Solía hacer un video a Luis cada día del Padre desde que Nico
nació. Lo hice como por tres años seguidos, recopilando fotos y recuerdos del
año anterior, felicitándolo por su labor. Luego, la inspiración se me cortó
cuando me fue imposible darle un segundo hijo, que él deseaba con todas sus
fuerzas y entonces, se acabaron los videos.
Después Nico empezó a crecer un poco más y por lo tanto, a
nosotros como papás se nos empezó a complicar esta ardua labor. He encontrado
que es mucho más fácil ser buen padre o madre para un bebé que para un niño que
observa y hace preguntas todo el tiempo. Que ya ha aprendido a concluir, a
investigar, a comparar. Es realmente aterrador, si me lo preguntan. Uno debe
tener cuidado con cada paso que da y que palabra que escupe de su boca porque
siempre.están.al.pendiente.
No voy a mentir como lo hicieron muchos ayer en Facebook.
Luis no es el padre perfecto. Afortunadamente. Porque yo tampoco soy la madre
perfecta. Y si él fuera perfecto, entonces mi mortificación se triplicaría y
afrontémoslo, la presión que ya sufre uno con todo e imperfecciones es
suficiente. Así que no, no voy a escribirle a Nico la suerte que tiene por
tener el mejor papá del mundo. Porque tengo fé en que él lo concluirá sin mi ayuda cuando tenga edad suficiente.
En lugar de eso, voy a agradecerle lo siguiente:
Querido padre de mi hijo,
Gracias por entrar al quite cuando tengo que salir de viaje;
cuando necesito dormir unos minutos extras; cuando quiere jugar arrastrándose
por el suelo; cuando mis juegos no son lo suficientemente cool y masculinos. Es decir, por ser un papá presente.
Gracias por las veces que lo dejas quedarse dormido acurrucado
junto a mí y después lo llevas cargando a su cama aunque te duela la rodilla,
yo no podría hacerlo aunque quisiera. Es decir, por consentirlo.
Gracias por enseñarlo con tu ejemplo e instrucciones a lavar
platos, tender camas, limpiar el jardín y reparar cosas. Es decir, a ser un hombre útil.
Gracias por ser su defensor cuando yo pierdo el control.
Gracias por ponerlo en su lugar cuando yo quiero justificar algo no
justificable. Es decir, por mantener un balance en su vida.
Gracias por sentarte por horas a estudiar matemáticas con él
sin perder la paciencia. Es decir, por invertir en su educación.
Gracias por mantener ese vínculo y esa rutina cada noche.
Las noches son sólo de ustedes, desde el primer día de su vida, y cuando lo
pienso me hacen sentir muy agradecida. No te tendrá durante el día, pero por la
noche, eres tú lo último que ve, escucha y siente antes de caer rendido.
Gracias por llevarlo al súper contigo y hacer las compras de
la semana, por enseñarle que somos un equipo y como equipo nos toca hacer de
todo.
Gracias por ser el líder en nuestros viajes y vacaciones,
sin ti, serían complicados y menos divertidos.
Gracias por decirme lo bonita que me veo cada mañana, pues
ha surtido efecto en él. Y ahora, dos personas me lo dicen todo el tiempo.
Gracias por meterte al mar con él y mantenerte al pendiente.
Mis nervios estarían absolutamente destrozados si no fuera así.
Gracias por darle masajes cada noche, pues afrontémoslo, los
míos son malísimos.
Gracias por no perder el detalle de mandarme flores en cada
ocasión especial. Ahora, él entiende perfectamente el concepto.
Gracias por ser niño cuando juegas con él. Estoy segura de
que será uno de los mejores recuerdos de su infancia.
La lista es larga y mi tiempo es limitado. Espero que sean
suficientes gracias para que
entiendas lo que te quiero decir… Gracias, por esforzarte todos los días por
ser el papá que tu hijo se merece.
Remataré diciendo que espero que muy pronto, pueda añadir un
gracias más. Un “gracias por enseñarle
a andar en bicicleta”. POR FAVOR.
Te amamos.