Por fin es sábado.
Y estoy felizmente escribiendo en mi pijama, dando sorbos a mi te verde y
escuchando el agua de la fuente caer. Relajándome para empezar los planes de
hoy con ganas y actitud. Tenía todas las intenciones de escribir ayer por la
tarde-noche. Pero los planes cambiaron. Nuestro cielo se llenó de nubes negras,
de truenos y relámpagos. Los primeros relámpagos que Nico había visto en su
vida, en vivo y a todo color.
Siendo esto
lo que la tarde nos ofrecía, era un sacrilegio no entregarse a la diversión plenamente.
Asi que hicimos lo que se hace en una tarde de tormenta (tormenta que nunca llegó
propiamente). Vimos la tele comiendo galletas, acurrucados en la cama. Y después,
la magia de los rayos y los truenos se apoderaron de mi Niqui… y lo
convirtieron en superhéroe. (Y por fin estrenó
formalmente el súper regalo que le dio tutia Flori por el Día del Niño: su
disfraz de superhéroe. Les dije que tomaria fotos del regalo que le hicieran justicia...)
Ring, ring! Ring! –
NICO: Quien
habla?
YO: Capitán
Super Nico! Habla Pepper Potts, esto es una emergencia!
NICO: Que
pasa, Pepots?
YO: Los
robots están destruyendo la ciudad. Tiene que ayudarnos!
NICO: Oh
no, Capitán Amedica, digo, Capitán… -
cómo me llamo, mami?!
YO: Capitán
Super Nico! –
NICO: Ah
no, mejor quiero ser el Capitán Amedica…
-
YO: OK, está
bien. –
NICO: Bueno,
otra vez… Si Pepots! Capitán Amedica, en caminoooooo!
Y mi superhéroe
salió disparado al parque. Brincando, imaginando robots, volteando sorprendido
al cielo cuando rugía.
Con toda la
actitud y toda la vibra de un superhéroe. Quizás en el fondo, es porque lo
sabe. Él es verdaderamente mi superhéroe.
El que con
sus poderes de amor, hace que me levante temprano todas las mañanas con una
sonrisa. A veces sincera y a veces con esfuerzos, pero me obliga a sonreír.
Es mi superhéroe
porque con sus poderes, me hizo descubrir los míos. Algunos que no sabía que existían
y otros que estaban ahí, y que recobraron su intensidad.
Sus
superpoderes son variados. Y van desde poder hacer reír a otros a carcajadas sin
mayor esfuerzo, hasta aliviar con un beso y una caricia de su mano suavecita un
día tétrico.
Es mi superhéroe,
y tal vez todavía no se ha dado cuenta. Pues por el momento, él cree que solo es
al revés. Que yo lo cuido, que yo lo protejo, que yo lo salvo. La realidad, es
que es mutuo.
Por un momento,
mientras lo veía jugar, me quedé perpleja. Y me sentí atrapada en un cliché
absoluto. De esos que solo se ven en la televisión. Yo lo tengo. Es mi
realidad. Tengo un hijo feliz que juega a salvar al mundo. Con su antifaz
improvisado y sus botas de lluvia.
Tengo un superhéroe
en entrenamiento. Por el momento. Entrenándose para salir al mundo real, y luchar
contra los verdaderos enemigos: la crueldad, la apatía, el egoísmo, la falta de
escrúpulos y de pasión. Mientras tanto, lo preparo fortaleciendo sus valores,
su corazón y su mente. Utilizando mis
superpoderes para proteger su inocencia, su sonrisa y sus recuerdos.
Mi superhéroe
me llama. Los supertíos esperan. Las
nubes se fueron, el supersol brilla
por todo lo alto. El superfin promete.
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