jueves, 22 de marzo de 2012

El cazador cazado

Esta es mi foto favorita de Luis y yo.


Fue tomada en el verano del 2003, unas semanas después de regresar de mi intercambio (ya sin los 12 kilos que había subido). Estamos en la playa de los depas en Cerritos, mejor conocido como ‘Lugar sin vida’ entre los jóvenes de mi camada; como vulgarmente se dice. Me pregunto si todavía seguirá siendo tan popular como lo fue en mi época. Anyways… lo creas o no, esa foto no nos la tomó nadie. Yo acomodé  la cámara en la arena, y programé el click automático.


La playa estaba desierta, era muy temprano, como las 7 de la mañana. Solo Luis y yo y el inmenso y basto Océano Pacífico; el que tanto extrañé durante muchos meses cuando estuve en Francia. Creo que ese verano disfruté y valoré más que nunca el paisaje tropical de la tierra que me vio nacer.

El sábado que tuvimos nuestra cita anual; por alguna razón durante nuestra cena romántica nos acordamos de esa foto. De esa época. Luis dice que también es su foto favorita. Creo que coincidimos en nuestras razones. Representa un tiempo de nuestras vidas en donde todo era maravilloso. Lo digo, de verdad, la vida era absoluta y totalmente perfecta. Los veranos de mi juventud temprana fueron lo máximo. No hacíamos mas todo el verano que pasarla bien. Ir a la playa, al cine, al antro, reuniones caseras, tardes de películas mientras el cielo se caía a cántaros. Con la única responsabilidad de tender la cama, lavar a mano mis blusas de ‘salir’ y llegar a la hora acordada con mi mamá. El y yo, juntos la mayor parte del tiempo. Sin discusiones, sin preocupaciones por el futuro. Simple y llanamente viviendo el momento.

Mientras platicábamos durante la cena le dije: ‘Si… mi vida era perfecta y no lo sabía…’ – Él, sabio como es, con pocas pero precisas palabras me dijo: ‘Yo creo que si lo sabíamos, y por eso lo disfrutábamos tanto; si no, no nos acordáramos tan bien’.

Tiene razón (no siempre, pero si esta vez). Creo que si sabía la absoluta riqueza de mi vida y por eso, es que ahora los recuerdos de esos veranos son un tesoro enterrado en mi memoria.

Ayer, tuve mi primera sesión de Reiki. Y antes de empezar propiamente la sesión, la terapeuta ahonda un poco en tu situación actual; para saber cómo abordar mejor la energía. Le expliqué la razón principal de porque estaba ahí. ‘Quiero volver a ser tan feliz como era hace apenas 3 años’ – le dije. ‘Cuando mi sueño frustrado de ser mamá de dos, no regía mi vida. He decidido dejarlo ir. Pero me ha resultado más difícil de lo que pensaba. Por eso estoy aquí. Porque estoy decidida a bombardearme a mi misma desde todos los ángulos para sanar mi corazón. Ese es mi nuevo sueño.’-

Ella sonrió y me aseguró que mi actitud ayudará mucho en mi pronta recuperación. Después me preguntó: ‘Hay algo más? En tu vida? Algo más que necesites resolver o atacar? Cambiar?’ -. Hubo un silencio. Reflexioné su pregunta. Y finalmente contesté sorprendiéndome a mi misma: ‘No… no realmente.’

Lo que trato de decir es que, ayer, ahí sentada, lista para probar una alternativa más para sanar; recordé como era mi vida hace 3 años. Vino a mi mente un día, que sentada en mi sala después de poner a Nico a tomar su siesta; yo sola, suspiré profundamente y sonreí pensando: Dios, mi vida es perfecta. Muchas gracias. Y después contabilicé las razones que la hacían perfecta. La cosa chistosa? HOY tengo exactamente lo mismo que tenía en ese tiempo. El mismo hijo que me hincha el corazón, el mismo esposo maravilloso e imperfecto, la misma tranquilidad económica, mi familia sana (incluyendo a mi suegro, que venció contra los pronósticos).

Tengo exactamente lo mismo, y dejé que un sueño no concretado tomara las riendas de mi vida. Y peor aún, que manejara a su antojo mi felicidad. YO… yo que todo lo quiero controlar terminé controlada por mis propias obsesiones. El cazador cazado, dijera mi compadre.

Sé que era algo que tenía que pasar. Estoy consciente de que esto es justo lo que necesitaba. Y aunque me sigue pareciendo injusto, entiendo el mensaje. He aprendido lo que tenía que aprender. Ya no hay nada en esto para mí. Llegó mi hora de doblar la esquina, de cambiar la página, de volar a otras montañas, de caminar por otros senderos.

Pues quiero aprender de esa Dulce (menos inexperta de lo que aparenta) del verano del 2003. Quiero reconocer la perfección de mi vida y saberlo. Disfrutarlo. Sentirlo. Quiero poder, en 9 años, desenterrar esta época y poder llamarla un tesoro. Como hago hoy viendo esa foto de mi guapo novio con vello facial prominente y yo.

Fui un cazador cazado. Y eso está bien. Llegó la hora de volver a la cacería. Cacería de felicidad y profunda paz.

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