viernes, 23 de marzo de 2012

Versión 4.5


Querido Nico,

Es justo y necesario tomar nota de quien eres justo en este momento. Pues en unos años, o tal vez incluso en algunos meses, quiero poder recordar con detalle cada peculiaridad de estos días.

Tienes 4.5 años. Tu cuerpo es largo y flaco, cada vez se asemeja más al de tu padre. Los pantalones que apenas te compré en Noviembre pasado, empiezan a quedarte cortos. Y por alguna extraña razón, a pesar de que durante los meses de invierno no has hecho mucho ejercicio ni actividad física como lo haces en verano, tu cuerpecito está bien tonificado. Tus bracitos marcados y tu estomago delineado.

De repente, me agarras desprevenida con tus preguntas. Como justo ayer en la mañana, que mientras tu veías la tele y yo me arreglaba en el baño para empezar el día; me escudriñaste con tu pregunta matutina: ‘Mami, y tu ya pagaste la tenencia?’. Me sueltas bombas de esas más seguido que no, algunas sobre cosas triviales como el impuesto al automóvil; otras más existenciales como: Mami, pero para que nacimos? Porque estamos aquí?.

Tu teoría sobre el aterrizaje en la Tierra va más o menos así: ‘Diosito, planta la semillita del bebé en la pancita de su mami. La semillita crece hasta convertirse en un bebé rrande. El doctor le hace un coco a la mamá y sale el bebé.’ La mamá es previamente elegida entre los estantes de la tienda de mamás. El papá? Ese lo escoge la mami.

Sigues diciendo rrande. Ya no te haces pipi. Bueno, al menos que el juego esté demasiado interesante como para perder el tiempo yendo al baño. Si ese es el caso, se te sale un chorrito. Pero no hay que preocuparse, al cabo se seca rápido- dices. Tu comida favorita siguen siendo las enchiladas rojas de tu Elsa, mismas que yo ya he aborrecido después de comerlas repetidamente cada semana. Sigues siendo un devorador de ‘mijoles’; especialmente si son los enchilados de Bibi. Te molesta llamarles frijoles puercos.

A veces, por más que busco rastros de mi pequeño rongui rongui no los encuentro. Ya eres un niño grande. Pero de repente, como regalos del cielo, veo destellos de ese bebé aquí y allá. Como cuando estas dormido.  Y tu carita esta quieta y en paz. O cuando te golpeas un pie y empiezas a llorar. Sigo saliendo botada hasta donde te encuentres. Limpio tus lágrimas, contemplo tu puchero y con un beso, sigo quitando cualquier dolor.

Tu fascinación por el mar sigue creciendo. Tu gusto por Cars permanece, aunque ahora, por lo menos empiezas a indagar que hay además de Mc Queen. Te agrada Superman, y quieres ponerte tu playerita con su escudo todos los viernes para ir a la escuela.

Ya has decidido la temática para tus fiestas de cumpleaños de este año. Y por lo menos una vez por semana, preguntas si ya es tu cumpleaños. La escritura de tu nombre la tienes dominada. Las tareas ya son parte fundamental de nuestra rutina después de comer. Y quiero que sepas, que a pesar de mi escepticismo al principio del ciclo escolar, ya sabes leer y escribir. Hay mucho camino por delante para perfeccionar ambas, pero a veces, me sorprendes mientras leemos una tarea. Creo que te desespero y con tal de que ya te deje ir a jugar, muestras tus secretos y lees oraciones de corrido sin problema.

Sigues siendo un niño extrovertido, amoroso y extremadamente sensible. Tu postre favorito es el pan au chocolat de Starbucks, que en tus palabras sería ‘el pan de cuadrito con chocolate arrentro de la Reina Postre’. Te gusta cantar. Y a mí, me encanta escucharte. Siempre estás cantando. Mientras subes o bajas las escaleras, mientras juegas, mientras te bañas, mientras vamos en el carro. Te sabes de memoria las canciones de Cri-Cri y de Trepsi. Amas ‘Rolling in the deep’ de Adele y la cantas a todo pulmón, pero tu favorita de ese disco es ‘Rumour has it’. Estás obsesionado con una canción rara de papi que se llama ‘Ghost town’ y pides que la pongamos una y otra vez. ‘Behind the clouds’ de la película de Cars, sigue siendo un hit. Y tu interpretación del ‘o-o-o-u-o-o’ de la canción de ‘Mundo de caramelo’ puede convertir el peor de los días en uno maravilloso.

