martes, 2 de noviembre de 2010

Nunca te has ido

En este Día de Muertos, como todos los días, pienso en mi Tía Mary. Aquélla que me cuidó de pequeña mientras mi mamá trabajaba. La que también me cuidó de no tan pequeña cuando me enfermé y tuve que faltar a clases. Esa hermosa señora, de brillante sonrisa, que me regalaba algunas estrellitas de pasta cruda mientras cocinaba. Ella, que sonreía a escondidas (pues la sorprendimos una vez), cuando nos robábamos la tacita color naranja de la sal para comer con hormigas de su lavadero.


La muerte nos la arrebató precipitadamente. Fue como un suspiro interrumpido que se quedó en el aire. No estaba preparada para su partida... creo que ninguno de los que la amábamos lo estaba. Ella fue mi primera pérdida. Dejó este mundo y me obligó a afrontar la realidad de un vacío en el estómago que me duró por meses... tal vez años.

Por mucho tiempo, no pude hacerme a la idea. Y pensaba que ella seguía en su casa, cocinando con su mandil a cuadros, un delicioso pozole o un arroz; el mejor arroz del mundo, el arroz que NADIE más que ella sabía hacer... el arroz que todavía recuerdo.

Tengo su olor impregnado en mi nariz. La imagen de las pequitas de sus manos es tan viva, que no pareciera que hace casi 16 años que nos dijo adiós. Fueron días amargos, sin duda alguna, la peor Navidad de mi vida.

Recuerdo ese 18 de Diciembre, viendo al cielo desde la ventana del cuarto de mi Tía Ade. Dije entre lágrimas, en voz alta: "Tía, por qué te fuiste? Me puedes escuchar? Si me estás escuchando, haz algo para saberlo..." Y en ese momento, una parvada de pajáros salió volando haciendo un ruido escandaloso. Mi corazón latía a mil por hora, pero a partir de ese momento, lo supe. Ella no se había ido, seguía aquí... sigue aquí.



Habita en mis recuerdos y en los de mis primas. Vive en el corazón de mi madre y de mis tías; en la sonrisa de sus nietos y los recuerdos de niñez de mis primos y hermanos. Ella fue, es y seguirá siendo siempre un poderoso pilar de mi hermosa familia.

La siento cerca siempre, y cada que lo necesito, ella me visita en mis sueños. Me reconforta, me abraza y me tibia con su amor. Me da la paz que necesito y el consuelo que a veces, en mi realidad, no puedo encontrar. Le pido a mi Padre, y también ella. Pues estoy segura, que intercede por cada uno de nosotros, aquellos a los que amó en vida y sigue cuidando en su eternidad.

Dicen que cuando uno muere, siempre es un ser querido el que nos espera a las puertas del cielo. Creo que es en mucho, gracias a eso, que perdí el miedo a la muerte hace mucho tiempo. Pues sé que ella estará ahí, esperándome en la puerta, como tantas veces lo hizo... asomada en esa puerta de madera con mosquitero, con su sonrisa de madre.

Querida Tía,

No te extraño propiamente, pues siempre te siento cerca. Me hubiera encantado que Nico te conociera. Que pudiera abrazarte, y sentir lo que me hacías -haces- sentir a mi con tus abrazos. Pero le cuento de ti... Eres un ser tan especial en mi vida, que a veces, creo que eres mi más grande confidente. De vez en cuando puedo escuchar un "Dulce Gabrielita" a lo lejos, como tú me llamabas. Y cuando lo escucho, me es inevitable sonreír y sentir el pecho apretado al mismo tiempo. Tu lugar en nuestra hermosa familia es irreemplazable. Partiste con mucha anticipación a nosotros y todavía no estoy muy segura porqué, pero se que la razón existe.

Este Día de Muertos, los pasados y los futuros, le rindo tributo a tu belleza. Exterior e interior, y te recuerdo con una sonrisa, pues aunque físicamente estemos separadas nuestros espíritus están muy cerca. Nunca dejes de visitarme en mis sueños tía, pues te necesito. Te quiero.


2 comentarios:

Anónimo dijo...

bellisimos pensamientos prima, muchisimas gracias por amar tanto a mi madre, los quiero, luz ma.

Anónimo dijo...

Gracias por tus letras Dulce, comparto muchos de esos sentimientos contigo, ella sigue con nosotros...no visita cuando mas la necesitamos, y nos escucha y nos habla en nuestros sueños... te mando un abrazo, y dejame decirte que aunque no son lagrimas de dolor, sino de nostalgia y a la vez alegria, nos hayas hecho llorar a varias ;)
Gloria