martes, 30 de junio de 2015

Love wins



Querido Nico,

El viernes pasado el mundo volvió a hacer historia. Historia de manera positiva. El tipo de evento sin precedentes del que me gustaría llenar este lugar donde vivimos. 

El matrimonio gay fue legalizado en todo Estados Unidos a partir del 26 de Junio de 2015. Y con suerte, esta inercia encenderá nuestro país y el resto de la Tierra en poco tiempo. Y entonces nos sentamos y platicamos sobre esto.

Sobre la importancia de aceptar nuestras diferencias. De respetar las elecciones de los demás. De lo maravilloso del amor, sin importar nada más. “¿Por qué era prohibido?” – me preguntaste con confusión. Esa falta de compresión que te hace inocente y ajeno a las estupideces de la humanidad. 

Te contesté lo más acertado que pude. Y te compartí con emoción que esto era tan grande como la concesión del voto a las mujeres hace apenas unas décadas. “Hombres que aman hombres, mujeres que aman mujeres, hombres que aman mujeres; todo es igual” – te expliqué. “Porque no es lo más común, pero lo común no es más que nosotros mismos hemos decidido que sea”. 

Feliz de estar dejando a mi hijo en un mundo que aunque muy complicado y sucio, con suerte, en algunos años verá la prohibición al matrimonio gay tan lejano como ahora nosotros vemos aquéllos días en los que cuentan que las mujeres no podíamos votar o trabajar o tener voz. MÉXICO, ponte pronto a la altura de las circunstancias. A la altura del AMOR. 

El amor ganó ayer, gana hoy y ganará siempre. LOVE WINS.



jueves, 25 de junio de 2015

Junio de celebraciones



Junio es un mes de muchas celebraciones en nuestra casa. Es un mes que primordialmente se trata de Luis. Este año, las celebraciones se simplificaron mucho. Y también mis posts. Empieza la mitad del año, y justo el día 10, cumplimos 9 años de casados. 



¿Cómo celebramos preguntan? Yo así. 




Con un viaje express al DF, a alimentar el lobo con mis queridas amigas. Luis, con un viaje express a Sinaloa, a visitar a su mamá y su abuelita con Nico. 

Y es que los tiempos cambian y los planes también. Y aunque ese día siempre tiene un lugar especial en mi corazón, el camino andado de 9 años que se mueve entre lo ordinario y lo extraordinario, se intercala entre la vida presente, la vida que hay que vivir, celebrando bodas y no. 

Después viene el día del Padre. Celebración que no todos se merecen pero que a muchos hay que aplaudirle. Y así entonces, le dedicamos ese domingo al papá que tenemos en casa. Uno que no me toca juzgar a mí como bueno o como malo. Uno que le toca juzgar a Nico. Y entonces, ese día temprano dije: “Voy a hablarle por teléfono al mejor papá del mundo mundial” – a lo que Nico inmediatamente contestó: “No te va a contestar, mami. Mi papi está en el baño.”-




Ese fin de semana volamos el papalote, y empezaron los juegos con la manguera. Horneamos un pay de queso y devoramos carne asada. Todos elementos de nuestro Summer Bucket. Todos elementos del verano que queremos construir. Entre el calor y la música, entre el trabajo y los ratos libres. 






Y luego llega hoy. 25 de Junio. 

Tenía 17 años la primera vez que le llamé a Luis por teléfono para desearle Feliz Cumpleaños. Recuerdo que estaba acostada en mi cama. Recién despertada de una noche de fiesta y marqué su teléfono en cuanto abrí los ojos. “Eres la primera que me felicita” – me dijo. No sé si fue verdad o mentira, pero sonreí desde adentro. Ese día cumplióla mayoría de edad. Desde entonces, secretamente me hice la promesa de ser YO quien lo felicitara primero cada año. Mi récord asciende a 15 años consecutivos. 

Sólo me queda decir: Feliz cumpleaños al SENSUAL y súper SEXY hombre de vida, que hoy alcanza los 34 sin panza de borracho, panza de casado ni panza de ninguna otra cosa. Consecuencia absoluta de la excelente vida que le doy. Happy birthday Miñi!


martes, 16 de junio de 2015

The Summer Bucket



Abro la puerta y lo encuentro ahí. Grandote, bronceado y con la misma sonrisa que parece que tiene congelada desde el día que nació. Le doy un beso en la nariz, y empieza a brincar a mi alrededor con sus pies descalzos. Una de esas batallas que me ganó desde hace mucho, pero que de vez en cuando todavía trato de pelear con un cansado y resignado: “¡ponte chanclas, no andes descalzo!”

