jueves, 18 de abril de 2013

DEMASIADO

Así está la cosa. Hay días largos y difíciles. Pff, miento. Hay TEMPORADAS largas y difíciles. Yo salí de una de ésas que parecían interminables hace poco, muy poco tiempo. Y de manera generalizada, con todo y mis quejas humanas, amo la vida que he construido.  Sin embargo, a veces esa vida se vuelve demasiado. Estoy en uno de esos momentos de “esto es demasiado”. Soy un pez ahogándose en su propio mar.
 
Ayer fue un día largo. Largo y cansado. Desde el principio hasta el final. Lo vi venir desde lejos la semana pasada, cuando me enteré que la que yo pensaba que era la última excursión de Nico, resultó ser la penúltima. Y que ayer, tendríamos el último field trip, que incluiría delfines y aviones.
 
¡Hola otra vez, Apollo!
 

Plan de vuelo personalizado

La verdad es que, por más que quise disfrutarlo, me costó mucho trabajo. Seamos honestos, estos viajes son CERO divertidos para las mamás. Eso lo sabemos todos. Tan lo sabemos, que hay mamás que tienen todo el tiempo del mundo para hacerlo y no participan. Aclaremos algo, si no me he perdido ni una sola de esas excursiones, no es precisamente por mi amor a limpiar mocos ajenos. Es porque quiero cuidar a mi hijo. Porque quiero asegurarme que nadie lo deje olvidado en algún lugar, porque quiero que tenga fotos para recordar estos días y porque quiero que sepa que su vida me interesa y que sus recuerdos no sean: “me acuerdo que mi mamá nunca iba conmigo a los paseos porque tenía que trabajar”. ¿Si en el paseo la paso increíble? Bueno, eso ya es un plus.
 

Fue una mañana intensa. Los niños pueden ser muy fastidiosos. Y la realidad es que, particularmente, este grupo de niños no lo es. Pero SON NIÑOS. Y quieren hacer pipí en el momento más imprudente. Y juegan a levantar la tierra del camino. Y se pelean. SON NIÑOS.
 

También disfrutan. Y se maravillan. Y aprenden. Y aún no lo saben, pero son niños privilegiados por tener este delfinario a escasos 10 minutos de su escuela.
 
 
 

Se ríen, se emocionan y eso te llena de energía y de paciencia, para que al siguiente minuto, cuando se sueltan a llorar por algo; no quieras estrangularlos.
 
 
 

La excursión fue divertida para ellos. Y dentro de los pocos lugares disponibles para este tipo de actividades en el pueblo, tuvieron la oportunidad de conocer cosas interesantes. De estar en la mismísima torre de control del aeropuerto y ver en primera fila como aterrizaban un avión.
 
 

Personalmente, fue algo especial ver a Nico ahí por el orgullo que sintió las 500 veces que pudo decir: “Mis tíos trabajan en una oficina como ésta. ¡Mis tíos hacen aterrizar esos aviones!”
 

Cuñados, fueron héroes por un día. Espero que hayan disfrutado su momento de gloria.
 

Pero desvarío. Este post no se trata de Nico, se trata de MI (ja!). Se trata del estrés constante en el que vivo para que la magia en la vida de mi familia sea posible. No, no soy una mártir ni un heroína. Soy una madre y esposa responsable. Y a veces, ¿eso? Es mucho más difícil. Especialmente, cuando también tienes un trabajo de tiempo completo que atender, con muchas responsabilidades.
 
Y no, no me estoy quejando de mi trabajo. A decir verdad, AMO mi trabajo. He invertido mucho en la empresa en la que trabajo. Y mis esfuerzos han dado frutos. Y soy importante para ésa empresa. Y finalmente, después de muchos años de DESEAR con todas mis fuerzas que Luis me mantuviera, he entendido que no es eso lo que quiero. He comprendido que no únicamente trabajo para aportar una parte del sustento de mi familia. También trabajo por mí y para mí. Para mi cerebro. Para mantener mi identidad. Mi trabajo me da eso y más. Me reta, me hace aprender diario, me mantiene al día y ubicada en el mundo real. Trabajo en una empresa en la que soy querida y respetada, en la que mis prioridades son comprendidas y que coopera conmigo para poder estar ahí para mi hijo. Que me ayuda a tener un balance. Laboralmente hablando, estoy en un excelente momento. Soy afortunada, pues trabajo para una empresa con el lado sensible que la mayoría carecen.
 
Pero hay días en la que todo es demasiado. Y en los que efectivamente, quisiera tener un esposo millonario que me mantuviera. Y desearía no tener que hacerlo todo. Y comer en 10 minutos para alcanzar a hacer la tarea con Nico, y poder llevarlo a sus clases de la tarde, y llegar barrida a la oficina para atender una junta importante después de la hora comida. Y después correr por Nico a recogerlo de sus clases. Y bañarlo. Y ponerle la pijama, y darle la cena. Y asegurarme de que se lave los dientes. Y hacer malabares con eso mientras contesto una llamada de mi jefe.
 
Estoy cansada. EXHAUSTA. Y tengo el síndrome de mediados de Abril. Porque estamos en la recta final de una temporada alta intensa y de mucho trabajo. Y siento que no llego. Y a veces mi esposo no coopera como yo quisiera. Y mi hijo tampoco. Y ambos me sobrepasan. Y me agobian y me atosigan y me cansan. Y quisiera salir corriendo y no lidiar con ninguno.
 
A veces, es simplemente demasiado. Demasiado esfuerzo, demasiado dar y poco recibir. Demasiado que hacer sin horas suficientes. Demasiado polvo. Demasiado que recordar. Demasiado que manejar. Demasiado que cumplir. Demasiado que retener. DEMASIADO.
 
Por fortuna ya es jueves, y este fin de semana habré de tomar medidas en las cosas que están bajo mi control. Y tener una junta familiar. Y consentirme un poco a mí misma.

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