lunes, 16 de abril de 2012

Vuelta a la normalidad

Hoy desperté al escuchar la regadera abierta, mientras Luis se bañaba. Abrí los ojos para darme cuenta que volvíamos a la rutina. Las vacaciones se terminaron. Abrí los cajones de mi ropa semi-dormida mientras noté que la mañana estaba más fresca que en días anteriores. Elegí el atuendo del día y me arrastré hacia el interior de mi querido cuarto de baño. Dejé correr el agua hasta que el espejo se empañó, me metí a la regadera e inicié el día.

Nico ponte el uniforme. Nico apúrate a comerte tu pan. Nico, los tennis. Nico, los dientes.- Oh si, bendita normalidad. Siempre es bueno salirse de ella, siempre es bueno regresar. Hoy retomaremos las horas de comida, de irse a dormir, las tareas y las actividades de las tardes. Volvió el uniforme, los honores a la bandera y todas esas cosas bellas de la vida escolar.



Esta semana promete aventuras increíbles. Todo Abril tenemos casa llena, empezamos con Marce y Emilie; seguimos con el Easter Hunt y mi mamá; vamos a la mitad del camino, y las semanas que siguen prometen. Y prometen en grande.  Pero antes de llegar al día de hoy, disfrutamos de los últimos días fuera de la rutina con mi mami. Y eso siempre, nos recarga de energías para seguir con lo que viene.


La pijamada.

El viernes Nico y mi mamá se fueron a dormir a casa de Flor.


No sin antes asegurarse de dejarme un dibujo para que no lo extrañara tanto.


Luis y yo aprovechamos la pijamada para disfrutar una buena cena como adultos civilizados y una noche de sueño larga e ininterrumpida. El sábado por la mañana desperté extrañando sus delicados pasos al despertar y su cuerpecito con olor a bebé acurrucado junto al mío.


Noche de panquequis.

El sábado fue uno de esos días en los que el nada, se convierte en algo maravilloso. Después de la noche de pijamada, nos vimos para desayunar juntos en el restaurant favorito de Nico. El resto de la mañana cada quien se dedicó a hacer sus pendientes. Volvimos a la casa, y mi mamá nos compartió una nueva receta secreta; esta vez, para hacer sopa de tortilla. Rotundo éxito. Se quedará para la posteridad.


Después de comer, nos dispusimos a ver una película en familia. El filme de Luis fracasó y no nos quedó más remedio que ver a mi lobito en el Golden Choice. Mi mamá no conocía a Jacob, o la saga de Twilight per se, así que la introdujimos al mundo de los lobos y vampiros modernos por primera vez. Poco a poco fue oscureciendo, y llegó la hora de cenar panquequis. Tan solo pensar en esta tradición, me pone de buen humor.




Y a los panquequis había que agregar las municiones de frijoles enchilados que tenía que dejarnos Bibi para sobrevivir las próximas semanas.



El chef repostero Nico, cada vez fortalece más sus habilidades panquequerianas.



Y al ritmo de la pegajosa canción ‘le meneo, le meneo’ inventada por su servidora y mi hermana hace ya algunas lunas; colgamos una noche inolvidable mas a nuestro álbum de recuerdos.




Nos deleitamos con los deliciosos quequis de mi mamá y soñamos con la idea de compartirlos con el mundo.


‘La quequería de Bibi’ es el nombre oficial. Y estaría a lado de mi librería (mi negocio-sueño dorado). Nico fue el más entusiasmado con la idea y él verdaderamente cree, que un día será una realidad. Porque no?...




 Pero como los cuentos de hadas, este capítulo llegó a su final. Mi mamá partió ayer por la tarde y nosotros, poco a poco tendremos que volver a acostumbrarnos a tenerla solo a través del teléfono. Sólo por unos meses… que afortunadamente, pasan increíblemente rápido.


viernes, 13 de abril de 2012

Grande y pequeño

Querido Nico,

Ayer fue uno de esos días, en los que el contraste de tu cuerpo y tu inocencia me recordaron que creces a pasos agigantados pero que aun así, el tiempo sigue siendo benévolo conmigo; pues en realidad, todavía hay en ti, mucho de aquel bebé que un día fuiste. Que aún eres.

Bibi se fue con mi hermana por la tarde. Así que tu y yo volvimos por un rato a nuestra rutina de soledad habitual. Yo no me sentía muy bien, la migraña invadía mi mente y mi cuerpo; así que utilice una de las benditas armas inventadas para la salvación de las madres en el siglo XX: los DVD’S.