Usas palabras como ‘Por supuesto’, ‘Estupendo’, ‘Disculpa’, ‘El joven’ y ‘Correcto’. Tu acento anglosajón es impecable. Y tus mejores amigos siguen siendo Bella, Diego, Alessa y Sophie. Sigues recordando los autores de tus cuentos incluso cuando han pasado meses sin leerte el libro. ‘Las cosas que me gustan’ – por Anthony Browne – contestas. ‘Como atrapar una estrella’ – por Oliver Jeffers. Este último es tu favorito.

Te gusta disfrazarte, jugar a las compras y con tus pistas de Cars. También pides a papá que te arme ‘La isla misteriosa’ (de bloques) del Tren Thomas, regularmente. Tu papi la ha apodado ‘La isla Más Tediosa’. Tardan horas armándola.

Vuelas ‘cometas’ y comes ‘helados’. Te gusta sentarte conmigo a crear arte. ‘Voy por mis materiales!’ y sales disparado por tu cajita llena de cosas. Propiamente solicitas tu mandil para no mancharte. Tus dibujos me hacen feliz. Siempre nos dibujas con una sonrisa y te esfuerzas en las cabelleras. Tienes una excelente memoria, recuerdas cosas que me parece increíble que hayas registrado. Creo que lo heredas de mi.

Sigues pensando que tutia es una palabra del diccionario. Y te cuesta comprender como es el mundo. Y como tus ninos o tutio Aldo pueden vivir en el mundo, si no están en el mundo. Porque tu mundo es San Jose. Empiezas a entender que hay países diferentes, que el tuyo es México y que el de Bella está más arriba. Te gusta preguntar cada mañana ‘Mami, hoy que me toca?’ y que te responda: Honores. Deportes. Libre. Según sea el caso.

Comes muchas más verduras de las que yo comía a tu edad y sin obligarte. La única fruta que te gusta son los plátanos. Porque eres un changuito, nos explicas. Dices que tu abuelo tiene una panza gigante por comer junk food, y le compartes el comentario a todo el mundo siempre que se presta la ocasión. Tu estrella hace que en los restaurantes que frecuentamos siempre te regalen un postre. Tu lugar favorito para ir a comer es Habanero’s. Y siempre pides lo mismo: deditos de pescado, y en lugar de papas fritas, frijoles mijoles con totopos.

Tienes fascinación por lavarte las manos con el jabón Dial de frambuesa. Dices que así huelo yo después de bañarme. Me acaricias y besas constantemente. ‘Qué bonita te ves hoy, mami’ – me dices de manera regular. Ya me has propuesto matrimonio en dos ocasiones. Y a veces, cuando papi se acerca a mi tus celos te traicionan. Pero admiras a papi, y siempre dices que quieres ser muy rrande como el.

Tu cara hinchadita de recién levantado es mi favorita. Siempre llegas caminando con una sonrisa, cargando a Timón y Cojín (que siguen siendo compañeros elementales de sueño), te subes a la cama y te acurrucas a mi lado. Me abrazas y buscas la oportunidad de agarrar mi colita. Tienes obsesión con las colitas de caballo. Tus deditos de los pies todavía tienen vestigios del bebé regordete que un día fuiste. Y te gusta que te cuente historias de cuando eras más pequeño.

Tu cámara es uno de tus juguetes favoritos, y a mí me encanta que así sea. Sales con ella siempre que hay oportunidad. Te gusta escoger la ropa que vas a ponerte, la acomodas perfectamente en la cama como lo hago yo, y te aseguras de que combine. Las gorras y los lentes oscuros son tus accesorios favoritos. Pero también te gusta colgarte cosas, y usar tu reloj.


