jueves, 6 de septiembre de 2012

Código: Mamá

La semana pasada, cuando dejaba un día por la mañana a Nico en la escuela, vi como un bebé lloraba desconsolado mientras Miss Luly lo despegaba como mezclilla mojada de la piel de su mamá.

 

Ella volteó en mi dirección y me sonrió. La sonrisa que brota cuando en realidad quieres llorar pero no puedes porque sería desastroso para la seguridad de tu hijo. “Te entiendo. Van a estar bien, ya verás. Tu y él.” – le dije sin pensar mucho. “Tú crees? Siento que me muero todas las mañanas…” – me respondió.

 

Y sé que no exageraba. Me tocó estar ahí un día. Y alguien me aseguró entonces, que íbamos a estar bien. Tenía razón. Y era cierto cuando dijo que me entendía. Tan cierto como cuando yo lo repetí la semana pasada. Hablamos el mismo idioma. Usamos el mismo código. El código Mamá.

 

Ayer fuimos invitados como cada año, a la celebración del cumpleaños de los gemelos Michael y Mateo. Su mamá y yo nos conocemos desde la primaria, y entre otras muchas cosas que tenemos en común, es que nos encanta la producción. Fuimos un día compañeras en los musicales de teatro, y ahora, somos compañeras en la tarea de ser mamás.  
 

 

Cada año, mi amiga Isabel monta una producción espectacular para celebrar a sus divinos M&M. Este año, nuestros hijos eligieron el mismo tema: ROCKSTARS. Cada quien con su estilo y toque personal. El requisito era madre e hijo ir vestidos de rockeros. Nos dieron en nuestro mero mole, estamos de acuerdo?

 

 

Llegamos al lugar padrísimo donde fue la fiesta para encontrarnos con decenas de mamás y niños, disfrazados y disfrutando de una tarde de rock. Volteé a mi alrededor y sonreí al ver a las mujeres que en ocasiones normales veo entaconadas y bien maquilladas con pelucas, collares y maquillaje estrambótico.
 

 

Somos mamás. Esto es lo que hacemos. Nos involucramos con nuestros hijos, y con los hijos de nuestras amigas. Nos apoyamos unas a otras basándonos en el código que todas conocemos. Ese código y juramento con el que tomamos protesta al momento de traer al mundo a un pequeñito. Haremos lo que sea para verlos felices.
 

 
 
 
 

Y nuestro código nos llama, a servir de soporte a otras mamás para cumplir esa tarea. Si hay que disfrazarse de rockeros o si hay que imaginarse que 4 sillitas son un cohete espacial que viaja a la luna. No importa. Lo hacemos porque es justo lo que haríamos por nuestros hijos.
 

 


Así que hoy, cerré mi computadora temprano y a pesar de la inmensa carga de trabajo acumulada; me puse mi collar y mis guantes rockeros y fui a celebrar ese código con una mamá que además admiro y quiero. “No vas a regresar a la oficina?” – me preguntó mi hermana a mediodía. Suspiré pensando en todo lo que me esperaba en mi escritorio y le contesté: “Nop. Prioridades. Tengo una fiesta de rock.”
 

 

El código: Mamá es algo fuerte. Una insignia que se lleva tatuada en la piel. Que nos permite ser empáticas, ayudarnos unas a otras, darnos valor cuando creemos haberlo perdido, y estar ahí, llorando cuando hay que llorar y celebrando cuando hay que celebrar.



 

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