jueves, 19 de junio de 2014

El hogar que no soñé



Mañana se cumplen 7 años de historia en estas cuatro paredes. 





Hace 7 años, Luis y yo (con Nico en mi vientre) dormimos por primera vez en ese segundo piso. Sintiéndonos extraños y un poco desubicados. 7 años después, es esa misma recámara y esa misma cama, el refugio físico más poderoso que existe para mí. 
 
20 de junio de 2007



No es una casa. Es verdaderamente un hogar. El nuestro. El que Nico traerá a su mente cuando piense en su niñez. Es la representación perfecta del esfuerzo de todos los días de su papá y yo por darle seguridad, balance, estabilidad. 

Junio de 2007




Pensar que han pasado 7 años ya, me resulta increíble de asimilar. Verdaderamente, parece que fue apenas hace uno o dos. Es ésa construcción –chueca- de dos pisos con el número 23, la casa que siempre soñé. Las dos personas que viven en ella conmigo, la convierten en el hogar perfecto… ese sÍ, uno que ni en mis mejores sueños hubiera tenido la capacidad de imaginar.

miércoles, 18 de junio de 2014

Cosas de la vida real (Vol. XXVI)



¿Han notado como ahora todos los relojes están sincronizados? Por alguna razón, y en antagonismo absoluto a mi Síndrome de Obsesión-Compulsión; extraño los días en los que cada reloj me mostraba una hora diferente y yo escogía la que me parecía, según mi conveniencia. No es que me afecte mucho (soy una persona puntual), pero no sé cuándo ni –más importante aún- CÓMO diablos fue que todos mis relojes adoptaron la misma exacta hora. Mi celular, mi iPad, mi computadora, el reloj de mi carro… you name it. Si son las 2:16 en uno, no hay que buscarle más… son las 2:16 en todos.

Mi papá solía adelantar diez minutos el reloj de la pared del comedor. Sigo sin entender la razón, todos sabíamos que el reloj estaba adelantado y por lo tanto, nadie se guiaba por ese reloj; todavía en tiempo presente, cuando voy a Mazatlán, estoy sumamente confundida. Nunca sé si creerle a ese reloj o no.

Una vez aclarado el punto y expresada ya mi melancolía sobre los días aquellos en los que cada reloj podía mostrar la hora que le diera su tiznada gana sin que la tecnología lo corrigiera, pasemos directamente a las cosas de la vida real (casi todas fotos de iPhone):


La Chiva y yo

Los universos se pusieron de acuerdo finalmente. Después de varios intentos fallidos, hace un par de semanas, conocí el aclamado Cerro de la Chiva. A donde una cantidad no censada de Pepeños acuden a ejercitar sus músculos cada mañana. Mi amiga Deb tenía aproximadamente dos años invitándome y por fin pudimos concretarlo. 




Un amanecer espectacular. La Chiva y yo juntas por primera vez, y con un poco de suerte, no será la única ni la última. 





México vs Brasil

Ayer recibí esta foto en mi Whatsapp de manos de una maestra/mamá en el colegio de Nico. Independientemente de mi aberración por el mundial, cuando la abrí y vi a Nico tan interesado en el partido me pregunté: ¡¿De cuándo acá da un céntimo por el futbol?! ¡Ahora resulta!



¿Me informan que empataron y que el portero es el actual héroe nacional?


Never too late

No sé qué tipo de obra de arte recibieron otras mamás este 10 de Mayo, pero yo, en lugar de obra de arte, recibí un frasco con harina para hacer galletas. Leíste bien. Ese fue el regalo brillante que se le ocurrió a la escuela hacer con los niños. Nos pidieron un frasco de vidrio y nos lo regresaron con una receta para hacer galletas y su respectiva mezcla. 



WHAT! Cuando Nico me lo dio con toda su ilusión e inocencia, no me quedó más remedio que fingir emoción y felicidad. “¿Cuándo quieres que las hagamos, mami?”– me preguntó.  “¡¿Quieres jugar al iPad?!” – le contesté. Pero el fin de semana siguiente, Luis, siendo el buen hombre, padre y esposo que es, se puso a hacer las galletas con Nico. 



Resultaron buenos en la cocina los Galindo. Bien por ellos, ya se pueden cocinar y hacer uso de las instalaciones. Yo mientras, leí un libro.

Impromptu

El mes pasado, Nico y yo hicimos una visita espontánea a Costa Azul. Justo después de un entrenamiento, justo después de que empecé a correr nuevamente después de mi glamurosa caída. Debo decir que estas visitas no planeadas son las mejores. 




