viernes, 11 de mayo de 2012

Crónica de un 10 de Mayo

No hay manera. Simplemente, no hay manera de lograr salir de la casa a tiempo y sin caos cuando tenemos un evento en la escuela. No importa que tan temprano me levante, que tan rápido me arregle, cuanto me ayude Luis; es imposible que nuestras mañanas no sean caóticas, especialmente cuando hay que llegar muy puntuales para obtener un lugar privilegiado en el auditorio.

Tengo esta tradición, de tomarle fotos a Nico justo en la entrada de la casa, como ya lo habrán notado. Me encantan estas fotos. Tengo una súper idea pensada con todas estas fotos que le pienso hacer para su cumpleaños #18. Así es, leíste bien. Tiene 4 y ya sé que le voy a regalar dentro de 14 años. Sue me.


No se ve DIVINO mi árabe?


Lo terminé de vestir y se me hizo un nudo en la garganta. Lo amo.


Llegamos a la escuela y para mi buena suerte, creo que todos los papás sufrimos de lo mismo; el caos por la mañana que nos impide llegar temprano. Solo había unos 6 papás haciendo fila para entrar delante de mí. Yupi. Espectáculo desde primera fila. Bueno, segunda, por cuestiones estratégicas. Poco a poco las sillas en el patio se empezaron a llenar de mamás orgullosas, que cambiaron las flats por las plataformas y el chongo y la cara lavada por un buen maquillaje y pelo alaciado.


El show dio inicio y los colores y la música empezaron a desfilar.



Por fin llegó el turno de mi solecito y sus amigos.


Los disfraces estaba increíbles, las mamás se lucieron.



En mis años de espectáculo, siempre en los ensayos y antes de salir al escenario nos recordaban que teníamos que sonreír todo el tiempo. Si no lo concientizaba, terminaba la escena o el baile con la cara seria. Nico no tiene ese problema. Juro que sonrió durante todo el número sin interrumpir ni un solo segundo.




Al final, como es tradición, todos los niños se juntaron en el escenario a cantar una canción para las mamás.



Y después, cada quien buscó a su mamita, para entregarle su regalo (en lo que profundizaré en otro post).


Mi amiga Kylee nos tomó esta foto a Nico y a mí, unos segundos después de que me diera mi regalo. Cuando la vi, casi lloro, lo reconozco.


Y a través de ella, recordé mi primer Festival del Día de las Madres y la emoción tan peculiar que se siente. Ella lo vivió con la preciosa Lila ayer. Las primeras veces son lo máximo.



Las fotos del recuerdo continuaron.


Después llegó la hora de partir. Había que volver a la realidad y trabajar. Pero Nico empezó a hacer pucheros. Y su naricita se puso roja y sus ojitos se vidriaron. Diego hizo lo propio. Deb y yo, cual madres débiles y amorosas, sucumbimos ante el chantaje. Tres segundos (literal, TRES) antes de que nos tomaran esta foto, ambos estaban desgarrándose de dolor. ‘Está bien, te vas conmigo’. Y click, felicidad total automática.


Así que bueno, salí de ahí cargando con mi regalo, 2 cámaras, una mochila con lunch, una mochila con el uniforme, unos deliciosos brownies (gracias Bren!) y un árabe chantajista; que tendría que llevarme al trabajo porque su nana SI tuvo libre el día. Llegué a mi oficina, a ver con satisfacción como mi facebook se volvía loco de felicitaciones para las mamás. Y a resolver una pila de problemas que esperaba por mí, mientras Nico se entretenía con unas crayolas y mi pelota de yoga –que uso para des-hartarme de mi silla y brincar un rato en mi escritorio. (Más sobre Nico en mi oficina en un próximo post)

Porque Dios es bueno, finalmente dio la hora de irse a comer, y para seguir con la celebración nos fuimos al restaurant favorito de Nico. Y por un momento, mis deseos de cómo quería pasar el día de las Madres, se hicieron realidad. Brindamos con coca y limonada.


