sábado, 5 de mayo de 2012

Mi superhéroe

Por fin es sábado. Y estoy felizmente escribiendo en mi pijama, dando sorbos a mi te verde y escuchando el agua de la fuente caer. Relajándome para empezar los planes de hoy con ganas y actitud. Tenía todas las intenciones de escribir ayer por la tarde-noche. Pero los planes cambiaron. Nuestro cielo se llenó de nubes negras, de truenos y relámpagos. Los primeros relámpagos que Nico había visto en su vida, en vivo y a todo color.



 Un día nublado, absolutamente fuera de lugar y al azar; pero igualmente bien recibido por nosotros, los amantes de la lluvia. Lluvia que llegó apenas en escasas gotas gruesas y bien frescas, pero acompañadas de un espectáculo maravilloso con olor a tierra mojada, la música de los truenos y la luz multicolor provocada por los relámpagos.


Siendo esto lo que la tarde nos ofrecía, era un sacrilegio no entregarse a la diversión plenamente. Asi que hicimos lo que se hace en una tarde de tormenta (tormenta que nunca llegó propiamente). Vimos la tele comiendo galletas, acurrucados en la cama. Y después, la magia de los rayos y los truenos se apoderaron de mi Niqui… y lo convirtieron en superhéroe. (Y por fin estrenó formalmente el súper regalo que le dio tutia Flori por el Día del Niño: su disfraz de superhéroe. Les dije que tomaria fotos del regalo que le hicieran justicia...)






Ring, ring! Ring! –

NICO: Quien habla?
YO: Capitán Super Nico! Habla Pepper Potts, esto es una emergencia!
NICO: Que pasa, Pepots?
YO: Los robots están destruyendo la ciudad. Tiene que ayudarnos!
NICO: Oh no, Capitán Amedica, digo, Capitán… - cómo me llamo, mami?!
YO: Capitán Super Nico! –
NICO: Ah no, mejor quiero ser el Capitán Amedica… -
YO: OK, está bien. –
NICO: Bueno, otra vez… Si Pepots! Capitán Amedica, en caminoooooo!


Y mi superhéroe salió disparado al parque. Brincando, imaginando robots, volteando sorprendido al cielo cuando rugía.



Con toda la actitud y toda la vibra de un superhéroe. Quizás en el fondo, es porque lo sabe. Él es verdaderamente mi superhéroe.



El que con sus poderes de amor, hace que me levante temprano todas las mañanas con una sonrisa. A veces sincera y a veces con esfuerzos, pero me obliga a sonreír.



Es mi superhéroe porque con sus poderes, me hizo descubrir los míos. Algunos que no sabía que existían y otros que estaban ahí, y que recobraron su intensidad.



Sus superpoderes son variados. Y van desde poder hacer reír a otros a carcajadas sin mayor esfuerzo, hasta aliviar con un beso y una caricia de su mano suavecita un día tétrico.


Es mi superhéroe, y tal vez todavía no se ha dado cuenta. Pues por el momento, él cree que solo es al revés. Que yo lo cuido, que yo lo protejo, que yo lo salvo. La realidad, es que es mutuo.


Por un momento, mientras lo veía jugar, me quedé perpleja. Y me sentí atrapada en un cliché absoluto. De esos que solo se ven en la televisión. Yo lo tengo. Es mi realidad. Tengo un hijo feliz que juega a salvar al mundo. Con su antifaz improvisado y sus botas de lluvia.



Tengo un superhéroe en entrenamiento. Por el momento. Entrenándose para salir al mundo real, y luchar contra los verdaderos enemigos: la crueldad, la apatía, el egoísmo, la falta de escrúpulos y de pasión. Mientras tanto, lo preparo fortaleciendo sus valores, su corazón y su mente. Utilizando mis superpoderes para proteger su inocencia, su sonrisa y sus recuerdos.



Mi superhéroe me llama. Los supertíos esperan. Las nubes se fueron, el supersol brilla por todo lo alto. El superfin promete.


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