Te preparé un helado especial, de chocolate sobre chocolate con jarabe de chocolate y chispitas de colores. Inserté el DVD de Cars por 1’345,976 vez, te acomodé tus almohadas y me despedí, diciéndote que estaría en mi cuarto si me necesitabas. Tomé mi libro y me dispuse a leer por un rato. De repente, me pareció muy raro que no hubieras venido a comentarme que McQueen no había podido huir de Radiator Springs o que habías derramado tu nieve por toda la cama, o algo por estilo. Me levanté de la cama con una punzada en el cerebro y caminé a tu cuarto. Así te encontré.



Acomodadito en posición fetal, con tus piecitos recogidos y tu manita sobre la almohada. Me quede admirándote y de repente un golpe de realidad me azotó la cabeza. Por un momento dolió mas que la mismísima migraña que me cargaba.  Te vi ahí, laaaargo y dormido. Con la suficiente madurez para dejar a un lado la tele y la realidad y hundirte en un profundo sueño sin anuncios. Sin necesidad de que estuviera  tu lado acariciándote o tan solo reparando en mi presencia.

Me pareciste más grande que nunca, física y emocionalmente. Decidí arrodillarme junto a ti, poniendo mi cara muy cerquita de la tuya. Sintiendo el resoplido de tu pesada y tranquila respiración sobre mi rostro; y sonreí. Pues tu carita se veía así.


La misma carita que recuerdo en una cunita pequeñita justo a lado de mi cama. Los mismos cachetitos aplastados y pestanas largas, la misma boquita de bebé simulado la boca semi-abierta de un pececito. Tu carita de bebé. Suspiré de alivio, agradeciendo a Dios y pidiéndole un poco más. No estoy lista para despedirme de ese bebé todavía. Tal vez nunca lo esté.

Te vi grande y pequeño simultáneamente. Besé tu cabecita y dejé descansar. Me retiré a mi cuarto para hacer lo mismo. Consiguiendo solo dar vueltas en la cama, pensando en los últimos cuatro años y medio de mi vida. Y en la promesa que te hice y me hice el primer día que estuvimos frente a frente. Estaré aquí para ti siempre. Dispuesta a hacer todo lo necesario para que tengas una vida grande.

Verte crecer es el sentimiento más agridulce que puede existir. Y por eso, protejo tu inocencia de todo lo que puedo. Pues se que es inevitable que la pierdas pronto. Y por eso, en la tele no existirán mas canales que Nick Jr., Baby First TV y Cbeebies hasta que no pueda sostenerlo más. Y por eso no hablaremos de La Llorona, de los pecados o las malas palabras hasta que no quede otra salida. Pues tu pureza y tu inocencia es el cristal más hermoso y frágil que he tenido entre mis manos.


Mi pequeño solecito, larguirucho y elocuente. Inocente y aventurero. Con cara de bebé y capacidad de niño grande. Dame un tiempo más, y quédate así todavía.


 * BAD Blackberry photos on this post.

jueves, 12 de abril de 2012

Mis estrellas se alinearon

Hay cosas que ya por su propia naturaleza me gustan. Por ejemplo, leer un buen libro. Pero si al buen libro le agregas otro ingrediente delicioso, digamos, Balandra; entonces el gusto se convierte en maravilla. Un buen libro en Balandra?… y las estrellas se alinean.

Me gusta la nieve de yogurt, en sí. Pero si a la nieve de yogurt, le agregamos chocolate duro y m&m’s… las estrellas se alinean. Lo mismo pasa cuando a una ya planta linda por su follaje, se le ocurre florecer. O cuando después de un día cansado en la oficina, a Nico se le ocurre dormir siesta y se va de largo hasta el día siguiente. Y que las mamás no me juzguen ni me vean con ojos de pistola. Que incluso las que lo niegan; cuando los bebés se duermen por horas y horas y nos dejan estar en santa paz… nuestras estrellas se alinean. Y no significa que los queramos menos, nos estorben o nos molesten. Significa que ser mamá te consume hasta los huesos.

A veces, cuando las estrellas se alinean, es muy evidente. A veces, ni siquiera nos damos cuenta. Se alinean discretamente por órdenes superiores; incluso mientras nosotros pensamos que todo está mas desordenado que nunca. El plan del de arriba suele ser así. Pero hay momentos en la vida, a veces incluso fugaces, en los que el polvo mágico de los momentos perfectos cae sobre nuestras cabezas y se conforma lo que me gusta definir como una alineación de estrellas redonda.