Misma que 10 minutos después, se echó encima de la ropa. POR SUPUESTO. Terminamos de comer y nos fuimos directos a clase de natación. Y mientras él nadaba, yo por fin paré de andar como trompo chillador y sonreí al ver mis zapatos nuevos. Finalmente, era mi día, no?




Mis planes de hacer nada fueron cambiados por una tarde-noche de capuchinos en casa de mi hermana, en compañía de algunas mis colegas madres más allegadas. Llegamos a casa como a las 9 de la noche; a descargar el carro de todo un día de celebración y de andar en la calle. Finalmente, Luis y yo nos sentamos a cenar y a compartir una cerveza. Por ahí de las 11 pm, muerta en vida, cuando pensé que mi día de las Madres había terminado y me disponía a cerrar los ojos; Nico despertó llorando con dolor de garganta y tos de perro. Así que terminé el 10 de Mayo haciendo lo que mejor sabemos hacer las mamás: reconfortando un hijo enfermo.

Me quedé dormida junto a él en su camita y cuando desperté y vi el reloj ya pasaban de la 1 de la mañana. El día de las Madres había terminado, y yo como todo el año seguía trabajando en la mejor profesión: ser mamá.


Dato importante: Estoy tan cansada, que podría quedarme dormida sobre mi teclado en este preciso instante. Quiero llorar. En verdad.

jueves, 10 de mayo de 2012

Mi foto favorita


Considerando los números de principios de año, si mis cálculos son correctos; es probable que a la fecha, ya le haya tomado a Nico unas 25,000 fotos. Creo que nunca, he mostrado aquí mi favorita de esas 25,000. Con esta foto, mi cámara y yo empezamos nuestro romance el verano del 2010, un día después de comprarla en Best Buy. Cuando di click y mi cámara captó este momento con tanta perfección, supe que nos esperaban grandes aventuras juntas.

Esta es al día de hoy, mi foto favorita de Nico.



Se la tomé en Sea World San Diego, fue su reacción al momento de ver salir a Shamu en el show ‘Believe’. Sobra decir, que con esto me pagó el viaje. Es una obra de arte. La perfección en todo su esplendor. Le digo a Luis, que cuando el fin del mundo llegue y tenga que salir corriendo de esta casa, y evidentemente no pueda cargar con todos mis cuadros; esta foto, que actualmente adorna mi sala en una ampliación plastificada contra tempestades (es en serio, no sé cómo se llama ese trabajo pero si la mojas, la pisas o se cae no le pasa nada), se irá conmigo sin importar las circunstancias.

Te preguntarás qué tiene que ver todo esto con el día de las Madres. No se supone que tendría que escribir un post sobre lo feliz que me hace ser mamá? Pues si, efectivamente. Aquí es donde empiezo…

Esa imagen representa EXACTAMENTE como me siento YO todos los días al ver a Nico. Su expresión es la misma que yo porto siempre que lo veo dormir con su respiración sincronizada. Esa emoción es la que sentí el día que lo tuve por primera vez en mis brazos. El día que le di su primera papilla, la tarde que fui testigo de sus primeros pasos. Esa boca abierta y sonriente es igual a la mía, cada que lo veo recitar una rima con todo su encanto, cada que lo veo dar una brazada en su entrenamiento, cada que escucho sus carcajadas desde abajo mientras juega en su cuarto con su papá. Esa cara, es la que puse yo la primera vez que escuché latir su corazón en el ultrasonido. Y la misma que pondré en un rato más cuando baile para mí en el festival de la escuela.

Ser su mamá tiene ese justo efecto sobre mí. Esa sobre exaltante alegría, esa emoción en los pulmones que es difícil contener, esa sonrisa congelada genuinamente. Esa es mi foto favorita, porque representa nuestra vida juntos.  Porque del otro lado de ese lente, estábamos su papa y yo, maravillados igualmente. No por Shamu, sino por la inigualable sensación de ver a nuestro hijo FELIZ. En esa foto, aparecemos los tres.

