Hay cosas
que ya por su propia naturaleza me gustan. Por ejemplo, leer un buen libro. Pero
si al buen libro le agregas otro ingrediente delicioso, digamos, Balandra;
entonces el gusto se convierte en maravilla. Un buen libro en Balandra?… y las
estrellas se alinean.
Me gusta la
nieve de yogurt, en sí. Pero si a la nieve de yogurt, le agregamos chocolate
duro y m&m’s… las estrellas se alinean. Lo mismo pasa cuando a una ya
planta linda por su follaje, se le ocurre florecer. O cuando después de un día
cansado en la oficina, a Nico se le ocurre dormir siesta y se va de largo hasta
el día siguiente. Y que las mamás no me juzguen ni me vean con ojos de pistola.
Que incluso las que lo niegan; cuando los bebés se duermen por horas y horas y
nos dejan estar en santa paz… nuestras estrellas se alinean. Y no
significa que los queramos menos, nos estorben o nos molesten. Significa que ser
mamá te consume hasta los huesos.
A veces,
cuando las estrellas se alinean, es muy evidente. A veces, ni siquiera nos
damos cuenta. Se alinean discretamente por órdenes superiores; incluso mientras
nosotros pensamos que todo está mas desordenado que nunca. El plan del de
arriba suele ser así. Pero hay momentos en la vida, a veces incluso fugaces, en
los que el polvo mágico de los momentos perfectos cae sobre nuestras cabezas y
se conforma lo que me gusta definir como una alineación de estrellas redonda.
Se
alinearon mis estrellas el día que me casé. El día que me convertí en madre. El
día que dije si, escondida bajo un
mostrador, y me mudé a este lugar. Se alinearon, cuando mi mamá tomó la decisión
de inscribirme en esa escuela específica
y me conseguí a las mejores amigas por el resto de mi vida. O cuando decidió
tener un tercer y último hijo. (El claro ejemplo, de que incluso cuando
pensamos que las estrellas están desalineadas, podemos estar equivocados. Mis
estrellas se alinearon cuando mi hermano nació pero yo pensé lo contrario hasta
que cumplió como 4 años; y empezó a ser útil y divertido para mí).
Pero los
astros no sólo se alinean en momentos que nos definen de por vida. Marchan en
fila india, aquí y allá, regalándonos instantes perfectos. Reencuentros con
viejos amigos o familia. O la coincidencia de estar justo ahí cuando la luna selevanta sobre el mar. Anoche, mis estrellas de alinearon. Las de Nico también.
Un par de
veces me había dicho, que le gustaría invitar a Bibi a uno de nuestros picnics
en la playa. ‘Si, amor… cuando venga la
invitas.’ – le decía yo, sabiendo que mi mamá no es amante de la arena y
las olas.
Definitivamente,
el gusto por las actividades al aire libre, no lo heredamos de ella (es mi papá
el aventurero). Mi mamá prefiere el interior. Y es gracias a ella, que nuestra
casa es nuestro santuario. Ella nos enseñó desde pequeños a apreciar nuestro hogar. A
disfrutarlo, a convertirlo en nuestro refugio. Pero ella haría cualquier cosa
por nosotros. Eso lo tengo más que claro. Y especialmente, haría cualquier cosa
por darle gusto a Nico. Su único nieto.
Y entonces…
Voila… picnic en Costa Azul, con Bibi.
Nos
sentamos en la mantita, mientras Nico devoraba su pain au chocolat; mi mamá su nieve de nuez y yo mi vanilla light
latte. Con las olas reventando en las piedras y bendito Dios, sin ningún invasor
con carpas gigantes a nuestro alrededor.
Tirar piedras al mar, sigue siendo un juego divertido.
Doesn’t get
old.
Tal vez fue
solo media hora la que estuvimos ahí sentados. 40 minutos a lo mucho. Pero las
estrellas se alinearon completamente. Y las imágenes avalan a lo que me
refiero.
Be still my
heart. Llevaré esta imagen conmigo por siempre. No importa que los años pasen y
nos barran con ellos.
No es
hermosa, mi mamá? Yo creo que es hermosísima.
Me pregunto
si Nico pensará lo mismo cuando me ve.
Las
estrellas no se alinean todos los días. O tal vez sí. Tal vez el simple hecho
de pasar el día a salvo en nuestras rutinas sin mayores contratiempos sea
gracias a que nuestros astros nos cuidan. Lo que es un hecho, es que mis
estrellas más brillantes y bonitas formaron la fila perfecta ayer.
Nuestros
picnics en la playa, me gustan. Un picnic en la playa con mi hijo y mi mamá?… y
las estrellas se alinearon.
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