martes, 29 de julio de 2014

Pizza Night



Solía ser una de nuestras tradiciones cuando Nico era más pequeñito. Todos los viernes, íbamos a nuestro lugar de pizzas favorito. Después, entre la falta de tiempo, el exceso de celulitis y las ganas de sushi, los viernes de pizza se convirtieron en viernes de sushi. Los últimos meses, los viernes de sushi se convirtieron en viernes de no quiero saber de nada y vámonos a dormir.

El viernes pasado retomamos un poco algo de los viejos tiempos. Inspirados en la receta de mi amiga Carola, que nos dio la bienvenida en el DF con pizzas caseras, decidimos incursionar en el maravilloso acto de cocinar. Con un poco de miedo, incertidumbre y ansiedad, di un paso dentro de mi cocina y prendí el horno. (Estoy bromeando, mi aberración por la cocina no es tal. Más o menos. No fue mi primera vez prendiendo el horno. Eso cuenta.) 



Sinatra sonaba en las bocinas, el aire acondicionado nos protegía del infierno exterior, y en familia logramos uno de esos momentos perfectos en los que la armonía se une con nuestra clara imperfección y entonces, nuestro primer viernes de pizza casera se concretó. 




Una ensalada caprese, un buen vino tinto y pizza al gusto fueron el cierre a una semana intensa. Esperamos poder hacer de esto una nueva tradición a la que podamos recurrir de vez en cuando. 





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