El domingo de
regreso a casa del aeropuerto, a pesar de los ojos cansados y el ánimo decaído,
fue imposible ignorar la bella transformación de nuestro tradicional paisaje desértico
en un deslumbrante escenario con verde por doquier. Pareciera que llegamos a
encontrarnos con otro pueblo. Uno disfrazado de naturaleza, de verde, de vida.
Admirando
el paisaje por la ventana, me percaté que Costa Azul recuperaba lentamente su
forma. El agua del arroyo se ha retirado casi por completo. ‘Nico, ya viste?! Costa Azul está
regresando!’- le dije.
Ayer trabajé
sin parar todo el día, descifrando pendientes, tratando de reducir la pila de
papeles en mi escritorio y contestando más correos de los que debería ser legal
contestar en un día. ‘Está bien…‘– pensé.
‘Unas horas más y tendré mi recompensa.’-
El reloj
marcaba casi las 7 de la noche cuando escalábamos cerros de piedra y lodo en el
carro, tratando de encontrar el mejor camino para llegar hasta la orilla de la
playa sin atascarnos.
No les voy
a mentir. Costa Azul era diferente antes de la tormenta.
Pero sigue ahí.
Su esencia permanece. Se recupera lentamente.
Y su
belleza, sigue envolviéndonos. Recordándonos cuan afortunados somos de poder
instalar un picnic justo donde revientan las olas en un lunes cualquiera.
No íbamos
digamos… preparados para chapotear. ‘Mami, por favor me puedo meter? Me puedo
mojar? Está bien?’ –
Yo digo que…
¿Al diablo con la ropa, no?. Revuélcate
feliz en las olas… pensé. Y entonces apenas vio el movimiento positivo en
mi cabeza y se hizo la magia.
Y la magia
incluye el eco de las carcajadas, los gritos de felicidad y su euforia.
Éste es
Nico. En su espacio. En su balance. En su elemento.
Me senté en
la orilla de la playa meditando sobre las difíciles pruebas que nos ha puesto
la vida en los últimos años. Sobre la difícil experiencia que ha tenido que
vivir Luis y toda su familia. Lo he visto estos días, y he tenido miedo. Miedo
de perderlo ante la tristeza y no recuperarlo. De que la destrucción que ha
vivido su corazón sea irreparable.
Y entonces,
volteé a mi alrededor. Y recordé la devastación que existió hace apenas unos días
justo donde yo estaba sentada. Recordé la fuerza del agua, la revoltura
agresiva entre el agua dulce y el agua salada, las olas imponentes y todo el
caos que caía sobre Costa Azul durante los días de tormenta. Ahora? Costa Azul está
sanando.
Se hizo un
nudo en mi garganta y le pedí a Dios que hiciera esta misma magia sobre el corazón
de Luis, de mi suegra y mis cuñados. Que al igual que en esta playa, con los días,
el río de dolor se retire. Dejando su humedad, tal vez por siempre, pero
permitiendo que las arenas de la resignación, la paz y el consuelo empiecen a
acomodarse.
Tal vez
Costa Azul jamás vuelva a tener el mismo aspecto que tuvo antes. Tal vez las
rocas que Nico pasaba horas aventando contra la orilla nunca vuelvan. Pero
ahora, donde un día hubo piedras, hay arena y espacio para divertirse de otras
maneras.
Costa Azul
no posee la misma belleza que antes. Pero sigue siendo bella, diferente. Sigue siendo
nuestro lugar favorito de picnics. El único. Y trasladé ese pensamiento a
nuestra vida, al corazón de Luis.
Su corazón ha
sido azotado por una devastadora tormenta. Hay daños estructurales, difícilmente
reparables en un cien por ciento. Su vida no posee la misma belleza que antes. Ahora
existe una grieta. Pero sigue siendo bella, diferente. Y con el tiempo, habrá de ajustarse
al nuevo paisaje.
Para su
buena suerte, tiene como hijo al mejor arquitecto de corazones que conozco. Y
Nico, ya empezó a reconstruir sobre sus lágrimas. Su simple sonrisa, le inyecta
una evidente esperanza a Luis todos los días.
En algún
momento de mi insomnio persistente, mientras mi mente divagaba por espacios recónditos, recordé
la escena de una película. En la película de ‘Sex and the City’ (no se rían,
tengo un punto importante); Sarah Jessica Parker le pregunta a su mejor amiga, después
de vivir su tragedia personal, que si algún día iba a poder volver a reírse genuinamente.
“Claro que sí! – le contesta ella. “Lo harás cuando algo sea muy, muy gracioso”.
Anoche, mientras
Luis y yo cenábamos y nos contábamos sobre nuestro día; le platiqué que había texteado con mi amiga Suelen. A mí me
hizo reír tanto con sus mensajes que le dije: “no te cuento, mejor léelo tú”. Tomó mi celular y al terminar de
leer, soltó una carcajada. Fue el mejor momento de mi día. Incluso por encima
de ver a Nico ser feliz en Costa Azul.
Supongo que
cuando una tragedia nos invade, es natural creer que nunca más volveremos a reír,
o a sonreír siquiera. Pero no es verdad. Volveremos a hacerlo, cuando algo sea realmente gracioso.
Poco a poco
el cielo se irá aclarando. Tengo mucha fe en que así será. Y un veinte más me
cayó sentada ahí en la playa mientras Nico me daba la espalda y le tomé esta
foto.
Casi lo había
olvidado. Una fiesta de ROCK STAR está a la vuelta de la esquina (a trabajar a
marchas forzadas). Y no solo será gracioso, será maravilloso. Y no puedo
esperar, para ver reír y sonreír a Luis celebrando los 5 mejores años de
nuestra vida muy pronto.





