La semana
pasada, cuando dejaba un día por la mañana a Nico en la escuela, vi como un bebé
lloraba desconsolado mientras Miss Luly lo despegaba como mezclilla mojada de
la piel de su mamá.
Ella volteó
en mi dirección y me sonrió. La sonrisa que brota cuando en realidad quieres
llorar pero no puedes porque sería desastroso para la seguridad de tu hijo. “Te entiendo. Van a estar bien, ya verás. Tu
y él.” – le dije sin pensar mucho. “Tú crees? Siento que me muero todas las
mañanas…” – me respondió.
Y sé que no
exageraba. Me tocó estar ahí un día. Y alguien me aseguró entonces, que íbamos a
estar bien. Tenía razón. Y era cierto cuando dijo que me entendía. Tan cierto como
cuando yo lo repetí la semana pasada. Hablamos el mismo idioma. Usamos el mismo
código. El código Mamá.
Ayer fuimos
invitados como cada año, a la celebración del cumpleaños de los gemelos Michael
y Mateo. Su mamá y yo nos conocemos desde la primaria, y entre otras muchas
cosas que tenemos en común, es que nos encanta la producción. Fuimos un día compañeras
en los musicales de teatro, y ahora, somos compañeras en la tarea de ser mamás.
Cada año,
mi amiga Isabel monta una producción espectacular para celebrar a sus divinos
M&M. Este año, nuestros hijos eligieron el mismo tema: ROCKSTARS. Cada
quien con su estilo y toque personal. El requisito era madre e hijo ir vestidos
de rockeros. Nos dieron en nuestro mero mole, estamos de acuerdo?
Llegamos al
lugar padrísimo donde fue la fiesta para encontrarnos con decenas de mamás y niños,
disfrazados y disfrutando de una tarde de rock. Volteé a mi alrededor y sonreí
al ver a las mujeres que en ocasiones normales veo entaconadas y bien
maquilladas con pelucas, collares y maquillaje estrambótico.
Somos mamás.
Esto es lo que hacemos. Nos involucramos con nuestros hijos, y con los hijos de
nuestras amigas. Nos apoyamos unas a otras basándonos en el código que todas
conocemos. Ese código y juramento con el que tomamos protesta al momento de
traer al mundo a un pequeñito. Haremos lo que sea para verlos felices.
Y nuestro código nos llama, a servir de soporte a otras mamás para cumplir esa tarea. Si hay que disfrazarse de rockeros o si hay que imaginarse que 4 sillitas son un cohete espacial que viaja a la luna. No importa. Lo hacemos porque es justo lo que haríamos por nuestros hijos.
Así que hoy, cerré mi computadora temprano y a pesar de la inmensa carga de trabajo acumulada; me puse mi collar y mis guantes rockeros y fui a celebrar ese código con una mamá que además admiro y quiero. “No vas a regresar a la oficina?” – me preguntó mi hermana a mediodía. Suspiré pensando en todo lo que me esperaba en mi escritorio y le contesté: “Nop. Prioridades. Tengo una fiesta de rock.”
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