Querido Nico,

Hoy solo quiero estar contigo. No necesito regalos ni flores, ni cenas caras, ni siquiera que bailes encantadoramente (como se que lo harás). Lo único que necesito es verte, olerte, besarte, sentirte.

Hoy no se tratará de mí, sino de nosotros. Del privilegio que me regalaste al escogerme ese día en la ‘tienda de mamás’. Hoy quiero celebrar contigo que soy mamá y darte las gracias por haber sido tú el que me dio este trabajo; el mejor de mi vida.

Hoy quiero tomar tu manita y caminar, presumiéndole al mundo que eres mi hijo. Presumiéndole al mundo que soy mamá y que para ti, soy lo máximo.

Hoy quiero brindar contigo, con una buena limonada o una coca; la felicidad de poder vivir el momento a tu lado. Hoy, más que nunca, quiero pasar la tarde ayudándote con tu tarea, secando cuidadosamente tu carita después del baño, preparándote tu helado especial. Hoy más que nunca, quiero simplemente ser tu mamá.

Gracias, solecito, por invitarme a ser parte de tu jornada. Te amo.

Mami.

(Feliz día a todas las mamás buenas de este mundo, a las que honran el privilegio y hacen frente a su gran responsabilidad. Feliz día especialmente a mi mamita, que al darme la vida, me dio la oportunidad de ser madre a mi también.)

miércoles, 9 de mayo de 2012

Joya de la lengua sinaloense: Alicusar

‘Ya se está alicusando…’ – le digo a Luis cuando veo a Nico de puntitas en su cómoda, escogiendo relojes, collares, lentes; antes de salir a algún lado. Por alguna razón, mi palabra le causa risa. Busqué en google, y aparentemente la palabra alicusar como tal no existe. Es un modismo meramente sinaloense y sonorense (que raro), cuyo significado se detalla como sigue: Acción y efecto de arreglar la apariencia personal de uno, particularmente con el fin de asistir a algún evento importante.

También encontré otras definiciones importantes. Como amachar: Acción y efecto de mantener a toda costa el status quo, negarse a cambiar rotundamente de lugar u opinión. Ampues: contracción gramatical de ‘ándale pues’. Utilización de la palabra Acá: Adjetivo universal. Ejemplo: “Está muy acá”. Una de mis favoritas, apechugar: Luchar en situaciones adversas, hacerle frente a los problemas, asumir responsabilidades. Y la eterna favorita; el único, original y tradicional bichi: Adjetivo para describir a una persona que se ha despojado de sus ropas. Desnudo.

Mi hijo no será nacido en Sinaloa, pero le corre sangre sinaloense en las venas y una de sus palabras favoritas es definitivamente bichi. Y por supuesto, una de sus acciones favoritas es alicusarse. El sábado, antes de salir a ver sus tíos; Nico se aseguró de colgarse todo lo que encontró a su paso. Esquema a continuación:



 Lo sé. Una joya de la fotografía. Una joya para la posteridad de esta familia.


Ustedes pensarán que después se quitara las cosas. Pero si ustedes pensaran esto, ustedes estarían equivocados mis fieles lectores. El porta sus accesorios orgulloso durante todo el día. Alicusado hasta el final. Antes muerto que sencillo.

Aaaah... las joyas de la lengua sinaloense, tan grandes como las joyas de la fotografía.

martes, 8 de mayo de 2012

El cuarto del bebé

Sabes cual creo que es el lado oscuro de vivir un mes lleno de visitas maravillosas, paseos, carcajadas y demás? Que cuando regresas a tu calma habitual, la realidad pega más fuerte. Y de pronto, te encuentras sentada; rodeada de la paz, la seguridad y el silencio que ofrece tu hogar y empiezas a escuchar dentro de ti los latidos de tu corazón.

