidad. Para cambiar lo que no nos gusta y mantener lo que nos hace felices. Para convertirnos en agentes de cambio, para hacer historia en nuestras propias vidas.
2. Tiempo. Nos ofrece 365 días para llegar a la cima de nuestros propósitos, nuestros deseos, nuestras obligaciones y apoderarnos de ellos... cumplirlos.
3. Incertidumbre. Palabra maravillosa y temible a la vez. Un nuevo año nos abre la puerta a lo que no conocemos; a la interrogante de qué pasará, de qué nuevas aventuras nos esperan por vivir. Ese sentimiento de montaña rusa, de nerviosismo por no saber qué nos espera, pero siempre confiando en que Dios nos acompaña, y que por ende, nos protege y sólo permite que pase aquello que es necesario para subir un escalón extra, y estar aun más cerca de Él.
Le digo adiós a este encuentro en el ring con el 2010, para guardarlo en los recuerdos, y sólo dejarlo salir para recordar lo bueno de cada experiencia. Le digo adiós, satisfecha. Le digo adiós, agradeciéndole las alegrías. Le digo adiós, haciendo las paces y perdonando los malos ratos y los golpes que me hizo pasar durante estos 12 rounds.
Y a partir de mañana, le sonrío a un nuevo amigo -a un nuevo boxeador y rival- al que ansío empezar a conocer y confrontar. Y si el 2011 pudiera materializarse y presentarse frente a mi, le diría:
"Mucho gusto, soy Dulce y te estaba esperando. Te ofrezco toda mi pasión, a cambio de 365 días de salud para los que amo. Te ofrezco toda mi voluntad, a cambio de tu ayuda para conquistar mis sueños. Te ofrezco mi corazón, a cambio de que lo llenes de aprendizaje. Y a cambio de tu tiempo, te ofrezco mi vida, para hacer historia en las páginas de tu calendario. BIENVENIDO seas, y que ésta, sea una pelea justa."