Nos divertimos con la mitad de un coco durante más de 40 minutos. Y Nico cantó “Here comes the sun” mientras el astro se escondía entre nuestras montañas. 



Estuvimos ahí durante poco más de una hora. En un día random de la semana. Llegamos a casa a darnos un baño, cenar y dormir. Esa noche, agradecí doblemente vivir en este paraíso. Donde las visitas impromptu a la playa toman solamente el esfuerzo de poner una direccional en el carro y desviarse 15 segundos (literalmente) de la carretera. 


lunes, 16 de junio de 2014

Gracias al padre de mi hijo



Solía hacer un video a Luis cada día del Padre desde que Nico nació. Lo hice como por tres años seguidos, recopilando fotos y recuerdos del año anterior, felicitándolo por su labor. Luego, la inspiración se me cortó cuando me fue imposible darle un segundo hijo, que él deseaba con todas sus fuerzas y entonces, se acabaron los videos.



Después Nico empezó a crecer un poco más y por lo tanto, a nosotros como papás se nos empezó a complicar esta ardua labor. He encontrado que es mucho más fácil ser buen padre o madre para un bebé que para un niño que observa y hace preguntas todo el tiempo. Que ya ha aprendido a concluir, a investigar, a comparar. Es realmente aterrador, si me lo preguntan. Uno debe tener cuidado con cada paso que da y que palabra que escupe de su boca porque siempre.están.al.pendiente.



No voy a mentir como lo hicieron muchos ayer en Facebook. Luis no es el padre perfecto. Afortunadamente. Porque yo tampoco soy la madre perfecta. Y si él fuera perfecto, entonces mi mortificación se triplicaría y afrontémoslo, la presión que ya sufre uno con todo e imperfecciones es suficiente. Así que no, no voy a escribirle a Nico la suerte que tiene por tener el mejor papá del mundo. Porque tengo fé en que él lo concluirá sin mi ayuda cuando tenga edad suficiente. 





En lugar de eso, voy a agradecerle lo siguiente:



Querido padre de mi hijo,



Gracias por entrar al quite cuando tengo que salir de viaje; cuando necesito dormir unos minutos extras; cuando quiere jugar arrastrándose por el suelo; cuando mis juegos no son lo suficientemente cool y masculinos. Es decir, por ser un papá presente.



Gracias por las veces que lo dejas quedarse dormido acurrucado junto a mí y después lo llevas cargando a su cama aunque te duela la rodilla, yo no podría hacerlo aunque quisiera. Es decir, por consentirlo.



Gracias por enseñarlo con tu ejemplo e instrucciones a lavar platos, tender camas, limpiar el jardín y reparar cosas. Es decir, a ser un hombre útil.



Gracias por ser su defensor cuando yo pierdo el control. Gracias por ponerlo en su lugar cuando yo quiero justificar algo no justificable. Es decir, por mantener un balance en su vida.



Gracias por sentarte por horas a estudiar matemáticas con él sin perder la paciencia. Es decir, por invertir en su educación. 



Gracias por mantener ese vínculo y esa rutina cada noche. Las noches son sólo de ustedes, desde el primer día de su vida, y cuando lo pienso me hacen sentir muy agradecida. No te tendrá durante el día, pero por la noche, eres tú lo último que ve, escucha y siente antes de caer rendido.



Gracias por llevarlo al súper contigo y hacer las compras de la semana, por enseñarle que somos un equipo y como equipo nos toca hacer de todo.



Gracias por ser el líder en nuestros viajes y vacaciones, sin ti, serían complicados y menos divertidos.



Gracias por decirme lo bonita que me veo cada mañana, pues ha surtido efecto en él. Y ahora, dos personas me lo dicen todo el tiempo.



Gracias por meterte al mar con él y mantenerte al pendiente. Mis nervios estarían absolutamente destrozados si no fuera así.



Gracias por darle masajes cada noche, pues afrontémoslo, los míos son malísimos.



Gracias por no perder el detalle de mandarme flores en cada ocasión especial. Ahora, él entiende perfectamente el concepto.



Gracias por ser niño cuando juegas con él. Estoy segura de que será uno de los mejores recuerdos de su infancia. 





La lista es larga y mi tiempo es limitado. Espero que sean suficientes gracias para que entiendas lo que te quiero decir… Gracias, por esforzarte todos los días por ser el papá que tu hijo se merece.



Remataré diciendo que espero que muy pronto, pueda añadir un gracias más. Un “gracias por enseñarle a andar en bicicleta”. POR FAVOR. 

Te amamos.