Y mientras repasas las fotos de las últimas semanas llenas de adrenalina y de perfección; algo te invade y te sofoca, recordándote que la herida persiste. Es esa angustia que provocan las situaciones arrebatadoras; como cuando pierdes a alguien querido o cuando tienes un problema serio por resolver.

Te encuentras en medio de cualquier actividad. Cocinado, leyendo, viendo la tele, esperando que el semáforo cambie a verde; con aparente normalidad, tal vez tarareando una canción o en simple silencio; y de pronto, el recuerdo te viene a la mente. Y sientes que el corazón se te aprieta y que el aire te falta; tal vez un nudo se forma en tu estómago. Los demonios de la angustia, del dolor y la decepción sobrevuelan tu cabeza. La bestia dormida se despierta, se vuelve loca, empieza a tirar golpeas en todas direcciones y entonces; tu aparente tranquilidad, tu superflua normalidad, bueno… se va al carajo.

Me pasa, a veces. Muchas veces. Y cuando me pasa, trato de respirar profundo. De recordarme a mi misma que es normal, que todo está bien, que es parte del proceso. Si me toma muy de sorpresa, me es más difícil combatirlo. La bestia gana, y es cuando pienso: este va a ser un mal día. O una mala tarde. O lo peor… una mala noche. Las noches siempre son las peores. Aplica para las gripas, aplica para el corazón.

En otras ocasiones, alcanzo a subir la guardia. Me planto sobre mis dos pies, y doy pelea. He aprendido a ganar. Voy ganando terreno poco a poco, y lo que voy conquistando; lo defiendo bien. Me protejo lo mejor que puedo, y he ido perfeccionando mis técnicas de guerra en estos meses. Cuando siento el golpe sofocante, abro bien los ojos. Si Nico está cerca, lo abrazo y lo beso. Me concentro en los colores. Me salgo al jardín a limpiar las plantas. Incluso, agarro el teléfono y llamo. A quien sea, a donde sea. Me lavo la cara. Canto. Me distraigo. Tomo aire y sigo con mi día.

Un par de días antes de que llegaran de visita mis cuñados; un destello de realidad me pegó en el centro. Me puse muy nerviosa, solo de pensar que ellos estaban por venir. No me malinterpretes, AMO tener a mis cuñados conmigo; la cosa no va por ahí. Verás, empezaré desde el principio. 

Vayámonos un poco hacia el pasado. 2007. Nos mudamos al que sería nuestro nuevo hogar. Donde le daríamos la bienvenida a Nico en un par de meses. Y eventualmente, donde le daríamos la bienvenida a nuestros futuros hijos. Nunca se lo dije a Luis, pero secretamente, mi plan siempre fue tener tres hijos. No se lo confesé jamás por temor a que entrara en pánico antes de tiempo. Así que podemos tomar esto como una confesión. Miñi, siempre quise tener tres hijos. Siempre imaginé nuestra vida con tres hijos. Listo, lo dije.

Como sea… nos cambiamos. Desde que la casa estaba en obra negra, ya había designado a Nico su habitación. La que daba a la terraza trasera le tocaría al siguiente. Por mientras, sería el cuarto de visitas; y un día, no muy lejano, el cuarto del bebé. Tiempo después, Nico lo re-bautizaría como “el cuarto de Bibi”.  El cuarto es 100% habitable. Con todos los servicios: mini split, televisión con SKY, cama cómoda. Pero es definitivamente, la habitación en mi casa, que menos atención ha recibido durante los casi 5 años que hemos vivido ahí.

Por momentos, me veía tentada a remodelarlo. A ponerlo bonito. Pero siempre me detenía el mismo pensamiento: Para qué? Si voy a tener que desbaratarlo nuevamente para hacerlo el cuarto del bebé. Que poquito sabía yo… Pero así, durante todos estos años, hasta el último momento, me aferré a ese cuarto a medio terminar. Tal vez, pensar en darle otro uso, me obligaba a reconocer que el cuarto del bebé no sería necesario. Y Dios sabe, que hasta hace muy poco, yo no estaba dispuesta a reconocer esa realidad.