Se alinearon mis estrellas el día que me casé. El día que me convertí en madre. El día que dije si, escondida bajo un mostrador, y me mudé a este lugar. Se alinearon, cuando mi mamá tomó la decisión de inscribirme en esa escuela específica y me conseguí a las mejores amigas por el resto de mi vida. O cuando decidió tener un tercer y último hijo. (El claro ejemplo, de que incluso cuando pensamos que las estrellas están desalineadas, podemos estar equivocados. Mis estrellas se alinearon cuando mi hermano nació pero yo pensé lo contrario hasta que cumplió como 4 años; y empezó a ser útil y divertido para mí).

Pero los astros no sólo se alinean en momentos que nos definen de por vida. Marchan en fila india, aquí y allá, regalándonos instantes perfectos. Reencuentros con viejos amigos o familia. O la coincidencia de estar justo ahí cuando la luna selevanta sobre el mar. Anoche, mis estrellas de alinearon. Las de Nico también.

Un par de veces me había dicho, que le gustaría invitar a Bibi a uno de nuestros picnics en la playa. ‘Si, amor… cuando venga la invitas.’ – le decía yo, sabiendo que mi mamá no es amante de la arena y las olas.

Definitivamente, el gusto por las actividades al aire libre, no lo heredamos de ella (es mi papá el aventurero). Mi mamá prefiere el interior. Y es gracias a ella, que nuestra casa es nuestro santuario. Ella nos enseñó  desde pequeños a apreciar nuestro hogar. A disfrutarlo, a convertirlo en nuestro refugio. Pero ella haría cualquier cosa por nosotros. Eso lo tengo más que claro. Y especialmente, haría cualquier cosa por darle gusto a Nico. Su único nieto.


Y entonces… Voila… picnic en Costa Azul, con Bibi.
 




Nos sentamos en la mantita, mientras Nico devoraba su pain au chocolat; mi mamá su nieve de nuez y yo mi vanilla light latte. Con las olas reventando en las piedras y bendito Dios, sin ningún invasor con carpas gigantes a nuestro alrededor.



Tirar piedras al mar, sigue siendo un juego divertido.




Doesn’t get old.


Tal vez fue solo media hora la que estuvimos ahí sentados. 40 minutos a lo mucho. Pero las estrellas se alinearon completamente. Y las imágenes avalan a lo que me refiero.




Be still my heart. Llevaré esta imagen conmigo por siempre. No importa que los años pasen y nos barran con ellos.


No es hermosa, mi mamá? Yo creo que es hermosísima.


Me pregunto si Nico pensará lo mismo cuando me ve.


Las estrellas no se alinean todos los días. O tal vez sí. Tal vez el simple hecho de pasar el día a salvo en nuestras rutinas sin mayores contratiempos sea gracias a que nuestros astros nos cuidan. Lo que es un hecho, es que mis estrellas más brillantes y bonitas formaron la fila perfecta ayer.


Nuestros picnics en la playa, me gustan. Un picnic en la playa con mi hijo y mi mamá?… y las estrellas se alinearon.



miércoles, 11 de abril de 2012

Mi mamá está aquí

Nico despierta por las mañanas y escucho sus gentiles y discretos pasos sobre el piso, todos los días. Esta semana, la diferencia, es que no los escucho dirigirse hacia mi recámara. Su primera parada es el cuarto de Bibi… Mi mamá está aquí. Eso significa muchas cosas.



El domingo a mediodía recibimos con emoción a mi mamá después de poco mas de 3 meses de no vernos.


Nico era el más desesperado por ver llegar a Bibi. Tienen una rutina muy clara. Llega, la abrazamos; después Nico la acapara por varios minutos en lo que Luis baja su maleta del carro y después; Nico pregunta ansioso por sus sorpresas. Mi hermana y yo no preguntamos, tratamos de mantener el desinterés; aunque sabemos que siempre habrá algún paquetito para nosotras.

Mi mamá se sienta en la sala o el comedor, con la maleta a sus pies y empieza la función. Saca uno, dos, tres, cuatro, CINCO regalos para Nico. Los de ella, los que le manda mi papa, o mis tías o mis primas, you name it. Y Nico permanece ahí paradito, con una sonrisa congelada que solo se pierde para volverse en un grito o una risa al ver cada sorpresa. (Blackberry photo, perdonen ustedes).


