Cuando era una niña, estructuré en mi cabeza mi modelo de familia perfecta. Ya sabes... una casa en un lugar montañoso, rodeado de pinos y naturaleza. Tal vez un riachuelo cerca, donde pudiéramos disfrutar de picnics los fines de semana. Como patio trasero, todo un bosque en donde hubiera un árbol grande y frondoso, que sostendría el columpio/llanta en el que mis hijos se balancearían.Sentarse a la mesa seria todo un ritual. Comer y cenar juntos, algo RIGUROSO. Los niños se irían a la cama al momento de ser indicado por su papá o por mi. En mi fantasía, yo tengo tiempo para cocinar, leer, cuidar de las flores de mi inmenso jardín, mirar el paisaje sentada en mi mecedora en mi porche de madera. Ah, y por supuesto, viviríamos felices para siempre.

El día de hoy, es uno de esos en los que mi cuerpo está aquí, en automático. Pero mi mente está ausente. Y mi humor... bueno, de ese mejor no hablamos. Mis pensamientos están perdidos en aquella fantasía; en donde NO existe una oficina a la que tengo que llegar todos los días por la mañana tratando de ventilar, pues los olores de una cocina de restaurante se encerraron desde la noche anterior. Tampoco existe el tráfico provocado por un camión que circulaba a alta velocidad y que me hizo perder 20 minutos de mi valioso tiempo esperando ser removido.
La realidad es que NO nos sentamos a comer juntos a la mesa rigurosamente. A decir verdad, durante la semana, nunca comemos juntos. La cena del día de hoy? Ni siquiera estuve presente. Tuve una discusión estúpida con Luis y decidí saltarme la cena; otorgarle el derecho de prepararle y servirle la cena a su hijo y subirme a mi cuarto, cerrar la puerta y disfrutar de mi bendito aire acondicionado A SOLAS, por unos minutos.
Mis picnis? No son en un riachuelo. A lo mucho, llegamos a un parque con caminos de cemento y pasto forzado a crecer en medio de este desierto. Las montañas? A no ser que nos podamos referir a los cerros llenos de choyas y cactus que se ven de mi balcón como montañas, no existen en mi paisaje. Y el niño que se duerme al sonar de mis palabras, que ilusa fui! Tengo 3 noches luchando con un niño renuente a dormir en su recámara y que ha decido que expandirse en mi lado de la cama a las 2 de la mañana es mucho mas relajante.
Definitivamente, la vida no es como la imaginamos. Y hay ciertos días, en que nuestras fantasías infantiles vuelven con una risa burlesca a recordárnoslo... hoy, es uno de esos días. Voy transitando por un tramo de mi carretera que no me agrada, que esta llena de baches y sin alumbrado apropiado. Afortunadamente, el día de hoy también tendrá sólo 24 horas. Mañana es viernes, y eso siempre es prometedor. Y será un viernes diferente, pues tenemos invitados especiales a cenar.
Creo que sólo por hoy, me quedaré un rato en mi fantasía y la disfrutaré como si fuera realidad. Finalmente, es una fantasía que poco visito, pues generalmente, estoy conforme con mi realidad y la disfruto. Más no hoy... ha sido un largo día.
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