Tu playa favorita es Balandra, y sigues diciendo que cuando seas más grande, vas a subirte en las olas como los surfers que vemos en Costa Azul. Eres un niño feliz. Y mandarte al rincón sigue siendo el castigo más temido y cruel para ti. Generalmente, eres un niño obediente y cuando no, basta con prometerte dejarte usar el iPad o más bien, decirte que ya no te lo voy a prestar para corregir tu comportamiento.

Preguntas por lo menos 3 veces por semana cuando vas a ir a clases de natación otra vez. Y dices que tu estación del año favorita es el verano. He logrado sembrar en ti la fascinación por la lluvia, y cuando tenemos un día nublado, me preguntas: ‘Mami, crees que va a llover?’- Siempre estás listo para salir a mojarte con tus botas de lluvia y tu paraguas. Tu leche-con-pan-con-papel sigue siendo básico en tu cuadro nutricional.

Sigues siendo lo más grande, lo más hermoso, lo más perfecto y lo más emocionante de mi vida. Igualmente, sigues siendo lo más cansado, lo más difícil, lo más impredecible y mi máxima preocupación. En resumidas cuentas, eres el motor de mi existencia. Gracias por eso, solecito.


jueves, 22 de marzo de 2012

El cazador cazado

Esta es mi foto favorita de Luis y yo.


Fue tomada en el verano del 2003, unas semanas después de regresar de mi intercambio (ya sin los 12 kilos que había subido). Estamos en la playa de los depas en Cerritos, mejor conocido como ‘Lugar sin vida’ entre los jóvenes de mi camada; como vulgarmente se dice. Me pregunto si todavía seguirá siendo tan popular como lo fue en mi época. Anyways… lo creas o no, esa foto no nos la tomó nadie. Yo acomodé  la cámara en la arena, y programé el click automático.


La playa estaba desierta, era muy temprano, como las 7 de la mañana. Solo Luis y yo y el inmenso y basto Océano Pacífico; el que tanto extrañé durante muchos meses cuando estuve en Francia. Creo que ese verano disfruté y valoré más que nunca el paisaje tropical de la tierra que me vio nacer.

El sábado que tuvimos nuestra cita anual; por alguna razón durante nuestra cena romántica nos acordamos de esa foto. De esa época. Luis dice que también es su foto favorita. Creo que coincidimos en nuestras razones. Representa un tiempo de nuestras vidas en donde todo era maravilloso. Lo digo, de verdad, la vida era absoluta y totalmente perfecta. Los veranos de mi juventud temprana fueron lo máximo. No hacíamos mas todo el verano que pasarla bien. Ir a la playa, al cine, al antro, reuniones caseras, tardes de películas mientras el cielo se caía a cántaros. Con la única responsabilidad de tender la cama, lavar a mano mis blusas de ‘salir’ y llegar a la hora acordada con mi mamá. El y yo, juntos la mayor parte del tiempo. Sin discusiones, sin preocupaciones por el futuro. Simple y llanamente viviendo el momento.

Mientras platicábamos durante la cena le dije: ‘Si… mi vida era perfecta y no lo sabía…’ – Él, sabio como es, con pocas pero precisas palabras me dijo: ‘Yo creo que si lo sabíamos, y por eso lo disfrutábamos tanto; si no, no nos acordáramos tan bien’.

Tiene razón (no siempre, pero si esta vez). Creo que si sabía la absoluta riqueza de mi vida y por eso, es que ahora los recuerdos de esos veranos son un tesoro enterrado en mi memoria.

