La tarde de ayer, sentí la Navidad verdaderamente palpable. Tuve un día de cero productividad. El agotamiento me pasó factura, y tuve que tomarme el día fuera de la oficina, porque me fue literalmente imposible levantarme de la cama hasta pasadas las 11 am. Luis llevó a Nico al kinder en la mañana y la verdad, fue relajante no tener que andar corriendo de arriba abajo, preparando lunch y cambiando pijama por uniforme, solo por un día.
Han sido semanas pesadas, de mucho trabajo en oficina y en casa. Por lo que mi cansancio me venció por unas horas. Para la tarde, ya me sentía mucho mejor y Nico y yo aprovechamos la tarde larga juntos para tomar una siesta enrollados uno en el otro y después, dar un tour por el residencial para descubrir las luces y adornos de los vecinos. No todas las casas están adornadas auun pero una que otra, quiere hacernos la competencia.
Regresamos para dar paso al snack. Palomitas y limonada fueron las elegidas por el pequeño, así que no discutí.
Nos acurrucamos en el sillón, y vimos como por media hora como las luces de nuestro árbol bailaban al compás de los villancicos. Sentí la Navidad y una sonrisa se dibujo en mi rostro. Estoy segura que guardaré este recuerdo por siempre en mi corazón.
Después, decidimos dibujar, al pie del árbol, tropezando con algunos regalitos que ya hicieron presencia. Nico me dijo: Mami me gusta así, podemos tener el arbolito siempre, mami? .
No quise decirle que no, pero tampoco mentirle. Así que mejor le di un beso, tome un crayón y le cambié de tema. Ese es el único infortunio de las buenas épocas, sabemos que tienen final. Pero todavía falta mucho para eso, por lo que seguiremos disfrutando de la Navidad en el ambiente y absorberemos todas sus bondades por el resto del mes. Los días pasan rápido, oscurece temprano, la temperatura baja y a lo lejos se empieza a escuchar el ho, ho, ho. Que emoción, Santa Claus is coming to town!
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