miércoles, 5 de junio de 2013

Mis tres oraciones

Leí recientemente un libro, en el que la autora  (Glennon Melton) aseguraba que no es necesario tener una estructura formal de oraciones para conectarse con Dios. Cuando leí cuáles eran sus tres oraciones básicas, me sorprendí sobremanera. Resultaron ser EXACTAMENTE las tres mismas oraciones básicas que yo utilizo (por favor no le digan a nadie):
 
1)      ¿Por favor?
2)      ¡Gracias!
3)      WTF?!
 
Me considero una persona espiritual, o por lo menos, una que trata de serlo. Pero la realidad es que las formalidades entre mi Padre y yo me hacen sentir menos conectada. Sé orar “como se debe” pero cierto es que en medio de la desesperación, mi lado más honesto y arcaico sale a flote y mi alma deja su elegancia a un lado. A veces, las únicas palabras que mi corazón logra articular son justo esas tres. Sé que a Dios no le molesta. A decir verdad, cuando me pongo elegante, puedo visualizar como se aguanta la risa y me ve con esos ojos llenos de amor, sabiendo que detrás de mis folklóricas y rimbombantes oraciones escondo mis genuinas y generalmente histéricas intenciones:
 
¿Anda siiiiii? ¿POR FAVORRRRRRRRRRRRRRRRRRRR?.-  
Gracias, gracias, gracias, GRACIAS. O sea, ¡GRACIAS!-
¿Qué ES ESTO? ¿POR QUÉ? WTF!!!!!!!!!!!!!!!!!-
 
Los últimos 3 años, en mi vida ha habido más WTF?!’s de los que quisiera. Han abundado en realidad. Y en medio de una crisis, es difícil entender las razones por las que la vida se empeña en enseñarnos de formas tan duras y difíciles. He llegado a la conclusión de que encontrar razones es inútil. El juego no funciona así. Tratar de darle sentido a las tragedias (reales y ficticias) de mi existencia o de la de los que amo, no me ha llevado a ningún lado. A ninguno bueno por lo menos. Si pudieran entrar a mi cerebro y observar las BRILLANTES conclusiones que formulo a diario, mis extraños comportamientos les parecerían menos extraños.
 
El viernes luché contra mis ojos para no quedarme dormida hasta que el reloj cambiara de las 11:59 pm a las 12. Necesitaba ver a Mayo desaparecer de la faz de la Tierra de una buena vez. Decreté que Junio era mi gallo. Llegaba Junio cabalgando en su flamante caballo con olor a verano y con un calendario de celebraciones inminentes: aniversario de bodas, cumpleaños del esposo, día del padre (o sea del esposo), graduación de Nico (insertar llanto melancólico) e inicio de la temporada baja. Junio bien vestido y de acuerdo a la ocasión, con su short de playa y sus chanclas, quizás incluso con música reggae de fondo. Se veía guapo ese Junio. Amigable. Prometedor.
 
Pero entonces, la vida alcanzó al flamante Junio. No solo lo alcanzó. Lo tumbó del caballo y lo revolcó en la ola (con short de playa y chanclas incluidos). Hoy ya es miércoles y el fin de semana me sigue pesando en los hombros. El domingo grité el WTF más violento y doloroso que había gritado en mucho tiempo. Mi familia cabeña cimbró. El pequeño Hectorin terminó su misión en este plano, a tan solo 9 meses de haber llegado aquí.
 
Un guerrero que nos ha dejado con un aprendizaje inmenso y difícil de digerir. Que toco corazones más allá de lo cuantificable y que a pesar del inmensurable dolor que ha provocado su partida, agradeceremos por siempre, el sublime privilegio de haberlo tenido con nosotros.
 
Este fin de semana aprendí que vivir de cerca esta experiencia con mis grandes amigos, fue tal vez –retorcidamente- un regalo para mi espíritu. Aprendí que ver a una madre que amo perder a su hijo, fue mil veces más doloroso que no haber podido concebir uno yo misma. Aprendí que Dios está más presente que nunca en momentos desgarradores como éste. Aprendí que incluso cuando parece que las cosas no pueden empeorar, la vida te sorprende, y sí… empeoran.
 
Pero sobre todo, aprendí que el propósito de nuestra existencia en este mundo, es llenar esos huecos de ignorancia con experiencias enriquecedoras. Que incluso la muerte de un ser querido, puede ser una de esas experiencias para enriquecerse. Recordé que el dolor no tumba cuando tus pies están bien plantados en tu espiritualidad. Sin importar si tus oraciones son tan burdas como un ¿Por favor?, un ¡Gracias! o incluso un WTF?!
 
Dios nos escucha a todos por igual. Dios nos manda las pruebas que necesitamos para nutrir nuestro espíritu incluso cuando creemos que ya ha sido suficiente. Tal vez nunca será suficiente. Ayer despedimos a Hectorin respirando un poco de paz en el ambiente. Celebrando su vida y con la plena consciencia de que él ha alcanzado ya lo que muchos seguimos trabajando en alcanzar; un lugar en la luz para siempre.
 
Junio será desde hoy, un mes agridulce en mi corazón. Pero me niego a dejar al flamante jinete revolcándose en las olas. Junio se levanta con gracia y vuelve a cabalgar. Porque aunque en mis burdas oraciones se escuche seguido un WTF?!, son los ¡Gracias! los que abundan todas las noches al acostarme y todas las mañanas al despertar.
 
¡Gracias! Por la oportunidad de vivir esta vida, con esta familia, con estas experiencias y con esta fe, que en tres oraciones rústicas y ordinarias vierten mi corazón a Tu merced. Confiando en que Tu voluntad, es infinitamente mejor que nuestros planes.
 
Hermoso bebé, disfruta de tu luz, nada te detiene ahora. Te amaremos por siempre, Hectorin.
 
 
 

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