Ayer, tuve mi primera sesión de Reiki. Y antes de empezar propiamente la sesión, la terapeuta ahonda un poco en tu situación actual; para saber cómo abordar mejor la energía. Le expliqué la razón principal de porque estaba ahí. ‘Quiero volver a ser tan feliz como era hace apenas 3 años’ – le dije. ‘Cuando mi sueño frustrado de ser mamá de dos, no regía mi vida. He decidido dejarlo ir. Pero me ha resultado más difícil de lo que pensaba. Por eso estoy aquí. Porque estoy decidida a bombardearme a mi misma desde todos los ángulos para sanar mi corazón. Ese es mi nuevo sueño.’-

Ella sonrió y me aseguró que mi actitud ayudará mucho en mi pronta recuperación. Después me preguntó: ‘Hay algo más? En tu vida? Algo más que necesites resolver o atacar? Cambiar?’ -. Hubo un silencio. Reflexioné su pregunta. Y finalmente contesté sorprendiéndome a mi misma: ‘No… no realmente.’

Lo que trato de decir es que, ayer, ahí sentada, lista para probar una alternativa más para sanar; recordé como era mi vida hace 3 años. Vino a mi mente un día, que sentada en mi sala después de poner a Nico a tomar su siesta; yo sola, suspiré profundamente y sonreí pensando: Dios, mi vida es perfecta. Muchas gracias. Y después contabilicé las razones que la hacían perfecta. La cosa chistosa? HOY tengo exactamente lo mismo que tenía en ese tiempo. El mismo hijo que me hincha el corazón, el mismo esposo maravilloso e imperfecto, la misma tranquilidad económica, mi familia sana (incluyendo a mi suegro, que venció contra los pronósticos).

Tengo exactamente lo mismo, y dejé que un sueño no concretado tomara las riendas de mi vida. Y peor aún, que manejara a su antojo mi felicidad. YO… yo que todo lo quiero controlar terminé controlada por mis propias obsesiones. El cazador cazado, dijera mi compadre.

Sé que era algo que tenía que pasar. Estoy consciente de que esto es justo lo que necesitaba. Y aunque me sigue pareciendo injusto, entiendo el mensaje. He aprendido lo que tenía que aprender. Ya no hay nada en esto para mí. Llegó mi hora de doblar la esquina, de cambiar la página, de volar a otras montañas, de caminar por otros senderos.

Pues quiero aprender de esa Dulce (menos inexperta de lo que aparenta) del verano del 2003. Quiero reconocer la perfección de mi vida y saberlo. Disfrutarlo. Sentirlo. Quiero poder, en 9 años, desenterrar esta época y poder llamarla un tesoro. Como hago hoy viendo esa foto de mi guapo novio con vello facial prominente y yo.

Fui un cazador cazado. Y eso está bien. Llegó la hora de volver a la cacería. Cacería de felicidad y profunda paz.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Pay de queso


Recuerdo el olor y recuerdo el sentimiento. Esa genuina emoción que embarga mis sentidos cuando mi mamá decía: ‘Vamos a hacer un pay de queso’.

La recuerdo a ella, abriendo la lata de Lechera y nos recuerdo a mi hermana y a mí; sacando los huevos del refri, abriendo la puerta de madera de la alacena a nuestros pies, buscando la vainilla. Siempre estaba en su lugar. En el fondo, a lado derecho, sobre el mantel de periódico que mi mamá ponía en el entrepaño.

Era una de mis actividades favoritas. No únicamente por el delicioso postre que resultaba; sino por todo el proceso. Las tres juntas, mezclando ingredientes, amasando galleta con mantequilla para el molde (en mis tiempos no las vendían pre-fabricadas).

Es algo que siempre asumí que yo haría con mis hijos. Una antorcha que me fue heredada y que sabía que yo pasaría a la siguiente generación.

El lunes, aprovechando el descanso, me pareció un buen pretexto para hacer uno de esos famosos pay de queso que a todos nos encanta. Desde que lo anuncié, Nico dijo que él quería ayudarme. Saqué las cosas del refri y subí para avisarle que ya era hora de hacer el pay. Brincó de la cama, dejó la televisión y corrió a su canasto de disfraces para convertirse en el chef Nico.


