Esta es mi
foto favorita de Luis y yo.
Fue tomada en
el verano del 2003, unas semanas después de regresar de mi intercambio (ya sin
los 12 kilos que había subido). Estamos en la playa de los depas en Cerritos,
mejor conocido como ‘Lugar sin vida’ entre los jóvenes de mi camada; como vulgarmente se dice. Me pregunto si todavía seguirá
siendo tan popular como lo fue en mi época. Anyways… lo creas o no, esa foto no
nos la tomó nadie. Yo acomodé la cámara en
la arena, y programé el click automático.
La playa
estaba desierta, era muy temprano, como las 7 de la mañana. Solo Luis y yo y el
inmenso y basto Océano Pacífico; el que tanto extrañé durante muchos meses
cuando estuve en Francia. Creo que ese verano disfruté y valoré más que nunca el
paisaje tropical de la tierra que me vio nacer.
El sábado que
tuvimos nuestra cita anual; por alguna razón durante nuestra cena romántica nos
acordamos de esa foto. De esa época. Luis dice que también es su foto favorita.
Creo que coincidimos en nuestras razones. Representa un tiempo de nuestras
vidas en donde todo era maravilloso. Lo digo, de verdad, la vida era absoluta y
totalmente perfecta. Los veranos de mi juventud temprana fueron lo máximo. No hacíamos
mas todo el verano que pasarla bien. Ir a la playa, al cine, al antro,
reuniones caseras, tardes de películas mientras el cielo se caía a cántaros. Con
la única responsabilidad de tender la cama, lavar a mano mis blusas de ‘salir’ y
llegar a la hora acordada con mi mamá. El y yo, juntos la mayor parte del
tiempo. Sin discusiones, sin preocupaciones por el futuro. Simple y llanamente
viviendo el momento.
Mientras platicábamos
durante la cena le dije: ‘Si… mi vida era
perfecta y no lo sabía…’ – Él, sabio como es, con pocas pero precisas
palabras me dijo: ‘Yo creo que si lo sabíamos,
y por eso lo disfrutábamos tanto; si no, no nos acordáramos tan bien’.
Tiene razón
(no siempre, pero si esta vez). Creo que si sabía la absoluta riqueza de mi
vida y por eso, es que ahora los recuerdos de esos veranos son un tesoro enterrado
en mi memoria.
Ayer, tuve
mi primera sesión de Reiki. Y antes de empezar propiamente la sesión, la terapeuta
ahonda un poco en tu situación actual; para saber cómo abordar mejor la energía.
Le expliqué la razón principal de porque estaba ahí. ‘Quiero volver a ser tan feliz como era hace apenas 3 años’ – le dije.
‘Cuando mi sueño frustrado de ser mamá de
dos, no regía mi vida. He decidido dejarlo ir. Pero me ha resultado más difícil
de lo que pensaba. Por eso estoy aquí. Porque estoy decidida a bombardearme a
mi misma desde todos los ángulos para sanar mi corazón. Ese es mi nuevo sueño.’-
Ella sonrió
y me aseguró que mi actitud ayudará mucho en mi pronta recuperación. Después me
preguntó: ‘Hay algo más? En tu vida? Algo
más que necesites resolver o atacar? Cambiar?’ -. Hubo un silencio. Reflexioné
su pregunta. Y finalmente contesté sorprendiéndome a mi misma: ‘No… no realmente.’
Lo que
trato de decir es que, ayer, ahí sentada, lista para probar una alternativa más
para sanar; recordé como era mi vida hace 3 años. Vino a mi mente un día, que
sentada en mi sala después de poner a Nico a tomar su siesta; yo sola, suspiré
profundamente y sonreí pensando: Dios, mi
vida es perfecta. Muchas gracias. Y después contabilicé las razones que la hacían
perfecta. La cosa chistosa? HOY tengo exactamente lo mismo que tenía en ese
tiempo. El mismo hijo que me hincha el corazón, el mismo esposo maravilloso e
imperfecto, la misma tranquilidad económica, mi familia sana (incluyendo a mi
suegro, que venció contra los pronósticos).
Tengo
exactamente lo mismo, y dejé que un sueño no concretado tomara las riendas de
mi vida. Y peor aún, que manejara a su antojo mi felicidad. YO… yo que todo lo
quiero controlar terminé controlada por mis propias obsesiones. El cazador cazado, dijera mi compadre.
Sé que era
algo que tenía que pasar. Estoy consciente de que esto es justo lo que
necesitaba. Y aunque me sigue pareciendo injusto, entiendo el mensaje. He
aprendido lo que tenía que aprender. Ya no hay nada en esto para mí. Llegó mi hora de doblar la esquina, de cambiar la página,
de volar a otras montañas, de caminar por otros senderos.
Pues quiero
aprender de esa Dulce (menos inexperta de lo que aparenta) del verano del 2003.
Quiero reconocer la perfección de mi vida y saberlo. Disfrutarlo. Sentirlo. Quiero
poder, en 9 años, desenterrar esta época y poder llamarla un tesoro. Como hago
hoy viendo esa foto de mi guapo novio con vello facial prominente y yo.
Fui un
cazador cazado. Y eso está bien. Llegó la hora de volver a la cacería. Cacería
de felicidad y profunda paz.

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