miércoles, 12 de febrero de 2014

Pasiones



Recuerdo el primer libro que me cautivó. Bueno, en realidad no era un libro, sino una enciclopedia. Me paseaba por el que ya entonces me parecía viejo librero, donde mi mamá nos ordenaba todo tipo de libros. Cuentos de Disney, revistas de algo así como National Geographic, y muchas, muchas enciclopedias.

Eran una serie amarilla. Con pocos tomos en comparación a la clásica enciclopedia color tinto, que después me topé en casa de Luis y de algunos amigos también. Estos eran unos tomos amarillos con el lomo de diferentes colores. No sé si al azar o no, agarré el tomo de cuentos y fábulas; crucé mis piernitas flacas y me senté ahí mismo frente al viejo librerón a leer.

Fue la fábula del eco, la que me cautivó. Y creo que fue a partir de ahí que mi amor por los libros se me metió entre los poros. A la fecha, siguen siendo mi escape, mi refugio y mis grandes amigos. Tal vez mis recuerdos se equivoquen o se estén cruzando, pero en mi memoria tengo la imagen viva de mi misma sentada frente a ese armatoste; perdiéndome entre las líneas de aquella fábula, que algún verano – tal vez el de este año- comparta con Nico en nuestra visita a Mazatlán.

Encontré mi pasión por las letras a una edad corta. Fue descubriendo mi amor por la fotografía de manera lenta y gradual. Dice mi mamá que mi encanto por las plantas es herencia directa de mi abuela, mamá Concha. Y fui entendiendo que son esas pasiones, ese gusanito en el estómago que sentimos al hacer lo que amamos, lo que nos define y nos guía por los caminos que hemos de caminar.

Cuando tuve a Nico, adopté la misión de hacer todo lo que estuviera en mis manos para ayudarlo a encontrar eso. Su mojo. Aquello que lo haga vibrar, que lo haga feliz. Poco sabía yo, que él venía ya bien codificado y enterado de sus pasiones. Bastó aventarlo al agua para saber que era el líquido vital lo que lo transformaba en su mejor versión.

Es un niño afortunado. A algunos nos cuenta mucho más trabajo encontrar nuestras pasiones. Hay quien pasa la vida buscándolas sin éxito. Hay quien se topa con ellas hasta el ocaso de su vida. Hay quien las tiene enfrente todo el tiempo y las ignora. Hay quien simplemente piensa que no son importantes.

Nico, quiero que siempre tengas esto presente: TUS PASIONES SON EXTREMADAMENTE IMPORTANTES. Son parte de tu espíritu y de tu conciencia. Sean las que sean, cambien o no, nunca las ignores. Déjate llevar por la fuerza y energía con la que te llenan y disfrútalas. Explótalas, aprende a manejarlas, úsalas siempre a tu favor.

No creo que tus pasiones cambien mucho de lugar. Tu lenguaje con el agua es demasiado fuerte. Pero sabes una cosa, amor, resulta que tus pasiones se amplían con el tiempo. Y ya no me queda duda que has descubierto la MÍA y la has encontrado también maravillosa.

Pasó el sábado por la noche, acostados en el cuarto de Bibi/biblioqueta cuando los libros se te metieron por los poros, como me pasó a mi hace muchísimos años. Los libros siempre han sido especiales para ti. Leer es parte de tu ambiente, el olor a páginas es parte de la familia en esta casa. Pero el sábado fue diferente. El sábado fue el inicio de lo que creo que será un romance para siempre. 



Tus carcajadas se escuchaban por toda la casa. Y me consta, porque no tenía mi cámara a la mano y cuando bajé al patio a buscarla podía oírte a gritos. La vida me dio la oportunidad de ser testigo de este momento. ¿Y saber que compartimos una pasión? Ha sido un regalo inesperado y absolutamente hermoso. 



“¡Es el mejor libro que he leído en toda mi vida!” – gritaste eufórico. Y las estrellas se alinearon y te tomaba video mientras lo decías. 



Es definitivamente un EXCELENTE LIBRO, el de “Atrapados”. Agradeceré siempre a Oliver Jeffers por marcar tu niñez y mis días contigo. 



Nico, tan sólo pensar en todos los “mejores libros que has leído” que te faltan, la piel se me eriza. Todo un mundo de posibilidades espera por ti. Leer no es opcional, mi amor. Leer es fundamental. Y era un verbo no negociable en esta casa, te gustara o no. Pero tenía la certeza que contigo no sería necesario el convencimiento. No me equivoqué.

Lee siempre, mi amor. No porque sea mi pasión, no porque sea la tuya. Lee porque leer te hará mejor persona. Te dará escudo y protección. Te dará poder de decisión informada. Te llevará a viajar por el mundo. A conocer un millón de personalidades increíbles. Será tu mejor aliado contra la ignorancia, la ceguera, el “borreguismo”. Te ayudará a convertirte en un hombre con criterio, con visión. Te abrirá puertas y te evitará fiascos. 

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“Mi amor por los libros es el único vicio que deseo heredarle a mi hijo” escribí alguna vez. Esta herencia en vida es la mejor.

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