Fuimos poniendo todos los ingredientes. Rompió los huevos dentro de la licuadora, vertió la lechera y la mejor parte, por primera vez él encendió la licuadora para mezclarlo todo.





Cada movimiento que hacía, era una con una sonrisa genuina. Podía ver la emoción que le provocaba algo tan simple, como ayudarme a hacer un pay. Una emoción que entiendo perfectamente, porque es la misma emoción que un día yo sentí.


Son estas tradiciones, y las nuevas que hemos creado; las que me hacen sentir más mamá. Y a veces, me parece increíble que ese sea ahora mi papel. El de enseñar, el de resolver los grandes y pequeños problemas de la infancia, el de curar con un beso.

Sé que por Nico ser niño; tal vez, la manera de transmitir todo esto a sus hijos (si decide tenerlos) será diferente. Pero conociéndolo, no me extrañaría que rompiera el molde. Y que igual que yo, se metiera a la cocina a mezclar huevos y queso crema con sus pequeños. Pues aunque evidentemente, mi antorcha tenga la flama de un matriarcado antiquísimo, mi objetivo es ese... cambiar la perspectiva. Y que cuando sea su tiempo de tomar esta responsabilidad, haya entendido de que se trata.

Se trata de esto. De hacer pay juntos. De construir recuerdos que fortalecen, que nutren, que engrandecen.




martes, 20 de marzo de 2012

Bailamos?

La diferencia entre la gente feliz y la que no lo es, es su capacidad de –como bien lo dice la famosa frase- aprender a bailar durante las tormentas. Creo que todos, diariamente, luchamos contra nuestras propias tempestades. Las épocas perfectas de nuestras vidas, son contadas. Esos momentos en los que realmente, sentimos que la vida no nos debe nada. Que estamos en paz con el Universo. Extraño ese sentimiento. Espero desesperadamente llegar a ese estado una vez más. A veces el duende pesimista que llevo dentro, me dice que nunca llegaré a esa cima nuevamente. Pero el duende positivo que llevo dentro, me toma el rostro con dos manos y me dice: ‘Hacia allá vamos. Respira otra vez. Estamos cerca.’

Tal vez sea ingenua, al pensar que mágicamente la vida dará un vuelco y como las olas del mar, aterrizaremos en la arena fresca y lisa de la isla de la perfección. Pero estoy convencida, que sólo hace falta un suceso positivo detonante, UNO solo, para cambiar el rumbo. Busco incansablemente ese suceso. Lo provoco. Intento crearlo incluso, de todas las formas que mi imaginación me permite. No he tenido éxito aun. Pero soy obsesiva compulsiva (avalado por mi terapeuta) y eso, me da las armas para terquear el tiempo que sea necesario. Voy a encontrar ese suceso. Voy a llegar hasta ese switch, y cuando lo haga; cerraré mi ojos y lentamente lo levantaré diciéndole: ‘OFF you go. Hasta la vista, baby.’ a esta época de tormentas continuas.

Y mientras escribo esto, escucho la risa burlona del pesimista que llevo dentro. Puedo hasta ver como se dobla de risa en el suelo. Sigue riendo, condenado duende. Sigue riendo mientras puedas. Pues yo seguiré mi camino, a pesar de tus risas, a pesar de los días tristes, a pesar de las noches de lágrimas en el baño; soy más terca que todos juntos. No me cansaré antes que ustedes.

Asi que este fin de semana, bailamos. Brincamos a la oportunidad de lo que nos ofrece este sagrado lugar. Que en días, pareciera no tener más que ofrecer que una playa hermosa; pero que en otros, nos recuerda que no solo nos define nuestro azul turquesa.

Comunico con orgullo, que este fin de semana taché de mi lista dos importantes pendientes; el servicio de mi carro y la limpieza dental de Nico. Carro en perfecto estado y dientitos relucientes fueron la recompensa. Y como premio a nuestros actos responsables, una visita en el jardín de los sueños.


Dos cosas peculiarmente maravillosas pasaron el sábado entre el verde de los árboles y los puestos de nuestros hippies locales. La primera? Estrené mi canasta de picnic.


