Ayer después
de comer, Nico me preguntó si podía usar el iPad un rato. ‘Esta bien.’ – le dije.
‘Mientras nos vamos a clase de natación...’ – completé sonriendo. Un ‘ooooh’ entusiasta y sorprendido acompañado con un brillo en sus ojitos seguido
de una sonrisa fue su respuesta.
Se cambio con orgullo, buscó sus gogles y emocionado esperó con paciencia a su profesor.
La semana
pasada que estuvimos en La Paz, creo que tragó como 15 litros de agua en la alberca.
Tenía desde Noviembre sin meterse al agua y el descontrol fue claro. Pensé que
tal vez, habría que empezar casi desde el principio. Pero no. Lo que bien se
aprende no se olvida, brincó al agua desesperado minutos antes de que
apareciera Raúl y mi pececito volvió a su hábitat.
‘Quiero
que compita en Junio’- proclamó su profesor. Yo, mamá gallina cacaraqueé al
instante: ‘Que! Pero si apenas va a
empezando! No es muy pronto?’- ‘Mami,
si quiero!’- me interrumpió Nico. ‘Está
listo.’ – sonrió Raúl. We’re back in training.
Sigo
aprendiendo a ser madre, y de vez en cuando, meto la pata. En mi afán de protegerlo, a veces, sin intención
quiero detener sus alas. Creo que nos pasa a todas... Durante los siguientes 60
minutos, lo vi patalear y bracear como si el mundo dependiera de ello.
‘Respira profundo! Estira bien los brazos!’- le gritaba su profesor. ‘OK!’ – le
contestaba Nico cuando salía a tomar aire.
Como lo he
externado con anterioridad, mis clases de natación fueron un m.a.r.t.i.r.i.o.
La vida me lo compensó con esto.
Nico ama el
agua. Es su elemento. Lo puedo ver nadando por el resto de su vida.
Tal vez
profesionalmente, tal vez no. Pero saber que existe algo tan tangible, que lo
hace feliz, que lo desconecta; me da una sensación de paz inquebrantable. Doy
gracias a Dios por haberle ayudado a encontrar su mojo a tan temprana edad.
Puedo
imaginarlo, de adolescente; frustrado con su papa o conmigo por algo;
agarrando sus gogles y brincando al agua, desquitando toda su frustración.
Mi escape
es la escritura. El suyo? Es esto. No cabe duda.
Extrañé esta
rutina. Volver a natación me da una sensación de seguridad, de estabilidad, de triunfo. Empezamos con las clases el Mayo pasado, en medio de una revolución emocional en mi cabeza; pienso y a veces, ni yo sé cómo
lograba sobrevivir los días. Estamos de vuelta. Eso significa que sobrevivimos.
Fue uno de los veranos más complicados de mi vida, y sigo aquí. Puedo hacerlo...
De aquí al horizonte, todo va a mejorar. Hemos salido a la superficie... estamos respirando.
Nico los
saluda. Buen fin de semana para todos.
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