No puedo
creer que esté aquí. Finalmente, escribiendo este post. Después de tantos meses
de trabajo, de quemaduras de silicón, de
dedos machados de pintura y 300 kilómetros de vueltas en mandados.
Empezamos
el día muy temprano ayer, Luis y yo. Y pasamos todo la mañana sudando, subiendo
y bajando, martillando, soplando y colgando; para hacer realidad el bosquejo
que llevaba en mi mente después de tantas semanas. La magia se convirtió en un salón
bien decorado después de 5 horas de trabajo.
Nuestro set
up fue diferente este año, y adaptamos las
áreas para crear nuestro propio salón de la fama.
Escenario
para el photo shoot de rockstars.
Y por
supuesto, la prometida alfombra roja.
Se dieron
las 4 pm y llegamos ya listos para empezar a rockear. Los ojos de Nico se
abrieron grandes y emocionados al ver todo lo que había a su alrededor. En la
entrada esperaban los regalos para nuestros invitados estrellas. Que incluían su
kit de rock, burbujas, tutu o chaleco rockero y algunas otras sorpresas.
Juro por
Dios que Nico brincó en ese brincolín de 4 de la tarde a 10 de la noche no con
lapsos mayores de 5 minutos de descanso.
Tomamos
algunas fotos para el recuerdo antes de recibir a nuestros primeros invitados.
Y después,
la fiesta comenzó. Les dimos la bienvenida por la alfombra roja.
Y en poco
tiempo, llenamos el jardín con la energía de todas las personas que queremos. Y
que estuvieron ahí para demostrarle a Nico lo amado que es.
Las carcajadas
de los niños le dan el toque final a cualquier fiesta. Y en esta no fue la excepción.
Y aunque
mientras rotulaba cada tutu, y preparaba cada bolsita con sus lentes y su
guitarra, y me imaginaba lo maravilloso que sería ver a Nico y a sus mejores
amigos jugando a las superestrellas; la realidad superó mi imaginación. Por mucho.
Hubo
pintacaritas. Y a ellos no les importa que garabato les dibujes. Se sienten
especiales y soñados.
Apaciguamos
el calor con bebidas bien frías y paletas heladas. Deliciosas.
Nico disfrutó
absolutamente cada detalle. La comida.
Las
decoraciones.
La piñata.
Soplar las
velitas es indiscutiblemente mi parte favorita en sus cumpleaños. Por mucho, la
más emotiva. Estar ahí, cantando a mi solecito ‘Happy birthday to you’ con mucha
de la gente que quiero, me llena de agradecimiento con la vida.
Y que esa
misma gente se involucre y haga sentir a Nico que su fiesta es lo máximo,
bueno, no tiene ni palabras.
Y así pasó.
A pesar de las tempestades, de las tristes semanas anteriores; Dios nos dio la
oportunidad de celebrar juntos estos cinco años de amor inigualable.
Antes de
romper la piñata, llevé a Nico al baño a cambiarse de outfit. Mientras se vestía,
le pregunté: ‘Nico, te está gustando tu
fiesta?’ – ‘Mami, mi fiesta está increíble!’ – me contestó eufórico. Y así, con
5 palabras, me reembolsó las desveladas y el dolor de espalda.
Ya con ésta
me despido de las grandes producciones. Lo hice. Lo logré. Me siento satisfecha.
Como hacía mucho no me sentía. Le regalé a mi hijo las fiestas con recuerdos inolvidables
que le prometí el día que lo tuve por primera vez entre mis brazos. De aquí en
adelante, mantendremos el bajo perfil. Me retiro en la cúspide de mi estrellato
para pasar a la historia como leyenda. Una leyenda en la memoria y corazón de
mi hijo, que le recuerde por siempre que días como ayer, llenos de magia y
felicidad, son los que tenemos que buscar y provocar toda la vida.
Nico… you
rock! Family & friends... YOU ROCK EVEN MORE!
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