“¿Mami, sabías que no siempre fue necesario usar bloqueador para salir?”- me pregunta, con este tono entusiasta y maravilloso que tienen los niños cuando acaban de aprender algo nuevo. Antes de que pueda responder, continúa con su monólogo: “Antes teníamos una cosa en el cielo que se llamaba capa de ozono, y se le hizo un hoyo porque hace mucho tiempo las personas empezaron a utilizar unos gases que se llaman tornasoles…”- 

“Aerosoles…” – lo corrijo. “Ah sí, aerosoles… y entonces se destruyó y ahora los rayos morados son más fuertes y por eso tenemos que usar siempre bloqueador”. No contengo la risa y empiezo a imitar sus brincos. 

“Rayos ultravioleta, Nico. No morados”- le digo, mientras recuerdo mis días de Aquanet y del copete estilo Flans que no había bomba atómica que pudiera afectar, modificar o destruir después de rociarlo con el bote de aerosol blanco con rosa. 

“¿Alguien en tu familia uso de esos aerosoles, mami?”- titubeo pero le digo la verdad. Que sí. Que los utilizamos todos, sin saber las consecuencias. Sus ojos se abren como platos y me consuela: “No te preocupes, mami, porque tú no sabías que era malo.”-

Mi mente vaga por un momento, pensando qué seguiremos haciendo mal hoy, qué otras consecuencias de mi pasado tendrá que pagar Nico y el solo pensamiento me mueve algo dentro; me despierta las ganas de seguir haciendo las cosas mejor. De que las decisiones de mi vida traigan a la suya menos bloqueador y más libertad de salir al sol libremente. 

No estoy con él todo el tiempo. No siempre comemos juntos. No siempre lo recojo del colegio. Estiro las tardes para que me alcancen lo más posible. Me siento en la grada del club sudando la gota gorda mientras él nada, absorto en sus brazadas y a veces, ajeno a mi presencia. Sudando mis culpas por no poder estar con él en cada momento. 

Pero la realidad es, que ni él ni yo quisiéramos eso. Trabajo porque contamos con mi aportación, pero también porque es parte de lo que soy. Porque lo necesito. Porque me encanta lo que hago y porque no nací para ser ama de casa. Trabajo porque es parte del ejemplo que le quiero dar a mi hijo. Trabajo rindiendo tributo a ese movimiento social de igualdad de oportunidades para nuestro género. 

Y entonces, lucho todos los días por tener un balance en nuestras vidas. Por darle calidad en vez de cantidad y de construir en su memoria ese equilibrio, que entienda a través de su día a día que en la vida es difícil tenerlo todo. Pero que lo que tenemos puede ser no solo suficiente, sino maravilloso si sabemos hacerlo así. 

Este verano, como los anteriores, no estaré con él por las mañanas haciéndole desayuno o atrapados entre las sábanas y el aire acondicionado hasta tarde. Eso es un privilegio de quien se queda en casa. Pero quienes  nos vamos a trabajar tenemos otros muchos. Y son en esos en los que me enfoco. 



Este verano, como los anteriores, sus vacaciones no modifican mis responsabilidades en mi oficina. Pero eso no significa que no hay manera de dejarle huella todos los días. Así que este verano, añadiremos una tradición más a nuestros libros: The Summer Bucket. 



Nos tiramos en el suelo y en tiras de papel empezamos a escribir. Y ahora, durante todo el verano sacaremos papelitos llenos de promesas. Promesas de diversión y de aventura juntos. Desde lo más sencillo hasta lo más elaborado, escribimos juntos todos esos sueños que nos quedan por cumplir durante esta temporada de calor. 



Con un poco de suerte, esta cubetita azul se volverá parte de los mejores recuerdos de su infancia para siempre. Con un poco de suerte y hoy, al sacar el papelito, no me tocará guerrita de globos de agua. Porque es martes, y hay que trabajar, e ir a clases por la tarde y pasar al súper. O tal vez, con un poco de suerte, hoy al sacar el papelito me tocará la guerrita de globos de agua. Y nos olvidaremos de todo lo demás y nos mojaremos hasta que se ponga el sol. 



Porque no estaré todo el tiempo con él, pero cuando lo estoy, soy toda suya. Para escucharlo, para reírnos, para vivir lo mundano y lo extraordinario, para hacer realidad papelitos. 


martes, 26 de mayo de 2015

Mi niño de oro



Me gustaría encontrar la forma de describir este sentimiento correctamente. Probablemente no existe. Es ese orgullo que sentimos todas por nuestros hijos pero… con Red Bull? 




