miércoles, 25 de abril de 2012

JR y Glo: La boda…chera

La boda estuvo a.b.u.r.r.i.d.i.s.i.m.a.



 Claramente, no nos divertimos.


Después de este sábado, llegue a la inteligente conclusión, que eventos como éste, solo puedo soportarlos una vez al año.


Todavía me duelen las piernas de tanto bailar en zapatillas de tacón #12. Gracias a las cuales, casi sufro una caída atroz en medio de la pista de baile. Que pese a que mi compadre divulgue lo contrario, fue meramente por efectos de la combinación del piso mojado y mi torpeza con los zancos. He aquí uno de los muchos simulacros aclamados por el público, después de mi casi caída. De la que fui rescatada por mi príncipe azul.


La aventura empezó temprano en casa de Flor, que se convirtió en salón de belleza, para transformarnos y por una vez al año; sacar a relucir el glamour que llevamos por dentro.


Como siempre, las prisas e inconformidades nunca faltan (mi vestido incómodo que más bien parecía blusa, el copete quemado de la comadre, el mal de orín de Nico, etc). Llegamos casi 20 minutos tarde a la ceremonia religiosa, pero a tiempo para ver a nuestro amigo y a su compañera de vida darse el definitivo en el altar.



Fuera de los protocolos, lo que más me gusta de las bodas, es la vibra de la que viene cargada la comitiva. Dicen bien, que la boda es únicamente la bienvenida al matrimonio; y que al apagarse la música y las luces, empieza la realidad. Pero ver a tanta gente reunida, celebrando a dos personas, siendo testigos de un nuevo plan de vida en común; por cursi se que pueda escuchar, es inspirador.


Todos coincidimos. Gloria se veía espectacular. Las novias tienen un brillo especial.


Los flashes se estrellaban por todos lados. Todo el mundo quería capturar recuerdos del momento. Cada quien con los suyos, bien perfumados, maquillados y producidos.


Así que mientras los novios tenían su sesión de fotos en la playa; nosotros nos aseguramos de hacer nuestra propia sesión. Y antes de que el whisky terminara por transformarnos, sí de guapos nos veíamos todos.




El reloj indicaba la hora para mandar a Nico a casa. Tengo esta política, que se basa en un principio sencillo: frente a mi hijo, no tomo. Es decir, no maratónicamente. Asi que una vez tomadas las fotos obligatorias para el recuerdo, besé la frente de mi hijo y la fiesta me empezó por dentro.



Llegó la hora del vals. Y no pude evitar recordar el mío. Y me pregunté si ellos también estarían diciéndose cosas como: ‘estoy sudando como puerco’, ‘ya se me congeló la sonrisa’, ‘huelo a chivo correteado’, entre otros; mientras sonreían románticamente y los invitados pensaban que se decían las palabras más bonitas y cursis que puedan existir. 


Creo que a partir de los fuegos artificiales (que es imposible que no emocionen a cualquiera), no paree de reír y de bailar, por el resto de la noche.


Mi comadre fue la dealer del ramo, y alcanzó a estirarse lo suficiente, para que se lo ganara mi hermana.



Los tragos iban y venían, y con ellos las carcajadas, los bailes chuscos y las conclusiones profundas a las que solo una buena borrachera te puede llevar.




Nada mejor que una noche entre tus amigos más queridos para sentirse revitalizado. De espíritu, por supuesto. Porque físicamente, el alcohol pasa su factura. Si no, pregúntenle a mi querido esposo.


Esta es mi foto favorita de todas. Si ustedes conocieran las historias que guardan estos tres juntos, también seria la suya.


Hoy ya es miércoles, y nos seguimos recuperando. De la cruda, de las amargas despedidas, del trabajo acumulado, del cansancio de tres semanas de visitas diferentes, aclimatándonos al verano de 33 grados que llegó anticipado y sin avisar; combinando la rutina con la excitación de albergar en nuestra casa a gente especial para nosotros. Ha sido un mes intenso, por muchas razones. Un mes feliz, si. Con delfines, con el amor de mi mamá, con la energía de mis compadres. Con sus bajones también, pero ahorita, estamos viviendo ocupados, de prisa. Ya habrá tiempo para recuperar la calma y el silencio habitual en nuestras vidas. Pero no durante los próximos días. Nos estamos preparando para otra visita especial, la última del mes; la última en algún tiempo.  


Por lo pronto, que vivan los novios!





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