Pero a todos nos llega el momento. Y el mío me llegó poco después de mi cumpleaños. Entré al cuarto a buscar un álbum al que quería meter unas fotos y entre todas mis imágenes, y materiales de scrapbook y listones y calcomanías; como en las películas, se me cayó una tira de stickers donde había una que decía “big brother”, entre algunas otras. Sentí que el cuarto me dio vueltas, me senté en la cama y empecé a llorar desconsoladamente. Nico estaba dormido en su recámara, así que traté de recuperar el control y aventé la tira de stickers a la basura.

En ese momento decidí, que ya era tiempo. Había llegado la hora de seguir adelante. De avanzar.

Sabía que en Abril, nuestro bed & breakfast estaría lleno. Así que los tiempos eran perfectos. Las siguientes semanas me servirían para poco a poco y en silencio, despedirme de lo que no fue. Acomodar mis ideas y mis nuevos planes. Decidir en que iba a convertir ese cuarto de bebé, que nunca llegó a concretarse.

A pesar de la tristeza, algo dentro de mi empezó a emocionarse. Todos sabemos que me gusta todo eso. La creatividad me pone feliz. Así que empecé a armar ideas en mi cabeza, buscar opciones en internet, comprar algunos objetos, hacer algunos bosquejos. Siempre quise tener mi propio espacio dentro de la casa. Un lugar donde pudiera desconectarme totalmente de todo y de todos, para poder escribir, para poder leer, para desplegar mis libros. Así que era obvio lo que tenía que hacer. El cuarto del bebé que nunca llegó, se convertiría en un estudio.

Justo unos días antes de que llegaran mis cuñados, platicando con Luis le dije: ‘Necesito que vayamos el fin de semana a buscar la pintura que quiero para el cuarto. Y una tele gigante. En cuanto se vayan tus hermanos quiero empezar a reconstruir ese cuarto’. Y así, instantáneamente, mi voz se quebró y lágrimas empezaron a brotarme de los ojos sin poder controlarme. Era la primera vez que lo decía en voz alta. Luis guardó silencio, porque cuando no sabe qué decir, mejor no dice nada. Y al día siguiente, me compró un ramo de rosas. No tendrá las palabras pero tiene la voluntad. Y sabe que las flores me hacen feliz, así que me compra flores. Eso es lo que él hace, reemplaza las palabras que le faltan con lindos detalles.

Ese mismo día, compré por internet unos elementos decorativos de los que me enamoré y con pasitos pequeños, fui preparándome para este cambio. Para este adiós. Y para esta bienvenida. Que tal vez suene ridículo, tal vez alguien pueda pensar que estoy magnificando algo sin sentido, sin importancia. Pero así soy yo. Obstinada, analista y ciclada. Lo que ese cuarto representaba, era la vida que planeé para mi desde los 8 años. Una vida de la que he tenido que despedirme para siempre.

Y así fue. Ese mismo fin de semana, compramos un tapete. Escogimos los colores para las paredes. Recuperamos unas repisas viejas de la bodega. Vimos muebles. Y adquirimos una pantalla de 46 pulgadas. Y por primera vez, imaginé ese cuarto terminado, y sonreí sinceramente. Poco a poco, sin saberlo, estaba avanzando. Daba un paso más para soltar mis cadenas.

Mis cuñados ya se fueron. El tiempo se terminó. Ayer por la mañana, entré a la recámara y observé. Donde había imaginado una cuna, habrá un escritorio donde escribiré sobre nuestra vida; una vida, en la que ese bebé no existe, pero que es absolutamente maravillosa. Donde había imaginado un estante de juguetes, estará la televisión que será testigo de cómo Nico aprende a jugar videojuegos como un pro en unos años. Donde imaginé una cómoda llena de ropa con olor a bebé, adaptaremos una cama que servirá para cobijar a nuestras visitas.