Así es, una verdadera y auténtica canasta de picnic. Que me costó $150 pesos! Y además es verde! (Wal-mart thank you very much!). El globo fue el premio que se ganó Nico por ser muy valiente en su cita con el dentista. Eso y un carrito. Su dentista es mucho mas buena onda y consentidora de lo que era el mío.

La segunda? Lo logré. La foto. De Nico y Leo. Juntos. Felices. Solo me tomo 7 meses y medio. Valió la pena. (Leo no muestra su sonrisa, pero estaba super feliz, lo juro!)



A Nico le cuesta trabajo expresar sus sentimientos por Leo. Los celos lo traicionan. Pero lo quiere. Mucho.


Yo también. A mí no me cuesta expresarlo.




'Mami, tómame una foto con mi helado de nanándanos'. HELADO… En mi tierra, es NIEVE. Siempre será nieve para mí.


Y yo a su edad, jamás me habría comido una nieve de arándanos. Ni tampoco me devoraría un pescado al cilantro o una crema de zanahoria con calabazas. Pero evidentemente, mi hijo es way much cooler que yo.


Nuestro baile se extendió hacia la feria. Donde la música no era propiamente la de un vals, sino más bien una mezcla entre reggaetón, banda y una que otra súper rola de Lupita D’Alessio. Pero que importa el ritmo? Nosotros bailamos. Bailamos como locos, porque eso es lo que hay que hacer.




Los carritos chocones volvieron a tener éxito. Esta vez me tocó ser espectadora (y camarógrafa, obvio). Al compás de unos elotes, mas churros y fritangas.


Una vueltecita en la carretera mecánica.


Y por supuesto, más pesca.


Y si no se hubiera descompuesto el jueguito de Cars, Nico se habría subido más veces. Pero ya saben, la feria es impredecible.


Cayó la noche y nosotros rendidos. Con la felicidad de saber, que el domingo no era nuestro último día de aventuras. No, no… porque Benito Juárez, nos heredó este gran regalito de un día extra de descanso. El clima dio un giro la última semana, y el calorcito empieza a sentirse de repente. Pero esos son nuestros meses de clima perfecto. De aquí a Mayo, el paraíso está en su esplendor. Y en su esplendor nos regodeamos. Disfrutando un cafecito y desayuno en Palmilla. Jugando golf en la playa.


Fui testigo de la cosa más chistosa protagonizada por una gaviota. Esta pobre iba feliz caminando y disfrutando el panorama, y de pronto, se tropezó con una piedra. Se tropezó! Así, como persona. Me reí tanto. Me hizo mi domingo, verdaderamente. Gaviota, lo siento, no me reí de ti, sino de la acción.


Por la tarde, Luis y yo tuvimos nuestra cita cinematográfica anual. Me estrené mis nuevos wedges, me puse rímel negro y caminé tomada de la mano de mi esposo por todo el estacionamiento y hasta que llegamos a nuestros incómodos asientos. La buena noticia, es que la película no se veía tan desenfocada como en ocasiones anteriores, y solo tenía dos rayas azules que partían la visión en dos del lado derecho.  Y así mientras Nico disfrutaba de un día mas de feria con tutia Flor y Sophie bebé; Luis y yo disfrutamos de “The Descendents” y de una deliciosa cena en santa paz en nuestro restaurante italiano favorito.


Y ayer? Que mejor que empezar un lunes festivo con un delicioso te verde.


O si eres Nico, con un taquito de ‘mijoles’ enchilados.


Mientras mis hombres se fueron al súper a comprar lo necesario para nuestra deliciosa comida. Me apuré para sorprender a Nico con su pesca bien instalada. Ya tenía muchas semanas pidiéndome que se la pusiera, pero hasta ahora el clima favoreció que se mojara. Perdí la cuenta de las veces que me dijo “rracias mami, por ponerme mi pesca!”.


Mr. Barbecue se lució con unas brochetas de filete en el grill. Y yo me lucí con mi sexy pijama hasta las 4 de la tarde. (Después me bañé y me fui a Costco con Iliana a gastarme muchos miles)


Así le sacamos brillo a esta pista de baile llamada vida durante el fin de semana. Pues es verdad, no necesitamos que las nubes en nuestro cielo se disipen para bailar. No debemos esperar a que así sea. Y aunque a pesar de los buenos recuerdos de estos días libres, también hubo una madrugada de llanto por ese día 28 que siempre espero que no llegue; enjuagué mis lágrimas en la lluvia mi tormenta y seguí bailando. Seguiré bailando sin parar, hasta que el sol salga y el arcoíris enmarque nuestros días. Pues la felicidad es una decisión. A veces, no llega tan fácilmente. A veces, no llega de manera tan natural. Pero como todo, requiere de práctica. Y si practico todos los días la forma de encontrarla, se que eventualmente, será ella quien me encuentre a mí.  

Bailamos?


Paciencia, por favor

En mi mente, todavía estoy jugando golf.




En mi realidad, estoy hundida entre papeles y pendientes acumulados por el merecido día de descanso.

Fue un buen fin de semana. Muchas fotos, muchas aventuras.

Paciencia, por favor.

viernes, 16 de marzo de 2012

Foto Friday #13

Tu cerebro descansa en algún momento? El mío no. Mi respuesta a “en qué piensas?” NUNCA será “en nada”. Así que si no buscas o no estás preparado para recibir una respuesta diferente; no me preguntes.


A veces, me encantaría tener esa capacidad que creo que únicamente los hombres tienen, de pensar en NADA. Yo, por el contrario, siempre estoy pensando en algo que tengo que hacer. En algo que tendría que haber hecho ayer, o  en algo que no he hecho pero tengo que hacer en los próximos días.


 Como digamos, llevar a Nico con el dentopediatra a su limpieza dental. O llevar mi carro al servicio, para que el mensajito de ‘oil change’ deje de carcomerme el cerebro cada que enciendo el arranque. O archivar la pila de papeles, recibos, estados de cuenta y demás documentos de relevancia que se han acumulado en los últimos dos cuatro meses.


 Pero hoy es viernes. Y pensar en viernes, significa pensar en el fin de semana. Y cuando el fin de semana es uno largo como este, las posibilidades son infinitas. Este sería el fin de semana en que nos iríamos en Monterrey como cada año; a ver a nuestros compadres. Pero los planes este año se prestaron diferentes.


 Mientras, es justo y necesario un Foto Friday.





1.       Este es el libro que estoy leyendo ahorita. Justo lo que necesito. Creo que es lo que necesitamos todos.

2.       Creo que ‘Friends’ nunca me aburrirá.

3.       Tengo lámpara nueva en mi baño! (more to come on that)

  



1.       Viernes de sushi y vinito.

2.       Rollo “chilango”, delicious.

3.       El iPad addict.



Feliz fin de semana largo!

jueves, 15 de marzo de 2012

La feria

Hace un par de días empezaron las ‘Fiestas Tradicionales de San Jose’. Digamos que es algo así como el equivalente al Carnaval en otros lugares, sans desfile. Vienen artistas, hacen expos y se instala la feria en el pueblo. Eso significa dos cosas importantes: churros con azúcar y carritos chocones.



Quedamos en llevar a los niños ayer (entiéndase por niños – Diego, Alessa y Nico); pero desafortunadamente, el plan tuvo que postergarse con ellos porque su perrito Milo partió al cielo y bueno… los ánimos no estaban para ferias. Yo no quería llevar a Nico solo, porque obvio no es igual de divertido; pero él ya estaba tan ilusionado que no pude hacerle el desaire. Afortunadamente, las estrellas se alinearon y aunque el plan cambió; al final resultó fabuloso.



Nos lanzamos a la aventura en compañía de una amiga de la infancia de mi hermana (hermana, de mi amiga Anna) y su hija, Manolita.



Y por supuesto, con el precioso Leo. Que desde su carreola está atento a todos los movimientos de los demás; como estudiándonos. El año que entra, ya andará corriendo entre los tenderetes del tianguis.


Comimos mas porquerías de las reglamentarias, entre las que destacan: churros (por supuesto), elotes con crema y queso, gorditas de nata con Lechera y fritangas. Empacamos con singular alegría estos alimentos chatarras que son necesarios para tener una experiencia de feria completa y verdadera. Nico no sabía para donde voltear, señalaba todo y su fascinación por la pesca se hizo presente.


Quiso pescar una y otra vez, y yo tuve que concederle el derecho de hacerlo en cada ocasión, no pude negarme. Limitarlo en su primera experiencia de feria como niño grande no estaba en mis planes. Asi que pescó una vez….


Y otra…


Y una más.


Y entonces, nos topamos con los carritos chocones. En mi opinión, el atractivo más espectacular de cualquier feria. Siempre fueron mis favoritos. Cuando éramos chiquitos y mis papas nos llevaban de vacaciones a Guadalajara; mi hermana y yo podíamos pasarnos horas en los carritos chocones del desaparecido Parque Ávila Camacho. Y cuando llevamos a Nico por primera vez a la feria hace algunos años, me pregunté cuando tendría la edad suficiente para subirse y disfrutarlo. Ayer se recibí mi respuesta; y lo creas o no, cumplí uno de mis sueños de mamá. Amaré este recuerdo por siempre. Y espero que él también.


Nos reímos a carcajadas literalmente los 15 minutos que duró nuestro boleto. No recordaba que fuera tan rudo esto de los carritos chocones, tal vez ya no estamos para estos trotes pero valió la pena.



No hay nada mejor, que después de una tarde divertida, puedas ver tus fotos y te encuentres con las sonrisas genuinas de la gente que quieres.


Y las ferias se modernizan. En mis tiempos, los carruseles tenían forma de animalitos. Pero ahora, McQueen es el rey. Y a Nico le brillaron los ojitos cuando lo vio.


Manejó feliz; tanto que lo hizo dos veces.


Ganó premios, y también hizo una nueva amiga.



Juntos nos divertimos más de lo que pensé. A veces, me preocupo tanto en pensar que por Nico ser solito, no tiene las mismas posibilidades de divertirse. Cuando la realidad es, que si… es cierto… hay veces que a sus juegos les falta un compañero/hermano; pero eso no significa que no tenga las mismas posibilidades de divertirse con los que si tiene cerca.





No pude darle un hermano, es verdad. Pero estos últimos días, he comprendido que no puedo latigarme por eso el resto de mi vida. No pude darle eso, pero si le doy tardes inolvidables en la playa. Le doy horas interminables de juegos de fantasía con sus títeres en donde él es el héroe y yo la princesa en apuros. Me siento con él, me arrastro por el suelo con él, jugamos a embarrarnos de chocolate juntos, le concedo sus deseos de un barco pirata en su cumpleaños sin importar lo que tenga que hacer parar lograrlo. Y tal vez, si no fuera era el único, son cosas que no haría. Pues nuestra vida sería diferente. Y no me considero la mejor mamá del mundo; pero si es bueno que empiece a darme a mi misma el crédito que merezco por las cosas buenas que hago. Y eso no me hace mejor que otras madres. Pero me hace diferente. Me hace exclusiva para él. Y con suerte, en su mundo, la mejor que existe.


Seguramente, será una lucha emocional que tendré conmigo por el resto de mi vida. Aunque me gusta pensar, que un día, por lejano que hoy me parezca esta culpabilidad que siento al escucharlo decir “es que quiero jugar con alguien” (y ese alguien, no siempre soy yo) será opacada por todas las otras las satisfacciones que me quedan como madre.


No sé porque el dicho de ‘nos fue como en feria’ se toma como algo negativo… Porque nuestra tarde de feria ayer, fue fantástica. Tanto, que esperamos poder repetirla este fin de semana; ahora sí, con papi incluido.