Me gustaría encontrar la forma de describir
este sentimiento correctamente. Probablemente no existe. Es ese orgullo que sentimos
todas por nuestros hijos pero… con Red Bull?
Como cuando gatean por primera vez. O se sientan.
O cuando dan sus primeros pasos. O cuando los ves bailar en el festival de 10
de Mayo. Es justo ese sentimiento pero elevado a una potencia infinita. Como si
tuvieras un sugar rush. Así se siente verlos ganar.
Verlos competir es otra historia igual pero
completamente distinta. Estas ahí sentado en la grada, con el sol calentándote el
cuerpo y la cabeza. Viendo como la alberca se llena poco a poco. Y ves pasar a
los posibles rivales y piensas: “¿Él irá en su categoría? ¡Se ve muy grande!”.
Pones tu mejor sonrisa mientras saludas a otros
papás, pero por dentro te carcome el nervio y la ansiedad. Porque sabes que tu
hijo es lo que más amas sin importar el resultado, pero también sabes lo que se
siente fracasar. Y mientras conoces la importancia de que vivan el fracaso, tu
instinto sale a flote, y prefieres protegerlos de él.
Nico ha competido por 5 años. Increíble pero
cierto. Empezó a los dos. Antes, tardaba en despedirse. Ahora, me cuesta
retenerlo un minuto más. Sabe que hay que hacer, a dónde hay que ir, le
divierte, le gusta. Una pequeña oración antes de decir adiós nunca hizo daño.
La bendición de mamá y mis palabras de todos los días, con un tono que quiero
que suene más convincente que nunca: Eres especial, nunca lo olvides.
Porque no será especial para el resto del
mundo, pero lo será por siempre para mí. Y quiero que lleve eso en su corazón y
en cada brazada, y en cada patada y en cada bocanada de aire.
La presentación de equipos, los honores a la
bandera y empiezan los más chiquitos. Esos entre los que estuvo Nico hace
apenas unos años y que ahora se ven tan bebés. ¿Así estaba él? La memoria no es
infalible.
Y entonces llega su turno. Categoría 7-8 y carril uno Nicolás Galindo. Y si sacaran los
latidos de mi corazón fuera de mi cuerpo se convertirían en terremoto. Lo veo
del otro lado de la alberca, recibiendo instrucciones de este ángel en su vida
que se ha disfrazado de entrenador.
Suena el silbato y en cuestión de segundos se
define una historia más. No hay segundas oportunidades, no hay medio tiempo. Es
el momento y se acabó. Y la sonrisa de ganador se pinta en esa boquita. Oro en
crol.
Pero hay que mantenerse concentrado y de eso se
encarga Raúl. No hay distracciones, no hay que celebrar aún. Nos falta dorso. Y
es donde se mete la presión. “Mi dorsista” le dice él. Porque ahí está el más
grande potencial. Ahí es donde se espera todo de él.
El estómago me palpita en la garganta, mientras
la ronda empieza nuevamente. Y ahí está otra vez la bocina anunciando la
categoría. Carril uno, Nicolás Galindo
– y ahí estoy yo, de rodillas al otro lado de la alberca. Esperándolo,
fotografiándolo, alentándolo con gritos. Silbato y splash.
Y avanza, avanza con todo lo que tiene. Toda su
fuerza, toda su pasión, todas sus ganas, todo ahí, en esos segundos. Y llega en
primero. Es entonces cuando el cuerpo se relaja, gritamos de emoción y todo
cobra sentido.
Yo agradezco en silencio a Dios, al Universo y
las estrellas por esta oportunidad. La oportunidad de estar ahí, de ser testigo
y parte de cómo llegamos ahí y sí, también del oro. Porque no siempre se gana y
eso está bien. ¿Pero cuando se gana? ¡Qué bonito es cuando se gana!
“No eres fuerte porque
tú no juegas fútbol”, le dijeron en la escuela. Un problema que estamos tratando desde hace
algunas semanas. Así que ¿ayer?, ayer durante la ceremonia cívica, la felicitación
supo a oro nuevamente. Y unos cuantos se quedaron calladitos. Porque el éxito resuena
por encima de otras voces.
Querido Nico,
Lo hablamos siempre.
Tu mejor talento es saber usar tus palabras y tu corazón. Tu deporte no te
define, es tan sólo una parte de TODO lo maravilloso que eres como ser humano.
En la vida, siempre te encontrarás con personas que pensarán diferente a ti.
Que a veces, intentarán herirte. Que utilizando mal sus palabras, intentarán
dañar tu corazón.
Defiéndete como en
esta ocasión, por el resto de tu vida. Defiéndete demostrando lo grande que
eres, a través de tus actos. Deja que tu trabajo hable por ti, siempre.
Eres de oro, mi niño
lindo. En crol, dorso y corazón.
Te amo,
Mami.