Tengo que ser honesta, sentí un nudo en el estómago. Hoy empiezan los trabajos de pintura y reacomodo de muebles. Hoy, se vuelve real. Antes, podía sentir que un bebé –mi bebé- me observaba desde una estrella, esperando el momento perfecto para bajar a mis brazos. Ya casi no puedo sentirlo. Se está desvaneciendo… Y eso me provoca una dualidad. Luché tanto tiempo por mantener esa conexión, le hablé tantas veces a mi estrellita; diciéndole que aquí estaba yo, esperando para darle todo mi amor. Y a veces, podía sentir que me respondía. Y después, poco a poco, la conexión se fue desgastando. Y sentí miedo. Empecé a perder de vista el destello de mi estrellita. Y ahora, casi se ha ido por completo. Ya no puedo sentirlo. No sé exactamente qué, pero ya casi no puedo sentirlo.

Sé que debería estar feliz. Finalmente, lo estoy logrando. Pero por alguna razón, me siento culpable y me siento triste. De ya no escucharlo. De haber perdido esa conexión. De, a partir de hoy, deshacerme de lo único tangible que me quedaba. Estoy sintiendo algo que no vi venir. Estoy sintiendo miedo… miedo de superarlo. Sé que no hay marcha atrás. Que hay que seguir caminando sin voltear. Pues si volteo, tengo miedo de salir corriendo en el sentido contrario, y retroceder lo avanzado. Y tampoco quiero eso. Pero la vida es así, absurda.

Hace un par de semanas terminé de leer un libro, y una frase que dice la autora se me tatuó en el cerebro. Ella dice: Life didn't go as planned for me, and I've never been happier. Sueño y trabajo por el día en que yo pueda decir esas mismas palabras, con todo mi corazón. La vida no salió como lo planeaba, y nunca he sido más feliz. Eso es lo que quiero aprender a distinguir. Pues se que es mi propia verdad, solo me falta reconocerla. Y después, enseñársela a mi hijo.

No planeé ese destino para mi cuarto del bebé. Pero sé que los resultados, me harán muy feliz. Sé que es lo correcto y lo mejor. Sé que no soy una mala persona por haber perdido esa conexión. Sé que si esa estrella no fue para mí, es porque fue o será para alguien mejor que yo. Sé que está bien dejarlo ir. Es tiempo de avanzar. Estoy doblando la esquina. Y estoy aterrada. Pero muy dentro de mí, se que al doblarla me encontraré con una sorpresa maravillosa. Y que todo esto quedará en el pasado. Que la bestia se irá. Que fue algo que me definió por algún tiempo, pero no definitivamente. Soy más grande que eso. Y no quiero ser recordada o referida como ‘Dulce, la que no pudo tener más hijos y vivió el resto de su vida en la tristeza’. Quiero ser referida como ‘Dulce, la que tuvo una enorme capacidad de hacer lo MEJOR con lo que tuvo a su alcance. La que hizo algo GRANDE con la vida que le tocó vivir’.

Este es el final. Estoy llegando a la esquina. Nadie puede detenerme. Adiós cuarto del bebé. Adiós vida que no tuve. Adiós estrellita. Gracias por hacerme más grande. Gracias por llevarme por este camino y hasta esta esquina. Puedo ver ya la luz que me espera al dar la vuelta. Puedo entender por fin; que la vida que nunca imaginé, que nunca planeé, que nunca deseé, es la que me hará inmensamente feliz.

lunes, 7 de mayo de 2012

Alouette

Por alguna extraña razón, cada que mis cuñados vienen de visita, surge una canción representativa del viaje. Las más representativas han sido Poker Face, Rolling in the deep; y esta vez, Alouette.

Es una canción infantil francesa, que en realidad no sé de dónde sacó Aldo, pero que logró que Nico y todos termináramos aprendiéndonosla y cantándola sin parar. La canción es pegajosa, y un poco sanguinaria, pues básicamente habla de cómo quieren desplumar a una paloma. Anyways… ha subido ya al estrado de la posteridad.