Como cuando gatean por primera vez. O se sientan. O cuando dan sus primeros pasos. O cuando los ves bailar en el festival de 10 de Mayo. Es justo ese sentimiento pero elevado a una potencia infinita. Como si tuvieras un sugar rush. Así se siente verlos ganar. 


Verlos competir es otra historia igual pero completamente distinta. Estas ahí sentado en la grada, con el sol calentándote el cuerpo y la cabeza. Viendo como la alberca se llena poco a poco. Y ves pasar a los posibles rivales y piensas: “¿Él irá en su categoría? ¡Se ve muy grande!”.


Pones tu mejor sonrisa mientras saludas a otros papás, pero por dentro te carcome el nervio y la ansiedad. Porque sabes que tu hijo es lo que más amas sin importar el resultado, pero también sabes lo que se siente fracasar. Y mientras conoces la importancia de que vivan el fracaso, tu instinto sale a flote, y prefieres protegerlos de él. 


Nico ha competido por 5 años. Increíble pero cierto. Empezó a los dos. Antes, tardaba en despedirse. Ahora, me cuesta retenerlo un minuto más. Sabe que hay que hacer, a dónde hay que ir, le divierte, le gusta. Una pequeña oración antes de decir adiós nunca hizo daño. La bendición de mamá y mis palabras de todos los días, con un tono que quiero que suene más convincente que nunca: Eres especial, nunca lo olvides. 




Porque no será especial para el resto del mundo, pero lo será por siempre para mí. Y quiero que lleve eso en su corazón y en cada brazada, y en cada patada y en cada bocanada de aire. 




La presentación de equipos, los honores a la bandera y empiezan los más chiquitos. Esos entre los que estuvo Nico hace apenas unos años y que ahora se ven tan bebés. ¿Así estaba él? La memoria no es infalible. 






Y entonces llega su turno. Categoría 7-8 y carril uno Nicolás Galindo. Y si sacaran los latidos de mi corazón fuera de mi cuerpo se convertirían en terremoto. Lo veo del otro lado de la alberca, recibiendo instrucciones de este ángel en su vida que se ha disfrazado de entrenador. 




Suena el silbato y en cuestión de segundos se define una historia más. No hay segundas oportunidades, no hay medio tiempo. Es el momento y se acabó. Y la sonrisa de ganador se pinta en esa boquita. Oro en crol.




Pero hay que mantenerse concentrado y de eso se encarga Raúl. No hay distracciones, no hay que celebrar aún. Nos falta dorso. Y es donde se mete la presión. “Mi dorsista” le dice él. Porque ahí está el más grande potencial. Ahí es donde se espera todo de él. 






El estómago me palpita en la garganta, mientras la ronda empieza nuevamente. Y ahí está otra vez la bocina anunciando la categoría. Carril uno, Nicolás Galindo – y ahí estoy yo, de rodillas al otro lado de la alberca. Esperándolo, fotografiándolo, alentándolo con gritos. Silbato y splash. 





Y avanza, avanza con todo lo que tiene. Toda su fuerza, toda su pasión, todas sus ganas, todo ahí, en esos segundos. Y llega en primero. Es entonces cuando el cuerpo se relaja, gritamos de emoción y todo cobra sentido. 





Yo agradezco en silencio a Dios, al Universo y las estrellas por esta oportunidad. La oportunidad de estar ahí, de ser testigo y parte de cómo llegamos ahí y sí, también del oro. Porque no siempre se gana y eso está bien. ¿Pero cuando se gana? ¡Qué bonito es cuando se gana!





“No eres fuerte porque tú no juegas fútbol”, le dijeron en la escuela. Un problema que estamos tratando desde hace algunas semanas. Así que ¿ayer?, ayer durante la ceremonia cívica, la felicitación supo a oro nuevamente. Y unos cuantos se quedaron calladitos. Porque el éxito resuena por encima de otras voces. 





Querido Nico,


Lo hablamos siempre. Tu mejor talento es saber usar tus palabras y tu corazón. Tu deporte no te define, es tan sólo una parte de TODO lo maravilloso que eres como ser humano. En la vida, siempre te encontrarás con personas que pensarán diferente a ti. Que a veces, intentarán herirte. Que utilizando mal sus palabras, intentarán dañar tu corazón.


Defiéndete como en esta ocasión, por el resto de tu vida. Defiéndete demostrando lo grande que eres, a través de tus actos. Deja que tu trabajo hable por ti, siempre. 


Eres de oro, mi niño lindo. En crol, dorso y corazón. 


Te amo,

Mami.