Me levanto antes que el sol para ir a correr
con mi querida amiga. El calor todavía no aprieta pero ya se siente el sofoque
del día que está por empezar. La pista casi desierta se va despertando con las
zancadas de los pocos corredores que empezamos la rutina. El sol estira sus
brazos y va pintando de diferentes rosados el lienzo azul que se levanta sobre
mi cabeza.
Terminamos la rutina, un poco sudadas, un poco
cansadas y listas para decir buenos días al sábado que estamos por comenzar. El
sol ya calienta cuando nos subimos a la camioneta y discutimos brevemente lo
que el mundo celebra desde el día anterior. “No importa cómo ames. Lo
importante es amar. Hombre con hombre, mujer con mujer… Es algo inmenso, Nico.
Algún día entederás la magnitud.”
Sonríe y hace curva hacia un lado su sonrisa,
como siempre que no está muy seguro de qué hablamos. En las bocinas empieza a
sonar Alanis Morrisette y Nico se acomoda sus audífonos para escuchar algo…
menos noventero supongo.
Chileno nos recibe entre una construcción
masiva de un complejo hotelero, que me recuerda el crecimiento privilegio de
nuestro paraíso y al mismo tiempo me rompe el corazón. No respetamos nada como
especie.
Pero el concreto es fácil de ignorar cuando te
topas de frente con esto.
Nico adopta un cangrejo ermitaño como mascota
por unos 20 minutos. Y está convencido que el mundo lo ha puesto justo ahí para
él. Es ahora responsable de su felicidad. Lo deja con cuidado en una piedra,
casi con el corazón en trizas por abandonarlo a su suerte.
- “¿Pero y
si alguien lo aplasta?”-
-“Sabe cuidarse, Nico. Ha vivido aquí toda su
vida.”-
Su instinto paterno se desvanece en el momento
en el que se pone el snorkle y las aletas. Es la magia de ser niño. O tal vez
la magia de ser Nico. Necesita sólo un océano y un visor para olvidarse de que
existe un mundo más allá. No para él.
“Mami, ahí quiero vivir.” – me dice con un
convencimiento que por un instante me aterra, cuando finalmente sale del agua
con su papá.
Pasamos otro buen rato mojándonos y celebrando
al amor. La mañana perfecta de un sábado que no costó un solo centavo.
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