Un viejo amigo de la infancia comentó en mi status: "= calditos + chiqueos. Esos recuerdos nunca se borran, Dulce ;)". Y ahí mismo, al momento de leer su comentario, le cambió la perspectiva al resto de mi día. Pues aunque, inevitablemente mi cerebro estuvo entorpecido por la falta de sueño durante todo el día en la oficina; nada me hacía más ilusión, que llegar a casa y aprovechar la oportunidad de poner un ladrillo más en el edificio de sus recuerdos.
El vaso está medio lleno o medio vacío siempre, sin duda alguna. Así que ayer, lo vi medio lleno. Y pasee una tarde leyendo cuentos, escuchando sus historias y reconfortando la enfermedad.
No puedo negar que hay algo en mi instinto maternal que se alimenta de días como ayer, cuando mi bebé está más vulnerable que de costumbre y necesita más de mi.
Mi amigo no sólo me abrió la puerta a una oportunidad de recuerdo en el futuro de Nico. También me abrió la puerta al pasado de mi propia historia. De esos días en los que yo fue niña (o no tanto), en los que caí en cama y en los que mi mamá estuvo ahí. A mi lado, para consentirme, para subirme la cena hasta mi recámara y checar mi temperatura.
Son definitivamente recuerdos que no se olvidan, y que se hacen más fuertes cuando se está fuera de casa. Pues yo, sigo llorando por mi mamita cuando la gripa me ataca. Y el VapoRub sigue oliendo a los cuidados que sólo mi mamá sabe proveer.
Y fue así, entre curaciones a una naricita rosada de tanto sonarse y una tarde de cuentos en pijama; que Nico me puso del otro lado del río. En el que ahora fui yo la que consintió, atendió y reconfortó. Sin duda alguna, se siente muy bien recibir chiqueos; pero darlos? También lleva sus satisfacciones.
Después de casi 24 horas de vigilia, el sueño me venció y papi entró en mi reemplazo. Pasamos una segunda mala noche, pero Nico ve el vaso medio lleno todo el tiempo. Y esta mañana, entre moquitos y muchas flemas, me regaló una sonrisa sincera para iniciar el día.
La privación del sueño, es una de las torturas más grandes de la humanidad, sin duda alguna. Pero las noches de trapitos mojados encierran una magia especial en ellas. Como sea, espero no sufrir la tortura esta noche, especialmente, porque no hay mejor regalo que ver a Nico plácidamente dormido libre de gérmenes.

