Así está la cosa. Hay días largos y difíciles. Pff, miento.
Hay TEMPORADAS largas y difíciles. Yo salí de una de ésas que parecían
interminables hace poco, muy poco tiempo. Y de manera generalizada, con todo y
mis quejas humanas, amo la vida que he construido. Sin embargo, a veces esa vida se vuelve
demasiado. Estoy en uno de esos momentos de “esto es demasiado”. Soy un pez
ahogándose en su propio mar.
Ayer fue un día largo. Largo y cansado. Desde el principio
hasta el final. Lo vi venir desde lejos la semana pasada, cuando me enteré que la
que yo pensaba que era la última excursión de Nico, resultó ser la penúltima. Y
que ayer, tendríamos el último field trip, que incluiría delfines y aviones.
| ¡Hola otra vez, Apollo! |
| Plan de vuelo personalizado |
La verdad es que, por más que quise disfrutarlo, me costó
mucho trabajo. Seamos honestos, estos viajes son CERO divertidos para las mamás.
Eso lo sabemos todos. Tan lo sabemos, que hay mamás que tienen todo el tiempo
del mundo para hacerlo y no participan. Aclaremos algo, si no me he perdido ni
una sola de esas excursiones, no es precisamente por mi amor a limpiar mocos
ajenos. Es porque quiero cuidar a mi hijo. Porque quiero asegurarme que nadie
lo deje olvidado en algún lugar, porque quiero que tenga fotos para recordar
estos días y porque quiero que sepa que su vida me interesa y que sus recuerdos
no sean: “me acuerdo que mi mamá nunca
iba conmigo a los paseos porque tenía que trabajar”. ¿Si en el paseo la
paso increíble? Bueno, eso ya es un plus.
Fue una mañana intensa. Los niños pueden ser muy
fastidiosos. Y la realidad es que, particularmente, este grupo de niños no lo
es. Pero SON NIÑOS. Y quieren hacer pipí en el momento más imprudente. Y juegan
a levantar la tierra del camino. Y se pelean. SON NIÑOS.
También disfrutan. Y se maravillan. Y aprenden. Y aún no lo
saben, pero son niños privilegiados por tener este delfinario a escasos 10
minutos de su escuela.
Se ríen, se emocionan y eso te llena de energía y de
paciencia, para que al siguiente minuto, cuando se sueltan a llorar por algo;
no quieras estrangularlos.
La excursión fue divertida para ellos. Y dentro de los pocos
lugares disponibles para este tipo de actividades en el pueblo, tuvieron la
oportunidad de conocer cosas interesantes. De estar en la mismísima torre de
control del aeropuerto y ver en primera fila como aterrizaban un avión.
Personalmente, fue algo especial ver a Nico ahí por el
orgullo que sintió las 500 veces que pudo decir: “Mis tíos trabajan en una oficina como ésta. ¡Mis tíos hacen aterrizar
esos aviones!”
Cuñados, fueron héroes
por un día. Espero que hayan disfrutado su momento de gloria.
Pero desvarío. Este post no se trata de Nico, se trata de MI
(ja!). Se trata del estrés constante en el que vivo para que la magia en la
vida de mi familia sea posible. No, no soy una mártir ni un heroína. Soy una
madre y esposa responsable. Y a veces, ¿eso? Es mucho más difícil.
Especialmente, cuando también tienes un trabajo de tiempo completo que atender,
con muchas responsabilidades.
Y no, no me estoy quejando de mi trabajo. A decir verdad,
AMO mi trabajo. He invertido mucho en la empresa en la que trabajo. Y mis
esfuerzos han dado frutos. Y soy importante para ésa empresa. Y finalmente,
después de muchos años de DESEAR con todas mis fuerzas que Luis me mantuviera,
he entendido que no es eso lo que quiero. He comprendido que no únicamente
trabajo para aportar una parte del sustento de mi familia. También trabajo por mí
y para mí. Para mi cerebro. Para mantener mi identidad. Mi trabajo me da eso y
más. Me reta, me hace aprender diario, me mantiene al día y ubicada en el mundo
real. Trabajo en una empresa en la que soy querida y respetada, en la que mis
prioridades son comprendidas y que coopera conmigo para poder estar ahí para mi hijo. Que me ayuda a tener
un balance. Laboralmente hablando, estoy en un excelente momento. Soy
afortunada, pues trabajo para una empresa con el lado sensible que la mayoría
carecen.
Pero hay días en la que todo
es demasiado. Y en los que efectivamente, quisiera tener un esposo millonario
que me mantuviera. Y desearía no tener que hacerlo todo. Y comer en 10 minutos
para alcanzar a hacer la tarea con Nico, y poder llevarlo a sus clases de la
tarde, y llegar barrida a la oficina para atender una junta importante después
de la hora comida. Y después correr por Nico a recogerlo de sus clases. Y
bañarlo. Y ponerle la pijama, y darle la cena. Y asegurarme de que se lave los
dientes. Y hacer malabares con eso mientras contesto una llamada de mi jefe.
Estoy cansada. EXHAUSTA. Y tengo el síndrome de mediados de Abril. Porque estamos en la recta final de
una temporada alta intensa y de mucho trabajo. Y siento que no llego. Y a veces
mi esposo no coopera como yo quisiera. Y mi hijo tampoco. Y ambos me
sobrepasan. Y me agobian y me atosigan y me cansan. Y quisiera salir corriendo
y no lidiar con ninguno.
A veces, es simplemente demasiado. Demasiado esfuerzo,
demasiado dar y poco recibir. Demasiado que hacer sin horas suficientes.
Demasiado polvo. Demasiado que recordar. Demasiado que manejar. Demasiado que
cumplir. Demasiado que retener. DEMASIADO.
Por fortuna ya es jueves, y este fin de semana habré de
tomar medidas en las cosas que están bajo mi control. Y tener una junta
familiar. Y consentirme un poco a mí misma.
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