Leí recientemente un libro, en el que la autora (Glennon Melton) aseguraba
que no es necesario tener una estructura formal de oraciones para conectarse
con Dios. Cuando leí cuáles eran sus tres oraciones básicas, me sorprendí
sobremanera. Resultaron ser EXACTAMENTE las tres mismas oraciones básicas que
yo utilizo (por favor no le digan a nadie):
1)
¿Por favor?
2)
¡Gracias!
3)
WTF?!
Me considero una persona espiritual, o por lo menos, una que
trata de serlo. Pero la realidad es que las formalidades entre mi Padre y yo me
hacen sentir menos conectada. Sé orar “como se debe” pero cierto es que en
medio de la desesperación, mi lado más honesto y arcaico sale a flote y mi alma
deja su elegancia a un lado. A veces, las únicas palabras que mi corazón logra
articular son justo esas tres. Sé que a Dios no le molesta. A decir verdad,
cuando me pongo elegante, puedo visualizar como se aguanta la risa y me ve con
esos ojos llenos de amor, sabiendo que detrás de mis folklóricas y rimbombantes
oraciones escondo mis genuinas y generalmente histéricas intenciones:
¿Anda siiiiii? ¿POR
FAVORRRRRRRRRRRRRRRRRRRR?.-
Gracias, gracias,
gracias, GRACIAS. O sea, ¡GRACIAS!-
¿Qué ES ESTO? ¿POR
QUÉ? WTF!!!!!!!!!!!!!!!!!-
Los últimos 3 años, en mi vida ha habido más WTF?!’s de los que quisiera. Han
abundado en realidad. Y en medio de una crisis, es difícil entender las razones
por las que la vida se empeña en enseñarnos de formas tan duras y difíciles. He
llegado a la conclusión de que encontrar razones es inútil. El juego no
funciona así. Tratar de darle sentido a las tragedias (reales y ficticias) de mi
existencia o de la de los que amo, no me ha llevado a ningún lado. A ninguno
bueno por lo menos. Si pudieran entrar a mi cerebro y observar las BRILLANTES
conclusiones que formulo a diario, mis extraños comportamientos les parecerían
menos extraños.
El viernes luché contra mis ojos para no quedarme dormida
hasta que el reloj cambiara de las 11:59 pm a las 12. Necesitaba ver a Mayo
desaparecer de la faz de la Tierra de una buena vez. Decreté que Junio era mi
gallo. Llegaba Junio cabalgando en su flamante caballo con olor a verano y con
un calendario de celebraciones inminentes: aniversario de bodas, cumpleaños del
esposo, día del padre (o sea del esposo), graduación de Nico (insertar llanto melancólico)
e inicio de la temporada baja. Junio bien vestido y de acuerdo a la ocasión,
con su short de playa y sus chanclas, quizás incluso con música reggae de
fondo. Se veía guapo ese Junio. Amigable. Prometedor.
Pero entonces, la vida alcanzó al flamante Junio. No solo lo
alcanzó. Lo tumbó del caballo y lo revolcó en la ola (con short de playa y
chanclas incluidos). Hoy ya es miércoles y el fin de semana me sigue pesando en
los hombros. El domingo grité el WTF más violento y doloroso que había gritado
en mucho tiempo. Mi familia cabeña cimbró. El pequeño Hectorin terminó su
misión en este plano, a tan solo 9 meses de haber llegado aquí.
Un guerrero que nos ha dejado con un aprendizaje inmenso y
difícil de digerir. Que toco corazones más allá de lo cuantificable y que a
pesar del inmensurable dolor que ha provocado su partida, agradeceremos por
siempre, el sublime privilegio de haberlo tenido con nosotros.
Este fin de semana aprendí que vivir de cerca esta
experiencia con mis grandes amigos, fue tal vez –retorcidamente- un regalo para
mi espíritu. Aprendí que ver a una madre que amo perder a su hijo, fue mil veces
más doloroso que no haber podido concebir uno yo misma. Aprendí que Dios está
más presente que nunca en momentos desgarradores como éste. Aprendí que incluso
cuando parece que las cosas no pueden empeorar, la vida te sorprende, y sí…
empeoran.
Pero sobre todo, aprendí que el propósito de nuestra
existencia en este mundo, es llenar esos huecos de ignorancia con experiencias
enriquecedoras. Que incluso la muerte de un ser querido, puede ser una de esas
experiencias para enriquecerse. Recordé que el dolor no tumba cuando tus pies
están bien plantados en tu espiritualidad. Sin importar si tus oraciones son
tan burdas como un ¿Por favor?, un ¡Gracias! o incluso un WTF?!
Dios nos escucha a todos por igual. Dios nos manda las
pruebas que necesitamos para nutrir nuestro espíritu incluso cuando creemos que
ya ha sido suficiente. Tal vez nunca será suficiente. Ayer despedimos a
Hectorin respirando un poco de paz en el ambiente. Celebrando su vida y con la
plena consciencia de que él ha alcanzado ya lo que muchos seguimos trabajando
en alcanzar; un lugar en la luz para siempre.
Junio será desde hoy, un mes agridulce en mi corazón. Pero
me niego a dejar al flamante jinete revolcándose en las olas. Junio se levanta
con gracia y vuelve a cabalgar. Porque aunque en mis burdas oraciones se
escuche seguido un WTF?!, son los ¡Gracias!
los que abundan todas las noches al acostarme y todas las mañanas al despertar.
¡Gracias! Por la oportunidad de vivir esta vida, con esta
familia, con estas experiencias y con esta fe, que en tres oraciones rústicas y
ordinarias vierten mi corazón a Tu merced. Confiando en que Tu voluntad, es
infinitamente mejor que nuestros planes.
Hermoso bebé, disfruta
de tu luz, nada te detiene ahora. Te amaremos por siempre, Hectorin.

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