Me ausenté
de este espacio que tanto quiero y que tanto necesito por tres días; que me
parecieron eternos y demasiado cortos al mismo tiempo. Me ausenté para estar
presente al cien por ciento con mi pequeña familia, que pocas veces encuentra
oasis como estos en el desierto de la rutina: 4 días de descanso seguidos.
Hoy ya es
domingo, y estoy aquí, sentada en el comedor mientras escucho los pájaros
trinar en los arboles y en mi jardín. Una tasa humeante de té verde a mi lado,
una pantalla en blanco y la emoción de volver a poner mis dedos sobre el
teclado y convertir en palabras los pensamientos, los recuerdos y las vivencias
de los últimos días.
Hoy desperté
acurrucada junto al cuerpecito tibio de Nico, su manita sobre la mía y su respiración
profunda y pesada con una rítmica que me calma y me relaja. Abrí mis ojos y permanecí
inmóvil, tratando de absorber el momento. Llena de gratitud por tener la
oportunidad de despertar así; calientita junto a los seres que más amo.
Me levanté
con el cuerpo todavía aporreado y con restos de pintura en las manos. Abajo,
nos esperaban los vestigios que nos recordaban que ayer, fue un día maravilloso.
Los remanentes de una tradición que cada año toma más forma, más fuerza, más
integrantes y más emoción. Bajé las escaleras todavía en pijama y una corriente
de viento frio me erizó la piel; recordándome que todavía es primavera y que
nos quedan algunas semanas más de clima perfecto.
A los pies
de la escalera me encontré con unas orejas de conejo y 3 huevitos de plástico abiertos
y vacios. La sala y el comedor todavía guardaban la esencia de familia y
amigos, que apenas unas horas antes; llenaron de risas y diversión nuestras
paredes. Generalmente, después de tener una fiesta en casa, no me acuesto hasta
no dejar todo propiamente recogido e inmaculado; pero ayer? Ayer lo hice
diferente. Al despedir a los últimos invitados, me invadió un cansancio
profundo; derivado de más de 12 horas de continua actividad. Limpieza,
acondicionamiento, decoración, preparación, acción.
‘Mañana recogemos’ – anuncié. ‘Vamos a dormir’-. Y así; con el cuerpo cansado, la panza llena y el
corazón contento, nos metimos entre las sábanas frescas a disfrutar de un sueño
profundo después de un día largo pero que valió la pena. Nico se quedó dormido
literalmente con una sonrisa en su carita. Gracias a la presencia y entusiasmo
de nuestra familia cabeña el tradicional Easter Hunt, fue todo un éxito.
250
huevitos a encontrar, repartidos en el jardín frontal y la terraza trasera.
Flores
frescas, globos y mariposas metálicas fueron el marco de nuestra celebración.
Los
conejos, patitos y chocolates se hicieron presentes.
Y la Coneja
de Pascua, se aseguró de proveer a los niños de su respectiva canasta y sus
orejas de conejo para recordarla todo el día.
Alrededor
de las 4.30 pm empezó la cacería. Y ocho conejitos divinos, buscaron entre las
flores y los arbustos, el mayor numero de huevitos que pudieron.
A decir
verdad, no importa tanto qué contenga el huevito. Para ellos, la parte más
divertida, es encontrarlos.
Después del
recuento y apertura de huevos; se dispusieron a pintar. Sacaron el artista que
llevan dentro.
Y se
llevaron a casa sus wind chimes para escuchar sus campanitas sonar al compás
del viento.
Pizzas,
cupcakes, guacamole, sándwiches y un delicioso pastel de chocolate fueron
nuestro gran banquete.
Si a eso le
sumas una tarde en los columpios del parque y las risas de los niños que más
quieres juntos; la ecuación se completa dando como resultado una dosis de perfección.
Recordamos
el año pasado… “Te acuerdas que dijimos: ‘el
próximo año ya va a estar Leo aquí’”. Los sueños se vuelven realidad. Leo vivió
su primer Easter Hunt. Este año dijimos: ‘Para
el próximo, ya andará caminando’.
Manolita también
nos acompañó por primera vez, esperamos que la primera de muchas.
Y a estos
tres, a veces los veo y no lo creo. Tiempo,
detente muchos años.
Así
construimos nuestras propias tradiciones; mezclando costumbres, idiomas,
cabellos rubios y oscuros.
Todos con
algo en común de manera unánime: ver a nuestros hijos felices.
Hoy es
domingo de Pascua. Mucho más que solo huevitos de colores. Un día para recordar
el milagro de la resurrección. Una día de celebrar la vida.
Ha sido un
buen descanso. Una pequeña pausa para recuperar las energías que nos ha exigido
la temporada alta en los trabajos. Un suspiro para retomar las fuerzas que necesitábamos
para terminarla. Abril vino cargado de muchas celebraciones, visitas e
historias por vivir. Apenas llevamos una semana, y las que siguen prometen
tanto o más.
Jesus murió
en la cruz y hoy celebramos su renacimiento. Me gusta pensar, que nuestro corazón
sana sus heridas y resurge cada Pascua también. Cualquiera que sea tu herida,
espero que hoy sane y vuelvas a la vida con nueva luz.
Nosotros?
Tenemos una luz llegando en un avión a las 2.30 de la tarde. Dios sabe que
estamos felices de recibirla.
Felices
Pascuas!
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario