Querido Nico,
Es justo y
necesario tomar nota de quien eres justo en este momento. Pues en unos años, o
tal vez incluso en algunos meses, quiero poder recordar con detalle cada
peculiaridad de estos días.
Tienes 4.5
años. Tu cuerpo es largo y flaco, cada vez se asemeja más al de tu padre. Los
pantalones que apenas te compré en Noviembre pasado, empiezan a quedarte
cortos. Y por alguna extraña razón, a pesar de que durante los meses de
invierno no has hecho mucho ejercicio ni actividad física como lo haces en
verano, tu cuerpecito está bien tonificado. Tus bracitos marcados y tu estomago
delineado.
De repente,
me agarras desprevenida con tus preguntas. Como justo ayer en la mañana, que
mientras tu veías la tele y yo me arreglaba en el baño para empezar el día; me
escudriñaste con tu pregunta matutina: ‘Mami,
y tu ya pagaste la tenencia?’. Me sueltas bombas de esas más seguido que
no, algunas sobre cosas triviales como el impuesto al automóvil; otras más
existenciales como: Mami, pero para que
nacimos? Porque estamos aquí?.
Tu teoría
sobre el aterrizaje en la Tierra va más o menos así: ‘Diosito, planta la
semillita del bebé en la pancita de su mami. La semillita crece hasta
convertirse en un bebé rrande. El
doctor le hace un coco a la mamá y sale el bebé.’ La mamá es previamente
elegida entre los estantes de la tienda de mamás. El papá? Ese lo escoge la mami.
Sigues
diciendo rrande. Ya no te haces pipi.
Bueno, al menos que el juego esté demasiado interesante como para perder el
tiempo yendo al baño. Si ese es el caso, se
te sale un chorrito. Pero no hay que preocuparse, al cabo se seca rápido- dices. Tu comida
favorita siguen siendo las enchiladas rojas de tu Elsa, mismas que yo ya he
aborrecido después de comerlas repetidamente cada semana. Sigues siendo un
devorador de ‘mijoles’; especialmente si son los enchilados de Bibi. Te molesta
llamarles frijoles puercos.
A veces,
por más que busco rastros de mi pequeño rongui
rongui no los encuentro. Ya eres un niño grande. Pero de repente, como
regalos del cielo, veo destellos de ese bebé aquí y allá. Como cuando estas
dormido. Y tu carita esta quieta y en
paz. O cuando te golpeas un pie y empiezas a llorar. Sigo saliendo botada hasta
donde te encuentres. Limpio tus lágrimas, contemplo tu puchero y con un beso,
sigo quitando cualquier dolor.
Tu
fascinación por el mar sigue creciendo. Tu gusto por Cars permanece, aunque
ahora, por lo menos empiezas a indagar que hay además de Mc Queen. Te agrada
Superman, y quieres ponerte tu playerita con su escudo todos los viernes para
ir a la escuela.
Ya has
decidido la temática para tus fiestas de cumpleaños de este año. Y por lo menos
una vez por semana, preguntas si ya es tu cumpleaños. La escritura de tu nombre
la tienes dominada. Las tareas ya son parte fundamental de nuestra rutina
después de comer. Y quiero que sepas, que a pesar de mi escepticismo al
principio del ciclo escolar, ya sabes leer y escribir. Hay mucho camino por
delante para perfeccionar ambas, pero a veces, me sorprendes mientras leemos
una tarea. Creo que te desespero y con tal de que ya te deje ir a jugar,
muestras tus secretos y lees oraciones de corrido sin problema.
Sigues
siendo un niño extrovertido, amoroso y extremadamente sensible. Tu postre
favorito es el pan au chocolat de
Starbucks, que en tus palabras sería ‘el pan de cuadrito con chocolate arrentro de la Reina Postre’. Te gusta
cantar. Y a mí, me encanta escucharte. Siempre estás cantando. Mientras subes o
bajas las escaleras, mientras juegas, mientras te bañas, mientras vamos en el
carro. Te sabes de memoria las canciones de Cri-Cri y de Trepsi. Amas ‘Rolling
in the deep’ de Adele y la cantas a todo pulmón, pero tu favorita de ese disco
es ‘Rumour has it’. Estás obsesionado con una canción rara de papi que se llama
‘Ghost town’ y pides que la pongamos una y otra vez. ‘Behind the clouds’ de la
película de Cars, sigue siendo un hit. Y tu interpretación del ‘o-o-o-u-o-o’ de
la canción de ‘Mundo de caramelo’ puede convertir el peor de los días en uno
maravilloso.
Usas
palabras como ‘Por supuesto’, ‘Estupendo’, ‘Disculpa’, ‘El joven’ y ‘Correcto’.
Tu acento anglosajón es impecable. Y tus mejores amigos siguen siendo Bella,
Diego, Alessa y Sophie. Sigues recordando los autores de tus cuentos incluso
cuando han pasado meses sin leerte el libro. ‘Las cosas que me gustan’ – por Anthony Browne – contestas. ‘Como
atrapar una estrella’ – por Oliver
Jeffers. Este último es tu favorito.
Te gusta
disfrazarte, jugar a las compras y con tus pistas de Cars. También pides a papá
que te arme ‘La isla misteriosa’ (de bloques) del Tren Thomas, regularmente. Tu
papi la ha apodado ‘La isla Más Tediosa’. Tardan horas armándola.
Vuelas
‘cometas’ y comes ‘helados’. Te gusta sentarte conmigo a crear arte. ‘Voy por mis materiales!’ y sales
disparado por tu cajita llena de cosas. Propiamente solicitas tu mandil para no
mancharte. Tus dibujos me hacen feliz. Siempre nos dibujas con una sonrisa y te
esfuerzas en las cabelleras. Tienes una excelente memoria, recuerdas cosas que
me parece increíble que hayas registrado. Creo que lo heredas de mi.
Sigues
pensando que tutia es una palabra del
diccionario. Y te cuesta comprender como es el mundo. Y como tus ninos o tutio
Aldo pueden vivir en el mundo, si no están en el mundo. Porque tu mundo es San
Jose. Empiezas a entender que hay países diferentes, que el tuyo es México y
que el de Bella está más arriba. Te gusta preguntar cada mañana ‘Mami, hoy que me toca?’ y que te
responda: Honores. Deportes. Libre.
Según sea el caso.
Comes
muchas más verduras de las que yo comía a tu edad y sin obligarte. La única
fruta que te gusta son los plátanos. Porque eres
un changuito, nos explicas. Dices que tu abuelo tiene una panza gigante por
comer junk food, y le compartes el comentario a todo el mundo siempre que se
presta la ocasión. Tu estrella hace que en los restaurantes que frecuentamos
siempre te regalen un postre. Tu lugar favorito para ir a comer es Habanero’s.
Y siempre pides lo mismo: deditos de pescado, y en lugar de papas fritas,
frijoles mijoles con totopos.
Tienes
fascinación por lavarte las manos con el jabón Dial de frambuesa. Dices que así
huelo yo después de bañarme. Me acaricias y besas constantemente. ‘Qué bonita te ves hoy, mami’ – me dices
de manera regular. Ya me has propuesto matrimonio en dos ocasiones. Y a veces,
cuando papi se acerca a mi tus celos te traicionan. Pero admiras a papi, y
siempre dices que quieres ser muy rrande como el.
Tu cara hinchadita
de recién levantado es mi favorita. Siempre llegas caminando con una sonrisa,
cargando a Timón y Cojín (que siguen siendo compañeros elementales de sueño),
te subes a la cama y te acurrucas a mi lado. Me abrazas y buscas la oportunidad
de agarrar mi colita. Tienes obsesión con las colitas de caballo. Tus deditos
de los pies todavía tienen vestigios del bebé regordete que un día fuiste. Y te
gusta que te cuente historias de cuando eras más pequeño.
Tu cámara es
uno de tus juguetes favoritos, y a mí me encanta que así sea. Sales con ella
siempre que hay oportunidad. Te gusta escoger la ropa que vas a ponerte, la
acomodas perfectamente en la cama como lo hago yo, y te aseguras de que
combine. Las gorras y los lentes oscuros son tus accesorios favoritos. Pero también
te gusta colgarte cosas, y usar tu reloj.
Tu playa
favorita es Balandra, y sigues diciendo que cuando seas más grande, vas a subirte
en las olas como los surfers que vemos en Costa Azul. Eres un niño feliz. Y
mandarte al rincón sigue siendo el castigo más temido y cruel para ti. Generalmente,
eres un niño obediente y cuando no, basta con prometerte dejarte usar el iPad o
más bien, decirte que ya no te lo voy a prestar para corregir tu
comportamiento.
Preguntas
por lo menos 3 veces por semana cuando vas a ir a clases de natación otra vez.
Y dices que tu estación del año favorita es el verano. He logrado sembrar en ti
la fascinación por la lluvia, y cuando tenemos un día nublado, me preguntas: ‘Mami, crees que va a llover?’- Siempre estás
listo para salir a mojarte con tus botas de lluvia y tu paraguas. Tu leche-con-pan-con-papel sigue siendo básico
en tu cuadro nutricional.
Sigues
siendo lo más grande, lo más hermoso, lo más perfecto y lo más emocionante de
mi vida. Igualmente, sigues siendo lo más cansado, lo más difícil, lo más impredecible
y mi máxima preocupación. En resumidas cuentas, eres el motor de mi existencia.
Gracias por eso, solecito.

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