jueves, 28 de julio de 2016

Verano a la mitad



Terminaron los exámenes finales y poco a poco el ritmo de las actividades disminuyó en contraste con el aumento de temperatura en nuestro paraíso. 

Llegó Julio y con ello el fin de clases. Un ciclo escolar más terminado con éxito y con la oportunidad de recordarle a mi pececito que su valor como persona va más allá de una calificación. Que un número no lo definirá jamás, ni en la escuela ni en la vida. Que lo amamos igual con sietes que con dieces, y que lo maravilloso de ir a la escuela, además de aprender cosas nuevas, es crecer como persona y descubrir maravillas en los demás.



Nico regresa hoy. Tres semanas lejos de casa, creando nuevos recuerdos de sus años de niño en Mazatlán. Una oportunidad única que la vida nos ha presentado en los últimos veranos, de construir una relación espectacular e inquebrantable con su Bibi. 



Yo he estado absorbiendo estos días. Refugiándome en los placeres a los que invita la libertad de un viernes por la noche sin mayor responsabilidad inmediata que consentirse a uno mismo. 



Estos ejercicios de separación, siempre serán agridulces, pero ahora hasta necesarios. Sus pequeñas alitas empiezan a querer desentumirse con más frecuencia. 


 Llevamos el verano a la mitad, mi pececito duerme bajo mi techo esta noche y no es algo que haya dado por sentado un solo día desde que nació. Pero especialmente ahora, que siento que crece a velocidad acelerada, bendigo cada noche que estoy cerca para decirle “Ya sabes, eres especial, nunca lo olvides…” 

Ahora nos toca a los tres, disfrutar del resto del verano juntos y con aventuras fuera de la rutina por venir. No puedo esperar a besarlo, abrazarlo y decirle adiós a estos días sin él. Esta noche, vuelvo a verlo en mi baño lavándose los dientes, seguramente más alto, más desenvuelto, más gracioso y más mío.

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