Alouette, gentille alouette,
Alouette, je te plumerai.

Je te plumerai la tête,
Je te plumerai la tête,
Et la tête, et la tête.

Alouette, gentille alouette,
Alouette, je te plumerai.

Y asi sucesivamente, le desploma las patas, los ojos (¿? Les dije que estaba sanguinaria).



 Siempre que mis cuñados están aquí, me siento más agradecida con la vida que de costumbre. Ellos son el mejor regalo que me obsequió la estabilidad. Tenerlos en mi vida, que sean también mis hermanos y recibir su visita cuando se alinean las estrellas, compensa mucho de lo que nos hace perder la distancia.



Retomamos el tiempo justo donde nos quedamos. Las tradiciones se fortalecen. Y no hablo precisamente de tradiciones profundas y cursis. Verás, Aldo tiene esta tradición de ‘inmovilizar’ a Nico desde que era un bebé. It doesn’t get old.





En cada visita, Nico cambia de opinión. Esta vez, decidió que su tío favorito era Alan. Creo que se identifica con él, porque siempre le decimos que es él también es bebé.



La semana tuvo de todo. Desde visitas al muelle para ver (gratis) como los delfines se entrenan para su espectáculo.



Hasta los típicos chapoteos en la alberca y visita reglamentaria a Costco.





Y para darle un plus más, Nico se encontró con más miembros de su familia que no conocía. Los primos de Luis también estuvieron un par de días de visita. De más está decirles, que la tía Pequitas, fue la que mas besos de Nico se ganó. Sabe como conquistar a una mujer, sin duda alguna.



Mi Nico fue tan feliz estos días.





‘Las fotos son lo único que nos quedan de estos días’ – dijo mi hermana hoy, mientras comíamos en Hard Rock y sacaba su teléfono para fotografiar. ‘Eso y los buenos recuerdos’ – le completé.






Es verdad, tal vez sea por eso que las fotos me hacen feliz. Tal vez sea por eso que documento, y mi casa esta tapizada de fotos, de momentos.







Luis tuvo un brillo especial en su sonrisa toda la semana. Puede que no lo diga con palabras, pero tener a sus hermanos aquí, lo alimenta de una energía especial. Verlo feliz, me alimenta a mí.



No es necesario hacer grandes planes para que al final del día, nos sintamos exhaustos y satisfechos. De tanta risa, de tanto cantar alouete, de pasar a Nico de brazo en brazo, de hacer planes.



Este pequeño es un verdadero afortunado. No comparte el cariño de ningún de sus cuatro tíos con nadie más. Y eso, es algo que nadie le podrá quitar jamás. Su niñez siempre estará encuadrada por un amor exclusivo.



Ayer por la noche, tuvimos nuestra última cena. En casa, acogidos por el cansancio y la satisfacción de habernos cansado juntos. ‘Por este momento y porque la próxima vez sea muy pronto’.



Caminatas por la Marina, lecciones de cómo rasurarse a cargo de Nico, el angry bird humano. Imágenes directas a nuestro álbum de recuerdos.




 

De todos, me quedo con este momento y lo que representa. Pensar en mis cuñados, aquellos niños que conocí hace tanto tiempo, convertidos en los hombres que son hoy; cariñosos y responsables, planeando sus vacaciones en torno a nosotros y dedicándole tiempo especial a mi hijo; es casi más de lo que puedo manejar, y mucho más perfecto de lo que imaginé.  


Hoy volvemos a nuestra rutina al cien por ciento. Cada quien ha de volar a donde le toca. Nico ya abrazó y se aferró al cuello de sus tíos por un rato. Sabe que la aventura llegó a su fin. Pero no pasa nada. También sabe que encontraremos la manera de vernos pronto nuevamente. Y mientras tanto, tenemos a Alouette, gentille Alouette para recordarnos que esta semana fue real. Que desplumamos a la paloma de la distancia y nos reencontramos.