Busqué en el fondo de su cajón ese pantalón blanco que se ha
subido al estrado con él durante los pasados dos años. Lo tomé y lo extendí con
mis brazos en el aire, sabiendo en el fondo que era aquélla nuestra despedida. Lo
planché con suavidad y alegría (aún en contra de mi convicción de odio hacia la
plancha), teniendo en silencio una profunda conversación con ese pedazo de
tela.
¿Nuestra última rima,
puedes creerlo?-
¿Cómo ha crecido, no?
¿Recuerdas cómo pisaba la bastilla con sus talones?-
Ayudé a Nico a vestirse ese día por la mañana, haciendo el
dobladillo perfecto en su ahora pantalón capri. Ése mismo que un día arrastró
por el suelo. Con su emblemática sonrisa y emoción, mi sabio pequeño repasaba
sus líneas y me recordaba: “¡Mami, no
puedo esperar! ¡Mi ÚLTIMA rima, tengo que disfrutarla mucho!”-
Llegamos al escenario de siempre. Hombro con hombro con
aquéllos padres colegas que ya se han convertido en amigos, y que con simples
gestos y miradas, se sincronizan en el mismo sentimiento. Todos estamos
conscientes, todos estamos renuentes, todos estamos incrédulos. Los bebés ya no
lo son más, y a veces, los recuerdos son tan nítidos que los puedo ver
caminando torpemente con sus piernitas regordetas en ese patio que hoy les
queda ya chico.
Cuando leí la rima de Nico, no pude evitar sonreír. Cuando
algo es especial para ti, llega a tu vida de distintas formas. Pero siempre con el mismo
mensaje:
My rhyme’s name is
Summer.
See the sun in the
sky,
See the swimmer
swimming by.
See the castle in the
sand,
See the seashell in my
hand.
See the sailboat in
the sea,
See the surfer… yes!
THAT’S ME.
¿Los nervios de aquélla primera rima ‘Verduras’? Se quedaron
justo ahí, en el pasado. Esa oruguita ya es una mariposa llena de colores.
Volando con seguridad entre las flores del jardín de niños. Ajeno a lo que está
por venir. Otro proceso por vivir. Otro capullo por romper y otras alas que
maniobrar. Por lo pronto, el momento es suyo.
Imágenes memorables, de un grupo de pequeños que han
descubierto el mundo juntos durante varios años ya. A punto de tomar diferentes
rumbos. Disfrutando su momento. Sabiendo que era la última rima. Comprendiendo
a su nivel, que el libro está a punto de dar la vuelta a la página.
Ese día en la mañana, antes de bajarnos del carro y entrar a
la escuela Nico me preguntó:
“Mami, ¿qué va a pasar después de esta rima?”.-
“Bueno, vas a seguir viniendo unos días más a clases y
después le vas a decir adiós a tus maestras, a tus amigos, a tu escuela. Van a
empezar las vacaciones y cuando sea hora de volver a clases, vamos a empezar
otra vez en la nueva escuela.”- le dije.
“OK, mami. ¿Entonces, ésta la última y ya? ¿Nos vamos?”-
Si, así fue. La última y nos vamos.

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