No sé cómo funciona el futuro en la mente de
otros, pero en la mía, siempre se ve lleno de color y optimismo y huele a
Navidad. No me preguntes por qué, pero así funciona mi cabeza. Todo lo que
relaciono con prometedor, tiene olor a Navidad.
Dicho esto, uno de episodios que siempre
futureé en mi mente fue el día en que Nico empezara sus campamentos de verano.
Yo nunca fui a uno. Tal vez, siempre me quedé con la curiosidad de saber qué se
sentía. Y siempre planeé para mi hijo la posibilidad de tener una experiencia
así cada verano.
Desconocía que tipo de campamento sería, o
dónde. Lo que siempre supe es que quería que lo hiciera y que cuando fuera
grande, tuviera la oportunidad de hacerlo en el extranjero. Ese episodio sigue
suspendido en mi cabeza, y espero que las circunstancias nos permitan hacerlo
realidad cuando Nico sea un poco más grande.
Pero este verano, finalmente el Universo nos
acomodó las cosas, o más bien, nosotros logramos acomodarnos y Nico asistió a
su primer Summer Camp. Nunca pensé que fuera a ser uno de SURF, pero finalmente
rendí mi negación y miedo a lo que tanto le gusta.
La realidad es que se la pasó increíble, y yo,
me la pasé increíble viéndolo crecer y lograr cosas nuevas.
Yo nunca fui tan independiente como Nico. Y
creo que la razón es que siempre tenía la presencia de mi hermana en la cual
escudarme y hacer equipo. No es el caso de Nico, y creo que una de las cosas
más positivas de que sea hijo único es esa. Su capacidad de adaptación. Su
facilidad de interactuar con los demás y hacer amigos al instante.
Me sentaba ahí, bajo mi sombrilla, tres días a
la semana, sudando y tratando de amigarme con el calor, sabiéndome afortunada
de todo esto. De poder presenciar a mi hijo montándose en una ola, snorkleando
en medio de la nada y en lo profundo de un mar azul como ningún otro. Haciendo sumersiones
que ya quisiera yo lograr a la mitad.
Me sentí privilegiada de poder darle la
oportunidad de crecer en un lugar como éste. Donde existen campamentos de lo
que lo apasiona y no sólo eso, la fortuna de poder hacer realidad un episodio
que un día pasado vi para nuestro futuro.
Bien sabemos que los planes no salen siempre
como lo esperamos. Y soy muy feliz de que la vida me haya dado chance con éste.
El verano de campamentos no quedó ahí, pues en
Mazatlán, también estuvo en otro. En una escuela como las que no hay aquí y en
instalaciones como las que no tenemos. Pero el que es perico donde quiera es
verde, y así fue. Nico terminó su campamento en Mazatlán con la medalla de oro
en natación y con un bonche de experiencias increíbles que me platica todos los
días.
Este verano iniciamos una tradición más. Los
campamentos, que con un poco de suerte, seguirán siendo parte de sus veranos
durante muchos años más y de los que tengo el privilegio de presenciar.








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