Este fin de semana, nos dimos a la ardua tarea de transformar nuestra casa en un recinto de calabazas, espantapájaros, catrinas y toda clase de adornos con motivo de las celebraciones del buen Octubre.
Cada año, trato de sumar a nuestras decoraciones anteriores un nuevo ítem principal. El de esta temporada es esta gran calabaza que iluminara nuestro jardín por las noches el resto del mes.
Desempolvamos adornos, y con ello, le sacudimos al alma ese fino polvo llamado rutina; de la que es necesario escapar de vez en cuando. Hoy la casa se pinta de colores otoñales, y nos permite ver desde otro ángulo nuestra maravillosa vida.
Este año, dedicamos nuestro pequeño altar de muertos a personas especiales en nuestra vida, que lamentablemente han partido antes que nosotros. A la derecha, el gran Mr. C (papá de un gran amigo), al centro mi querida Tía Mary con su inigualable belleza y a la izquierda mi Papá Trini (mi abuelito), el mejor mecánico que Mazatlán tuvo. Le expliqué a Nico, en sencillos conceptos, la intención de esta fabulosa tradición mexicana; y me atrevería a decir que captó el mensaje.
Mi asistente estrella la pasó feliz. Alegrando con sus ocurrencias, su inocencia y su sonrisa nuestros (todavía calurosos) momentos juntos.
Este fin de semana, la pasamos decorando. No sólo nuestro hogar... Decoramos nuestro espíritu, pues pasar el tiempo juntos, en familia, es el mejor adorno que podemos colgarle a nuestro corazón.
1 comentario:
hola prima
gracias por siempre recordar a nuestra querida Mary e inculcar en tu pequeño Nico el amor por esas personitas que el no alcanzo a conocer pero que de seguro le hubieran brindado todo su amor como ellos lo sabian hacer, los queremos!!
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