Empezamos esta tradición del photoshoot en mi cumpleaños
#29. Decidí hacerlo porque es parte de la colección de memorias que quiero
dejarle a Nico algún día. Una foto representativa de cada año, a su edad y la mía.
Es muy fácil confundirse hoy en día cuando vemos fotos en
las redes sociales. Es sencillo asumir que la vida de tal o cual es perfecta a
juzgar por las imágenes que vemos sobre sus días. Nuestro caso no es diferente
al de ninguna otra familia o persona. Nuestras fotografías representan
momentos. Algunos felices, otros no tanto, y mi objetivo no es crear una imagen
falsa de nuestra situación. Especialmente no para mi hijo. Es por ello que este
blog está plagado de sentimientos de todo tipo. De las situaciones que vivimos
día con día; en las que sí, a veces la perfección se asoma y nos deleita con su
rostro perfecto, pero que al despedirse nos recuerda que la vida está llena de
contrastes.
Como cada año, esta aventura no fue la excepción; y como el
resto de nuestros días, tuvo sus momentos buenos, malos, cómicos y hasta de
stress. Todo empezó en mi cabeza la semana pasada, mientras maquilaba la idea
de qué hacer este año para nuestras fotos especiales. Trato de dejarme llevar
por el momento e irme con la primera idea que se me viene a la cabeza, pues
generalmente, esas son las mejores. Así que una idea me llevó a la otra, y
terminé por planear algo con un par de globos de helio.
Quiero que Nico vea estas fotos al crecer y sepa estar
orgulloso de sus años y de los míos. Si bien, una parte de mi entra en shock al
aterrizar la idea de que ya tengo TREINTA Y DOS AÑOS; estoy orgullosa de mi
número. No me avergüenza, ni quiero esconderlo. ¿Qué mejor manera de
celebrarlos que con dos números gigantes de helio? ¿NO? ¿Brillante y divertido, NO? NO... Bueno, sí... bueno... sigue leyendo.
Todo iba bien hasta que al subirnos a la camioneta para
irnos a la playa, uno de los globos empezó a desinflarse… Y allá vamos, de
regreso a la tienda de globos a que nos lo parcharan. Me subo al carro, y oh
sorpresa, el otro número también se poncha. Voy de retache a parchar el
segundo. Por supuesto, y como todo globo de helio parapetado, su tiempo de vida
se acortaba. Y por supuesto, en nuestro pueblo a 30 grados a la sombra, las
esperanzas del helio disminuía aún más.
Logramos con éxito llegar a la playa, llevando dos globos gigantes
embarrados en la cara; botamos todo lo demás y nos bajamos corriendo a lograr
nuestras fotos.
La confusión en la posición de los globos no se hizo
esperar. Luis como cada año, religiosamente se quejó amargamente de los gritos
que le pegaba por no entender mis ideas, alegando que su cerebro no entiende al
mío y que sus talentos fotográficos son nulos (ahí estuvimos de acuerdo). Los
globos al revés, el aire se volaba el globo de Nico junto con él, el mío me
cacheteaba la cara. Una belleza absoluta.
Logramos algunas tomas y de repente… adiós mundo cruel… por
allá salió volando el dos sin pena ni
gloria. Nico corrió inútilmente detrás de él hasta rendirse en el intento. Y
entonces, nos quedamos con un solitario tres
que hacía “pssssssssssssssssssssss” sacando su último aliento por el gigantesco
hoyo de su ponchadura.
La diversión empezó a entonces, cuando empezamos a chapotear
sin números interrumpiendo nuestras risas.
Y es que la vida es así, impredecible e imperfecta. Con
aventuras frustradas y destinos alternativos como los que vivieron nuestros números.
Y esa es parte de la historia y la enseñanza que quiero para mi hijo.
Querido Nico,
No sé si recordarás
los detalles que te narro aquí al ver las fotos en algunos años. Tal vez, lo
único que resuene en ti sean tus risas y mis gritos mientras me aventabas agua
congelada y yo me moría de frío.
Puede ser que nuestras
carcajadas te parezcan tan genuinas que pienses que nuestra vida era perfecta
en el 2014. Mi amor, no lo es. Nuestra vida es tan imperfecta como la de cualquier
ser humano, pero ¿nuestro amor? Ése si no tiene errores ni tragedias. ¿Nuestras
carcajadas? Es lo más real y más hermoso que tenemos juntos.
No siempre estoy de
ánimos cuando llega la fecha de tomar estas fotos. He de confesar que este año,
consideré cancelarlo. Las cosas se pusieron difíciles para mí estas últimas
semanas. Pero después recordé los años anteriores, lo difícil que era todo, los
esfuerzos que me tomaba sonreír y tener energías suficientes para EXISTIR. Y
entendí que sería una tontería dejar ir una hermosa tradición como esta.
Hay días duros para
mamá en el 2014. Pero ¿sabes?, me siento más fuerte que nunca. Físicamente,
estoy en mejor forma que en los últimos siete u ocho años de mi vida. Mis
músculos están en su mejor momento, hago ejercicio todos los días, puedo correr
8 kilómetros sin parar cada mañana y después continuar todo el día con la
rutina. Dirijo una empresa en crecimiento y prometedora, que me llena de retos
y satisfacciones, y manejo un equipo de personas que me respeta, me estima y me
admira.
Aunque sigo
perfeccionando mis técnicas, busco y trato de encontrar cada semana el balance
perfecto para dedicarte el tiempo que te mereces. Hacemos tareas juntos,
mantenemos nuestros picnics especiales, leemos juntos. Me doy tiempo para
trabajar en nuestro jardín y embellecerlo, sigo escribiendo e inspirándome con
libros maravillosos todo el tiempo. Hago oración todos los días y sigo mi
camino espiritual.
Trato de regar la flor
de mis amistades tanto como me es posible. Río continuamente, bailamos juntos y
canto siempre que voy manejando. Tu papá y yo seguimos trabajando en nuestro
matrimonio e invirtiendo en nuestra familia. Cuido mi salud, mis arrugas y mis
pensamientos. Mido mis palabras, trato de juzgar menos y cuido a los que amo
con toda mi pasión.
Nuestra vida no es
perfecta pero somos felices. Y eso es lo más importante. Espero que el día que
leas esto, puedas sentirte orgulloso de quien fui y de quien sea en ese
momento. Que mi ejemplo te inspire a encontrar una compañera de vida que tenga
las cualidades que puedas admirarme y que no tenga los defectos que encuentres
en mí.
Que veas estas fotos y
te inspiren amor y respeto. Que tu concepto de una mujer bella nazca de la
inspiración que yo pueda sembrar en ti, y que siempre busques estar con alguien
a quien admires por quien es, por lo que hace y por lo que lucha.
La historia detrás del
mito de nuestras fotografías es simple, nuestra vida es lo que construimos
todos los días, con lo bueno y lo malo y lo que seguimos aprendiendo en cambiar
y conservar.
Siempre tuya,
Mami.