domingo, 23 de octubre de 2011

21,600 segundos

Fue un fin de semana divertido.




Y nuestros pies volvieron a sentir esa arena que se mete entre los dedos y que llevamos en el corazón.



Empezamos la aventura cuando todavía no amanecía. Y que poquito cuesta levantarse temprano cuando en tu mente, puedes visualizar esto.



Tomamos carretera alterna, y descubrimos bellezas y paisajes que a pesar de tener casi 7 años viviendo aquí, desconocíamos. El día estaba perfecto, nublado y con chispiteos esporádicos durante todo el camino. Paramos a comprar municiones en el lugar acostumbrado. Y con Nico cantando a todo pulmón, recorrimos esos kilómetros que nos separaban del paraíso prometido.



Fueron 21,600 segundos de paz y felicidad en el pecho.



Pues ya sea durante el picnic.



O comiendo cheetos.



O construyendo castillos de arena.



Hay algo en este lugar, que bloquea nuestra mente y le ordena únicamente divertirse.



Pensar que hace un mes estaba postrada en una cama y que ayer pude estar ahí; me hace sentirme agradecida con la vida de una manera diferente.



21,600 segundos son muchos, pero se terminan en un pestañeo cuando ocupas tu tiempo remando esperanzas en un kayak.



Salpicando buenos momentos en un tabla.



Y fotografiando esta sonrisa que pareciera estar congelada.



El agua empieza a enfriarse, y corrientes de viento frío empiezan a mezclarse con el calor. Los road-trips veraniegos a Balandra han llegado a su fin este fin de semana. Y por eso, por 21,600 segundos decidimos absorber su magia para hacerla una perfecta despedida temporal.



Me quedo con la imagen intacta de mi hijo divirtiéndose, forjando su carácter y construyendo recuerdos imborrables en su memoria hasta nuestra próxima visita.



Me quedo con esos 21,600 segundos juntos como familia, disfrutando de nuestro lugar; cansada pero lista para empezar una semana más.



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