Mi mamá está aquí. Y eso significa que esta semana comimos machaca sinaloense, importada desde la mismísima Carniceria ‘Munich’. Significa que el platillo de mañana serán tacos gobernador de marlín; guisados y preparados exquisitamente por la mujer que me dio la vida. Significa que Nico tiene libros nuevos para su biblioteca. Y que aprenderá cosas nuevas, porque Bibi, siempre le enseña algo que no sabía.


Mi mamá está aquí. Y eso significa que la pila de ropa para remendar y arreglar quedará como nueva en un tris tras. Que habrá visita obligatoria a Costco y a comer un postre en Applebee’s. Que tendré que desayunar en forma todos los días para obtener autorización para irme a la oficina y que me llevaré su olor impregnado en la ropa cada mañana al darle un beso de despedida.

Mi mamá está aquí. Y eso significa que Nico reirá en promedio un 38% más de lo que ríe regularmente. Que su comportamiento se notará mas consentido que de costumbre y que se dormirá un poquito más tarde de lo que marca la rutina. Que de repente, necesita ‘ayuda’ nuevamente para subirse al carro.


Mi mamá está aquí. Y también significa que las horas en la oficina se me hacen largas para llegar a la casa. Y que pasaré mucho más tiempo acurrucada en su cama que en la mía. Y que tendré que pelearme con Nico para poder acostarme YO en su regazo.


Mi mamá está aquí. Eso significa que habrá reservas de frijoles puercos para varias semanas. Significa que me libero de ciertas responsabilidades que tal vez solo habitan en mi cabeza, pero que inevitablemente se relajan cuando ella está aquí y llega a tomar el control. Que existe la posibilidad de que Luis y yo podamos ir al cine como dos personas adultas civilizadas. Significa que seguramente habrá noche de panquequis hoy o mañana.

Mi mamá está aquí. Eso significa que estamos más felices y completos.

lunes, 9 de abril de 2012

The moonrise

El viernes, después del ajetreo de las compras para nuestro Easter Hunt, decidimos terminar el día en Costa Azul.





Por alguna razón que no me explico, la gente local siente que es de vida o muerte invadir las playas durante semana santa. Teniendo las mismas hermosas playas los 365 días del año y fines de semana; por lógicas que a mí me cuesta comprender, se empecinan en instalarse en la playa justo los días santos; y olvidarse de esto, por el resto del año. En mi caso personal, hago lo opuesto. Las multitudes me aturden y me sofocan, en pocas palabras, me chocan. La gente con sus carpas gigantes, su música a todo volumen, sus asadores y ceviches; me crispan los nervios. Por ello, y para evitar hacer corajes, durante estos días, me abstengo de visitar nuestros recintos naturales. Total se, que en unos días, todo volverá a la normalidad; la gente rara se guardará en su casa por el resto del año y a los que verdaderamente no podemos vivir sin la arena y las olas, se nos devolverá la paz de nuestro espacio.

Pero a Nico ya le andaba. Y me pidió encarecidamente que lo lleváramos por un postre y fuéramos a la playa. Efectivamente, lo que esperábamos. Una carpa gigantesca con música, 6 casa de campaña y una mesa de jardín con sombrilla era el desplegado profanador de UNA sola familia. Justo en la entrada de Costa Azul, como dando la bienvenida al resto del mundo. (Ni siquiera le tomé foto porque era demasiada mi molestia)

Nos apartamos un poco y nos sentamos los tres en silencio a disfrutar de nuestros postres.


Tratamos de concentrarnos en el sonido de las olas reventando en la orilla, y en el pintoresco cielo azul-rosado que nos regalaba la tarde.


Nico empezó a payasear con mil caras.


Acto seguido, yo empecé a payasear con él.


Recogimos nuestra basura y nuestros traseros para regresar a casa. Y en cuanto nos subimos al carro, como por arte de magia, vimos aparecer esto frente a nosotros... Be still my heart. The moonrise.


La capacidad de asombro vuelve a ti cuando espectáculos como este se postran frente a ti por casualidades de la vida. El perfect timing. ‘Nico, ya viste como está saliendo la luna del mar?’ – Esto es especial, no vayas a creer que esto pasa en cualquier lado… Pasa aquí. – Justo en este mes como el Abril pasado.


Los atardeceres mazatlecos son espectaculares. Es algo que extraño todo el tiempo. Pero esto? Definitivamente también deja sin aliento.


Finalmente, después de un rato de admiración, arrancamos y nos fuimos. Arropados bajo la luz de una luna “redondota como una pelotota que alumbra el callejón” y el paraíso, nos fuimos a dormir.