Cuando crezca, me gustaría que de manera sencilla pueda transportarse a cualquier edad pasada y de alguna manera recordar cómo era nuestra vida en ese momento.
Existe una canción, que Nico y yo hemos hecho nuestra desde hace ya mucho tiempo. Se llama 'Chocolate' (y la interpretan Jesse & Joy) y a ambos, nos es inevitable sonreír cada que escuchamos los primeros acordes de la música sonar en nuestro ipod.
Nuestro amor sabe a chocolate... dice la canción. No habría mejor manera de definirlo. Y gracias a mi talentoso esposo, logramos congelar para siempre, estas imagen que me hacen sonreír; y me recuerdan cuan maravillosa es mi vida.
Han sido semanas pesadas, y a veces me duele más no poder estar presente al 100% en la vida de Nico que las mismas costuras en mi piel. Sé que ha sido difícil para él también; "Mami, te extraño" me dice casi todos los días.
Sabia que esto pasaría. Pues estamos acostumbrados a hacerlo todo juntos. Si hay que ir a la escuela, allá vamos. Si hay natación, con prisas comemos y hacia allá nos dirigimos. Si hay clase de inglés, juntos cantamos en el camino. Jugar, comer, divertirnos, leer, ir al parque, perseguir olas. Siempre juntos, mi chocolate y yo.
Pero la realidad es que los niños son resistentes. Más de lo que pensamos, y mucho más de lo que somos los adultos. Me extraña pero igualmente se divierte, pues afortunadamente, tenemos a papá, a Bibi y a tutia Flor para llenar cualquier hueco que pudiera existir.
Su corazón es adaptable, moldeable y persistente. Y aunque por momentos, me resulta inevitable sentir culpabilidad por ser un tanto inútil para él en estos momentos, sé que al final, esto también pasará. Y que ambos, habremos aprendido otra buena lección.
Me reconforta saber que nunca, he desperdiciado un solo instante a su a lado. Y que eso, nos ha convertido en los mejores complices, con una conexión única; que veo muy evidente en estas fotos.
Nuestra relación es especial, más de lo que jamás me atrevi a soñar. Y durante los momentos más oscuros, la luz de sus ojos me guía hacia la claridad. Es claro que lo que más he extrañado durante estos 10 días en cama, es nuestra rutina diaria... nuestra vida.
Pero lo escucho correr por las escaleras al llegar de la escuela, viniendo directito hacia mi; y su beso me hace más efecto que el Paracetamol y el Dolac. Y por instantes, me siento fuerte, me levanto con menos esfuerzo y me asomo por la ventana; pensando que en escasos días estaré de nuevo ahí afuera, escribiendo historias más divertidas con mi hijo.
Nico es mi eterno chocolate. Me reanima, me pone feliz, me espanta el sueño, me levanta el azúcar. No sé si todos los amores sepan a algo, pero sé que el nuestro si. Sabe a chocolate, y afrontemoslo... ése? Es el mejor sabor que existe.
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