Son las 11.45 am y rápidamente, le doy send al correo que acabo de finalizar. Bajo la tapa de mi lap, tomo mi celular y me dirijo hacia mi carro para llegar al kinder. Hoy, es viernes corto. Los viernes cortos, son esos viernes últimos del mes, en los que los "angelitos" salen del recinto escolar a mediodía porque las maestras tienen junta... Acá entre nos, nunca me he creído el cuento. Preferiría que dijeran, es viernes corto porque sus mocosos requieren de mucha paciencia y por lo menos UNA vez al mes, quisiéramos librarnos de ellos temprano. VÁLIDO, muy VÁLIDO.
Pero bueno, llego puntual a la cita; pues me he prometido a mi misma, que al menos que un suceso trágico e inesperado pase, siempre seré de las mamás que están a tiempo. Para mi sorpresa, la fila de carros ya es significativa. Una "señora copetona" (dijera mi compradre Beto) en su trocona blanca, de esas que chupan gasolina a lo tarado, se me avienta para ganarme el espacio libre que divisé para estacionarme. Debí enojarme, pero alcanzo a ver por la ventana, que efectivamente trae su copetón y en vez de enfurecerme, me río, me felicito a mi misma por no entrar en el perfil de "señora copetona", y busco otro lugar.
Espero debidamente y en la fila que nombren a mis chaparros: "Nico Galindo, Dieguito Plazolaaaaa". Ambos me ven, sonríen y cargando su mochila, corren a la salida. Les pido que se tomen de la mano para poder cruzar la calle con precaución. Los hago voltear a ambos lados para asegurarse que no venga carro, y cruzamos.
Ya vamos al restaurant de la manzanita, mami? - pregunta Nico. Si, amor - respondo. Ay, mejor vamos al de la zanahoria! - dice Diego. Los tres reímos.
Llegamos a Applebee's y me estaciono. Los bajo a los dos del carro, y mientras yo me dispongo a agarrar mi bolsa, la cámara, el celular y demás chunches; volteo a verlos y me encuentro con esto:
Bendita cámara que estabas lista para captar este bello momento!
Entramos al restaurant, me ofrecen gel desinfectante y mi preocupación de como le voy a hacer para lavarle a los dos las manos al mismo tiempo con mis chunches colgadas, se desvanece. No será la manera mas higiénica de quitarles los gérmenes, pero bueno... sabrá Dios si coman tierra en el kinder y uno ni en cuenta.
Toman entre los dos la difícil decisión de cual mesa es mejor para sentarnos y por fin, nos sentamos. Llega el mesero a ofrecernos algo de tomar y por supuesto, los DOS quisieron lo mismo. Naranja! - gritó uno. Yo también! - dijo el otro.
Mientras esperábamos que llegara la comida, se dedicaron a colorear. Y por supuesto, a invadir el espacio personal de los vecinos de la mesa contigua. De los que inevitablemente tuve que escuchar su conversación acerca de la importancia de la banca electrónica en nuestros días.
La comida pasa sin mayores atropellos. Ambos terminan casi por completo su mini hamburguesa, y por supuesto, de las papas no quedo ni un grano de sal. Pido la cuenta, mientras ambos exigen el postre prometido y salimos del restaurant hacia el kiosco del café para comprarles un muffin de chocolate (que estaba tan duro, que bien pudo haber descalabrado a un cristiano).
Mordisquean el no-suculento pan de chocolate, y el resto del tiempo se dedican a jugar. AMO las primeras veces... esta fue una primera vez. La primera vez que Nico invitó a comer a un amiguito... la primera vez que Diego se fue a comer con un amiguito. Y yo, pude ser testigo.
Estos dos son especiales el uno para el otro. Tanto, que Nico lloró amargamente cuando dejamos a Diego con su mami. Sus conversaciones siguen siendo fabulosas, en algún momento de la comida Nico le preguntó a Diego qué dibujaba y él le contestó: No estoy dibujando, mi crayola es azul porque soy un pez. A lo que Nico respondió: Ah si, yo también quiero ser un pez, me la prestas?.
Bendita inocencia, ojalá no se les acabara nunca. Pero se que en menos de lo que pienso, no estarán discutiendo sobre crayolas, sino sobre las niñas que les gustan. Mientras eso pasa, pretendo repetir las aventuras de viernes corto tantas veces como sean posibles.
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