martes, 16 de abril de 2013

El amor gana

Odio pensar que vivo en un mundo en donde la calma y la armonía es tan solo una farsa. Un monumento de palillos chinos mal montado, frágil y vulnerable. En peligro de venirse abajo en cualquier momento. Odio tener que resignarme a la idea de haber traído un hijo a un lugar en donde la maldad y la injusticia tienen un radio de alcance mayor que la generosidad y el amor al prójimo.
 
Los eventos en el maratón de Boston contagian de un sentimiento de tristeza y asco. Dan ganas, por un momento, de perder la fe en la humanidad. La reelección del partido chavista en Venezuela OTRA VEZ invaden a un pueblo y a sus espectadores foráneos de un sentimiento de impotencia y desmoralización. ¿Qué estamos haciendo con este mundo? ¿A quién estamos permitiendo que nos controle?
 
Pero soy una eterna soñadora. Una optimista con reserva, sí, pero al final alguien que cree que el amor gana. Que en el mundo somos más los que queremos construir y no destruir. Los que queremos un espacio en donde las maravillas de esta Tierra nos abriguen. Los que queremos ser inspirados e instruidos por la luz de un Ser Superior. Aunque le pongamos diferentes nombres. Me aferro a la idea de que el mundo está plagado de personas buenas. Y que al final, aquellos que hacen el mal, serán siempre dominados por la fuerza del amor.
 
Cuando Nico era un bebé, empecé a sensibilizarme mucho más con la gente a mi alrededor. De repente, rodearme de personas que aportaran más a mi vida empezó a ser una prioridad. Dicen que se necesita de toda una comunidad para educar a un niño. Le pedía a Dios que me ayudara a escoger a personas maravillosas para formar ésa comunidad que educaría a mi bebé. Que tuviera a su alcance el ingenio y la sabiduría de gente que pudiera compartirle sus conocimientos e historias de vida que pudieran inspirar la suya.
 
Me sentía un poco culpable e insegura de estarlo criando en un pueblito como éste. En el que ciertamente, se carecen de algunas de las oportunidades que existen en ciudades más grandes, más civilizadas. En donde, nosotros en lo personal, nos encontramos lejos de nuestra familia. Un lugar en el que conocía a poca gente. Un paraíso perdido en donde a diario llegaban llegan personas de todas partes del mundo a empezar de nuevo. Como un día hace 8 años llegue yo. Tenía cierto temor de verlo crecer en medio de desconocidos. De gente que tal vez viniera huyendo de un oscuro pasado.
 
Es un mundo brutal, éste en el que vivimos. Un mundo en el que se asesina a niños inocentes. Un mundo en el que se cometen atrocidades que incluso a veces la mente promedio no alcanza a comprender. Y sin embargo, sigue siendo un lugar extraordinario. Lleno de almas con energías increíbles, repletas de emociones maravillosas por ofrecer.
 
Nico y sus googles de "Angry Birds" patrocinados por Bibi. El hit de la tarde. (BlackBerry photos, olvidé mi cámara)
 
Nico retomó sus entrenamientos de natación ayer por la tarde. 5 meses en pausa le parecieron millones de años. Cuando vio a su profesor, corrió y se le abalanzó. Vi como él, su profesor, lo levantaba del piso y se lo llevaba a los brazos apretándolo fuerte. Y entonces caí en cuenta que mis oraciones se escucharon.
 

Hay una comunidad amorosa detrás de mí, ayudándome a educar a mi hijo. Personas que un día fueron desconocidos y que ahora son un ejemplo e inspiración para mi hijo. Aquí, en esta puntita del mundo, vine a encontrarme con alguien que enseñó a nadar a mi hijo en 2 horas. Y más importante aún, que le enseñó a creer en sí mismo. En creer que él solito puede llegar a la otra orilla. Y él es tan solo una muestra.
 

El amor gana. Mi hijo está rodeado del cariño de personas que no llevan su sangre y que por encima de ello, se han convertido en su familia. En nuestra familia. Su mundo está protegido por personas que trabajan todos los días para convertir este mundo en un lugar mejor. Que se esfuerzan y se sacrifican como nosotros para construir para sus hijos la mejor niñez. Los mejores recuerdos. Personas que se echan la mano. Que se apoyan. Como en Boston, desconocidos que se ayudan entre sí, para reconstruir lo que se ha querido destruir. La confianza, la paz, el amor.
 
No se pierdan la gorra de "Angry Bird Bomba"
 
Ayer por la mañana, vi llegar a la oficina a mi asistente con la cara desencajada. “Perdimos, Dulce. Mi país está perdido.” Hace 3 años que salió de Venezuela a buscar una historia de vida de mejor. La abracé fuerte en silencio, y después le dije lo que siempre le repito a Nico cuando en la película parece que los villanos van a vencer. “Los buenos siempre ganan. Acuérdate. Al final, el amor gana.”
 

 

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